EL ETNOFASCISMO
José Sotomayor Pérez
Después
del colapso de la Unión Soviética y la desaparición del campo socialista,
producto de treinta años de revisionismo iniciado el año 1956 por Nikita
Jruschov y su camarilla contrarrevolucionaria, han surgido una serie de
corriente y teorías que pretenden demostrar que el marxismo es falso o que ha
sido superado. Se han sumado a estas corrientes y teorías los seguidores
del ideólogo del neofascismo, Samuel Hungtinton, autor de “La Guerra de las
Civilizaciones”, obra en la que expone y defiende la superioridad de la raza
“blanca, anglosajona y protestante”.
El
racismo fue el fundamento doctrinal del nazi fascismo, que tiene su máxima
expresión en el “Mein Kampf” de Adolfo Hitler. Hungtinton sigue los pasos
de Hitler, pero a la “raza aria” de éste la sustituye con la anglosajona.
El líder nazi organizó su movimiento político sobre la base de una
supuesta superioridad racial de los germanos, a los que les atribuyó
cualidades que negó a las demás razas, repitiendo las especulaciones del Conde
de Gobineu, un francés descendiente de francos, germanos.
Esta
ofensiva ideológica del imperialismo, exige una respuesta fundamentada de todas
las fuerzas democráticas, pero en forma especial de los partidos de la clase
obrera, que tiene la poderosa arma del marxismo leninismo, como guía en su
acción revolucionaria.
I
Punto de
partida en el planteamiento del problema de las razas en la historia del
hombre, es considerar la dualidad que a este le es propia e inherente. En
efecto, el ser humano tiene una naturaleza animal y una naturaleza
social, producto de muchos miles de años de evolución histórica. Esta
naturaleza dual, exige que se le estudie y considere tanto antropológica como
socialmente. El estudio de las razas y sus problemas le corresponde al campo de
la antropología y la biología. Pero el racismo como ideología es propio de todo
partido o movimiento político fascista. Es bien conocida la forma tajante como
los hitlerianos planteaban el problema de las razas: en la raza germana se
encuentran todas las perfecciones físicas, intelectuales y morales porque es
una raza superior. Es la creadora de todo lo mejor de la civilización.
Las otras razas son inferiores. Están formadas por subhombres, son
la hez de la humanidad, etc., etc.
La verdad
es que ningún carácter anatómico es propio o exclusivo de una raza determinada.
Hace tiempo que la ciencia antropológica ha llegado a la conclusión de que no
existen razas puras. De aquí que la raza sea un concepto esquemático. Sin
embargo, no se puede negar que existen aún zonas aisladas, casi inaccesibles,
en que las razas mantienen sus caracteres originales. No ocurre lo mismo en la
inmensa mayoría de los países y su población, comenzando por la misma Europa y
su “raza blanca”, cuyo territorio ha sido un gran campo de batalla de etnias y
razas que se disputaron la supremacía de unas sobre otras. Toda Europa ha sido
receptora durante siglos de una gigantesca confluencia de razas: celtas,
normandos, sajones, godos, visigodos, francos, teutones, baltas, lombardos,
burgundios, hunos, etc. Este mestizaje de larga historia, en lo que puede
llamarse la cuna de la raza blanca, les quita total seriedad a las teorías
raciales y al racismo.
Los
pueblos, de cualquier país, no pertenecen a una misma y determinada raza en el
sentido antropológico. Un indígena aymara del departamento de Puno no tiene
ningún parecido racial con un mulato de la costa o un descendiente de
inmigrante chino que es tan peruano como el aymara puneño, el mulato costeño o
el descendiente de chino. El aymara puneño tiene más parecido físico con el
aymara boliviano, y lo mismo ocurre con los descendientes de negro y chino y
sus iguales de África y la China. Sin embargo, los tres son peruanos,
pertenecen a la nación peruana, por el idioma que hablan, por el territorio en
que han nacido, por lo que se llama “idiosincrasia” y por el mismo sistema
económico (economía de mercado) de nuestro país. Cualquier esfuerzo que se haga
para enfrentarlos entre sí, por el color de su piel, seria criminal, y
terminaría en un sangriento fracaso, como la aventura de Hitler, en la Segunda
Guerra Mundial. Es cierto que en el caso de la denominada “mancha india”,
existe el problema de las “minorías nacionales”; pero estas forman parte del
pueblo peruano en general.
Desde el
punto de vista racial, todos los países latinoamericanos tienen una población
mestiza, producto de siglos de fusión de razas. No olvidemos al gran mestizo,
el Inca Gracilazo de la Vega, representante típico de nuestra “raza”. En
nuestro Perú, “quien no tiene de inga tiene de mandinga”, dijo otro gran
mestizo: Ricardo Palma. Por eso, hablar de razas y enfrentamiento de razas o
etnias, es un verdadero despropósito si es que no persigue propósitos ocultos.
II
No es la
raza sino la condición social lo decisivo en el hombre, desde que éste se
desprendió de la animalidad gracias al trabajo. Para subsistir el hombre debió
satisfacer sus necesidades materiales, viéndose obligado a entrar en relaciones
directas con la naturaleza y con otros hombres. Es la propia vida la que le
impuso la necesidad de establecer esta doble relación: con la naturaleza y con
los otros hombres, dando nacimiento a la existencia social o ser social, con
sus propias leyes que la rigen. Por eso la historia de la sociedad difiere
radicalmente del desarrollo de la naturaleza dentro del cual se encuentra
la historia del hombre considerado antropológicamente, perteneciente a
determinada raza o etnia.
El
proceso de desarrollo de los animales que viven en la naturaleza no puede
transferirse a la historia y la existencia social del hombre. La sociedad
humana está regida por leyes distintas a las leyes que rigen en la naturaleza.
Las leyes biológicas y antropológicas no pueden aplicarse a un medio que los
mismos hombres han creado: la sociedad humana. La teoría de las razas
superiores y las razas inferiores rebaja al hombre a su condición puramente
animal, olvidando su condición de ser eminentemente social, que vive y actúa en
un mundo creado por él mismo y que se rige por sus propias leyes. Y no es
casual que toda teoría racista se oponga a estas leyes o prescinda de ellas,
como lo hizo el nazi fascismo en forma radical. Para unificar al pueblo alemán,
por encima de las clases sociales, en beneficio de los Krups, Thissen
otros gigantes del imperialismo germano, Hitler tuvo que echar mano al mito de
la sangre, la superioridad de la “raza aria” inventada por Gobineau, un racista
francés que dividió a la especie humana en tres razas: blanca,
amarilla y negra o melania; considerando que entre los blancos los “arios”
representados por los germanos, son superiores.
Dentro de
las mismas razas de animales es imposible hablar de la superioridad de
una raza con relación a otra. La superioridad se da dentro de la
misma raza, de acuerdo al “pedigrí” de un perro, por ejemplo. Pero
afirmar que un Dogo de Burdeos es superior a un Martín Napolitano, no tendría
sentido porque cada raza tiene sus propias características y cualidades. Los racistas
rebajan al ser humano al nivel y condición de los perros y a veces
los comparan con el “perro del hortelano”.
III
Hemos
dicho que el proceso seguido por el desarrollo de la naturaleza es distinto al
seguido por la sociedad humana. En el primero los cambios se producen
espontáneamente, pero en la sociedad actúan hombres dotados de inteligencia y
voluntad que les permite actuar de acuerdo a objetivos concretos, previamente
establecidos. El racismo considera al hombre como un ser puramente zoológico,
quitándole su naturaleza social, resultado, a su vez, de un largo proceso
histórico. En su trabajo titulado “El papel del trabajo en la transformación
del mono en hombre”, Engels, dice:
“Resumiendo:
lo único que hacen los animales es utilizar la naturaleza exterior y
modificarla por el mero hecho de su presencia en ella. El hombre, en cambio,
modifica la naturaleza y la obliga así a servirle, la domina. Y esta es, en
última instancia, la diferencia esencial que existe entre el hombre y los demás
animales, diferencia que, una vez más, viene a ser efecto del trabajo”.
La
existencia de la sociedad humana sería imposible sin la producción permanente y
constante de la producción de bienes materiales. Sin esta producción la
sociedad sucumbiría, cualquiera que sean las razas o etnias que la integren.
Pero no puede haber producción de bienes materiales sin fuerzas productivas y
relaciones de producción. A determinado grado de desarrollo de las fuerzas
productivas corresponde una forma o estructura de sociedad. Esta es la gran
contribución de Marx que en vano los ideólogos de la burguesía pretenden
refutar, inventando la mar de teorías reaccionarias y disparatadas como el
racismo, el etnismo, el “incaismo” , el “espacio tiempo histórico” , el
“socialismo del siglo XXI”, etc., etc.
Es
oportuno señalar que las relaciones que los hombres establecen para producir,
en cualquier parte del mundo, se basan en la propiedad sobre los medios
de producción. Pero esta propiedad no existe fuera de las relaciones entre los
hombres. Toda propiedad privada de los medios de producción genera relaciones
de opresión y explotación. En cambio, de toda propiedad social se derivan
relaciones de cooperación y ayuda mutua en el trabajo, sin la existencia
de clases explotadoras. Estas son cuestiones elementales del marxismo que
algunos afirman que ha “caducado”, o que es una teoría “desfasada”, etc. Se ha
llegado hasta el extremo de negar la existencia de las clases sociales y de la
lucha de clases, que equivale a negar que en el proceso de producción los
obreros ocupan un lugar opuesto al que ocupan los propietarios de una fábrica.
Y que los conflictos entre ambos, propietarios y obreros, es inevitable porque
tienen intereses contrapuestos, en el Perú y en cualquier país de los mundos,
sin embargo nuestros etnistas se empecinan en negar esta lucha
para sustituirla con la lucha de razas, siguiendo las enseñanzas de
Hitler, pero poniendo al cobrizo como raza superior.
Las
clases sociales surgieron como consecuencia de la descomposición de la
comunidad primitiva. Nadie las ha creado ni inventado. Hay que ser un
reaccionario de siete suelas para negar que en la sociedad esclavista,
caso típico de Roma, hubo esclavos y esclavistas; que en la sociedad feudal
hubo señores dueños de feudos y siervos de la gleba y que en el actual sistema
capitalista es inevitable la existencia del capitalista propietario de los
medios de producción y sus asalariados, los obreros. Pero he
aquí que sesudos “sociólogos”. “historiadores”, “economistas”,
gritan a los cuatro vientos que el marxismo y su teoría de la lucha de clases
ha sido desmentidas “por la experiencia histórica”, refiriéndose a la
contrarrevolución iniciada por Nikita Jruschov en la URSS. Negando que
este fue un proceso de desmontaje del socialismo construido bajo la dirección
de Stalin en condiciones excepcionalmente difíciles, bajo el cerco capitalista.
No debe olvidarse que fue el Ejército Rojo, de obreros y campesinos de todas
las razas y etnias, sólidamente unidos en defensa de su patria socialista, el
que pulverizó al mejor Ejército burgués del mundo, defensor del mito de la
sangre, firmemente cohesionado en trono al credo hitleriano de la
superioridad racial del “ario”, germano. Este racismo ultra reaccionario que se
propuso imperar en el mundo durante mil años, fue sepultado hace 66 años, en la
gran batalla de Stalingrado. Pretender resucitarlo, en nombre de otra raza,
cualquiera que sea, es un gran absurdo, una verdadera aberración.
IV
Defender
algunas tesis de Mariátegui que él mismo habría corregido si su
vida no hubiera sido tan corta, no tiene sentido y no ayuda a conocer
mejor nuestro pasado histórico. El Amauta defendió el carácter “comunista
agrario” del Imperio de los Incas. Pero tal comunismo no ha existido ni existirá.
La historia conoce los siguientes modos de producción: comunismo primitivo,
esclavismo, feudalismo y capitalismo; a este le sucederá necesariamente el modo
de producción comunista, cuya primera etapa es el socialismo., que
existió durante 30 años en la URSS y que será restaurado inevitablemente,
salvo que se admita que hemos llegado al “fin de la historia”.
En su
estudio e investigación sobre las formaciones económicas precapitalistas, Marx
se ha referido concretamente al Perú en los pasajes siguientes:
“La producción
comunal y la propiedad comunal, tales como se encuentran por el ejemplo en el
Perú son, evidentemente, una forma secundaria, introducida y trasmitida por
tribus conquistadoras, que entre ellas mismas habían estado familiarizadas con
la propiedad común y la producción comunal en la forma más antigua y simple,
como se encuentra en la India y entre los eslavos”. (1)
“Segundo,
la unidad puede involucrar una organización común del trabajo mismo, que a su
vez puede constituir un verdadero sistema como en México y especialmente en el
Perú... Las condiciones comunales para la verdadera apropiación por medio del
trabajo, tales como sistemas de irrigación (muy importantes entre los pueblos
asiáticos), medios de comunicación, etc., aparecerán entonces como obra de la
unidad más alta, el gobierno despótico que se cierne por encima de las
comunidades menores”. (2)
En el
modo de producción que Marx denomina asiático una parte del “trabajo
excedente pertenece a la comunidad más alta que, en definitiva aparece como una
persona. Este trabajo excedente se efectúa al mismo tiempo como tributo y como
trabajo común para la gloria de la unidad, en parte para la del déspota, en
parte para la de la de la entidad tribal imaginaria del dios”. (3)
Este modo
de producción denominado asiático según lo anota el mismo Marx, no se presentó
solo en Asia; también existió en el continente americano, especialmente en
México y el Perú. Lo peculiar de este modo de producciones es que el Estado no
surge como consecuencia de la desintegración de la comunidad primitiva; esta se
conservó pero fue sometida a una unidad superior en forma tal que de esta
subyugación nació una organización estatal con características propias. El
ayllu o comunidad siguió existiendo, pero sometido a un Estado centralizado y
despótico, convertido en el verdadero propietario de las tierras comunales,
cuya posesión entregaba a las familias de las comunidades para su usufructo,
con la obligación d entregar al Estado y al dios Sol, las dos terceras partes
de la producción.
Presentar
a la sociedad incaica como paradigma de perfección económica y social, surgida
al margen del proceso histórico real seguido por la sociedad humana a través de
todos los siglos de su existencia, no tiene sentido y solo sirve para
justificar posiciones políticas reaccionarias o, en el mejor de los
casos, resucitar un indigenismo que ha sido superado por el propio acontecer
histórico.
V
La raza
no es elemento componente de la nación. Esta es una cuestión definitivamente
dilucida por Stalin en su clásica obra “El marxismo y el problema nacional”,
considerada por el gran historiador francés, Pierre Vilar, como no
superada en lo tocante a la cuestión que desarrolla. Stalin dice:
“Nación
es una comunidad estable, históricamente formada, de idioma, territorio, de
vida económica y de psicología, manifestada en la comunidad de cultura.
Además de
suyo se comprende que la nación, como todo fenómeno histórico, se halla sujeta
a la ley del cambio, tiene su historia, comienzo y fin”. (4)
En el
carácter científico de esta definición de nación, no hay cabida para las razas.
Si la raza fuera un componente de las naciones no habría una sola nación en el
mundo. Hay nación alemana, pero no raza alemana; hay nación francesa, pero no
raza francesa, hay nación estadounidense, pero no raza estadounidense, etc. En
toda nación hay confluencia de razas desde hace muchos siglos, como la que
ocurre en los países más racistas y xenófobos de Europa, incluyendo a
España. Por eso, hablar de razas en el Perú, país mestizo, con una
población autóctona` minoritaria, sin pureza racial., es un simple absurdo.
Nuestra población forma una nación porque ocupa un solo territorio,
habla un mismo idioma, excepto las minorías nacionales quechua y aymara de
la denominada “mancha india”. Es cierto que gran parte de estas minorías,
vive en el atraso y el analfabetismo, como consecuencia inevitable de nuestra
condición de país sometido a la explotación y dominación imperialista., con
rezagos no superados de feudalidad.
Las
minorías quechua y aymara son nacionalidades que, junto con nuestra
población criollo mestiza, forma parte del pueblo peruano, como nacionalidades,
no como razas No existe raza quechua ni raza aymara. Se trata de nacionalidades
que forman parte de la comunidad humana que habita el territorio peruano,
formando dos minorías dentro de la nación peruana. No hay que olvidar que fue
en la sociedad primitiva que la sociedad se dividía en “gens”, tribus y
asociaciones tribales sin llegar a formar comunidades humanas estables como las
naciones. De aquí que sea aberrante propugnar un nacionalismo etnista o
racista. El nacionalismo solo puede surgir, existir y cumplir un rol histórico
si defiende los intereses de una nación, no de una etnia ni conjunto de etnias
ni menos de una raza, sea blanca, amarilla, negra o cobriza.
VI
El
racismo enfoca los problemas de un país al margen de sus condiciones económico
sociales, partiendo únicamente de las particularidades antropológicas de los
hombres, pero en la vida real ocurre que el carácter, los rasgos
psíquicos comunes correspondientes a una comunidad de hombres, son el resultado
de sus condiciones materiales de existencia, especialmente de su vida
económica. Por eso, es necesario reiterar que la nación no es una comunidad
racial o tribal, sino una comunidad humana históricamente formada sobre la base
de comunidad de lengua, de territorio, de vida económica y de psicología, que
se manifiesta en su cultura.
El
imperialismo, última etapa del capitalismo, ha conducido a la formación de
poderosos Estados nacionales burgueses que oprimen a naciones
económicamente atrasadas, dando lugar al surgimiento de una contradicción que
solo puede ser superada mediante la liberación nacional y social de todos los
países sometidos a los intereses del gran capital financiero. Son los ideólogos
del imperialismo los que inventan la mar de teorías para desorientar las luchas
de los pueblos por liberarse de sus opresores. Ellos son los que, hoy en día,
estimulan el racismo en todas sus variantes porque saben que es una forma
de impedir el surgimiento de un solo frente de liberación nacional y
social antiimperialista, sin distinción de razas ni etnias., ni menos
propugnando la superioridad de una u otra.
El
racismo y la xenofobia, son características típicas de todo partido o grupo
fascista, y el supuesto anticapitalismo y nacionalismo que proclaman, siempre
termina defendiendo los intereses del gran capital, siguiendo el ejemplo del
fascismo italiano y el nazismo alemán. En nuestro país hablan de un cambio radical
que solo será posible por la obra revolucionaria de la raza cobriza. Se trata
de una patraña que debe ser combatida a tiempo si no se quiere que
en nuestro caso se repita la triste y cruel experiencia de los “fascio di
combatímento” o de los “cascos de acero”.
El
fascismo, que es racismo y xenofobia, es la expresión más rabiosa
del capitalismo monopolista, y en los países dependientes como el nuestro
es alentado y financiado por el imperialismo yanqui. Samuel Hungtinton, el
teórico de la superioridad racial de los anglosajones, participó
activamente en la toma del poder por Pinochet en Chile y Jorge Rafael Videla en
la Argentina, “demostrando” que el neoliberalismo es compatible con las
dictaduras militares más sanguinarias.
Otra
particularidad del fascismo es la negación rotunda de la lucha de clases. La
raza iguala y nivela a todos. Cualquier diferencia o contradicción de intereses
entre capitalistas y obreros, campesinos y terratenientes, etc., está por
debajo de la igualdad de razas. En la Alemania nazi, la clase obrera estuvo
sometida a una cruel explotación con el pretexto burdo de que la unidad de la
raza superior “aria”, estaba por encima de las diferencias de clase.
Capitalistas y obreros arios debían estar sólidamente unidos en su partido
único el Nacionalsocialista de Hitler.
VII
El
nacionalismo en los países dependientes como el nuestro (Perú), debe tener un
carácter necesariamente antiimperialista para no ser un nacionalismo burgués
reaccionario, contrario a las luchas populares por su liberación. El
imperialismo utiliza este nacionalismo para impedir el desarrollo de un
gran movimiento de liberación nacional y social en los países del “tercer
mundo”. El nacionalismo en estos países solo puede justificarse si persigue
objetivos claros y definidos de plena independencia política y económica que
garanticen un desarrollo pleno y soberano de la nación. Solo un nacionalismo de
este carácter puede justificarse históricamente en nuestros países. Es obvio
que el etnismo y el racismo son incompatibles con el nacionalismo democrático y
antiimperialista. Todo lo contrario, al estimular las luchas interraciales
dentro de un país, solo pueden servir los intereses del imperialismo en los
países coloniales y dependientes.
El
nacionalismo antiimperialista no se opone al internacionalismo proletario. En
la práctica ambos tienen intereses comunes en la lucha contra la
dominación del gran capital financiero. Son distintos, pero no opuestos y
pueden marchar juntos en una etapa histórica No ocurre lo mismo con el
denominado “etnonacionalismo”, un nacionalismo basado en la raza, que solo
puede conducir a enfrentamientos y luchas intestinas dentro de un mismo
país, favoreciendo los intereses del imperialismo.
No es
casual que en la actualidad, el racismo sea estimulado por el
imperialismo norteamericano, divulgando las obras de Samuel Huntington entre
ellas la “Guerra de las Civilizaciones”, cuyo contenido se ha convertido en el
fundamento teórico del nazi fascismo contemporáneo.
El 26 de
septiembre de 1967 la UNESCO aprobó una Declaración de gran importancia,
mereciendo destacarse, para el tema que tocamos, los siguientes puntos:
“El
racismo impide el desarrollo de aquellos quienes sufren del mismo, corrompe a
aquellos que lo profesan, divide a las naciones entre sí, refuerza la tensión
internacional y amenaza a la paz en todo el mundo”.
“Todos
los hombres contemporáneos pertenecen a una misma especie y proceden de una
misma raíz; la división de la humanidad en razas es, en cierta medida,
convencional y arbitraria y no lleva implícita su equivalencia en el sentido
que sea”.
“El
racismo falsifica groseramente los datos de la biología humana”.
“Las
causas sociales y económicas del racismo, con más frecuencia, surgen en
aquellas sociedades colonialistas, en las cuales se crea una gran desigualdad
de poder y estado de la propiedad”.
“El
racismo tiene la propiedad del autoreforzamiento. La discriminación, privando a
cualquier grupo de los derechos iguales, crea problemas alrededor de este
grupo. Después, al mismo grupo se presentan acusaciones de la cuestión creada,
lo que conduce a la creación de una nueva teoría racista”.
“Los
prejuicios raciales y la discriminación racial en el mundo moderno, parten de
los fenómenos históricos y sociales y se CUBREN FALSAMENTE CON LA AUTORIDAD DE
LA CIENCIA”.
El
surgimiento de teorías etnistas y racistas en nuestro país, es la respuesta a
una larga historia de discriminación sufrida por nuestros indígenas, desde la
conquista española. Sin embargo, en la práctica es un reforzamiento del racismo
en general; ese racismo al que hay que combatir en nuestro país cambiando
las condiciones de vida de nuestras masas campesinas de quechuas y aymaras
La
divulgación masiva de la Declaración de la UNESCO del 26 de septiembre de 1957
sobre el racismo, tiene una enorme importancia. Su contenido desenmascara
la esencia nazifascita de las teorías raciales que hoy divulgan los
teóricos del IV Reich, el imperialismo yanqui. Es infantil y absurdo
responder con el racismo “cobrizo” al racismo anglosajón, heredero del
racismo “ario” de Hitler. Es el frente único, antiimperialista de liberación
nacional, conformado por todas las razas y etnias integrantes de campesinos,
obreros, capa medias y hasta una burguesía no ligada al imperialismo, el que
debe cumplir el rol histórico de conquistar nuestra segunda independencia.

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