Informe ante
el VIII Congreso del Partido del Trabajo de Albania
Enver Hoxha
1ro. de noviembre de 1981
ÍNDICE
ü LA LUCHA
CONTRA EL REVISIONISMO, Y EL
MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO Y DE LIBERACIÓN EN LA ETAPA ACTUAL
ü
El Revisionismo Yugoslavo
ü
El Revisionismo Soviético
ü
El Revisionismo Chino
ü El Eurocomunismo
ü
Las Ideas del Verdadero Socialismo
LA LUCHA
CONTRA EL REVISIONISMO, Y EL
MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO Y DE LIBERACIÓN EN LA ETAPA ACTUAL
En el
período que nos separa del VII Congreso, nuestro Partido, manteniéndose como
siempre fiel al marxismo-leninismo y al internacionalismo proletario, ha
continuado sin interrupción la lucha contra el revisionismo moderno. Se ha
profundizado la crítica ideológica y política contra el revisionismo
jruschovista, chino, yugoslavo y europeo occidental, se han evidenciado de
manera más acabada las condiciones históricas y socio-económicas del nacimiento
y proliferación de estas corrientes, se ha analizado más ampliamente el proceso
de degeneración de los partidos comunistas que se introdujeron en la vía del
revisionismo, sus errores y sus concesiones estratégicas y tácticas. A la luz
de los hechos, del pasado y del presente, se ha argumentado la relación del revisionismo
moderno con la estrategia adoptada por el imperialismo después de la Segunda
Guerra Mundial para destruir el socialismo y para aplastar la revolución y el
movimiento de liberación de los pueblos.
Estos
análisis y conclusiones le han servido al Partido para conocer mejor los
peligros que amenazan al socialismo y a la dictadura del proletariado en
nuestro país, procedentes del revisionismo, y para tomar las medidas más
eficaces y adecuadas para evitarlos. Han servido asimismo a la educación de los
comunistas y las masas, a la elevación de su nivel teórico y al temple de su
conciencia revolucionaria. El conocimiento más profundo de la estrategia y las
tácticas del imperialismo y del revisionismo ha contribuido a aumentar la
efectividad de nuestra lucha en defensa de la causa del proletariado y de los
pueblos.
La
justeza de la vía que nuestro Partido escogió desde el comienzo para
enfrentarse al revisionismo y combatirlo hasta el fin, ha sido y es corroborada
cada vez más por la degeneración política y la profunda crisis ideológica del
revisionismo moderno, por la grave situación económica que atraviesan y el
callejón sin salida en que se han metido los partidos revisionistas y los
países donde éstos detentan el Poder.
Cuando
nuestro 'Partido emprendió la lucha contra el revisionismo jruschovista, los
partidos comunistas que se unieron a Jruschov, se presentaban poco más o menos
como un bloque, con una línea única, la del XX Congreso del Partido Comunista
de la Unión Soviética. Pero hoy, al cabo de 20 años, se encuentran escindidos y
divididos en un sinfín de corrientes y fracciones, pugnan y riñen los unos con
los otros, los ha inundado el nacionalismo burgués y el oportunismo
socialdemócrata. Estos partidos ex comunistas se han convertido en auténticos
partidos de la nueva burguesía dominante en los países donde los revisionistas
se encuentran en el Poder o en parte integrante de las estructuras del Estado
burgués, como ha ocurrido en los viejos países capitalistas. La crisis del
revisionismo moderno es la expresión directa de la crisis del capitalismo y de
la ideología burguesa en general.
La
traición revisionista, la restauración del capitalismo en una serie de países
antaño socialistas han suscitado una gran confusión en torno al problema del socialismo,
que se encuentra en el centro de la lucha ideológica que actualmente se
desarrolla en el mundo. La cuestión es que la sociedad capitalista restaurada
en sus países, es presentada por los revisionistas como una sociedad socialista
pura, como un «socialismo real», «desarrollado» e incluso «muy desarrollado».
Esta confusión se ve acrecentada por el hecho de que numerosos partidos y
diferentes fuerzas políticas, que están lejos del socialismo científico, hablan
también acerca de él, así como por los esfuerzos que despliega la burguesía y
su propaganda para deformar 108 verdaderos ideales socialistas, para desviar a
las masas de la lucha por el triunfo de esos ideales.
La
claridad en esta cuestión y el establecimiento de una neta línea de demarcación
entre el socialismo auténtico y el seudo socialismo, revisten una importancia
capital para el desarrollo con éxito de la lucha de la clase obrera y de las
masas trabajadoras. Sin tener una clara imagen de la sociedad socialista y sin
atenerse a sus principios y leyes generales, la revolución se queda a mitad de
camino. Es posible llevar a cabo la revolución, pero cuando falta la verdadera
perspectiva socialista, puede desviarse y resultar inútiles la lucha y los
sacrificios realizados por su triunfo.
El Revisionismo Yugoslavo
La
primera corriente del revisionismo en el Poder que se propuso minar el
socialismo, fue el revisionismo yugoslavo, que nació en un momento clave de la
lucha entre el socialismo y el imperialismo.
El
revisionismo yugoslavo tiene profundas raíces. No surgió en 1948 y no apareció
como reacción al «stalinismo» ni como consecuencia de la actuación del
Kominform. Es el resultado de las concepciones burguesas que existían también
anteriormente en el Partido Comunista de Yugoslavia y que no desaparecieron
durante la lucha de liberación nacional.
La nueva
Yugoslavia no podía ser construida sin una orientación clara y sin una madurez
política basadas en la teoría científica del socialismo. Esta gran obra
únicamente podía llevarla a cabo un partido comunista fuerte y con sólidos
principios marxista-leninistas. Es verdad que existía un partido comunista en
Yugoslavia, pero no tenía plenamente estos rasgos, ni los adquirió durante el
período de la guerra. Por el contrario, incluso los que tenía los perdió
después de ella, cuando estaba llamado por las circunstancias a construir una
Yugoslavia nueva en el camino socialista.
Si se da
fe a las auto alabanzas de los titistas y de la burguesía yugoslava podría
creerse que ha existido y existe un partido así. Al igual que los demás, los
comunistas albaneses caímos en este juicio eufórico, particularmente durante la
guerra y en los primeros años tras la Liberación. Este juicio tenía su lógica,
estaba relacionado con la heroica lucha de los pueblos de Yugoslavia, dirigida
por el Partido Comunista.
Después
de la liberación de Yugoslavia, tanto en la teoría como en las posiciones
políticas, como en la edificación del socialismo se observaron graves
desviaciones de los principios básicos del marxismo leninismo. También en sus
relaciones con los países socialistas, particularmente con Albania, se
registraron por parte del Partido Comunista de Yugoslavia graves desviaciones y
una arrogancia y altanería ajenas a un partido comunista.
Era claro
que este camino conduciría a la ruptura, como de hecho ocurrió no por culpa del
Kominform, ni de Stalin, ni del «stalinismo», según quieren denominar al
marxismo-leninismo los revisionistas yugoslavos y sus amigos. El conflicto con
el Kominform fue resultado de las contradicciones entre los puntos de vista
liberal-oportunistas de la dirección yugoslava y los puntos de vista marxista
leninistas sobre la construcción del Estado y de la sociedad socialista. Tito y
compañía le dieron a su oposición a la teoría marxista-leninista, el tinte de
oposición a Stalin en un comienzo y al sistema socialista soviético
posteriormente.
El viraje
de los titistas debía producirse y se produjo. Emprendieron el camino hacia el
capitalismo adoptando y emprendiendo una «nueva» edificación económico-social y
una nueva forma de gobierno estatal, adecuadas al curso antisocialista, tal
como era el sistema de la «autogestión obrera». De hecho no era un sistema
nuevo. No era ni socialista ni creación yugoslava. Tenía su origen en el
proudhonismo, en el anarquismo de Bakunin y de Kropotkin, que fueron tan
desenmascarados en su tiempo por Marx, más tarde por Lenin y posteriormente
también por Stalin.
El viraje
yugoslavo hacia el capitalismo fue objeto de una desenfrenada propaganda, se le
cantaron hosannas indescriptibles y se glorificó al «Barrabás». La desviación
yugoslava fue anunciada como un «período nuevo», un «nuevo surco», abierto por
Tito para la construcción de un «socialismo específico», «humano». Este viraje
fue sostenido y financiado por el imperialismo y el capitalismo mundial. Fue
inflada la megalomanía panyugoslava y Yugoslavia presentada como «campeona y
ejemplo para los pueblos del mundo en su lucha libertadora».
Todo el
«sistema autogestionario», tanto en la forma como en las denominaciones de la
estructura y superestructura, debía ser presentado como «marxista». Pero en la
realidad estaba en completa oposición a Marx y a la teoría y la práctica del
leninismo.
El primer
golpe se dirigió contra el poder de democracia popular, que era una forma de
dictadura del proletariado y que en Yugoslavia jamás fue calificado como tal.
Esto fue justificado por los revisionistas yugoslavos pretendiendo que el poder
de los consejos populares, que fue establecido durante la guerra y sobrevivió
hasta el año 1948, ya no podía ser mantenido como tal con todas sus
prerrogativas. Este poder debía ser reemplazado por los «consejos obreros», ya
que, según ellos, el primero era estatista-burocrático, que engendra a la
«burocracia y a la capa de la nueva burguesía», mientras que los «consejos
obreros» constituían un poder más próximo a la teoría de Marx. A través de
ellos son pretendidamente «los mismos obreros quienes dirigen y gobiernan
directamente» sin la mediación del Estado que, según la lógica de la dirección
yugoslava, debe resultar que no es algo suyo. Por tanto, el Estado yugoslavo
actual no es más que un «garante» para que este «sistema nuevo» no sea dañado,
no se disgregue, para lo que la Federación tiene en sus manos el ejército, la
UDB, la política exterior y nada más.
Por
consiguiente, el «sistema de autogestión» descentralizó, liberalizó y minó el
poder de dictadura del proletariado. El Estado era de los «proletarios» y pasó
a ser de los «obreros», había «surgido de la lucha, de la base», mientras que
el «nuevo sistema», que supuestamente era exigido por el desarrollo
«dialéctico», fue establecido desde arriba por Tito y Kardelj.
El papel
dirigente del partido en este sistema debía ser liquidado y en efecto se
desvaneció. Al partido se le dejó sólo un cierto papel educativo desleído, sin
ninguna autoridad. En apariencia el partido no desapareció, pero en realidad se
volatilizó. Lo llamaron «Liga de los Comunistas», de forma que con su nombre se
aproximara lo más posible al apelativo de Marx, para apartarlo de hecho lo más
posible del papel que Marx y Lenin determinan al partido comunista.
Los
titistas presentan la cuestión como si, con la «autogestión», Yugoslavia
hubiera ingresado en una nueva etapa de desarrollo que la aproxima a la
sociedad comunista. Partiendo de ello, pretenden que el Estado marcha hacia su
extinción y el partido ya no puede ejercer el papel y las funciones que tenía en
el período de transición del capitalismo al socialismo.
Y esto no
es todo, ya que según ellos la «autogestión» ha suprimido también la lucha de
clases en el interior del partido, en Yugoslavia y fuera de ella. En realidad,
Tito, Kardelj y los que les seguían los pasos cambiaron la dirección de la
lucha de clases. La desarrollaron y la desarrollan para defender su sistema
«autogestionario» contra los «kominformistas», los «stalinístas», los
«dogmáticos», etc. Aquí, realmente, se trata de la lucha de los elementos
capitalistas contra los revolucionarios, del sistema capitalista contra el
sistema socialista, de la ideología burguesa contra el marxismo leninismo.
Los
teóricos yugoslavos hacen grandes especulaciones acerca de la propiedad sobre
los medios de producción. Según ellos, la propiedad socializada sobre los
medios de producción existente en el sistema «autogestionario», constituye la
forma más elevada de propiedad socialista, mientras que la estatal su forma más
baja. Esta última, pretenden ellos, puede ser definida como una especie de
capitalismo estatal del cual nace una nueva casta burocrática, que en realidad
dispone colectivamente del derecho a la propiedad. Por consiguiente, concluyen,
la propiedad estatal tampoco en el socialismo suprime la enajenación del obrero
producida por el capital. La relación capitalista beneficio-salario del obrero
es substituida por la relación acumulación estatal-salario del obrero. En otras
palabras, según ellos, en los dos sistemas sociales el obrero continúa siendo
siempre un asalariado.
Se trata
de una conocida tesis trotskista, desenmascarada y refutada hace tiempo. En la
auténtica sociedad socialista, en la que la propiedad común es administrada por
el Estado de dictadura del proletariado con la amplia participación organizada
y efectiva de la clase obrera y del resto de las masas trabajadoras, según el
principio del centralismo democrático, y en la que no se permiten grandes
diferencias en la distribución del producto social que conduzcan a la creación
de capas privilegiadas, el obrero no es un asalariado, no está explotado.
Prueba de ello es la realidad de Albania socialista, donde la clase obrera es
una clase en el Poder, que, bajo la dirección de su Partido marxista leninista,
dirige la economía y toda la vida del país en su propio interés y en el de todo
el pueblo.
La
«autogestión» yugoslava, que supuestamente coloca al obrero en el centro, tiene
de obrera sólo el nombre, en la práctica es antiobrera, antisocialista. Este
sistema, independientemente del alboroto que hacen los titistas, no le permite
a la clase obrera dirigir ni administrar.
En
Yugoslavia cualquier empresa «autogestionaría» es una organización encerrada en
su propia actividad económica, mientras que la política de administración se
encuentra en manos de su grupo dirigente que, igual que en cualquier otro país
capitalista, manipula los fondos de acumulación, decide respecto a las
inversiones, los salarios, los precios y la distribución de la producción. Se
pretende que toda esta actividad económico-política es aprobada por los obreros
a través de sus delegados. Pero esto no pasa de ser un fraude y un gran bluff.
Estos supuestos delegados de los obreros hacen causa común con la casta de
burócratas y tecnócratas en el Poder en detrimento de la clase obrera y del
resto de las masas trabajadoras. Son los administradores profesionales los que
hacen la ley y definen la política en la organización «autogestionaria» desde
la base hasta la cúspide de la república. El papel dirigente, gestor, económico-social
y político de los obreros, de su clase, se ha reducido al mínimo, por no decir
que ha desaparecido por completo.
Estimulando
el particularismo y el localismo, desde el republicano al regional y hasta el
nivel de la comuna, el sistema autogestionario ha liquidado la unidad de la
clase obrera, ha colocado a los obreros en lucha los unos contra los otros,
alimentando, como individuos, el egoísmo y estimulando, como colectivo, la
competencia entre las empresas. Sobre esta base ha sido minada la alianza de la
clase obrera con el campesinado, quien asimismo está disgregado en pequeñas
haciendas privadas y es explotado por la nueva burguesía en el Poder. Todo esto
ha dado lugar a la autarquía en la economía, la anarquía en la producción, en
la distribución de los beneficios y de las inversiones, en el mercado y en los
precios, y ha conducido a la inflación y a un gran desempleo.
El que la
clase obrera se encuentra en la dirección del sistema «autogestionario obrero»
en Yugoslavia, no es más que una falsa ilusión, una utopía. En dicho sistema la
clase obrera no está en la dirección, no es hegemónica. La dictadura del
proletariado ha sido liquidada, el dirigente de la clase obrera, el partido
comunista o, como se le llama en este país, la Liga de los Comunistas, no
dirige ni el Poder, ni la economía, ni la cultura, ni la vida social.
En este
sistema de confusión general, es otro quien detenta las posiciones políticas
dominantes y dirigentes. Ese otro es la nueva casta de burócratas políticos y
de tecnócratas, surgida de la capa de intelectuales aburguesados y de la
aristocracia obrera. Esta casta está lejos de toda moral proletaria y no se
ejerce sobre ella ningún control político.
Esta
nueva capa burocrática se autoproclama enemiga de la burocracia estatista,
cuando es una burocracia aún más peligrosa, que florece y se refuerza en un
sistema económico descentralizado, el cual mantiene y desarrolla la propiedad
privada.
La
«autogestión obrera», cuyos fundamentos están en la ideología
anarcosindicalista, ha engendrado el nacionalismo republicano, que ha elaborado
hasta leyes y reglamentos concretos para defender sus mezquinos intereses. El
monopolio económico de las repúblicas, constituido sobre la base del monopolio
de sus empresas y de sus trusts, se ha transformado de hecho en una potencia
política y en un nacionalismo republicano, que se manifiesta no sólo en cada
república, sino también en cada región, en cada comuna y en cada empresa. Cada
uno como individuo, como grupo o como república, se esfuerza por enriquecerse
más y más rápidamente a costa de los demás.
El
nacionalismo burgués está instalado a sus anchas en Yugoslavia y el lema
«unidad y fraternidad», que era justo durante la lucha de liberación nacional
cuando se combatía contra los ocupantes y la reacción interna por una sociedad
nueva basada en el marxismo leninismo, ha pasado a ser en el actuad sistema
yugoslavo, que lo escinde y lo disuelve todo, un lema huero y sin ningún
efecto. La «unidad y fraternidad» de los pueblos, de las naciones y las
nacionalidades, de las repúblicas y las regiones, sólo puede realizarse en un
verdadero sistema socialista guiado por la ideología marxista leninista.
La unión
federativa yugoslava no fue creada sobre bases marxista leninistas, por ello,
inevitablemente, debían surgir, como de hecho surgieron, los antagonismos
nacionales. El propio sistema lleva consigo estas contradicciones, alimenta el
separatismo de las naciones y las nacionalidades, de las repúblicas y las
regiones.
Los
numerosos créditos concedidos por el capitalismo mundial actuaron también en
este sentido. Su empleo para la satisfacción de los gustos y los caprichos
burgueses y megalómanos de la casta en el Poder, su distribución desigual y sin
sanos criterios entre las diversas repúblicas, creó desniveles económicos y
sociales en las repúblicas y regiones, lo que profundiza aún más los
antagonismos nacionales.
El
sistema de «autogestión» no habría podido sobrevivir por mucho tiempo si no le
hubiesen ayudado dos factores: el antisovietismo de la dirección yugoslava, que
no era otra cosa sino su antimarxismo y su antileninismo, con el que se granjeó
el respaldo político de toda la reacción mundial, y el apoyo económico
prestado por los países capitalistas a través de grandes y múltiples créditos.
No obstante, estos dos factores no lograron salvar este sistema antisocialista.
Por el contrario, lo debilitaron en mayor grado y lo empujaron hacia la
bancarrota económica y política.
Kardelj y
Tito le echaron la culpa del fracaso del sistema y de todos los males que se
derivaron de él, al insuficiente «perfeccionamiento» del propio sistema, a la
conciencia de los trabajadores «que no había alcanzado todavía el nivel
necesario», a la existencia de la burocracia, etc. Vieron la bancarrota de su
sistema antisocialista, más no podían volverse atrás. Por eso las medidas
adoptadas por Tito, cuando aún estaba en vida, relativas a la dirección de la
Federación y de las repúblicas después de su muerte, no pasan de ser
paliativos. Junto con Tito y Kardelj desapareció la euforia en torno al sistema
«autogestionario», Los sucesores de Tito se encuentran en una gran confusión y
desorientación y no saben a qué aferrarse para dar salida a las difíciles
situaciones en que se encuentra el país. Ahora la Yugoslavia titista ha entrado
en una crisis profunda y general de sus estructuras y superestructuras, en una
crisis económica y político-moral.
El Revisionismo Soviético
El
revisionismo soviético ha sido y continúa siendo la corriente más peligrosa del
revisionismo moderno. Conserva más que ninguna otra variante revisionista las
máscaras socialistas y la fraseología leninista a fin de encubrir la actual
realidad capitalista en la Unión Soviética y su política exterior imperialista
y agresiva. Es un revisionismo que ha usurpado el Poder en un Estado que
representa una gran potencia y que cuenta con grandes medios y posibilidades de
ejercer su influencia en el mundo, de actuar en numerosas direcciones y en
grandes proporciones.
Al igual
que las demás corrientes revisionistas, el revisionismo jruschovista tiene su
propio proceso de nacimiento y desarrollo, hasta llegar a la forma actual de un
completo revisionismo, que deforma todas las cuestiones de la teoría marxista y
de la práctica socialista. En tanto que fenómeno social, el revisionismo
jruschovista tiene también sus raíces y causas ideológicas, sociales e
históricas.
El
Partido del Trabajo de Albania ha hecho un profundo análisis marxista de estas
causas. Sobre la base de este análisis ha extraído conclusiones y ha adoptado
una serie de medidas para cerrar el paso al surgimiento de tal fenómeno
regresivo en nuestro país. Pero debemos profundizar continuamente en este
problema a fin de que el revisionismo no pase jamás en Albania.
Desde el
comienzo el grupo de Jruschov se planteó como objetivo principal liquidar la
dictadura del proletariado, minar las bases de la sociedad socialista,
introducir a la Unión Soviética en el camino capitalista y transformarla en una
superpotencia imperialista. Ahora todos somos testigos de esta profunda
transformación contrarrevolucionaria que se ha producido en la Unión Soviética.
Sólo la burguesía y el imperialismo la presentan como un país comunista. Al
presentar a la Unión Soviética capitalista de hoy como un país socialista,
pretenden desacreditar al marxismo leninismo y al verdadero socialismo.
El
revisionismo jruschovista es la ideología y la política del capitalismo de
Estado que domina toda la vida del país. El retroceso de la Unión Soviética al
capitalismo no podía sino tener sus propias peculiaridades y el régimen
capitalista no podía sino asumir allí formas específicas. Estas peculiaridades
y formas son determinadas por el hecho de que el capitalismo fue restaurado
allí como consecuencia del derrocamiento del socialismo, como un proceso
regresivo, diferente al del capitalismo de tipo clásico que llega tras el
derrocamiento del régimen feudal, como un proceso progresivo.
La
peculiaridad fundamental de esta clase de capitalismo es que se mantienen en él
numerosas formas socialistas de propiedad, de organización y dirección, pero su
contenido ha cambiado radicalmente. Los medios de producción en la Unión
Soviética son hoy en realidad propiedad capitalista estatal o colectiva, porque
son utilizados en interés de la nueva clase burguesa que detenta el Poder, por
ser precisamente esta clase la que se apropia del trabajo de los obreros y los
campesinos.
Las
antiguas leyes, tradiciones y prácticas fueron sustituidas por otras nuevas,
que dejan las manos libres a la burocracia del Estado y del partido para
expresar e imponer sin trabas su propia voluntad. Las nuevas competencias que
ella adquirió sobre la base de las reformas económicas, fueron aprovechadas
para garantizar y ampliar los ingresos y los privilegios de las diversas castas
dirigentes, para conservar el Poder y defenderse del descontento y las
revueltas de da clase obrera y del resto de las masas trabajadoras.
Es cierto
que se mantuvo la propiedad estatal y las fábricas no fueron distribuidas a
propietarios privados; los koljoses continuaron siendo explotaciones colectivas
comunes y los bancos no fueron entregados a los accionistas, pero lo que cambió
fue la distribución del producto social, su destinación.
A pesar
de que se dice que se aplica el principio de la remuneración según el trabajo,
los diferentes grupos de la nueva burguesía se apoderan en realidad de la
plusvalía creada por los obreros y los campesinos. Toda esta rapiña es
presentada como una especie de estímulo material para alentar la actividad
productiva, el trabajo científico y la creatividad artística, etc. En realidad
es una explotación típicamente capitalista.
Para
abrir el camino a la restauración del capitalismo, los revisionistas
jruschovistas golpearon las tesis fundamentales de la teoría marxista leninista
sobre la producción de mercancías y la acción de la ley del valor en el
socialismo. Identificaron en la teoría y en la práctica la producción
socialista de mercancías con la producción capitalista. Sobre esta base
reformaron todo el mecanismo económico. Gradualmente las empresas económicas y
también un considerable número de instituciones alcanzaron una mayor
independencia respecto a los planes del Estado. A los dirigentes de las
empresas y de las diversas instituciones se les concedieron grandes derechos y
poder para dirigir y manipular la producción y la distribución, para contratar
y despedir obreros, repartir los beneficios, etc. Se limitó la financiación
estatal centralizada a las empresas existentes y se fue ampliando gradualmente
la práctica de la autofinanciación y la utilización de créditos.
Los
revisionistas soviéticos pretenden que su economía está dirigida y se
desarrolla sobre la base de planes elaborados según el principio del
centralismo democrático. Pero, el plan del Estado, como lo conciben en teoría y
lo aplican en la práctica, no es ni puede ser de ningún modo el plan de una
economía verdaderamente socialista. En la Unión Soviética conviven el
centralismo burocrático de tipo monopolista y el amplio liberalismo económico
en la base. Se ofrece la imagen de una dirección planificada de la economía,
mientras en la práctica tienen campo libre de acción las leyes y las categorías
económicas del modo capitalista de producción.
El
consumo parasitario ha adquirido proporciones sin precedentes. La proporción
entre la remuneración de los obreros y los administradores burócratas y
tecnócratas de la producción, sobre la base del sueldo nominal, es de 1 a 10,
pero con los ingresos a título de distribución de los beneficios, las múltiples
recompensas, los innumerables privilegios, etc., esta proporción se agranda
mucho más. Resulta difícil distinguir estas diferencias salariales y del modo
de vida de las que existen entre los administradores burgueses y los obreros de
los países de Occidente.
En unas
condiciones en las que el salario por el valor de la fuerza de trabajo está
formado en un 35-40 por ciento por la distribución de los beneficios y de
manera descentralizada, en que las normas de trabajo no son únicas y se aplican
igualmente de manera descentralizada, en que el estímulo material en beneficio
de la nueva burguesía tiene prioridad absoluta y en que la inflación,
particularmente como resultado de la militarización de la economía, que absorbe
1/3 de los ingresos nacionales, crece constantemente, la sociedad en esencia ha
perdido el verdadero control sobre la medida del trabajo y del consumo, que
constituyen dos llaves fundamentales para una economía socialista.
Todo esto
y una serie de medidas de carácter capitalista, que fueron pregonadas como
desarrollo creador de la teoría y la práctica económica marxista leninista,
tenían por objetivo desmantelar las bases de la economía socialista y lo
consiguieron.
Las
consecuencias de esta línea se observan en la vida diaria del pueblo soviético.
En el mercado existe carencia de artículos de primera necesidad, han aumentado
la inflación, el desempleo, la fluctuación de la fuerza de trabajo, se
registran alzas declaradas y no declaradas de los precios de los diversos
productos. Se ha ampliado el sector privado de la economía, se ha abierto las
puertas al capital monopolista extranjero, florecen el mercado negro, la
especulación, los abusos, el soborno y los fraudes.
La
realidad soviética de hoy confirma que el progreso no avanza hacia la
«desaparición de las diferencias de clase» ni hacia la «creación de una nueva
unidad social», como propagan los revisionistas jruschovista-brezhnevistas,
sino hacia una profunda diferenciación social entre la nueva clase burguesa,
integrada por la capa de burócratas y tecnócratas, y las amplias masas
trabajadoras, que están en la situación de una fuerza simplemente productiva.
El foso que los separa se profundiza continuamente a medida que aumenta el
grado de explotación de los trabajadores y crecen los beneficios de la
burguesía. Esta situación ha creado toda una ideología y una política que
justifican y defienden este nuevo sistema de explotación capitalista.
El Poder
de los soviets ha dejado de ser de los soviets, de los obreros y los
campesinos. Se ha desprendido de ellos y ha llegado a ser como una fuerza
independiente y extraña a ellos. Incluso desde el punto de vista formal los
revisionistas jruschovístas han proclamado la liquidación de la dictadura del
proletariado, Le han puesto al Estado el nombre de todo el pueblo para ocultar
el hecho de que ya no es del pueblo, sino una dictadura de la nueva burguesía
soviética. Su carácter capitalista se percibe claramente en toda la política
interior y exterior que practica, al servicio de los intereses de la clase
burguesa en el Poder. El Estado soviético, que tiene en sus manos los
principales medios de producción y dirige toda la economía, se ha transformado
en representante y defensor de los intereses de la clase dominante.
Los
revisionistas soviéticos, a fin de conservar su máscara socialista y
«demostrar» que la Unión Soviética es un país socialista, dicen que allí existe
un solo partido, que es un partido comunista y que su función dirigente ha sido
sancionada en la Constitución. El hecho de que exista un único partido
dirigente y de que sea reconocido por la ley su poder exclusivo, no le hace
comunista. Son muchos los países burgueses en los que existe un solo partido
dominante. El carácter de un partido político no lo determina su posición en el
Estado. El carácter de un partido lo determina ante todo la clase a que
pertenece y a quien sirve, la ideología por la que se orienta y la política que
practica.
El
Partido Comunista de la Unión Soviética es actualmente el representante directo
de la clase burguesa en el Poder, ejerce el poder en su nombre, sirve al
desarrollo y fortalecimiento del régimen capitalista restaurado. No tiene de
comunista más que el nombre. El que mantenga el nombre de comunista y utilice
unas cuantas frases marxistas y consignas socialistas es algo hipócrita y
puramente demagógico. Esto forma parte de esa propaganda fraudulenta que
pretende mantener a las masas en la oscuridad y hacerles creer que viven en el
socialismo y no en una sociedad capitalista, opresora y explotadora. Por
tradición, para enmascararse o simplemente por inercia, a muchos partidos les
ha quedado el apelativo de «demócrata», «popular», «socialista», etc., mientras
que de hecho son típicamente burgueses y reaccionarios.
La política
revisionista y capitalista que se aplica en la Unión Soviética ha resucitado
los viejos demonios del imperio zarista, como la opresión nacional, el
antisemitismo, el racismo eslavo, el misticismo religioso ortodoxo, el culto a
las castas militares, el aristocratismo de la intelectualidad, el chinovnismo2
burocrático, etc. Las teorías de los revisionistas soviéticos sobre la supuesta
creación de una «nueva comunidad histórica», del «pueblo soviético único», han
sido inventadas precisamente para ocultar esta realidad llena de profundas
contradicciones sociales, nacionales y de clase.
Quien
domina hoy en la Unión Soviética es la fuerza del ejército soviético. La
militarización forzada de la vida del país, el agobiante peso de los gastos
militares, que han alcanzado cifras astronómicas y estremecen cada vez más la
economía soviética, deforman su desarrollo y empobrecen al pueblo.
La
restauración del capitalismo en el interior del país no podía sino conducir
también a un cambio radical en la esfera de las relaciones internacionales y en
la política exterior del partido comunista y del Estado soviéticos. El
revisionismo jruschovista se fue transformando gradualmente en la ideología y
la política de una nueva superpotencia imperialista que justifica y defiende el
expansionismo, la agresión y las guerras para establecer la dominación mundial.
Son engendro de esta ideología y esta política las nefastas teorías de la
«soberanía limitada», la «división internacional del trabajo», la «integración
económica, política y militar» de los países de la llamada comunidad
socialista, a los que han atado de pies y manos y transformado en países vasallos.
En el XXVI Congreso del PCUS, Brezhnev calificó estas relaciones de «relaciones
entre los pueblos», para borrar así toda identidad nacional y estatal,
Con el
fin de alcanzar sus objetivos expansionistas y neocolonialistas, el social
imperialismo soviético ha inventado una teoría, según la cual ningún país puede
liberarse y defenderse del imperialismo ni desarrollarse de manera
independiente sin la ayuda y la tutela soviética. Especula con la consigna de
la «ayuda internacionalista» para desatar agresiones y saquear las riquezas de
los demás países.
Toda la
política exterior expansionista, hegemonista y agresiva de la Unión Soviética
social imperialista constituye otra prueba, otro testimonio de que el régimen
soviético es un régimen capitalista, porque sólo un régimen así puede practicar
tal política en la arena internacional. Como afirmaba Lenin, la política
exterior es la prolongación de la política interior y las dos juntas la
expresión concentrada de las relaciones económicas existentes en un país. Las
máscaras socialistas y comunistas que aún pretenden conservar los revisionistas
soviéticos, se van cayendo ante su realidad capitalista y ante la política
social imperialista que aplican.
Cuánto
tiempo continuará haciendo efecto el gran engaño del pueblo soviético que cree
vivir en el socialismo, hasta cuándo la clase obrera soviética continuará
viviendo de ilusiones, eso depende de muchos factores, internos y externos. Los
acontecimientos de Polonia son significativos respecto a las situaciones que esperan
a los países dominados por el revisionismo jruschovista. El hecho es que en ese
país ha estallado el conflicto de clase entre los trabajadores y la clase
burguesa en el Poder, representada por el partido revisionista.
Independientemente de cómo fue manipulada por las fuerzas de derecha, la
revuelta de la clase obrera polaca pone de manifiesto en esencia que ésta tomó
conciencia de su situación como clase oprimida y explotada, que el Poder
existente en Polonia está en manos de una clase antagónica respecto a ella, que
el socialismo ha sido traicionado. ¿A quién le llegará el turno después de
Polonia? Los procesos de diferenciación de clase hierven en todos los países
revisionistas. Los conflictos de clase aumentan con rapidez. Ni siquiera la
Unión Soviética es aquí una excepción, a pesar de que en la imagen externa
parezca el más estable de ellos. Las llagas que ha abierto la restauración del
capitalismo, sólo podrán curarse con el derrocamiento del revisionismo y la
restauración del socialismo.
El Revisionismo Chino
Nuestro
Partido ha desarrollado una grande y abierta lucha de principios contra el
revisionismo chino, contra la ideología, la política, las posiciones y la
actuación del Partido Comunista de China.
El
revisionismo chino es una corriente oportunista en el movimiento comunista
mundial y su base, el pensamiento Mao Tse-tung, una ideología de
características arcaicas, una amalgama de las antiguas teorías chinas de
Confucio y Mencio y de nuevas teorías perifraseadas, sin ninguna vinculación orgánica
y estructural, barnizadas con una fraseología marxista. El pensamiento Mao
Tse-tung representa una ideología hegemonista de dominación mundial, basada en
un cúmulo de teoremas e ideas heterogéneas, contradictorias y pragmáticas. Por
las aguas de esta ideología navegaba el barco chino tanto a la derecha como a
la izquierda, con el rumbo trastornado, cuando se inició la construcción del
nuevo Estado chino surgido de la lucha de liberación. De aquí procedían las
vacilaciones de China y el carácter impreciso de su sistema político y
económico.
La teoría
que guiaba a la nueva China no era el marxismo leninismo. Los brochazos
marxistas de la fachada, producían la falsa impresión de que existían algunos
rasgos del socialismo científico, y obstaculizaban que aparecieran con claridad
las continuas desviaciones.
Cuando en
China se subrayaba el papel de la dictadura del proletariado, bajo ello se
ocultaba y se desarrollaba la dictadura de los grupos rivales y de las
personalidades. Cuando se subrayaba la función dirigente del partido, bajo ello
se ocultaba una organización caótica y una dirección inexistente por su parte.
Cuando se hablaba sobre la hegemonía de la clase obrera, se cedía de hecho el
papel dirigente al campesinado, ya que era su ideología pequeñoburguesa la que
dominaba en China. Cuando se hablaba de la modificación de las estructuras de
clase, en esencia nada se movía de su sitio.
La
economía china cojeaba gravemente sin orientaciones ni perspectivas claras,
independientemente de la existencia de un cierto plan, que ni de lejos tenía
características científicas y menos aún estaba fundado en un sistema
centralizado. Incluso ni siquiera tenía los rasgos de un plan descentralizado.
La economía china caminaba por inercia.
En toda
esa organización y esa ideología carentes de columna vertebral dominaba la idea
del hegernonismo chino de gran Estado, que «estaba llamado por la historia» a representar
el nuevo modelo de sociedad socialista, a representar al «marxismo leninismo
de nuestros días», que era el pensamiento Mao Tse-tung.
Debíamos
advertir en este desarrollo de China que bajo el ropaje de la «revolución» se
escondía la contrarrevolución, que bajo el ropaje del pensamiento Mao Tse-tung
se ocultaba el antimarxismo, se ocultaba una corriente del revisionismo moderno
a la búsqueda de formas y estructuras políticas, ideológicas, organizativas y
estatales adecuadas al «continente chino» y a sus aspiraciones capitalistas e
imperialistas.
El
«antiimperialismo», el «antisovietismo», el «antinorteamericanismo» de la China
de Mao Tse-tung, que se alternaban entre sí, eran coyunturales. No eran
convicciones ideológicas, no eran posiciones de principios, sino maniobras para
equilibrar a los poderosos del mundo, un juego con las potencias
político-militares imperialistas para reforzar a China en el tablero mundial.
Con esa
concepción del mundo, con esas actitudes eclécticas y oportunistas, tanto en el
plano interior como en el exterior, se desarrolló la «Revolución Cultural
Proletaria» de los «guardias rojos» y se desarrolla actualmente la «revolución»
revanchista de los viejos reaccionarios y de todos los desechos de la vieja
China. Sobre estas bases se construyó la desafortunada teoría de los «tres
mundos» y de las «alianzas de estos tres mundos», se produjeron los fuertes
virajes chinos en la política internacional con muy peligrosas consecuencias
para la paz mundial.
Nuestro
Partido necesitó un tiempo más o menos largo para advertir este camino
antimarxista del Partido Comunista de China y del Estado chino, con los que
teníamos buenas relaciones de amistad. Para nuestro Partido tenía gran
importancia la esencia teórico-política de esta amistad, tenía importancia la
cuestión de la lucha por mantener la pureza del marxismo leninismo, la causa
del socialismo y de la revolución.
Al
comienzo llevamos a cabo una lucha de principios por medio de debates, como
entre camaradas, pero gradualmente esta lucha se agudizó a causa de las
actitudes antimarxistas de China. Era una lucha sin concesiones por parte del
Partido del Trabajo de Albania, pero al mismo tiempo una lucha desigual y
difícil. Si no se libraba esa lucha, se ponía en peligro la construcción del
socialismo en Albania.
La
importancia de la lucha del Partido del Trabajo de Albania radica en que
derribó los dos mitos: el de China, como país en el que se construía el
socialismo y el del pensamiento Mao Tse-tung, como el marxismo leninismo de
nuestra época. Nuestro Partido tuvo en cuenta en esa lucha, para defender los
principios, todas las dificultades económicas que se le podían crear al país.
El
pensamiento Mao Tse-tung propagado como «desarrollo científico del marxismo
leninismo, podía influir, como de hecho lo hizo, en el movimiento comunista
internacional y particularmente en algunos partidos marxista leninistas. Esos
partidos, por múltiples circunstancias, al no serles posible hacer un profundo
análisis de esta corriente ideológica revisionista, pensaban que en la gran
China y en Mao Tse-tung tenían a los dirigentes de la revolución proletaria, a
sus resueltos sostenedores en la lucha contra el imperialismo norteamericano y
el social imperialismo soviético, a los defensores naturales de las justas
luchas de liberación nacional de los pueblos.
Debía
llevarse a cabo, pues, una decidida lucha de principios para desengañar a los
engañados. Esta lucha la emprendió el Partido del Trabaje de Albania. Este es
un hecho vivido y confirmado tanto en la vida del propio Mao Tse-tung, como
después de su muerte. Esta lucha no aisló a Albania socialista en el mundo,
como pretenden los revisionistas yugoslavos. Sucedió todo lo contrario, el
Partido del Trabajo de Albania y la República Popular Socialista de Albania
fortalecieron aún más sus posiciones internas e internacionales.
También
otros partidos hermanos marxista leninistas lucharon con sabiduría, con
resolución revolucionaria y aportaron una valiosa contribución en esta lucha
por la defensa del marxismo leninismo y de la revolución, y en oposición a la
ideología seudomarxista del pensamiento Mao Tse-tung.
El
desenmascaramiento de China en tanto que país no socialista y del pensamiento
Mao Tse-tung en tanto que teoría antimarxista liquidó una peligrosa ilusión en
el movimiento marxista leninista internacional, de la misma forma que sucedió
con el revisionismo soviético, yugoslavo y las demás corrientes reaccionarias
revisionistas.
Cualquier
enmascaramiento, falsificación o desviación de la teoría científica del
marxismo leninismo no puede tener larga vida. Tarde o temprano se desenmascara
porque está en oposición con los ideales de la clase obrera, de los pueblos que
luchan por la liberación, por la verdadera democracia, por el socialismo, por
una sociedad sin explotadores ni explotados.
Los
actuales giros de los acontecimientos en China, toda la política interna y
externa de la dirección china, demuestran que los análisis y las conclusiones
del Partido del Trabajo de Albania eran totalmente exactos y correcto. La
dirección china dejó el campo libre al desarrollo de la economía capitalista,
abrió las puertas a la afluencia de los capitales extranjeros esclavizadores,
se unió en una estrecha alianza con el imperialismo norteamericano y con la más
negra reacción internacional. China surgió abiertamente como una potencia
imperialista agresiva y con pretensiones hegemónicas en el mundo. Se ha
convertido en uno de los principales centros de la contrarrevolución mundial,
que lucha por todos los medios para impedir la liberación de los pueblos, para
sofocar la revolución. El revisionismo chino aparece hoy como una corriente
abiertamente reaccionada, ha roto todos los lazos no sólo con los movimientos
revolucionarios y de liberación, sino también con cualquier movimiento
democrático y progresista. En cada ocasión se une con las fuerzas más negras,
más oscurantistas y fascistas del mundo.
El
desorden, las perturbaciones, la confusión y los enfrentamientos que se han
producido y se producen en China, son consecuencia directa del pensamiento Mao
Tse-tung. La crítica que, los dirigentes chinos le hacen hoy a Mao Tse-tung no
tiene ningún parecido con la crítica marxista que le hacemos nosotros. No está
relacionada con el contenido de sus ideas, que los actuales dirigentes chinos
mantienen y aplican. Su crítica es manifestación de la pugna por el Poder entre
los diversos grupos maoístas rivales. Esos grupos no pueden echar abajo a Mao
Tse-tung, porque todos encuentran en sus ideas apoyo y justificación para sus
actos. Sin liberarse del pensamiento Mao Tse-tung, el proletariado y el pueblo
chinos no podrán encontrar el camino correcto que conduce al socialismo.
En el
futuro el Partido del Trabajo de Albania continuará de forma consecuente la
lucha de principios para desenmascarar por completo al revisionismo chino, para
establecer una, frontera clara y tajante entre, el marxismo-leninismo y las ideas
antimarxistas de Mao Tse-tung. Sin denunciar y refutar el pensamiento Mao
Tse-tung, sin combatir y erradicar toda influencia suya en el movimiento
revolucionario, no se puede hablar seriamente de lucha contra el revisionismo
chino ni contra el revisionismo moderno en general, no puede consolidarse y
desarrollarse debidamente el movimiento marxista leninista ni puede hacerse
avanzar con éxito la causa de la revolución.
El Eurocomunismo
Cuanto
más se profundizan las contradicciones del capitalismo y del imperialismo y se
aproxima la ola de la revolución, tanto más se descubre la catadura
antimarxista y contrarrevolucionaria de la otra corriente revisionista: el
eurocomunismo.
El
eurocomunismo es producto de la degeneración de los partidos comunistas que
emprendieron el camino del revisionismo, de la división producida en el campo
revisionista, como resultado del predominio que adquirió en su seno el
nacionalismo burgués.
Es la
ideología de la aristocracia obrera alimentada con migajas de las ganancias de
la burguesía. El eurocomunismo, la más pura ideología del reformismo burgués,
juega el papel de «quinta columna» en el seno del movimiento obrero.
Los
eurocomunistas, que figuraron entre los más ardientes adeptos de la campaña
contra Stalin, para volver supuestamente al Lenin, se han unido ahora
abiertamente con todo el coro de la burguesía y los socialdemócratas, para
atacar a Lenin y al leninismo. El mismo término «eurocomunismo» es expresión
del alejamiento del marxismo leninismo, de la negación de las leyes generales
de la revolución y de la construcción de la sociedad socialista. Los
eurocomunistas han desenterrado y vuelto a poner en circulación las viejas
teorías oportunistas de Lassalle, Bernstein, Kautsky y de la II Internacional,
proclamando que son la última palabra del desarrollo creador del marxismo en
nuestros días. El ataque frontal y abierto desde posiciones anticomunistas
contra las enseñanzas fundamentales del marxismo leninismo es la conclusión
lógica de todo el revisionismo moderno, de todas sus corrientes.
Las
prédicas de los eurocomunistas sobre el Estado capitalista supra-clasista,
sobre la democracia para todos, sobre el camino pacífico, parlamentario,
democrático hacia el socialismo, sobre las reformas estructurales en el marco
de la Constitución burguesa, etc., tienen un solo objetivo: sabotear la
revolución, defender y perpetuar el orden capitalista. Cuando los revisionistas
italianos, franceses y españoles hablan de «compromiso histórico», de «bloque
histórico de la izquierda», etc., o cuando luchan por formar parte de los
gobiernos burgueses, lo hacen no para arrebatar el Poder a la burguesía, no
para liquidar el orden capitalista, sino para defenderlo de la revolución y
para asumir ellos mismos la administración de los asuntos de la burguesía.
Pretenden sustituir en ese papel a la socialdemocracia, comprometida y
desacreditada ya ante las masas como servidora descarada de la burguesía.
A la vez
que embellecen al capitalismo, los eurocomunistas manifiestan una abierta hostilidad
hacia el socialismo. Según ellos, ni ha existido ni existe hasta hoy ningún
socialismo verdadero. Para ellos, el «verdadero socialismo» es el que han
inventado ellos mismos, el llamado «socialismo democrático», «socialismo
pluralista» o «tercera vía».
El
«socialismo» imaginado por los eurocomunistas es un socialismo sin dictadura
del proletariado, sin dirección exclusiva del partido comunista, sin teoría
marxista leninista. En ese socialismo el Poder será de todas las clases,
accederán a la dirección diversos partidos según los votos que obtengan en las
elecciones, la ideología marxista convivirá con todas las demás ideologías
burguesas, pequeño burguesas y religiosas. En el socialismo de los
eurocomunistas existirán diversas formas de la economía, la propiedad
socializada y la iniciativa privada, los capitales imperialistas y las
multinacionales.
Así pues,
en esa sociedad calificada de pluralista se entrelazarán y convivirán en paz y
plena armonía las clases sociales, los partidos, las ideologías y distintos
tipos de propiedad, elementos socialistas y capitalistas en la economía y en la
política, en la base y en la superestructura, en toda la vida de la sociedad.
Pero una sociedad así, una mezcla capitalista-socialista ni ha existido ni
puede existir jamás. Únicamente puede existir en la imaginación de los
eurocomunistas. El socialismo y el capitalismo son dos órdenes sociales que se
excluyen mutuamente. La nueva sociedad predicada por los eurocomunistas no es
más que la actual sociedad capitalista barnizada, con un baño socialista.
El
surgimiento del eurocomunismo fue anunciado con gran ruido por la burguesía,
que se forjó ilusiones de que su ideología reformista eclipsaría la ideología
revolucionaria del marxismo leninismo. Esperaba que el eurocomunismo alcanzara
una gran difusión y se convertiría en una bandera, que uniría a todos los
revisionistas, del Oeste y del Este. Pero el fracaso fue rotundo. En los
propios partidos eurocomunistas proliferaron las fracciones y divisiones; entre
los diversos partidos eurocomunistas comenzó la lucha por el liderazgo. Las
disputas y las divergencias con el resto de los partidos revisionistas pasaron
a ser aún mayores. El partido de Marchais abandonó el campo eurocomunista y se
aproxima cada vez más a los revisionistas soviéticos. El Partido Comunista de
España se ha dividido en diversas fracciones, en eurocomunistas ortodoxos y
heréticos, en pro soviéticos y antisoviéticos. Por su parte el partido de
Berilinguer está atravesando una grave crisis ideológica y política. Y lo que
es más importante, los partidos eurocomunistas han perdido gran parte de la
influencia que tenían entre las masas, cosa que puede verse en sus sucesivas
derrotas en las elecciones, a las que consideran su caballo de batalla.
Las Ideas del Verdadero Socialismo
Las ideas
del verdadero socialismo han sido y continúan siendo una gran fuerza de
inspiración, movilización y organización de la lucha revolucionaria de las
masas.
Hoy no
hay necesidad de que se inventen nuevos «socialismos», ni de que se copien los
llamados socialismos de los revisionistas modernos, como el soviético,
yugoslavo, chino y otros, que de socialismo sólo tienen el nombre.
Qué es el
socialismo, qué representa y realiza, cómo se logra y se construye la sociedad
socialista, no son cosas desconocidas. Existe una teoría y una práctica del
socialismo científico. Esa teoría nos la enseñan Marx, Engels, Lenin y Stalin.
Su práctica la encontramos en la rica experiencia de la construcción del
socialismo en la Unión Soviética del tiempo de Lenin y Stalin, la encontramos
hoy también en Albania, donde la nueva sociedad se edifica según las enseñanzas
del marxismo leninismo.
Claro
está que el socialismo, como ha dicho Lenin, tendrá diferentes fisonomías y sus
propias peculiaridades en diferentes países, lo que se deriva de las
condiciones socio-económicas, del camino a través del que se desarrolla la
revolución, de las tradiciones, de las circunstancias internacionales, etc.,
pero los principios básicos y las leyes generales del socialismo permanecen
inalterables y son indispensables para todos los países.
Los
marxistas leninistas estudian cuidadosamente los procesos revolucionarios en
sus respectivos países, así como las condiciones nacionales e internacionales
en las que esos procesos se desarrollan. No son dogmáticos ni en la teoría ni
en la práctica. Para ellos el marxismo leninismo, como una concepción del mundo
materialista dialéctica, es una doctrina viva, creadora y en constante
desarrollo.
Los
marxistas leninistas no son conservadores y fanáticos, como son acusados por
los revisionistas y los burgueses. Por el contrario, son las personas más
progresistas, combatientes decididos contra todo lo caduco y retrógrado. Se
mantienen firmemente en las posiciones de lo nuevo y luchan con todas sus
fuerzas por su victoria.. Son conservadores y reaccionarios los revisionistas y
todos los demás oportunistas, que, como servidores de la burguesía, defienden
una causa perdida, defienden un orden viejo, opresor y explotador. Es
precisamente esa posición reaccionaria la que ha sumido al revisionismo moderno
en una profunda crisis.
La
liberación de la candencia del proletariado y de los pueblos de las influencias
paralizantes del revisionismo, la difusión del marxismo leninismo, que señala
el único camino correcto para la lucha y la victoria, es hoy una tarea
primordial para impulsar el proceso revolucionario en cada país y a escala
mundial.
Esa
tarea, se hace más actual por el crecimiento de la rebeldía y de los
movimientos de las masas, por el despertar de la conciencia dé clase y nacional
de los pueblos, por el hecho de que el mundo se encuentra ante grandes
convulsiones económico-sociales.
Los
esfuerzos de todos los enemigos se concentran en alejar a las masas de la
revolución. La burguesía, la socialdemocracia, los revisionistas modernos y los
oportunistas de todo tipo hacen todo lo posible para engañar a la clase obrera
y a las masas, para sembrar la confusión ideológica y la división, para
difundir el pesimismo y el fatalismo, para infundir entre el pueblo la
desconfianza en la revolución y en el socialismo, para crear la psicosis de que
es imposible que el capitalismo y el imperialismo sean derrotados y vencidos. El
único problema para esos enemigos es darle al capitalismo un «rostro más
humano», lo que quiere decir que los grandes capitalistas continúen dominando,
pero arrojen algunas migajas al pueblo sumido en la pobreza. A este coro se
unen los ideólogos burgueses, los apologistas del imperialismo soviético, los
predicadores de la teoría de los «tres mundos», del «no alineamiento» y del
diálogo Norte-Sur, el papa de Roma y los bonzos de los sindicatos.
Sobre la
clase obrera europea se ejerce una gran presión. Como consecuencia del dominio
del reformismo, el movimiento obrero en Europa no ha llegado a ser todavía un
verdadero movimiento revolucionario. No ha adquirido plena conciencia de que
para cambiar su situación hay que derrocar el sistema capitalista, hay que
instaurar la sociedad socialista.
Pero el
proletariado europeo no puede continuar obedeciendo eternamente a los
cabecillas sindicalistas y a los partidos socialdemócratas y revisionistas,
quienes cacarean que mediante el desarrollo de las estructuras burguesas
existentes, el camino parlamentario, las reformas, o a través de la «Europa
Unida», se asegurará un futuro mejor para las masas trabajadoras. La opresión,
la violencia, la brutal explotación, la desocupación, las drogas, la
degeneración, la inflación, que pesan sobre los países de Europa, no podrán más
que forzar las revueltas de las sanas fuerzas de los pueblos europeos contra la
dominación del capital. La «Europa Unida» no es sino una solución efímera, una
política reaccionaria capitalista que, tarde o temprano, se encontrará ante
dificultades innumerables y de diversa naturaleza. Por eso, llegará un momento
en que la indignación de la clase obrera de Europa llegará al punto en que
exigirá sin falta una solución revolucionaria.
En estas
condiciones es de primera importancia que los comunistas y no comunistas, la
gente progresista y todas las masas del pueblo comprendan bien que su verdadero
enemigo es el capitalismo, que éste debe y puede ser derrocado por la lucha
revolucionaria. De esta forma desaparecerá el pesimismo, aumentará el coraje y
la confianza en la victoria. Es la ciencia de Marx y Lenin la que eleva y hace
invencible esa confianza entre el proletariado y las masas.
El
partido y el proletariado que se preparan para la revolución y para la toma del
Poder, se esfuerzan por analizar y dominar las situaciones, por determinar
científicamente el carácter y las etapas de la revolución en cada caso concreto
y, sobre esta base, elaborar la estrategia y las tácticas adecuadas. Estudian
con el mayor cuidado las diversas corrientes revolucionarias populares que se
enfrentan con el capitalismo y sus partidos, valoran su orientación, la
correlación de fuerzas en la situación concreta y, sobre esta base, determinan
y aplican todas aquellas hábiles tácticas que deben ser utilizadas para
conducir por un camino correcto y victorioso a las masas populares, para
canalizar miles de torrentes en el gran río de la revolución, donde se ahogará
la burguesía capitalista.
El
partido y el proletariado no van solos a la revolución. En la sociedad burguesa
existen también otras capas oprimidas que odian el orden capitalista, existen
fuerzas progresistas entre el campesinado, entre la juventud, existen, además,
personas demócratas y amantes de la libertad que no soportan la explotación.
Los comunistas acercan a todas esas fuerzas y elementos, establecen con ellos
alianzas sobre diversas cuestiones y por objetivos determinados. Los marxistas
leninistas no son ni sectarios ni amplios, son revolucionarios firmes en los
principios, pero flexibles en la táctica. Los frentes que construyen los
partidos marxista leninistas junto a las demás fuerzas progresistas en los
países capitalistas contra la burguesía, contra el fascismo y el imperialismo,
forman parte de la estrategia de la revolución. En toda alianza o frente el
partido conserva su propia personalidad incluso cuando, por razones objetivas,
no la dirige él mismo.
El
problema clave en los países capitalistas ha sido y sigue siendo la unidad del
proletariado. La burguesía pretende aprisionar al proletariado en unas tenazas
de hierra, no permitirle avanzar par el camino que le ha señalado la historia
para derrocar a los explotadores, para derribar el Poder del capital. Una de
esas tenazas son los sindicatos, que, en la mayoría de los casos, están
sometidos a la burguesía. Los comunistas no sólo trabajan para penetrar y echar
firmes raíces en la clase obrera, sino que luchan también para lograr su
unidad. Actualmente, cuando la crisis ha arrojado a la calle a decenas de
millones de obreros y otros millones se levantan en huelgas y manifestaciones
por reivindicaciones económicas y políticas, es más fácil organizar y unir a
los obreros en la lucha contra el capital.
La unidad
de la clase obrera se logra en la lucha y en las acciones revolucionarias
concretas por la satisfacción de las exigencias económicas y políticas del
proletariado. Con este fin los marxistas leninistas trabajan para que los
sindicatos existentes se libren de la dominación de los agentes de la
burguesía, de los revisionistas y socialdemócratas y se transformen en
instrumentos de lucha contra el orden explotador. Paralelamente, según las
condiciones y necesidades, crean nuevos sindicatos revo1ucionarios.
La
juventud es también una gran fuerza que anhela la transformación de la sociedad
capitalista y lucha por ello, que quiere lo nuevo y lo progresista. Únicamente
el marxismo leninismo y la revolución le abren ese camino, sólo ellos liberan a
las masas juveniles de la degeneración política y social a que las arrastra la
burguesía, les abren la perspectiva de una vida nueva, limpia y feliz, donde
puedan desbordarse y desarrollarse plenamente sus inagotables energías al
servicio de la sociedad y del progreso. El movimiento de la juventud cobra
fuerza y puede alcanzar sus objetivos cuando se funde en el movimiento
revolucionario de la clase obrera.
El
proceso revolucionario actual ha planteado de forma más aguda el problema de la
actitud frente al ejército burgués, no para considerarlo como la fuerza que
hará la revolución, sino para descomponerlo y desintegrarlo, para que no esté
en condiciones de enfrentarse a la revolución. Los comunistas trabajan para que
las masas de soldados, que son hijos del pueblo, no obedezcan a la casta de los
oficiales cuando estalle la revolución, sino que vuelvan las armas contra las
fuerzas reaccionarias en el Poder y se unan a los insurrectos, como sucedió en
Irán.
La revolución
es la tarea principal de la clase obrera. Pero se prepara en la lucha por
resolver los problemas políticos, económicos, sociales, culturales que
inquietan cada día a las masas trabajadoras. Son esas acciones, esas batallas
diarias las que elevan la conciencia de la clase, las que fortalecen su
organización y unión, las que la preparan y la conducen a la revolución. A
través de esas batallas el partido se vincula con las masas y se pone a su
frente. Los verdaderos partidos de la clase obrera son partidos de acción
revolucionaria.
Para
atemorizar a las masas y preparar la implantación del fascismo, el gran capital
está incitando el terrorismo, que en numerosos países ha tomado amplias
proporciones. Con el terrorismo la burguesía pretende, asimismo, denigrar al
verdadero movimiento revolucionario, desviar hacia un camino erróneo a diversos
elementos que se rebelan contra su opresión. De forma intencionada identifica
la lucha revolucionaria con el terrorismo, con el fin de crear entre las masas
la idea de que los comunistas, los patriotas y los revolucionarios que luchan
contra la opresión nacional y social, son terroristas y anarquistas que
asesinan y saquean. Los verdaderos revolucionarios están contra el terrorismo y
el anarquismo, en la teoría y en la práctica.
La clase
obrera y las masas trabajadoras de los países capitalistas tienen también ante
sí el problema nacional, que ha adquirido en la actualidad gran agudeza. La
socialdemocracia y los revisionistas niegan la existencia de ese problema en
los países capitalistas desarrollados, como los de Europa Occidental, Japón,
Canadá, etc. Se niegan a ver el hecho de que, como resultado de la ofensiva de
las multinacionales, la ampliación de las competencias de organismos
supranacionales, de los bloques militares y las organizaciones económicas
internacionales, y la instalación de bases militares en sus territorios limitan
aún más la soberanía nacional y la actuación política independiente de sus
países, y los convierten gradualmente en Estados vasallos.
La clase
obrera debe tomar en sus manos la defensa de la soberanía y la independencia
nacionales, que ha sido abandonada por la burguesía y el ala socialdemócrata y
revisionista. El proletariado europeo y de los demás países no debe dejarse
engañar por la propaganda de los Estados Unidos, de la Unión Soviética o de
China, que, cada uno por sus propios intereses, agitan el fantasma del peligro
que representa la superpotencia rival para la libertad y la independencia
nacionales. Con esta propaganda cada una por su parte tiene como objetivo
arrebatar esa libertad e independencia y establecer su dominación imperialista.
La
cuestión nacional y de clase representa también un gran problema en los países
dominados por los revisionistas. De manera especial en esos países no es
posible alcanzar la liberación social sin oponerse y sacudirse el yugo del
social imperialismo soviético, que ha establecido en ellos su completa
dominación económica, política y militar. El imperialismo norteamericano y las
demás potencias capitalistas occidentales simulan respaldar el movimiento
obrero y nacional en estos países, apoyar las aspiraciones de libertad de sus
pueblos. Esto es pura demagogia y un peligroso juego dirigido a engañar a los
proletarios y a las masas trabajadoras. La burguesía imperialista pretende
únicamente separar a esos países de la zona dé influencia del social
imperialismo soviético e incluirlos en su esfera de dominación.
La causa
de la revolución proletaria es inseparable del desarrollo del movimiento de
liberación de los pueblos. Un importante rasgo de las actuales luchas de
liberación nacional es que el despertar político para la conquista y la defensa
de la plena libertad e independencia nacionales está siendo acompañado de un
despertar social. Los actuales movimientos de los pueblos oprimidos se dirigen
cada vez en mayor medida no sólo contra el imperialismo extranjero, sino
también contra sus agentes en el interior del país. El hecho es que los pueblos
de los países oprimidos, pese al atraso económico-social, están mostrando una
gran vitalidad y aportando una importante contribución a la revolución
democrática antiimperialista, que abre el camino a la revolución proletaria.
Merecen
particular atención las insurrecciones populares de «inspiración islámica»,
como les gusta definir esos movimientos a la burguesía y los revisionistas con
el fin de negar su carácter antiimperialista y revolucionario. Es un hecho que
en los países musulmanes existe un movimiento insurreccional, pero la
interpretación que hacen de ello la burguesía y los revisionistas es maliciosa
y denigrante. Encubre propósitos de esclavización de los pueblos.
Nosotros,
los marxistas leninistas, hemos afirmado y afirmamos que la religión es opio
para los pueblos. En ningún caso cambiamos nuestro punto de vista acerca de
esta cuestión. Tampoco la religión musulmana se diferencia en su contenido de
las demás.
Las
amplias masas de los pueblos musulmanes se han levantado y se levantan en
diversos países en lucha no por la causa de la fe religiosa, sino por la
liberación nacional y social. La creencia en la religión es relativa y no
predomina sobre la política. Las gentes de estos países creen en el islám y lo
respetan, pero cuando resultan afectados los intereses vitales del pueblo, la
libertad y la independencia del país, se levantan en lucha contra el agresor,
incluso siendo éste de la misma religión. No es la inspiración religiosa la que
produce la rebelión y el despertar revolucionario de los pueblos, sino las
condiciones político-sociales, la opresión y el saqueo imperialista, la pobreza
y los sufrimientos que pesan sobre ellos.
Los
árabes y los demás pueblos musulmanes son combatientes valerosos y con una
cultura antigua. Sus insurrecciones y sus luchas antiimperialistas,
anticolonialistas y antifeudales demuestran que esos pueblos son progresistas y
amantes de la libertad. Si no fuesen así, no podrían, levantarse en la lucha
por la libertad y la independencia nacional, contra la doble opresión, interna
y externa,
En las
regiones habitadas por los pueblos musulmanes los imperialistas y los social
imperialistas se encuentran en situaciones difíciles. Igualmente difíciles son
las posiciones de sus títeres. Los acontecimientos en esas regiones hablan de
una situación revolucionaria, de un gran movimiento social de esos pueblos,
independientemente de que a primera vista tenga un carácter religioso, y sea
seguido por gente creyente o no creyente.
Actualmente
en bastantes países existen o se crean situaciones revolucionarías, pero no en
todos ellos se plantea como tarea inmediata la revolución socialista. En el
mundo se desarrollan, además, movimientos de carácter democrático,
antiimperialista, de liberación. Todos ellos forman parte del proceso
revolucionario mundial, son luchas justas, que debilitan al frente imperialista
y contribuyen a acelerar los procesos revolucionarios, golpean y descomponen
todavía más al sistema capitalista. Por eso, como nos enseña Lenin, la clase
obrera, como la clase más progresiva, y su partido comunista deben apoyar,
respaldar activamente esas luchas y colocarse en su dirección. Incluso en el
caso de que al comienzo no hayan afirmado sus posiciones dirigentes, deben
mantenerse al frente de la lucha y de los sacrificios, porque sólo así pueden
colocarse a la cabeza del movimiento y garantizar sus objetivos, sólo así se
puede abrir el camino a la transformación de la revolución democrática,
popular, antiimperialista en revolución socialista.
En su
lucha por la liberación nacional y social la clase obrera y las masas
trabajadoras chocan cada día con la barbarie del imperialismo, de la burguesía
y de las fuerzas de la reacción. En esas condiciones están obligadas a
responder a la violencia reaccionaria con la violencia revolucionaria, cuyas
formas son y no pueden sino ser distintas, según las condiciones de cada país y
el desarrollo de la situación. En algunos países esta violencia ha adquirido y
puede adquirir la forma de insurrección armada. Frente a esta cuestión los
marxistas leninistas mantienen una actitud extremadamente seria. Combaten tanto
las actitudes nihilistas, como el aventurerismo pequeñoburgués, desenmascaran y
rechazan tanto las prédicas maoístas de «el cerco desde campo a la ciudad»,
etc., como las teorías seudo marxistas que niegan el papel decisivo de las
masas populares en la lucha y la dirección de los partidos marxista leninistas.
Para
nuestros partidos marxistas leninistas los tiempos son revolucionarlos. Los
nuevos partidos marxista leninistas crecen y se templan en todo el mundo,
crecen su papel y su actividad, sus vínculos con la clase obrera y las masas y
su influencia entre ellas. Se han creado nuevos partidos en bastantes países y
zonas. Existen todas las condiciones para que se creen también allí donde no
hay verdaderos partidos revolucionarios de la clase obrera. Esta es una tarea
de combate imperativa de los elementos revolucionarios y más conscientes del
proletariado.
La
favorable situación objetiva no oculta en lo más mínimo los agudos problemas y
las grandes tareas que se plantean ante los marxistas leninistas. Es verdad que
nuestras fuerzas están en crecimiento constante y las situaciones se
desarrollan a favor de la revolución, pero también la reacción actúa. La
burguesía, la socialdemocracia y los diversos revisionistas, independientemente
de sus profundas e irreconciliables contradicciones, en una cosa se unen y
actúan conjuntamente, en la lucha contra el marxismo leninismo y la revolución.
Pretenden sembrar desconfianza y temor entre las masas del pueblo para
alejarlas de la revolución y del socialismo, golpear y dañar a los partidos
marxistas leninistas en países determinados y al movimiento comunista
revolucionario en su conjunto.
Antes,
cuando el pensamiento Mao Tse-tung ejercía su influencia sobre bastantes
partidos, los imperialistas y los social imperialistas estaban más tranquilos,
porque sabían que esta corriente revisionista hacía su trabajo de zapa en el
movimiento marxista leninista. Ahora que esta corriente se desenmascaró, los
enemigos intentan sembrar confusión difundiendo todo tipo de teorías seudo
marxistas, dividir y debilitar a los partidos por medio de la lucha fraccional,
manipular en diversas formas y hacer caer en posiciones revisionistas a
elementos débiles y no formados.
Pero los
partidos marxistas leninistas tienen ya una gran experiencia de lucha contra
las diversas corrientes antimarxistas y están mejor armados contra las tácticas
utilizadas por la burguesía y los revisionistas. Esta experiencia les ayuda a
desarrollar con éxito la lucha contra los enemigos, a aumentar la vigilancia, a
elevar continuamente el nivel ideológico y político de los militantes del
partido y a armarlos con la teoría marxista leninista. La lucha revolucionaria
ha enseñado a los partidos marxistas leninistas a fortalecer sus vínculos con
las masas, a penetrar en las diversas capas sociales y organizarlas, a utilizar
y combinar correctamente el trabajo ilegal y el legal en lucha contra las
manifestaciones de legalismo y de liberalismo burgués, así como contra las de
sectarismo estrecho y de trabajo cerrado.
Frente a
la actividad coordinada de los imperialistas y los revisionistas contra el
marxismo leninismo y la lucha revolucionaria del proletariado y de los pueblos,
el fortalecimiento de la unidad del movimiento marxista leninista es una
necesidad indispensable.
La fuerza
del movimiento comunista internacional marxista leninista radica en la justeza
de las ideas por las que lucha y en su unidad. Los partidos marxista leninistas
se rigen en su lucha por las enseñanzas de nuestros grandes clásicos,
aprovechan la rica y multilateral herencia del Komintern, se apoyan en la
experiencia de su propia lucha contra la traición revisionista, tienen en
cuenta la experiencia negativa de los partidos que degeneraron en el
revisionismo. Todas esas enseñanzas y esa experiencia constituyen un gran
patrimonio ideológico, político, organizativo, teórico y práctico, para templar
y fortalecer a los partidos y al movimiento marxista leninista en todos los
sentidos.
Los
encuentros y las conversaciones entre los partidos hermanos aportan una valiosa
contribución al fortalecimiento de la unidad del movimiento marxista leninista.
De esta forma se aprovecha la experiencia mutua, se llega a juicios comunes de
las situaciones y a la unidad de pensamiento y acción. La experiencia de un
partido no puede sustituir a la de muchos partidos, por el contrario, son las
experiencias de todos los partidos marxistas leninistas las que hacen
invencible al movimiento.
El
Partido del Trabajo de Albania, ateniéndose con fidelidad a los principios del
internacionalismo proletario, se ha esforzado y se esforzará siempre por dar su
contribución al fortalecimiento de la unidad del movimiento marxista leninista
y de la colaboración entre los partidos hermanos.
Nuestro
Partido del Trabajo considera un honor estar, en la gran e histórica lucha por
la causa del marxismo leninismo, de la revolución y del socialismo, hombro con
hombro con los demás partidos marxistas leninistas, que son destacamentos
iguales del movimiento revolucionario de la clase obrera. Los comunistas
albaneses y todo nuestro pueblo valoran inmensamente la solidaridad, el cariño
y la confianza que muestran hacia el Partido del Trabajo y hacia Albania
socialista los partidos hermanos marxistas leninistas, el proletariado y los
pueblos revolucionarios y amantes de la libertad. Ello representa un poderoso
respaldo y aliento para nosotros. Nuestro Partido y nuestro pueblo lucharán en
cualquier circunstancia y en cualquier situación para cumplir con honor sus
tareas nacionales e internacionales, para construir con éxito el socialismo en
Albania y para defender con ardor la causa revolucionaria de los proletarios y
de los pueblos.
Queridos
camaradas:
Los
éxitos que ha alcanzado nuestro pueblo bajo la dirección de nuestro Partido son
grandes, las batallas ganadas son majestuosas. Prueban que nuestro pueblo tiene
fuerzas inagotables, que es optimista y está decidido a emprender nuevas
batallas para hacer su vida, más feliz, para enaltecer aún más el nombre de su
Patria socialista, para fortalecer la libertad, la independencia, el Poder
popular nacido entre las llamas de la revolución.
Es esta
maravillosa realidad, es la inquebrantable unidad del pueblo en torno al
Partido, es la madurez, la audacia y la resolución de los comunistas las que
aseguran y garantizan al pueblo y al Partido que los objetivos que determinará
este Congreso serán alcanzados y sobrepasados.
El
entusiasmo, que ha despertado el proyecto, de directrices del séptimo plan
quinquenal, la movilización de las masas trabajadoras para la realización de
las tareas de este año, los alentadores resultados que se están logrando, y por
encima de todo, el respaldo unánime, decidido y ardiente que nuestra gente
concede a la política interna y exterior del Partido, demuestran que todo el
país está dispuesto y movilizado para marchar con confianza y decisión por el
camino por el que nos dirige el Partido, para lograr nuevas victorias.
Ese
ímpetu revolucionario, ese ilimitado cariño por nuestro glorioso Partido, esa
inconmovible fe en el futuro, transformémoslos, queridos y queridas camaradas,
en una gran fuerza motriz para realizar las tareas en todos los terrenos, para
superar todas las dificultades que se plantean ante nosotros, para reforzar y
consolidar aún más nuestras victorias, las inquebrantables bases del socialismo
en Albania.
¡Viva el
VIII Congreso del Partido!
¡Viva el
heroico, talentoso y laborioso pueblo albanés!
¡Viva el
Partido del Trabajo de Albania, el dirigente sabio, valiente y experimentado,
el organizador de todas nuestras victorias en el brillante camino de la
edificación socialista!
¡Gloria
al marxismo leninismo!

No hay comentarios:
Publicar un comentario