EL «PENSAMIENTO MAO
TSE-TUNG», TEORÍA ANTIMARXISTA
Enver Hoxha
La
situación actual en el Partido Comunista de China, sus numerosos zigzags y sus
posturas tambaleantes, oportunistas, los frecuentes cambios en la estrategia,
la política que ha seguido y sigue su dirección para hacer de China una
superpotencia, plantean de manera completamente natural el problema del lugar y
del papel de Mao Tse-tung y de sus ideas, del llamado «pensamiento Mao Tse-
tung» en la revolución china.
El
«pensamiento Mao Tse-tung» es una «teoría» desprovista de los rasgos del
marxismo-leninismo. Todos los dirigentes chinos, tanto los que estuvieron antes
en el poder, como quienes lo han tomado actualmente, para llevar a la práctica
sus planes contrarrevolucionarios, han especulado y especulan con el
«pensamiento Mao Tse-tung» en las formas de organización y los métodos de
acción, en los fines estratégicos y tácticos.
Nuestras
opiniones y nuestra convicción sobre el peligro que representa el «pensamiento
Mao Tse- tung», nosotros, los comunistas albaneses, las hemos formado
gradualmente viendo la actividad sospechosa, las actitudes vacilantes y
contradictorias, la ausencia de los principios y el pragmatismo de la política
interior y exterior china, la desviación del marxismo-leninismo y la
utilización de frases izquierdistas para disfrazarse. Cuando se fundó nuestro
Partido, durante la Lucha de Liberación Nacional, así como después de la
Liberación, nuestra gente tenía conocimientos muy escasos sobre China. Pero, al
igual que todos los revolucionarios del mundo, también nosotros habíamos
formado una opinión progresista acerca de ella: «China es un gran continente,
China lucha, en China bulle la revolución contra el imperialismo extranjero, contra
las concesiones», etc., etc. En general, sabíamos algo sobre la actividad de
Sun Yat-sen, sobre sus vínculos y su amistad con la Unión Soviética y con
Lenin; por último sabíamos algo sobre el Kuomintang, conocíamos la lucha del
pueblo chino contra los japoneses y la existencia del Partido Comunista de
China, que era considerado como un partido grande, con un marxista-leninista a
la cabeza, Mao Tse-tung. Y eso era todo.
Sólo
después de 1956, nuestro Partido tuvo los contactos más estrechos con los chinos.
Estos contactos vinieron multiplicándose a causa de la lucha que nuestro
Partido desarrolló contra el revisionismo moderno jruschovista. En aquel
entonces nuestros contactos con el Partido Comunista de China o, más
exactamente, con sus cuadros dirigentes, se hicieron más frecuentes y más
cercanos, sobre todo cuando el mismo Partido Comunista de China entró en
abierto conflicto con los revisionistas jruschovistas. Pero debemos reconocer
que, en las entrevistas que hemos mantenido con los dirigentes chinos, a pesar
de que han sido buenas y camaraderiles, China, Mao Tse-tung y el Partido
Comunista de China quedaban, en cierta medida, como un gran enigma para
nosotros.
Pero,
¿por qué China, su Partido Comunista y Mao Tse.-tung eran un enigma? Lo eran
porque muchas posturas, no sólo generales, sino también personales de los
dirigentes chinos sobre una serie de grandes problemas políticos, ideológicos,
militares y organizativos, oscilaban unas veces hacia la derecha y otras hacia
la izquierda. En unas ocasiones se mostraban decididos, en otras indecisos, de
cuando en cuando también mantenían posiciones correctas, pero en la mayoría de
los casos saltaban a la vista sus actitudes oportunistas. La política china, en
general, a lo largo de todo el período en que vivió Mao, ha sido vacilante, era
una política de coyunturas, carecía de la columna vertebral marxista-leninista.
Un día se hablaba de una manera acerca de un problema político importante, y al
día siguiente se hacía de otra. En la política china no se podía encontrar un
hilo conductor estable y consecuente.
Naturalmente,
todas estas posturas llamaban nuestra atención y no las aprobábamos, sin
embargo, en la medida en que conocíamos la actividad de Mao Tse-tung,
participábamos de la opinión general de que era un marxista-leninista. Sobre
muchas tesis de Mao Tse-tung, tales como la de tratar las contradicciones entre
el proletariado y la burguesía como contradicciones no antagónicas, la tesis de
la existencia de las clases antagónicas durante todo el período del socialismo,[13] la
tesis de que «el campo debe asediar la ciudad», que da carácter absoluto al
papel del campesinado en la revolución, etc., teníamos nuestras reservas y
nuestros puntos de vista marxista-leninistas, que, cuando se ha presentado la
ocasión, hemos manifestado a los dirigentes chinos. En tanto que otras
concepciones y posiciones políticas de Mao Tse-tung y del Partido Comunista de
China, incompatibles con las concepciones y las posiciones marxista-leninistas
de nuestro Partido, las considerábamos como tácticas provisionales de un gran
estado dictadas por determinadas situaciones. Pero, con el tiempo, se hacía
cada vez más evidente que las actitudes del Partido Comunista de China no eran
sólo tácticas.
Nuestro
Partido, analizando los hechos, llegó a algunas conclusiones generales y
particulares, que lo indujeron a estar vigilante, pero evitaba la polémica con
el Partido Comunista de China y con los dirigentes chinos, no porque temiese
polemizar, sino porque los datos de que disponía sobre el camino erróneo,
antimarxista, de este partido y del propio Mao Tse-tung no eran completos,
estos datos no permitían aún sacar conclusiones rotundas. Por otro lado,
durante un tiempo el Partido Comunista de China se opuso al imperialismo
norteamericano y a la reacción. Asimismo se puso en contra del revisionismo
jruschovista soviético, a pesar de que ahora está claro que su lucha contra
este revisionismo no estaba dictada por correctas posiciones de principio
marxista-leninistas.
Además,
no hemos tenido datos completos sobre la vida interna política, económica,
cultural, social, etc., de China. La organización del partido y del estado
chinos siempre ha permanecido cerrada para nosotros. Por su parte, el Partido
Comunista del China no nos ha dado ninguna posibilidad de estudiar las formas
de organización del partido y del estado chinos. Los comunistas albaneses
estábamos al corriente únicamente de cierta organización estatal general de
China y nada más, porque no se nos daba la oportunidad de conocer la
experiencia del partido en China, de ver cómo actuaba, cómo estaba organizado,
qué direcciones había tomado el desarrollo del trabajo en diversos sectores y
cuáles eran en concreto estas direcciones.
Los
dirigentes chinos han obrado astutamente. No han hecho públicos muchos
documentos necesarios para conocer la actividad del partido y del estado. Se
guardaban y se guardan mucho de publicar sus documentos. Incluso los escasos
documentos publicados de que se dispone, son fragmentarios. Mientras que los
cuatro tomos con las obras de Mao, que pueden considerarse oficiales, no sólo
contienen materiales escritos hasta 1949, sino que además han sido compuestos
cuidadosamente, de manera que no aparecen con exactitud las situaciones reales
que se han desarrollado en China.
La
presentación política y teórica de los problemas en la prensa china, por no
hablar de la literatura, que era totalmente confusa, sólo tenía carácter
propagandístico. Los artículos estaban repletos de fórmulas estereotipadas
típicamente chinas, enunciadas aritméticamente, tales como «las tres cosas
buenas y las cinco malas», «las cuatro cosas viejas y las cuatro nuevas», «las
dos advertencias y los cinco controles de sí mismo», «las tres cosas verdaderas
y las siete falsas», etc., etc. El enjuiciamiento desde el punto de vista
«teórico» de estas cifras aritméticas era difícil para nosotros que estamos
acostumbrados a pensar, actuar y escribir según la teoría y la cultura marxista-leninista
tradicional.
Los
dirigentes chinos nunca invitaron a nuestro Partido para que enviase alguna
delegación a estudiar su experiencia. Incluso cuando alguna delegación, a
petición de nuestro Partido, ha viajado a China, más que darle alguna explicación
o experiencia sobre el trabajo del partido se han dedicado a hacerle propaganda
y a llevarla de un sitio a otro visitando comunas y fábricas. Y ¿con quiénes
mantenían esta actitud rara? Con nosotros los albaneses, sus amigos, que les
hemos defendido en las más difíciles situaciones. Para nosotros, todos estos
actos eran incomprensibles, pero a la vez eran una señal de que el Partido
Comunista de China no quería darnos una imagen clara de su situación.
Pero lo
que más llamó la atención de nuestro Partido fue la Revolución Cultural, sobre
la cual se nos presentaron varias grandes interrogantes. A lo largo de la
Revolución Cultural, que desencadenó Mao Tse-tung, en la actividad del Partido
Comunista de China y del estado chino se observaron ideas y hechos políticos,
ideológicos y organizativos extraños que no estaban fundados en las enseñanzas
de Marx, Engels, Lenin y Stalin. La apreciación de los actos dudosos habidos
anteriormente, así como de los que se constataron durante la Revolución
Cultural, pero sobre todo de los acontecimientos registrados después de esta
revolución hasta el presente, los cambios en la dirección, la subida y la
bajada de uno y otro grupo, hoy del grupo de Lin Piao, mañana del de Teng
Siao-píng, o de un Jua Kuo-feng, etc., cada uno con su propia plataforma
opuesta a la del otro, la apreciación de todo esto indujo a nuestro Partido a
profundizar todavía más en las concepciones y la práctica de Mao Tse-tung y del
Partido Comunista de China, a adquirir un conocimiento más completo del
«pensamiento Mao Tse-tung». No nos parecía una conducta revolucionaría el que
esta Revolución Cultural no estuviese dirigida por el partido, sino que fuese
una explosión caótica tras un llamamiento que hizo Mao Tse-tung. La autoridad
de Mao en China hizo que se levantasen millones de jóvenes no organizados,
estudiantes y escolares, que marcharan hacia Pekín, hacía los comités del
partido y del poder, disolviéndolos. Se decía que estos jóvenes representaban
en aquel entonces en China la «ideología proletaria» y que ¡enseñarían al
partido y a los proletarios el «verdadero» camino!
Una
revolución de este tipo, de acentuado carácter político, fue llamada cultural.
Para nuestro Partido esta denominación era inexacta, porque en realidad en
China se había desatado un movimiento político y no cultural. Pero lo principal
era que esta «gran revolución proletaria» no estaba dirigida ni por el partido,
ni por el proletariado. Esta grave situación tenia su origen en los viejos
conceptos antimarxistas de Mao Tse-tung que subestiman el papel dirigente del
proletariado y sobreestiman a la juventud en la revolución. Mao había escrito:
¿«Qué papel ha desempeñado la juventud china a partir del «movimiento del 4 de
mayo»? En cierta medida, un papel de vanguardia que, salvo los ultrarreaccionarios,
todo nuestro país reconoce. ¿En qué consiste este papel de vanguardia? En jugar
el papel dirigente...»[14]
Así la
clase obrera fue dejada de lado y hubo numerosos casos en que se opuso a los
guardias rojos, e incluso se enfrentó con ellos. Nuestros camaradas, que en
aquel entonces se encontraban en China, han visto con sus propios ojos a los
obreros de las fábricas luchar contra los jóvenes. El partido fue disuelto, fue
liquidado, y los comunistas y el proletariado no eran tenidos en cuenta. Esta
situación era muy grave.
Nuestro
Partido apoyó la Revolución Cultural, porque en China estaban en peligro las
conquistas de la revolución. Personalmente Mao Tse-tung nos dijo que allí el
partido y el estado habían sido usurpados por el grupo renegado de Liu Shao-chi
y Teng Siao-ping y que las victorias de la revolución china corrían peligro. En
estas condiciones, independientemente de quién era el responsable de que las
cosas hubiesen ido tan lejos, nuestro Partido apoyó la Revolución Cultural.
Nuestro Partido defendió al hermano pueblo chino, la causa de la revolución y
del socialismo en China y no la lucha fraccionalista de los grupos
antimarxistas que chocaban entre sí y que llegaban incluso a enfrentamientos
armados para tomar el poder.
El curso
de los acontecimientos demostró que la Gran Revolución Cultural Proletaria no
era ni revolución, ni grande, ni cultural y, sobre todo, que no era en absoluto
proletaria.[15] Era un
putsch de palacio a nivel panchino para liquidar a un puñado de reaccionarios
que habían tomado el poder.
Naturalmente,
dicha Revolución Cultural era una mistificación. Liquidó al mismo Partido
Comunista de China e incluso a las organizaciones de masas, y hundió a China en
un nuevo caos. Esta revolución fue dirigida por elementos no marxistas, que a
su vez fueron liquidados por medio de un putsch militar por otros elementos
antimarxistas y fascistas.
En
nuestra prensa Mao Tse-tung ha sido calificado de gran marxista-leninista, pero
nunca hemos empleado ni aprobado las definiciones de la propaganda china que
llamaba a Mao clásico del marxismo-leninismo y al «pensamiento Mao Tse-tung» su
tercera y más alta etapa. Nuestro Partido ha considerado incompatible con el
marxismo-leninismo el culto desmesurado a Mao Tse-tung en China.
El
desarrollo caótico de la Revolución Cultural y sus resultados reforzaron aún
más nuestra opinión, todavía no bien cristalizada, de que en China el
marxismo-leninismo no era conocido ni aplicado, de que, en el fondo, el Partido
Comunista de China y Mao Tse-tung no sostenían puntos de vista
marxista-leninistas, independientemente de su fachada y de los slogans que
solían emplear, como «por el proletariado, por su dictadura y por la alianza
con el campesinado pobre» y muchas más fórmulas análogas.
A la luz
de estos acontecimientos nuestro Partido empezó a ver más profundamente las
causas de las vacilaciones que se habían observado en la actitud de la
dirección china hacia el revisionismo jruschovista, como por ejemplo en 1962
cuando buscaba la reconciliación y la unión con los revisionistas soviéticos[16] en
nombre de un pretendido frente común contra el imperialismo norteamericano, o
en 1964 cuando Chou En-lai, reanudando sus esfuerzos por reconciliarse con los
soviéticos, fue a Moscú para saludar la llegada al poder del grupo de Brezhnev[17]. Estas
fluctuaciones no eran casuales, reflejaban la ausencia de los principios y de
la consecuencia revolucionaria.
Cuando
Nixon fue invitado a China y la dirección china, con Mao Tse-tung a la cabeza,
proclamó la política de aproximarse y unirse al imperialismo norteamericano,
quedó patente que la línea y la política chinas estaban en completa oposición
al marxismo-leninismo y al internacionalismo proletario. Después, comenzaron a
ser más evidentes los objetivos chovinistas y hegemonistas de China. La
dirección china empezó a oponerse más abiertamente a las luchas revolucionarias
y de liberación de los pueblos, al proletariado mundial y al auténtico
movimiento marxista-leninista. Desplegó la llamada teoría de los tres mundos,
que estaba esforzándose por imponer a todo el movimiento marxistaleninista como
línea general.
El
Partido del Trabajo de Albania, partiendo de los intereses de la revolución y
del socialismo, y pensando que los errores que se constataban en la línea del
Partido Comunista de China se debían a apreciaciones incorrectas de las
situaciones y a una serie de dificultades, más de una vez ha intentado ayudar a
la dirección china a corregir y superar estos errores. Nuestro Partido ha
manifestado abiertamente, de manera sincera y camaraderil, sus puntos de vista
a Mao Tse-tung y a los otras dirigentes chinos, y, sobre una serie de actos de
China, que perjudicaban directamente la línea general del movimiento
marxista-leninista, los intereses de los pueblos y de la revolución, ha
manifestado oficialmente y por escrito sus observaciones y su disconformidad al
Comité Central del Partido Comunista de China.[18]
Pero, por
parte de la dirección china jamás han sido bien acogidas las justas
observaciones de principio de nuestro Partido. Nunca nos ha contestado y jamás
ha aceptado discutir sobre ellas.
Mientras
tanto los actos antimarxistas de la dirección china, tanto en el interior como
en el exterior, pasaron a ser más abiertos y evidentes. Todo esto obligó a
nuestro Partido, así como a todos los demás marxista-leninistas, a reconsiderar
la línea del Partido Comunista de China, las concepciones políticas e
ideológicas por las que se ha guiado, la actividad concreta y sus
consecuencias. Debido a ello, vimos que el «pensamiento Mao Tse-tung», que es
el que ha guiado y guía al Partido Comunista de China, representa una peligrosa
variante del revisionismo moderno, contra la cual es preciso desarrollar una
lucha multilateral en el plano teórico y político.
El
«pensamiento Mao Tse-tung» es una variante del revisionismo, que comenzó a
tomar cuerpo ya antes de la Segunda Guerra Mundial, y de manera particular
después del 1935, cuando Mao Tse-tung se afirmó en el poder. En este período Mao Tse-tung,
con sus secuaces, desencadenó una campaña «teórica» bajo la consigna de la
lucha contra el «dogmatismo», los «esquemas hechos», los «estereotipos extranjeros»,
etc., y planteó el problema de elaborar el marxismo nacional, negando el
carácter universal del marxismo-leninismo. En lugar del marxismoleninismo,
predicaba la «manera china» de tratar las problemas y el estilo chino «...lleno
de vida y lozanía, agradable al oído y a los ojos del pueblo chino»,[19]
propagando así la tesis revisionista de que el marxismo debe tener en cada país
un contenido peculiar, especifico.
El «pensamiento
Mao Tse-tung» fue proclamado como el grado sumo del marxismo-leninismo en la
época actual. Los dirigentes chinos han declarado que «Mao Tse-tung ha hecho
más que Marx, Engels y Lenin...» En las Estatutos del Partido Comunista de
China, aprobados en su IX Congreso, que desarrolló sus trabajas bajo la
dirección de Mao Tse-tung, se dice que «el pensamiento Mao Tse- tung es el
marxismo-leninismo de nuestra época...», que Mao Tse-tung «...ha heredado,
defendido y desarrollado el marxismo-leninismo y lo ha hecho entrar en una
etapa nueva y superior».[20]
El que la
actividad del partido se basara no en los principias y las normas del
marxismo-leninismo, sino en el «pensamiento Mao Tse-tung», abrió aún más las
puertas al oportunismo y a la lucha fraccionalista en las filas del Partido
Comunista de China.
El
«pensamiento Mao Tse-tung» es una amalgama de concepciones que mezcla ideas y
tesis tomadas de prestado del marxismo can otros principias filosóficos,
idealistas, pragmáticos y revisionistas. Sus raíces se remontan a la antigua
filosofía china y al pasado político e ideológico de China, a su práctica
estatal y militarista.
Todos los
dirigentes chinos, tanto los que actualmente han tomado el poder, como aquellas
que han estado en él y han sido derrocados, pero que han maniobrado para
materializar sus planes contrarrevolucionarios, han tenido y tienen por base
ideológica el «pensamiento Mao Tse-tung». El propio Mao Tse-tung ha admitido
que su pensamiento puede ser aprovechado por todos, tanto por los de izquierda
como por los de derecha, como él llama a los diversos grupos que constituyen la
dirección china. En la carta dirigida a Chiang Ching el 8 julio de 1966, Mao
Tse-tung admite que «la derecha en el poder puede utilizar mis palabras para
hacerse fuerte durante un cierto tiempo, pero la izquierda puede utilizar otras
palabras mías y organizarse para derrocar a los de derecha».[21] Esto
demuestra que Mao Tse-tung no ha sido un marxista-leninista, que sus puntos de
vista son eclécticos. Esto resalta en todas las «obras teóricas» de Mao, que a
pesar de estar disfrazadas con fraseología y slogans «revolucionarios», no
pueden ocultar que el «pensamiento Mao Tse-tung» no tiene nada en común con el
marxismo-leninismo.
Un
vistazo crítico, aunque sea parcial, a los escritos de Mao, a su manera de
tratar los problemas fundamentales relativos al papel del partido comunista, a
las cuestiones de la revolución, de la edificación del socialismo, etc., pone
completamente al desnudo la diferencia radical entre el «pensamiento Mao
Tse-tung» y el marxismo-leninismo.
Tomemos
en un comienzo la cuestión de la organización del partido y de su papel
dirigente. Mao pretendía hacer creer que estaba por la aplicación de los
principios leninistas acerca del partido, pero si se analizan en concreto sus
ideas sobre el partido, y especialmente la práctica diaria de éste, se ve a
todas luces que ha substituido los principios y las normas leninistas con tesis
revisionistas.
Mao
Tse-tung no ha organizado el Partido Comunista de China sobre la base de los
principios de Marx, Engels, Lenin y Stalin. No ha trabajado para hacer de él un
partido de tipo leninista, un partido bolchevique. Mao Tse-tung no estaba por
un partido de clase proletario, sino por un partido sin fronteras de clase. Ha
utilizado la consigna de hacer masivo el partido para borrar la línea de
demarcación entre el partido y la clase. Por consiguiente, en este partido
podía entrar y salir cualquiera y cuando quisiera. En este aspecto las
concepciones del «pensamiento Mao Tse-tung» son idénticas a las de los
revisionistas yugoslavos y de los «eurocomunistas».
Paralelamente
a esto, Mao Tse-tung, siempre ha subordinado la construcción, los principios y
las normas del partido a sus posiciones y a sus intereses políticos, a su
política aventurera, oportunista, unas veces de derecha y otras de izquierda, a
la lucha entre las fracciones, etc.
En el
Partido Comunista de China no ha existido ni existe la verdadera unidad
marxista-leninista de pensamiento y de acción. La lucha entre las fracciones,
que ha existido desde la fundación del Partido Comunista de China, ha hecho que
en este partido no se instaurara una correcta línea marxista-leninista, que no
se guiara por el pensamiento marxista-leninista. Las diversas tendencias que se
manifestaban en los principales dirigentes del partido, unas veces eran de
izquierda, otras oportunistas de derecha, algunas veces centristas e incluso
llegaban a ser puntos de vista abiertamente anarquistas, chovinistas y
racistas. Mientras Mao Tse-tung y su grupo estuvieron a la cabeza del partido,
estas tendencias fueron una de las características distintivas del Partido
Comunista de China. El propio Mao Tse-tung ha predicado la necesidad de la
existencia de las «dos líneas» en el partido. Según él, la existencia de ambas
líneas y la lucha entre ellas es algo natural, es una expresión de la unidad de
los contrarios, es una política elástica que conjuga en sí misma el espíritu de
principios y el compromiso. «Así, escribe él, con un camarada que se equivoca
pueden utilizarse las dos manos: con una será combatido, con la otra se hará la
unidad con él. El propósito de esta lucha es preservar los principios del
marxismo, lo cual supone perseverar en los principios; éste es un aspecto del
problema. El otro aspecto es unirnos a él. La unión tiene por objetivo ofrecerle
una salida, concertar un compromiso con él»[22].
Estos
puntos de vista son diametralmente opuestos a las enseñanzas leninistas sobre
el partido comunista como destacamento organizado y de vanguardia, que debe
tener una sola línea y una férrea unidad de pensamiento y de acción.
La lucha
de clases en el seno del partido, como reflejo de la lucha de clases que se
desarrolla fuera del mismo, no tiene nada en común con las concepciones de Mao
Tse-tung sobre las «dos líneas en el partido». El partido no es arena de las
diversas clases y de la lucha de las clases antagónicas, no es una reunión de
personas con objetivos opuestos. El verdadero partido marxista-leninista es
únicamente partido de la clase obrera y se basa en los intereses de esta clase.
Este es el factor decisivo para el triunfo de la revolución y la edificación
del socialismo. J. V. Stalin, defendiendo los principios leninistas acerca del
partido, que no permiten la existencia de numerosas líneas, de corrientes
opuestas en el seno del partido comunista, señalaba que
«...el
partido comunista es el partido monolítico del proletariado y no el partido de
un bloque de elementos de las diversas clases.»[23]
En tanto
que Mao Tse-tung concibe el partido como una unión de clases con intereses
opuestos, como una organización en que están enfrentadas y luchan dos fuerzas,
el proletariado y la burguesía, el «cuartel general proletario» y el «cuartel
general burgués», los cuales deben tener sus representantes en todo el partido,
desde la base hasta los más altos órganos dirigentes. Así, en 1956 exigía que
fueran elegidos al Comité Central los dirigentes de las fracciones de izquierda
y de derecha, presentando a este efecto argumentos tan ingenuos como ridículos.
«Todo el país, el mundo entero, dice él, saben bien que ellos han cometido
errores de línea. La razón por la que los elegimos estriba precisamente en que
ellos son famosos. ¡Qué otro remedio hay si gozan de fama y la fama de los que
no han cometido errores o sólo han cometido pequeños errores no puede
compararse con la suya! En nuestro país, que tiene una gran masa de
pequeñoburgueses, ellos son dos banderas.»[24]
Renunciando a la lucha de principios en las filas del partido, Mao Tse-tung
hacía el juego a las fracciones, buscaba concertar compromisos con algunas de
ellas para oponerse a otras y reforzar así sus posiciones.
Con tal
plataforma organizativa, el Partido Comunista de China nunca ha sido ni podía
ser un partido marxista-leninista. En él no se respetaban los principios y las
normas leninistas. El congreso del partido, en tanto que órgano supremo de
dirección colectiva del mismo, no ha sido convocado regularmente. Así, por
ejemplo, entre el VII congreso y el VIII trascurrieron 11 años, y 1315
años desde el VIII al IX, realizados después de la guerra. Además, los
congresos desarrollados han sido, a su vez, formales, más bien reuniones de
exhibición que de trabajo. Los delegados a los congresos no eran elegidos con
arreglo a los principios y las normas marxista-leninistas de la vida del
partido, sino que eran designados por los órganos dirigentes y actuaban según
el sistema de representación permanente.
Últimamente
el diario Renmin Ribao publicó un artículo escrito por un denominado grupo teórico
del «Gabinete General» del Comité Central del Partido Comunista de China.[25] El
artículo afirma que, bajo el nombre de «Gabinete General», Mao había creado en
tomo suyo un aparato especial que vigilaba y controlaba al Buró Político, al
Comité Central del Partido, a los cuadros del estado, del ejército, de la
seguridad, etc. Todos ellos, incluidos los miembros del Comité Central y del
Buró Político, tenían prohibida la entrada en este gabinete y conocer su
trabajo. En él eran trazados los proyectos para derrocar o llevar a la
dirección a este o aquel grupo fraccionalista. El personal de este gabinete se
encontraba en todos lados, vigilaba, espiaba e informaba de manera independiente
y fuera del control del partido. Además, el gabinete tenía a su disposición
toda una serie de destacamentos armados, que se ocultaban tras el nombre de
«guardia del presidente Mao». Esta guardia pretoriana integrada por más de
50.000 hombres entraba en acción cuando el presidente decidía «actuar de un
solo golpe», como ha ocurrido a menudo en la historia del Partido Comunista de
China y como sucedió recientemente con la detención de los «cuatro» y sus
partidarios por Jua Kuo-feng.
So
pretexto de mantener contacto con las masas, Mao Tse-tung había creado al mismo
tiempo una red especial de informadores sobre el terreno, a los cuales se les
había asignado la tarea de vigilar a los cuadros de la base y de indagar el
estado de ánimo y la sicología de las masas, sin que nadie se enterase de ello.
Esta red informaba directa y únicamente a Mao Tse-tung, quien había
interrumpido todos los contactos con las masas y veía el mundo a través de los
datos que le proporcionaban los agentes del «Gabinete General». Mao ha dicho:
«En lo que a mi se refiere, no escucho las radios; ni las extranjeras ni las de
China, sólo transmito». También ha afirmado: «He declarado públicamente que no
vaya leer más el diario Renmin Ribao. Lo mismo le dije a su redactor jefe: No
leo tu diario».[26]
El
mencionado artículo de Renmin Ribao ofrece nuevos datos para comprender aún
mejor el rumbo antimarxista que Mao Tse-tung había impreso al partido y al
estado chinos y el poder personal que ejercía sobre ellos. Mao Tse-tung no ha
tenido la menor consideración hacia el Comité Central y el congreso del
partido, y no hablemos ya del partido en su conjunto y de sus comités de base.
Los comités del partido, los cuadros dirigentes e incluso el propio Comité
Central recibían órdenes del «Gabinete General», de este «cuartel general
especial», que consultaba únicamente a Mao Tse-tung. Las instancias del
partido, sus órganos electos no tenían ninguna competencia. En el artículo de
Renmin Ribao se dice que «ningún telegrama, ninguna carta, ningún papel,
ninguna orden podían despacharse por nadie sin ser controlados y aprobados
previamente por Mao Tse-tung». Resulta que desde el año 1953 Mao Tse-tung había
dado la siguiente orden categórica: «De hoy en adelante, cualquier documento o
telegrama que se haya de expedir en nombre del Comité Central, sólo podrá ser
despachado después que yo lo haya leído; de otra manera, no tendrá validez».[27] En
estas condiciones no se puede hablar de dirección colectiva, ni de democracia
interna en el partido, ni de normas leninistas.
El poder
ilimitado de Mao Tse-tung llegaba al extremo de que designaba a sus herederos.
En un tiempo nombró a Liu Shao-chi como sustituto suyo. Más tarde proclamó que
el heredero del poder y del partido, tras su muerte, sería Lin Piao. Esto, que
era algo sin precedentes en la práctica de los partidos marxista-leninistas,
fue sancionado incluso en los estatutos del partido. También fue Mao Tse-tung
quien designó a Jua Kuo-feng para presidente del partido, después de su muerte.
El propio Mao, teniendo en sus manos los resortes del poder, criticaba,
juzgaba, castigaba y después rehabilitaba a altos dirigentes del partido y del
Estado. Así ocurrió con Teng Siao-ping, que, en su llamada autocrítica del 23
de octubre de 1966, ha afirmado, «Yo y Liu Shao-chi somos auténticos
monárquicos. La esencia de mis errores radica en que no confío en las masas, no
apoyo a las masas revolucionarias, sino que estoy en contra de ellas, he
seguido una línea reaccionaria para aplastar la revolución, en la lucha de
clases no he permanecido al lado del proletariado, sino de la burguesía... Todo
esto demuestra que... no soy apto para ocupar puestos de responsabilidad».[28] Y a
pesar de todos estos crímenes, este revisionista de marca mayor volvió a la
poltrona en que estaba.
La
esencia antimarxista del «pensamiento Mao Tse-tung» acerca del partido y de su
papel, se ve también en la forma de concebir teóricamente y de aplicar en la
práctica las relaciones entre el partido y el ejército. Dejando aparte las fórmulas
utilizadas por Mao Tse-tung de que «el partido está por encima del ejército»,
«la política por encima del fusil», etc., etc., en la práctica concedía al
ejército el papel político principal en la vida del país. Ya en los tiempos de
la guerra decía: «Todos los cuadros del ejército deben ser capaces de dirigir a
los obreros y organizar sindicatos, movilizar y organizar a la juventud, unirse
a los cuadros de las nuevas regiones liberadas e instruirlos, administrar la
industria y el comercio, dirigir escuelas, periódicos, agencias de noticias y
estaciones de radio, ocuparse de los asuntos exteriores, arreglar los problemas
relativos a los partidos democráticos y a las organizaciones populares,
coordinar las relaciones entre la ciudad y el campo, resolver los problemas de
los víveres y el abastecimiento de carbón y otros artículos de primera
necesidad, así como arreglar las cuestiones monetarias y financieras.»[29]
Por lo
tanto, el ejército estaba por encima del partido, por encima de los órganos
estatales, por encima de todo. De esto se desprende que las palabras de Mao
Tse-tung acerca del papel del partido, como factor decisivo para la dirección
de la revolución y la edificación socialista no han sido más que slogans. Tanto
en el periodo de la guerra de liberación, como después de la creación de la
República Popular China, en todas las luchas que de continuo se han desatado
para la toma del poder por parte de una u otra fracción, el ejército ha jugado
el papel decisivo. Asimismo, durante la Revolución Cultural el ejército
desempeñó el papel principal, fue la última reserva de Mao. «Nosotros, ha dicho
Mao Tse-tung en 1967, nos apoyamos en la fuerza del ejército... En Pekín
teníamos únicamente dos divisiones, pero en mayo trajimos otras dos, para
saldar las cuentas con el ex comité de Pekín del partido.»[30]
Para
liquidar a sus adversarios ideológicos, Mao Tse-tung siempre ha movilizado al
ejército. Levantó al ejército con Lin Piao a la cabeza para actuar contra el
grupo de Liu Shao-chi y Teng Siao-ping. Más tarde, junto con Chou En-lai,
organizó y lanzó al ejército contra Lin Piao. También después de la muerte de
Mao, el ejército, inspirado en el «pensamiento Mao Tse-tung», ha desempeñado el
mismo papel. Al igual que todos los que han llegado al poder en China, Jua
Kuo-feng se apoyó en el ejército y actuó por medio de él. Éste, nada más morir
Mao, levantó al ejército, y organizó, junto con los militares Ye Chien-ying,
Wang Tung-sing y otros, el putsch, deteniendo a sus adversarios.
En China
el poder sigue estando en manos del ejército, mientras que el partido va a su
zaga. Esto es una característica general de los países dominados por el
revisionismo. Los países verdaderamente socialistas refuerzan el ejército, como
poderosa arma de la dictadura del proletariado, para aplastar a los enemigos
del socialismo, en caso de que se sublevaran, así como para defender el país
frente a un posible ataque por parte de los imperialistas y la reacción
externa. Pero para que el ejército desempeñe en todo momento este papel, debe
estar siempre, como nos enseña el marxismoleninismo, bajo la dirección del
partido y no ser el partido quien esté bajo la dirección del ejército.
Actualmente
en China la ley es dictada por las fracciones más poderosas del ejército,
precisamente las más reaccionarias, las cuales tienen como meta transformar
China en un país socialimperialista.
En el
futuro, a la par que China se convierte en una superpotencia imperialista,
crecerán cada vez más el papel y la fuerza del ejército en la vida del país. Se
reforzará como una guardia pretoriana armada hasta los dientes para defender un
régimen y una economía capitalistas. Será el instrumento de una dictadura
burguesa capitalista, de una dictadura que, en caso de que la resistencia
popular sea fuerte, podrá adquirir formas fascistas abiertas.
El
«pensamiento Mao Tse-tung», al preconizar la necesidad de que existan muchos
partidos en la dirección del país, de que exista el llamado pluralismo
político, está en oposición total a la doctrina marxista-leninista sobre el
papel incompartible del partido comunista en la revolución y en la edificación
socialistas. El que un país estuviese dirigido por varios partidos políticos,
según el modelo norteamericano, era calificado por Mao Tse-tung, como ha
declarado a E. Snow, como la forma más democrática de gobierno. «En último
término ¿qué es mejor?, preguntaba Mao Tse-tung, ¿que haya uno o muchos
partidos?» Y respondía: «Hoy, por lo que parece, es preferible que haya muchos.
Así ha sido en el pasado, y así podrá ser en el futuro. Esto significa
coexistencia duradera y control recíproco.»[31] Mao ha
considerado indispensable la participación de los partidos burgueses en el
poder y en el gobierno del país con los mismos derechos y prerrogativas que el
Partido Comunista de China. Y no sólo esto, sino que, estos partidos de la
burguesía, según él «históricos», no pueden desaparecer hasta que no
desaparezca el Partido Comunista de China, es decir, coexistirán hasta el
comunismo.
Según el
«pensamiento Mao Tse-tung» un régimen democrático nuevo sólo puede existir
sobre la base de la colaboración de todas las clases y de todos los partidos, y
sólo así se puede construir el socialismo. Este concepto de la democracia
socialista, del sistema político socialista, concepto que esta fundado en «la
coexistencia duradera y el control recíproco» de todos los partidos y que es
muy parecido a lo que pregonan actualmente los revisionistas italianos,
franceses, españoles, etc., es una negación abierta del papel dirigente y
exclusivo del partido marxista-leninista en la revolución y la construcción
socialistas. La experiencia histórica ya ha confirmado que sin el papel
dirigente e incompartible del partido marxista-leninista no puede existir la
dictadura del proletariado, es imposible la construcción y la defensa del
socialismo.
«...la
dictadura del proletariado -decía Stalin- únicamente puede ser completa cuando
está dirigida por un partido, el partido de los comunistas, el cual no comparte
y no debe compartir la dirección con otros partidos».[32]
Las
concepciones revisionistas de Mao Tse-tung tienen su base en la política de
colaboración y de alianza con la burguesía, que ha aplicado constantemente el
Partido Comunista de China. También la línea antimarxista y antileninista de
que «se abran 100 flores y compitan 100 escuelas» tiene su origen en esta
política y es manifestación directa de la coexistencia de ideologías opuestas.
Según Mao
Tse-tung, en la sociedad socialista, paralelamente a la ideología proletaria,
al materialismo y al ateísmo, hay que permitir la existencia de la ideología
burguesa, el idealismo y la religión, hay que permitir que crezcan las «hierbas
venenosas» a la par de las «flores fragantes», etc. Esta línea, según él, es
indispensable para el desarrollo del marxismo, para abrir camino a los debates,
a la libertad de opinión, pero en realidad, por medio de ella, él trata de
echar los cimientos teóricos de la política de colaborar con la burguesía y de
la coexistencia con su ideología. Mao Tse- tung dice: «...impedir que la gente
entre en contactos con lo falso, con lo pernicioso o con lo que nos es hostil,
con el idealismo y la metafísica, impedir que conozca las ideas de Confucio,
Lao Tsé y Chiang Kai-shek, sería una política peligrosa. Conduciría a la
regresión del pensamiento, a la unilateralidad y haría a la persona incapaz de
enfrentar las pruebas de la vida.. .».[33] Es así
como Mao Tse-tung concluye que el idealismo, la metafísica y la ideología
burguesa existirán eternamente, y por tanto, no sólo no hay que impedirlos,
sino que se les debe dar la posibilidad de brotar, salir a la superficie y
competir. Esta actitud conciliadora con todo lo reaccionario va tan lejos, que
considera irremediables los desórdenes en la sociedad socialista y errónea la
prohibición de la actividad de los enemigos. «En mi opinión, dice él,
cualquiera que desee provocar disturbios puede hacerla durante el tiempo que le
dé la gana: si no le basta con un mes, nosotros le damos dos; en otras
palabras, no declararemos zanjado el asunto hasta que esté harto de disturbios.
Si ustedes se apresuran a poner fin a los desórdenes, tarde o temprano surgirán
de nuevo».[34]
Aquí no
estamos ante discusiones académicas «científicas», sino ante una línea política
oportunista contrarrevolucionaria que se ha opuesto al marxismo-leninismo, que
ha desorientado al Partido Comunista de China, en cuyo seno han circulado
ciento y pico puntos de vista e ideas y hoy existen en verdad 100 escuelas
compitiendo. Esto ha hecho que las avispas burguesas revoloteen libremente por
el jardín de las 100 flores y viertan su veneno.
Tal
actitud oportunista en lo tocante a los problemas ideológicos tiene sus raíces,
aparte de otras cosas, en que el Partido Comunista de China, a lo largo de todo
el periodo que va desde su fundación hasta la liberación del país y de ahí en
adelante, no se ha esforzado por consolidarse ideológicamente, no ha trabajado
por inculcar la teoría de Marx, Engels, Lenin y Stalin en la mente y en el
corazón de sus miembros, no ha luchado por asimilar las cuestiones
fundamentales de la ideología marxista-leninista y aplicarlas consecuentemente,
paso a paso, a las condiciones concretas de China.
El
«pensamiento Mao Tse-tungo» está en oposición a la teoría marxista-leninista de
la revolución.
En los
escritos de Mao Tse-tung se habla frecuentemente del papel de las revoluciones
en el proceso del desarrollo de la sociedad, pero en esencia él se atiene a una
concepción metafísica, evolucionista. Contrariamente a la dialéctica
materialista, que argumenta el desarrollo progresivo en forma de espiral, Mao
Tse-tung predica el desarrollo en forma cíclica, giratoria, como un proceso
ondulatorio que pasa del equilibrio al desequilibrio y nuevamente al
equilibrio, del movimiento a la inmovilidad y de nuevo al movimiento, del
ascenso al descenso y del descenso al ascenso, de la progresión a la regresión
y seguidamente a la progresión, etc. Así, ateniéndose al concepto de la antigua
filosofía sobre el papel purificador del fuego, Mao Tse-tung escribe: «Es
preciso «encender el fuego» de forma periódica. Pero, ¿cómo proceder en adelante?
Según ustedes, ¿cuándo hay que encenderlo, una vez al año o una vez cada tres
años? A mi juicio debemos hacerlo como mínimo dos veces cada cinco años, a
semejanza de lo que ocurre con el mes intercalar del año bisiesto en el
calendario lunar, mes que se repite una vez cada tres años o dos veces en cinco
años.»[35] Así
pues, al igual que los viejos astrólogos, obtiene del calendario lunar la ley
sobre el encendido periódico del fuego, sobre el desarrollo que va de la «gran
armonía» al «gran desorden» y de nuevo a la «gran armonía», y así los ciclos se
repiten periódicamente. De este modo a la concepción materialista dialéctica
sobre el desarrollo que, como dice Lenin,
«...nos
proporciona la clave del «automovimiento» de todo lo existente; ...nos da la
clave de los «saltos», la «ruptura de la continuidad», la «transformación en el
contrario», la «destrucción de lo viejo y el surgimiento de lo nuevo»,[36]
el
«pensamiento Mao Tse-tung» le contrapone la concepción metafísica «sin vida,
pálida, árida».
Esto se
ve con mayor claridad cuando Mao Tse-tung trata el problema de las
contradicciones, dominio donde, según la propaganda china, Mao habría dado «una
contribución especial» y habría desarrollado aún más la dialéctica
materialista. Es cierto que Mao Tse-tung en muchos de sus escritos habla
frecuentemente de los contrarios, de las contradicciones, de la unidad de los
contrarios, emplea incluso citas y frases marxistas, pero, con todo esto, está
muy lejos de la comprensión materialista dialéctica de estas cuestiones. Al
tratar las contradicciones no parte de las tesis marxistas, sino de las tesis
de los antiguos filósofos chinos, considerando los contrarios de manera
mecánica como fenómenos externos e imaginando la transformación de los mismos
como una simple inversión de los dos términos. Operando con algunos de esos
contrarios eternos que coge de la filosofía antigua como arriba-abajo,
detrás-delante, derecha-izquierda, fácil-difícil, etc., etc., Mao Tse-tung, en
el fondo, niega las contradicciones internas en los mismos objetos y fenómenos,
y trata el desarrollo como una mera repetición, como una sucesión de estados
intangibles donde se observan los mismos contrarios y la misma correlación
entre ellos. Mao Tse-tung interpreta la transformación de cada uno de los dos
términos de una contradicción en su contrario como un esquema formal al cual
todo debe estar subordinado, como una simple inversión y no como la solución de
la contradicción ni como un cambio cualitativo del propio fenómeno que comporta
estos contrarios. Partiendo de este esquema Mao llega a declarar: «Cuando el
dogmatismo se transforma en su contrario, se convierte o bien en marxismo o
bien en revisionismo»,[37] «la
metafísica se transforma en dialéctica y la dialéctica en metafísica», etc.
Detrás de estas afirmaciones absurdas y tras el juego sofisticado de los
contrarios se ocultan los conceptos oportunistas y antirrevolucionarios de Mao
Tse-tung. Así, la revolución socialista no es vista por él como un cambio
cualitativo de la sociedad, donde desaparecen las clases antagónicas y la
opresión y la explotación del hombre por el hombre, sino que es imaginada como
una simple inversión de papeles entre la burguesía y el proletariado. Para
probar este «descubrimiento», Mao escribe: «Si la burguesía y el proletariado
no pudieran transformarse el uno en el otro, ¿cómo se explicaría que el
proletariado se convierta por medio de la revolución en clase dominante y la
burguesía en una clase dominada?... Nosotros y el Kuomintang de Chiang Kai-shek
en lo fundamental estamos en posiciones diametralmente opuestas. Como resultado
de la lucha y de la exclusión reciproca de los dos aspectos contradictorios,
nosotros y el Kuomintang cambiamos los lugares.. .»[38] Esta
misma lógica ha conducido a Mao Tse-tung también a revisar la teoría
marxista-leninista sobre las dos fases de la sociedad comunista. «La dialéctica
nos enseña que el régimen socialista, como fenómeno histórico, desaparecerá un
día, del mismo modo que muere la persona, y que el régimen comunista será la
negación del socialista. ¿Cómo puede considerarse marxista la aserción según la
cual el régimen socialista y también las relaciones de producción y la
superestructura del socialismo no desaparecerán? ¿No sería esto un dogma
religioso, la teología que predica la eternidad de Dios?»[39]
De este
modo Mao Tse-tung, al revisar abiertamente la concepción marxista-leninista
sobre el socialismo y el comunismo, que en el fondo son dos fases de un mismo
tipo, de un mismo orden económico-social, y que se diferencian únicamente por
su grado de desarrollo y madurez, presenta el socialismo como algo
diametralmente opuesto al comunismo.
De tales conceptos
metafísicos y antimarxistas parte Mao Tse-tung cuando trata en general la
cuestión de la revolución, que contempla como un proceso sin fin que se
repetirá periódicamente mientras exista el ser humano sobre la tierra, como un
proceso que pasa de la derrota a la victoria, de la victoria a la derrota y así
sucesivamente. Las concepciones antimarxistas, unas veces evolucionistas y
otras anarquistas de Mao Tse-tung sobre la revolución, aparecen con mayor
claridad cuando habla de los problemas de la revolución en China.
Según se
desprende de sus escritos, Mao Tse-tung no se ha apoyado en la teoría
marxista-leninista para analizar los problemas y determinar las tareas de la
revolución china. El mismo afirma en el discurso que pronunció en la
Conferencia ampliada de trabajo convocada por el Comité Central del Partido
Comunista de China en enero de 1962, que «el trabajo revolucionario que durante
muchos años hemos realizado ha sido a ciegas, sin saber cómo debía llevarse a
cabo la revolución, contra quién había que dirigir su punta de lanza, sin
imaginar sus etapas, a saber, quién debía ser derrocado en un comienzo y quién
más tarde, etc.» Esto ha hecho que el Partido Comunista de China fuese incapaz
de asegurar la dirección del proletariado en la revolución democrática y
transformarla en revolución socialista. Todo el desarrollo de la revolución
china es prueba de la trayectoria caótica del Partido Comunista de China, el
cual no se guiaba por el marxismo-leninismo, sino por las concepciones
antimarxistas del «pensamiento Mao Tse-tung» sobre el carácter de la
revolución, sobre sus etapas, sobre las fuerzas motrices, etc.
Mao
Tse-tung nunca ha podido comprender y explicar correctamente los estrechos
vínculos que existen entre la revolución democrático-burguesa y la revolución
proletaria. En oposición a la teoría marxista-leninista, que ha argumentado
científicamente que entre la revolución democrático-burguesa y la revolución
socialista no se levanta una muralla china, que ambas revoluciones no deben
estar separadas por un largo período de tiempo, Mao Tse-tung afirmaba: «La
transformación de nuestra revolución en revolución socialista es una cuestión
que pertenece al futuro... Que cuando se haga esta transición... puede
necesitarse un período bastante largo. Dado que para tal paso no se dan todas
las condiciones políticas y económicas necesarias, dado que esta transición no
puede aportar beneficios, sino perjuicios, a la mayoría aplastante de nuestro
pueblo, no debe hablarse de ella».[40]
A esta
concepción antimarxista, que no está por la transformación de la revolución
democráticoburguesa en revolución socialista, se ha atenido Mao Tse-tung a lo
largo de toda la revolución, inclusive después de la liberación. Así, en 1940
Mao Tse-tung dice: «La revolución china debe atravesar necesariamente... la
fase de la nueva democracia y solamente después, la fase del socialismo. De
estas dos fases, la primera será relativamente larga.. .»[41]. En
marzo de 1949, en el pleno del Comité Central del Partido, en el que Mao
Tse-tung presentó el programa para el desarrollo de China después de la
liberación, dice: «A lo largo de este período habrá que permitir todos los
elementos del capitalismo, tanto de la ciudad como del campo». Estos puntos de
vista y «teorías» han hecho que el Partido Comunista de China y Mao Tse-tung no
luchen por elevar la revolución china a revolución socialista, que dejen el
campo libre al desarrollo de la burguesía y a las relaciones sociales
capitalistas.
En la
cuestión de la correlación entre la revolución democrática y la socialista, Mao
Tse-tung se mantiene en las posiciones de los cabecillas de la II Internacional,
que fueron los primeros que atacaron y tergiversaron la teoría
marxista-leninista sobre el ascenso de la revolución y aparecieron con la tesis
de que entre la revolución democrático-burguesa y la revolución socialista
media un periodo largo, durante el cual la burguesía desarrolla el capitalismo
y crea condiciones para pasar a la revolución proletaria. La transformación de
la revolución democrático-burguesa en revolución socialista, sin dar al
capitalismo la posibilidad de desarrollarse ulteriormente, la consideraban como
alga imposible, como quemar etapas. También Mao Tse-tung se atiene por completo
a esta concepción cuando afirma: «Esforzarse par construir el socialismo sobre
las ruinas del orden colonial, semicolonial y semifeudal, sin un estado
unificado de nueva democracia... sin el desarrollo del sector privada
capitalista... seria pura quimera».[42]
Las
concepciones antimarxistas del «pensamiento Mao Tse-tung» sobre la revolución
aparecen aún más claras cuando Mao enfoca las fuerzas matrices de la
revolución. Mao Tse-tung no reconocía el papel hegemónico del proletariado.
Lenin ha dicho que en el período del imperialismo, en toda revolución, por la
tanta en la revolución democrática, en la revolución antiimperialista de
liberación nacional y en la revolución socialista, la dirección debe
corresponder al proletariado. En tanto que Mao Tse-tung, pese a que hablaba
sobre el papel del proletariado, en la práctica subestimaba su hegemonía en la
revolución y ha elevada el papel del campesinado.16
Mao Tse-tung ha dicha que «...la lucha actual contra los ocupantes japoneses
es, en esencia, una lucha campesina. El orden político de la nueva democracia,
en el fondo, significa colocar a las campesinas en el poder».[43]
Mao
Tse-tung expresaba esta teoría pequeñoburguesa en la tesis global «el campo
debe asediar la ciudad». «...el campo revolucionario, escribía él, puede
asediar las ciudades... el trabajo en el campo debe desempeñar el papel
principal en el movimiento revolucionario chino, mientras que el trabajo en la
ciudad debe desempeñar un papel de segundo orden».[44] Mao ha
expuesto esta misma idea cuando ha escrito sobre el papel del campesinado en el
poder. Ha indicado que todos los partidos y demás fuerzas políticas deben
someterse al campesinado y a sus puntos de vista. «...millones de campesinos se
pondrán en pie, serán impetuosos e indomables como un verdadero huracán,
escribía él, y no habrá fuerza capaz de contenerlos... Pondrán a prueba a todos
los partidos y grupos revolucionarios, a todos los revolucionarios, con el
objetivo de que acepten o rechacen sus puntos de vista».[45] Según
Mao resulta que es el campesinado y no la clase obrera quien debe ejercer la
hegemonía en la revolución.
La tesis
sobre el papel hegemónico del campesinado en la revolución ha sido preconizada
por Mao Tse-tung también como la vía de la revolución mundial. De aquí parte la
concepción antimarxista que considera el llamado tercer mundo, que en la
literatura política china se denomina entre otras cosas el «campo mundial»,
como «la fuerza motriz principal para la transformación de la sociedad
contemporánea». Según los puntos de vista chinos, el proletariado es una fuerza
social secundaria, que no puede jugar el papel que prevén Marx y Lenin en la
lucha contra el capitalismo y en el triunfo de la revolución, en alianza con
todas las fuerzas oprimidas por el capital.
En la
revolución china ha predominado la pequeña y media burguesía. Es esta amplia
capa de la pequeña burguesía la que ha influido en todo el desarrollo de China.
Mao
Tse-tung no se basaba en la teoría marxista-leninista que nos enseña que el campesinado,
y en general la pequeña burguesía, es vacilante. Naturalmente, el campesinado
pobre y medio desempeñan un papel importante en la revolución y deben ser los
aliados íntimos del proletariado. Pero la clase campesina, la pequeño
burguesía, no pueden dirigir al proletariado en la revolución. Concebir y
propagar lo contrario significa estar en contra del marxismo-leninismo. Aquí
radica asimismo una de las fuentes principales de los puntos de vista
antimarxistas de Mao Tse-tung, que han influido negativamente en toda la
revolución china.
El
Partido Comunista de China no ha tenido teóricamente claro el principio
revolucionario y rector básico sobre el papel hegemónico del proletariado en la
revolución, y por consiguiente tampoco lo aplicaba como es debido y de manera
consecuente en la práctica. La experiencia demuestra que el campesinado puede
desempeñar su papel revolucionario sólo si actúa en alianza con el proletariado
y bajo su dirección. Esto ha sido confirmado también en nuestro país durante la
Lucha de Liberación Nacional. El campesinado albanés era la fuerza principal de
nuestra revolución, sin embargo nuestra clase obrera, pese a ser numéricamente
muy pequeña, dirigió al campesinado porque la ideología marxista-leninista, la
ideología del proletariado, encarnada en el Partido Comunista, hoy Partido del
Trabajo, vanguardia de la clase obrera, era la guía de la revolución. Por eso
vencimos no sólo en la Lucha de Liberación Nacional, sino también en la
construcción del socialismo.
A pesar
de las innumerables dificultades con que chocamos en nuestro camino, hemos
alcanzado un éxito tras otro. Y estos éxitos los hemos alcanzado, en primer
lugar, porque el Partido asimiló bien la esencia de la teoría de Marx y Lenin,
comprendió lo que era la revolución, quién la hacía y quién debía dirigirla,
comprendió que a la cabeza de la clase obrera, en alianza con el campesinado,
debla estar un partido de tipo leninista. Los comunistas entendieron que este
partido no sólo debía llevar el nombre de comunista, sino además ser un partido
que aplicara, en las condiciones de nuestro país, la teoría marxista-leninista
de la revolución y de la construcción del Partido, que se dedicara al trabajo
para edificar la nueva sociedad socialista siguiendo el ejemplo de la construcción
del socialismo en la Unión Soviética del tiempo de Lenin y Stalin. Esta actitud
dio la victoria a nuestro Partido y al país el gran potencial político,
económico y militar de que goza hoy. Si se hubiera actuado de otra manera, si
no se hubieran aplicado consecuentemente estos principios de nuestra gran
teoría en un país pequeño como el nuestro, cercado de enemigos, no podía
construirse el socialismo. También en el caso de que por un momento se hubiera
tomado el poder, la burguesía lo hubiese arrebatado de nuevo, como ocurrió en
Grecia, donde incluso antes del fin victorioso de la guerra, el Partido
Comunista Griego entregó las armas a la burguesía reaccionaria del país y al
imperialismo inglés.[46]
Por eso,
el problema del papel hegemónico en la revolución reviste una gran importancia
de principios, porque de la cuestión de saber quién la dirige dependen la
dirección y el desarrollo que va a tomar.
«La
renuncia a la idea de la hegemonía -puntualizaba Lenin- es la variedad
más burda del reformismo.»[47]
Precisamente
la negación por parte del «pensamiento Mao Tse-tung» del papel hegemónico del
proletariado, fue una de las causas de que la revolución china no pasase de ser
una revolución democrático-burguesa y no llegase a revolución socialista. Mao
Tse-tung en su escrito «Sobre la nueva, democracia» preconizaba que, después
del triunfo de la revolución en China, debía instaurarse un régimen que se
asentase en la alianza de las «clases democráticas», donde incluía, además del
campesinado y el proletariado, a la pequeña burguesía urbana y a la burguesía
nacional.
«Si es
justo, escribe él, que «deben comer todos», entonces el poder no debe ser
usurpado sólo por un partido, un grupo, una clase».[48] Esto
mismo ha sido reflejado en la bandera nacional de la República Popular China con
las cuatro estrellas, que representan cuatro clases: La clase obrera, el
campesinado, la pequeña burguesía de la ciudad y la burguesía nacional.
La
revolución en China, que llevó a la liberación del país, a la creación del
estado chino independiente, fue una gran victoria para el pueblo chino, para
las fuerzas antiimperialistas y democráticas del mundo. Después de la
liberación en China se operaron bastantes cambios positivos: se liquidó la
dominación del imperialismo extranjero y de los grandes terratenientes, se
combatieron la pobreza y el paro forzoso, se realizaron una serie de reformas
económicas y sociales en favor de las masas trabajadoras, se luchó contra el
atraso educacional y cultural, se adoptaron diversas medidas para reconstruir
el país destruido por la guerra, se llevaron a cabo asimismo algunas
transformaciones de carácter socialista. En China, donde antes la gente se
moría por millones, ya no había hambre y otras lacras. Todos estos son hechos
innegables, son victorias importantes para el pueblo chino.
Debido a
la adopción de estas medidas y a que el Partido Comunista de China llegó al
poder, se creó la impresión de que China se encaminaba hacia el socialismo.
Pero no ocurrió así. El Partido Comunista de China, que después del triunfo de
la revolución democrático-burguesa debía caminar con pasos mesurados, no dar
muestra de izquierdismo ni quemar las etapas, al basar su actividad en el
«pensamiento Mao Tse-tung», se mostró «democrático», liberal, oportunista y no
orientó el país de manera consecuente por el justo camino del socialismo.
Los
puntos de vista políticos e ideológicos no marxistas, eclécticos, burgueses de
Mao Tse-tung dieron a la China liberada una superestructura inestable, una
organización estatal y económica caótica, que nunca se estabilizó. China se
debatía en un desorden permanente, incluso anárquico, desorden que era
estimulado por el propio Mao Tse-tung mediante la consigna de que «se debe
enturbiar para aclarar».
En el
nuevo estado chino un papel especial ha desempeñado Chou En-lai. Este era un
economista y organizador capaz, pero jamás fue un político marxista-leninista.
Como pragmatista típico que era, supo llevar a la práctica sus concepciones no
marxistas y acomodarlas a la perfección a cada grupo que tomaba el poder en
China. Era un «poussa»[49],
siempre estaba de pie, no obstante, en todo momento se inclinaba desde el
centro hacia la derecha, pero jamás hacia la izquierda.
Chou
En-lai era un maestro de los compromisos sin principio. Ha apoyado y condenado
a Chang Kai- shek, Kao-gang, Liu Shao-chi, Teng Siao-ping, Mao Tse-tung, Lin
Piao, a los «cuatro», pero jamás apoyó a Lenin y a Stalin, al
marxismo-leninismo.
Después
de la liberación, como consecuencia de los puntos de vista y de las posiciones
de Mao Tse- tung, Chou En-lai, etc., en la línea política del partido se
advirtieron numerosas vacilaciones en todas las direcciones. En China se
conservó viva la tendencia predicada por el «pensamiento Mao Tse-tung» de que
la etapa de la revolución democrático-burguesa debía proseguir por largo
tiempo. Mao Tse-tung insistía en que en esta etapa, a la par del desarrollo del
capitalismo, al cual daba prioridad, se crearían igualmente las premisas del socialismo.
A esto está ligada también su tesis sobre la convivencia del socialismo con la
burguesía durante un período de tiempo muy largo, considerando esto como algo
útil tanto para el socialismo como para la burguesía. Respondiendo a los que se
oponían a tal política y que presentaban como argumento la experiencia de la
Revolución Socialista de Octubre, Mao Tse-tung dice: «La burguesía rusa era una
clase contrarrevolucionaria; rechazó por aquel entonces las medidas del
capitalismo de estado, boicoteó la producción, hizo sabotajes y llegó a
recurrir a las armas. Así las cosas, el proletariado ruso no tuvo más remedio
que liquidarla. Exasperada por esto, la burguesía de los demás países vomitó
injurias. Aquí en China damos un tratamiento más o menos suave a la burguesía
nacional, y ésta se siente un poco a gusto al ver que todavía puede obtener
algún provecho».[50] Tal
política, según Mao Tse-tung, ha aportado a China un supuesto prestigio a los
ojos de la burguesía internacional, cuando en realidad ha ocasionado un gran
perjuicio al socialismo en China.
Mao
Tse-tung ha presentado esta actitud oportunista hacia la burguesía como una
aplicación creadora de las enseñanzas de Lenin sobre la NEP (Nueva Política
Económica). Pero entre las enseñanzas de Lenin y la concepción de Mao Tse-tung
sobre la ausencia de toda restricción a la producción capitalista y la
conservación de las relaciones burguesas en el socialismo, existe una diferencia
radical. Lenin reconoce que la NEP era un retroceso que permitía el desarrollo
de los elementos del capitalismo, durante un cierto tiempo, pero, subraya:
«...para
el poder proletario no hay en ello nada terrible, mientras el proletariado
sostenga firmemente el poder en sus manos, mientras mantenga firmemente en sus
manos los medios de transporte y la gran industria».[51]
En China,
en 1949 y en 1956, fechas en que Mao Tse-tung hacia estas prédicas, de hecho el
proletariado no mantenía en sus manos ni el poder ni la gran industria.
Además
Lenin consideraba la NEP como algo provisional que venía impuesto por las
condiciones concretas de la Rusia de entonces, arruinada por la larga guerra
civil, pero no como una ley general de la construcción socialista. De hecho, un
año después de la proclamación de la NEP, Lenin puntualizaba que la retirada ya
había terminado y lanzó la consigna de preparar la ofensiva contra el capital
privado en la economía. Mientras que en China se preveía que el período de la
preservación de la producción capitalista se prolongase durante casi toda la
vida. Según el punto de vista de Mao Tse-tung el régimen implantado en China
después de la liberación debía ser un régimen democráticoburgués, mientras,
aparentemente, debía estar en el poder el Partido Comunista de China. Así es el
«pensamiento Mao Tse-tung».
La
transición de la revolución democrático-burguesa a la revolución socialista
puede realizarse siempre y cuando el proletariado aparte del poder de manera
resuelta a la burguesía y la expropia. En China mientras la clase obrera
compartió el poder con la burguesía, mientras la burguesía conservó sus privilegios,
el poder instaurado en ese país no podía ser poder del proletariado, y por
consiguiente la revolución china no podía elevarse a revolución socialista.
El
Partido Comunista de China ha mantenido una actitud benévola, oportunista hacia
las clases explotadoras y Mao Tse-tung ha predicado abiertamente la integración
pacifica de los elementos capitalistas en el socialismo. Mao Tse-tung decía:
«Aunque hoy todos los ultrarreaccionarios del mundo son ultrarreaccionarios y
lo serán mañana y pasado mañana, no pueden serlo eternamente; al final
cambiarán... Los ultrarreaccionarios, en esencia, son testarudos, pero no
inmutables... Ocurre que los ultrarreaccionarios cambian para bien... reconocen
sus errores y se ponen en el camino justo. En una palabra, los ultrarreaccionarios
cambian».[52]
Queriendo
poner una base teórica a este concepto oportunista y jugando con la
«transformación de los contrarios»; Mao 'Tse-tung decía que, a través del
debate, la crítica y la transformación, las contradicciones antagónicas se
convierten en no antagónicas, que las clases explotadoras y la intelectualidad
burguesa pueden volverse en su contrario, es decir, hacerse revolucionarias.
«Pero en las condiciones de nuestro país, escribía Mao Tse-tung en 1956, la
mayor parte de los contrarrevolucionarios se corregirán en diversos grados.
Gracias a que hemos adoptado una política correcta respecto a los
contrarrevolucionarios, muchos de ellos han cambiado y no se oponen a la
revolución. Incluso, algunos han hecho cosas útiles.»[53]
Partiendo
de tales concepciones antimarxistas, según las cuales los enemigos de clase con
el paso del tiempo se enmiendan, ha predicado la conciliación de clases con
ellos, y ha permitido que continúen enriqueciéndose, explotando, expresándose y
actuando libremente en contra de la revolución. Para justificar esta actitud
capitulacionista hacia los enemigos de clase Mao Tse-tung escribía: «Ahora
estamos muy atareados. Atacarlos todos los días y durante cincuenta años, es
imposible. Al que rehúse corregirse, podemos dejarle así y que, llevando sus
errores al ataúd, se presente ante los soberanos del infierno».[54]
Actuando en la práctica de acuerdo con estas consideraciones conciliadoras con
los enemigos, la administración estatal en China permaneció en manos de los
viejos funcionarios. Los generales de Chiang Kai-shek llegaron incluso a
ministros. Hasta el emperador Pu I de Man-Chu-Kuo, emperador títere de los
invasores japoneses, fue rodeado de todos los cuidados y convertido en un
objeto de museo para que las delegaciones se entrevistaran y conversaran con
él, y vieran cómo eran reeducadas las personas de este tipo en la China
«socialista». La publicidad que se hacía de este ex emperador marioneta, tenia,
entre otros, el objetivo de tranquilizar también a los reyes, a los cabecillas y
a los peleles de la reacción de los otros países, y persuadirles de que el
«socialismo» de Mao es bueno y no hay motivo para tenerle miedo.
En China
se han mantenido actitudes que no huelen a lucha de clases también hacia los
feudales y los capitalistas, que han cometido innumerables crímenes contra el
pueblo chino. Elevando a teoría tales actitudes y defendiendo abiertamente a
los contrarrevolucionarios, Mao Tse-tung declaraba: «...no debemos ejecutar a
nadie y tenemos que detener a muy pocos. Los departamentos de la seguridad
pública no deben arrestarlos, el ministerio público no debe perseguirlos ni dar
inicio a procesos de instrucción contra ellos, y los tribunales no deben juzgar
a nadie. Precisamente así tenemos que actuar con más del 90 por ciento de los
contrarrevolucionarios».[55] Mao
Tse-tung, razonando como un sofista, indica que la ejecución de los
contrarrevolucionarios no reporta ningún beneficio, que esto obstaculiza la
producción y el nivel científico del país, acarrea una mala fama en el mundo,
etc., porque si se elimina a un contrarrevolucionario «nos veríamos obligados a
comparar con él a un segundo, a un tercero y así sucesivamente, de modo que
rodarían muchas cabezas... y si cae una cabeza, no puede ser puesta en su
lugar, no es como una cebolla que vuelve a crecer después de ser cortada».[56]
Como
resultado de estas concepciones antimarxistas sobre las contradicciones, sobre
las clases y sobre su papel en la revolución, preconizadas por el «pensamiento
Mao Tse-tung», China jamás marchó por el justo camino de la construcción
socialista. En la sociedad china han existido y continúan existiendo no ya
remanentes económicos, políticos, ideológicos y sociales del pasado, sino
también las clases explotadoras en tanto que clases, las cuales han estado y
siguen en el poder. La burguesía no sólo no ha dejado de existir, sino que
además continúa beneficiándose de las rentas de sus antiguos bienes. Legalmente
en China no ha desaparecido la renta capitalista, porque la dirección china se
ha atenido a la estrategia de la revolución democrático-burguesa formulada por
Mao Tse- tung en 1935, que en aquel entonces decía: «la legislación laboral de
la república popular..., no está dirigida contra el enriquecimiento de la
burguesía nacional...»[57] La
capa de los kulaks, teniendo en cuenta la forma que tomó en China, ha
conservado grandes ventajas y beneficios, de acuerdo con la «política del
derecho igual a la tierra». El propio Mao Tse-tung orientaba que los kulaks no
fuesen tocados, porque esto podría suscitar la cólera de la burguesía nacional,
con la cual el Partido Comunista de China había formado un frente único en lo
político, lo económico y lo organizativo.[58]
Todo esto
demuestra que el «pensamiento Mao Tse-tung» no dirigió ni podía dirigir a China
por el verdadero camino del socialismo. Incluso, como ha declarado Chou En-Lai
en 1949 al dirigirse en secreto al gobierno norteamericano para que ayudara a
China, ni Mao Tse-tung ni sus principales sostenedores habían sido partidarios
de la vía del socialismo. «China, escribía Chou En-lai, todavía no es un país
comunista, y si la política de Mao Tse-tung es llevada correctamente a la
práctica, tardará mucho tiempo en serlo.»[59]
Demagógicamente,
Mao Tse-tung y el Partido Comunista de China han subordinado a su política
pragmática todas las declaraciones sobre la construcción de la sociedad
socialista y comunista. Así, en los años del llamado gran salto, con la
intención de echar tierra a los ojos de las masas, que, habiendo salido de la
revolución, aspiraban al socialismo, declaraban que en el lapso de 2 ó 3
quinquenios pasarían directamente al comunismo. Pero más tarde, para encubrir
sus fracasos, se pusieron a elucubrar teorías según las cuales la construcción
y el triunfo del socialismo necesitarían diez mil años.
Es cierto
que el Partido Comunista de China se llamaba comunista, pero evolucionó en otra
dirección, en un camino liberal caótico, en un camino oportunista, y no podía
ser una fuerza capaz de guiar el país hacia el socialismo. El camino que
recorría, y que se concretó más claramente después de la muerte de Mao, no era
el camino del socialismo, sino el de la construcción de un gran estado burgués,
socialimperialista.
El
«pensamiento Mao Tse-tung», en tanto que doctrina antimarxista, ha substituido
el internacionalismo proletario por el chovinismo de gran estado.
El
Partido Comunista de China, ya en los primeros pasos de su actividad, manifestó
tendencias abiertamente nacionalistas y chovinistas, las cuales, como
demuestran los hechos, tampoco pudieron ser erradicadas en los períodos
posteriores. Li Da-chao, uno de los fundadores del Partido Comunista de China,
decía: «los europeos piensan que el mundo pertenece exclusivamente a los
blancos y que éstos constituyen la clase superior, mientras que los pueblos de
color, la clase inferior. El pueblo chino, prosigue Li Da-chao, debe estar
dispuesto a desarrollar una lucha de clases contra las otras razas del mundo,
en el curso de la cual manifestará una vez más sus propias peculiaridades
nacionales> >. Con estas concepciones se modeló desde un comienzo el
Partido Comunista de China.
Estas
concepciones racistas y nacionalistas no debían estar completamente erradicadas
de la mentalidad de Mao Tse-tung y mucho menos de la de Liu y de Teng. En el
informe presentado en 1938 ante el Comité Central del Partido, Mao Tse-tung
decía: «La China de hoy es producto de todo el desarrollo anterior de China...
Debemos generalizar nuestro pasado, desde Confucio hasta Sun Yat-sen, ...
debemos tomar posesión de su valioso legado. Esto será un fuerte apoyo para
dirigir el gran movimiento actual.»[60]
Naturalmente,
todo partido marxista-leninista admite que es preciso apoyarse en el patrimonio
del pasado de su pueblo, pero tiene en cuenta que no se debe apoyar en
cualquier patrimonio heredado, sino sólo en el progresista. Los comunistas
rechazan el patrimonio reaccionario tanto en el terreno de las ideas como en
cualquier otro. Los chinos han sido muy conservadores, e incluso xenófobos, por
lo que se refiere a las formas y al contenido de este patrimonio y a sus viejas
ideas. Conservaban lo viejo como un tesoro de gran valor. De las conversaciones
que hemos sostenido con ellos se desprende que toda experiencia revolucionaria
mundial, no tenía mucho valor para los chinos. Para ellos sólo tenían valor su
política, la lucha que han desarrollado contra Chiang Kai-shek, la larga
marcha, la teoría de Mao Tse-tung. Por lo que se refiere a los valores
progresistas de los demás pueblos, los chinos no tenían ninguna consideración o
ésta era muy poca, incluso no se tomaban la molestia de estudiarlos. Mao
Tse-tung ha declarado que «los chinos deben dejar de lado las fórmulas creadas
por los extranjeros». Pero no determina cuáles son estas fórmulas. Él ha
denunciado «todos los clichés y los dogmas tomados de los otros países». Aquí
surge la siguiente pregunta: ¿Acaso en estos «dogmas» y «clichés» extraños a
China se incluye también la teoría del socialismo científico que no ha sido
elaborada por los chinos?
La
dirección del Partido Comunista de China ha considerado el marxismo-leninismo
como monopolio de la Unión Soviética, respecto a la cual Mao Tse-tung y
compañía han abrigado puntos de vista chovinistas, puntos de vista de gran
estado, han tenido, por decirlo así, un cierto celo burgués. No han considerado
la Unión Soviética de los tiempos de Lenin y Stalin como la gran patria del
proletariado mundial, en la cual debían apoyarse los proletarios de todo el
mundo para realizar la revolución y a la cual debían defender con todas sus
fuerzas frente al gran ataque de la burguesía y del imperialismo.
Hace
algunas décadas, Mao Tse-tung y Chou En-lai, los dos principales lideres del
Partido Comunista de China, han hablado y actuado en contra de la Unión
Soviética dirigida por Stalin, han hablado también en contra del propio Stalin.
Mao Tse-tung acusaba a Stalin de subjetivismo, de que «se le escapó la conexión
existente entre la lucha y la unidad de los contrarios»[61], de
haber cometido «una serie de errores con relación a China: de él provinieron
tanto el aventurerismo de «izquierda» de Wang Ming en la última fase de la
Segunda Guerra Civil Revolucionaria como su oportunismo de derecha en la fase
inicial de la guerra de resistencia contra el Japón»,[62] de que
la manera de actuar de Stalin respecto a Yugoslavia y a Tito ha sido errónea,[63] etc.
Mao
Tse-tung, a pesar de que algunas veces defendía por pura fórmula a Stalin,
afirmando que sus errores representan únicamente el 30 por ciento de su obra,
de hecho sólo hablaba de sus errores. No es casual que en la Conferencia de los
partidos comunistas y obreros celebrada en Moscú en 1957, Mao declarase:
«cuando vine a encontrar a Stalin me sentí como el alumno ante el maestro,
mientras que ahora, al encontrarnos con Jruschov, somos como compañeros, somos
libres». Con esto saludaba y aprobaba públicamente las calumnias de Jruschov
contra Stalin y defendía la línea jruschovista.
Al igual
que los demás revisionistas, Mao Tse-tung ha utilizado las críticas a la
persona de Stalin para legitimar el abandono de los principios
marxista-leninistas, que fueron defendidos consecuentemente y enriquecidos aún
más por Stalin. Al atacarle, los revisionistas chinos pretendían desprestigiar
su obra y su autoridad, para elevar la autoridad de Mao Tse-tung al rango de un
dirigente mundial, de un clásico del marxismo-leninismo que ¡habría seguido
siempre una línea justa e infalible! Asimismo, estas críticas reflejaban el
descontento acumulado con respecto a Stalin por las observaciones y las
criticas que él y el Komintern habían hecho a la dirección del Partido
Comunista de China y a Mao Tse-tung, que no aplicaban de manera consecuente los
principios del marxismo-leninismo acerca del papel dirigente del proletariado
en la revolución, acerca del internacionalismo proletario, acerca de la
estrategia y la táctica de la guerra revolucionaria, etc. Mao Tse-tung ha
manifestado abiertamente este descontento diciendo: «Stalin tuvo la sospecha de
que la nuestra era una victoria al estilo Tito, y en los años 1949 y 1950
ejerció una presión muy grande sobre nosotros».[64]
Asimismo, en las conversaciones que Chou En-lai sostuvo con nosotros aquí, en
Tirana, nos dijo: «Stalin sospechaba que fuésemos pronorteamericanos, o que
siguiésemos la vía yugoslava». El tiempo demostró que Stalin tenía toda la
razón. Sus previsiones acerca de la revolución china y las ideas que la
orientaban, resultaron ser exactas.
Las
contradicciones entre el Partido Comunista de China dirigido por Mao Tse-tung y
el Partido Comunista de la Unión Soviética dirigido por Stalin, así como las
contradicciones entre el Partido Comunista de China y el Komintern eran
contradicciones de principio acerca de cuestiones fundamentales de la
estrategia y la táctica revolucionarias marxista-leninistas. Así, por ejemplo,
el Comité Central del Partido Comunista de China ha ignorado la tesis del
Komintern sobre el desarrollo correcto y consecuente de la revolución en China,
su orientación de que la clase obrera en la ciudad y el ejército de liberación
actuasen conjuntamente, la tesis del Komintern sobre el carácter y las etapas
de la revolución china, etc. Mao Tse-tung y los otros dirigentes del Partido
Comunista de China continuamente han hablado con desprecio respecto a los
delegados enviados por el Komintern a China, calificándoles de «necios», de
«ignorantes», de «desconocer la realidad china», etc. Mao Tse- tung, al
considerar cada país como una «realidad objetiva en sí misma», «cerrada para
los otros», calificaba simplemente de imposible e innecesaria la ayuda de los
delegados del Komintern. En el discurso pronunciado en la Conferencia ampliada
de trabajo del Comité Central del Partido Comunista de China, en enero de 1962,
Mao Tse-tung ha dicho: «China, en tanto que mundo objetivo, fue conocida por
los chinos y no por los camaradas del Komintern, que se ocupaban de la cuestión
china. Estos camaradas del Komintern desconocían o conocían poco la sociedad
china, la nación china y la revolución china. Entonces, ¿por qué hay que hablar
aquí de estos camaradas extranjeros?»
Mao
Tse-tung excluye al Komintern cuando se trata de los éxitos. Por el contrario,
le culpa a él y a sus representantes en China de las derrotas y las
desviaciones del Partido Comunista de China, de no haber comprendido las
situaciones que sé han desarrollado en este país y no haber sacado de ellas las
deducciones correctas. El y otros dirigentes chinos acusan al Komintern de que
a la hora de desarrollar una lucha consecuente para tomar el poder y construir
el socialismo en China los ha obstaculizado y confundido. Pero, los hechos del
pasado y sobre todo la actual realidad china confirman que en general las
resoluciones y las directrices del Komintern para China han sido justas y que
el Partido Comunista de China no ha actuado sobre la base y en el espíritu de
los principios del marxismo-leninismo.
Las
consecuencias del nacionalismo estrecho y del chovinismo de gran estado, que
caracterizan el «pensamiento Mao Tse-tung» y que han sido y son la base de la
actividad del Partido Comunista de China, se reflejan también en las posturas y
en la actuación de este partido en el movimiento comunista internacional.
Esto se
observa en concreto en la actitud del Partido Comunista de China hacia los
nuevos partidos marxista-leninistas, que se crearon después de la traición
jruschovista. Desde un principio, la dirección china no tuvo la más mínima
confianza en ellos. Este punto de vista ha sido expresado abiertamente por Keng
Piao, persona que en el Comité Central del Partido Comunista de China decide en
lo que concierne a sus relaciones con el movimiento comunista internacional. Al
respecto ha dicho: «China no aprueba la creación de los partidos
marxista-leninistas ni desea que los representantes de estos partidos vengan a
China. Su llegada nos crea problemas, ha señalado, pero qué vamos a hacer, no
podemos expulsarlos. Los aceptamos al igual que hacemos con los representantes
de los partidos burgueses».[65] Esta
política, que no tenía nada en común con el internacionalismo proletario, era
practicada en vida de Mao Tse-tung, cuando estaba completamente en condiciones
de pensar y dirigir, y por tanto contaba con su total aprobación.
Cuando
estos nuevos partidos marxista-leninistas, en oposición a los deseos de los
dirigentes chinos, comenzaron a reforzarse, entonces aplicaron otra táctica, la
de reconocer a todos los nuevos partidos y cualquier grupo sin excepción y sin
ninguna distinción, bastaba que se autodenominasen «partido marxista», «partido
revolucionario», «guardia roja», etc. Esta actitud y esta táctica del Partido
Comunista de China han sido criticadas por el Partido del Trabajo de Albania.
Lo mismo han hecho los otros verdaderos partidos marxista-leninistas. No
obstante, la dirección revisionista china ha continuado por el mismo camino.
De
acuerdo con su política pragmática hacia los nuevos partidos y grupos que se
crearon, los dirigentes chinos han mantenido actitudes diferenciadas. Han
considerado Como enemigos suyos a los verdaderos partidos marxista-leninistas,
mientras los grupos y los partidos que se contraponían a los primeros, se
volvieron muy queridos para ellos. En la actualidad, con estos partidos y
grupos antimarxistas, que ponen por las nubes el «pensamiento Mao Tse-tung»,
los revisionistas chinos no sólo mantienen relaciones sino que además invitan a
sus representantes uno tras otro a Pekín, donde les preparan, les dan ayuda
financiera y orientaciones políticas e ideológicas, les instruyen sobre cómo
actuar contra el Partido del Trabajo de Albania y contra los verdaderos
partidos marxistaleninistas. Les exigen que hagan propaganda del «pensamiento
Mao Tse-tung», de la teoría de los «tres mundos» y, en general, de la política
exterior de China, que eleven el culto a la personalidad de Jua Kuo-feng y de
Teng Siao-ping y condenen a los «cuatro». Para los revisionistas chinos, el
partido que cumple estos requisitos es marxista-leninista, mientras que los
partidos que están en contra de ellos son calificados de antimarxistas,
aventureros, etc.
Todo esto
demuestra que los dirigentes revisionistas chinos, en sus relaciones con los
partidos marxista-leninistas, no han aplicado los principios y las normas
leninistas que regulan las relaciones entre los auténticos partidos comunistas.
Ellos, al igual que los revisionistas jruschovistas, han utilizado hacia los
otros partidos el concepto antimarxista de «partido padre», el diktat, las
presiones, la ingerencia en los asuntos internos, y jamás han aceptado los
consejos y las sugerencias camaraderiles de los partidos hermanos. Se han
opuesto a los encuentros multilaterales de los partidos marxista-leninistas, a
las reuniones donde se discutiesen los grandes problemas de la preparación y el
triunfo de la revolución, de la lucha contra el revisionismo moderno y en
defensa del marxismo-leninismo, donde se intercambiase experiencia y se
coordinasen las acciones, etc. El motivo de esta actitud reside, entre otras
cosas, en que han tenido miedo de enfrentarse con los verdaderos marxista-leninistas
en reuniones multilaterales, porque hubieran sido puestas al descubierto y
desenmascaradas sus teorías antimarxistas y revisionistas al servicio del
capital mundial y de la estrategia para hacer de China una superpotencia.
Otro
índice de la esencia antimarxista del «pensamiento Mao Tse-tung» son los lazos
que el Partido Comunista de China ha mantenido y mantiene con muchos partidos y
grupos fascistas heterogéneos, revisionistas, etc. Ahora se esfuerza por
preparar el terreno para infiltrarse o establecer lazos también con los viejos
partidos revisionistas de los diversos países, como por ejemplo con el de
Italia, Francia, España y de otros países de Europa, América Latina, etc. Los
chinos están dando una importancia cada vez más grande a estos lazos en razón
de que ideológicamente todos ellos están en la misma línea que el Partido
Comunista de China, no obstante las diferencias que tienen en las tácticas, las
cuales dependen de la naturaleza, de la fuerza y el potencial del capitalismo
en cada país.
Los
vínculos del Partido Comunista de China con estos partidos revisionistas
tradicionales irán ampliándose gradualmente, su actuación irá coordinándose,
mientras que los pequeños grupos llamados «marxista-leninistas», que siguen la
línea china, continuarán siendo utilizados por él para combatir y escindir a
los verdaderos partidos marxista-leninistas, que existen y que permanecen en
posiciones inconmovibles, así como a los otros partidos que nacen y nacerán. Al
actuar de esta manera, los revisionistas chinos ayudan abiertamente al
capitalismo, a los partidos socialdemócratas y revisionistas, sabotean el
estallido y el triunfo de la revolución y, de manera particular, la preparación
del factor subjetivo, el fortalecimiento de los verdaderos partidos marxista-leninistas
que dirigirán esta revolución.
El
Partido Comunista de China aplicó esta táctica en sus relaciones con la llamada
Liga de los Comunistas de Yugoslavia, que ha trabajado con todas sus fuerzas
para escindir el movimiento comunista internacional y ha combatido
incesantemente contra el socialismo y el marxismo-leninismo. Los actuales
dirigentes chinos desean avanzar junto con los revisionistas yugoslavos y
coordinar las acciones en la lucha contra el marxismo-leninismo y todos los
partidos marxista-leninistas, contra la revolución, el socialismo y el
comunismo.
Mao
Tse-tung y el Partido Comunista de China han mantenido una actitud pragmática
hacia el revisionismo yugoslavo, y sus puntos de vista sobre Tito y el titismo
han sufrido una gran evolución. Al principio Mao Tse-tung decía que Tito no se
habla equivocado, sino que fue Stalin quien cometió errores respecto a Tito.
Más tarde el mismo Mao Tse-tung alineó a Tito con Hitler y Chiang Kai-shek
diciendo que «personas tales... como Tito, Hitler, Chiang Kai-shek y el zar no
pueden ser corregidas, hay que suprimirlas». Pero de nuevo cambió su actitud y
expresó su gran deseo de encontrarse con Tito. En los últimos tiempos el propio
Tito declaró: «Fui invitado a China cuando Mao Tse-tung vivía. En el curso de
la visita del presidente de la Veche Ejecutiva Federativa, Djemal Biyedic, Mao
Tse- tung le manifestó el deseo de que yo visitara China. El presidente Jua
Kuo-feng asimismo me dijo que hace cinco años Mao Tse-tung había dicho que
debía invitarme a realizar una visita, señalando que Yugoslavia tenia razón
también en 1948, cosa que él (Mao Tse-tung) ya había declarado en aquel
entonces en un circulo íntimo, pero que, teniendo en cuenta las relaciones que
existían en aquel tiempo entre China y la Unión Soviética, esto no lo dijeron
públicamente»[66].
La
dirección revisionista de China está llevando a la práctica fielmente este
«testamento» de Mao Tse-tung. Jua Kuo-feng aprovechó la visita de Tito a China
y particularmente su visita a Yugoslavia para cubrir de elogios a Tito, para
presentarlo como un «marxista-leninista destacado», como un «gran dirigente» no
sólo de Yugoslavia sino también del movimiento comunista internacional. De esta
forma, la dirección china aprobó de manera abierta también los ataques de los
titistas contra Stalin y el Partido Bolchevique, contra el Partido del Trabajo
de Albania, contra el movimiento comunista internacional y el
marxismo-leninismo.
Las
estrechas relaciones políticas e ideológicas de los revisionistas chinos con el
titismo, con los «eurocomunistas» como Carrillo y compañía, el apoyo que
proporcionan a los partidos y grupos antimarxistas, trotskistas, anarquistas y
socialdemócratas, demuestran que los dirigentes chinos, inspirados y orientados
por el «pensamiento Mao Tse-tung», están creando un frente ideológico común con
los renegados del marxismo-leninismo, contra la revolución, contra los
intereses de la lucha de liberación de los pueblos. Por eso, las «teorías»
chinas son motivo de alegría para todos los enemigos del comunismo, porque ven
que el «pensamiento Mao Tse-tung», la política china, están dirigidos contra la
revolución y el socialismo.
Estas cuestiones
que acabamos de analizar no agotan todo el contenido antimarxista y
antileninista del «pensamiento Mao Tse-tung». No obstante, son suficientes para
concluir que Mao Tse-tung no ha sido un marxista-leninista, sino un
revolucionario demócrata, progresista, que durante un largo periodo de tiempo
permaneció al frente del Partido Comunista de China y desempeñó un papel
importante en el triunfo de la revolución democrática, antiimperialista china.
En el interior de China, en el partido, en el pueblo, y fuera de China recibió
el nombre de gran marxista-leninista, y él mismo se hacía pasar por comunista,
por un dialéctico marxista-leninista, pero no lo era. Era un ecléctico que
juntaba varios elementos de la dialéctica marxista con el idealismo, con la filosofía
burguesa y revisionista, e incluso con la vieja filosofía china. Por eso las
concepciones de Mao Tse-tung no deben ser estudiadas únicamente en las frases
arregladas que aparecen en algunas de sus obras editadas, sino que es preciso
estudiarlas en su totalidad, en su aplicación en la vida, viendo además las
consecuencias que han acarreado en la práctica.
En la
evaluación del «pensamiento Mao Tse-tung», es importante tener en cuenta
también las condiciones históricas concretas en que fue formado. Las ideas de
Mao Tse-tung se desarrollaron en la época de la descomposición del capitalismo,
por tanto en el período en que las revoluciones proletarias están en el orden
del día y cuando el ejemplo de la Gran Revolución Socialista de Octubre, las
grandes enseñanzas de Marx, Engels, Lenin y Stalin se han convertido en guía
infalible para el proletariado y los pueblos revolucionarios del mundo. La
teoría de Mao Tse-tung, el «pensamiento Mao Tse-tung», que nació en estas
condiciones nuevas, intentaría cubrirse y se cubrió con el ropaje de la teoría
más revolucionaria y más científica del momento, el marxismo-leninismo, pero en
esencia siguió siendo una «teoría» que está en oposición a la causa de la
revolución proletaria y acude en ayuda del imperialismo en crisis y
descomposición. Por eso decimos que Mao Tse-tung y el «pensamiento Mao
Tse-tung» son antimarxistas.
Cuando se
habla del «pensamiento Mao Tse-tung», es difícil definir una línea única y
clara del mismo, porque, como decíamos al principio, es una amalgama de
ideologías, comenzando por el anarquismo, el trotskismo, el revisionismo
moderno titista, jruschovista, «eurocomunista», y acabando por el empleo de
algunas frases marxistas. En toda esta amalgama, un lugar de honor ocupan las
viejas ideas de Confucio, de Mencio y de los otros filósofos chinos, los cuales
han influido directamente en la formación de las ideas de Mao Tse-tung, en su
desarrollo cultural y teórico. Incluso algunos aspectos de las concepciones de
Mao Tse-tung, que aparecen bajo la forma de un marxismo-leninismo
desnaturalizado, llevan el sello y presentan las particularidades de un cierto
«asio-comunismo» con fuertes dosis nacionalistas, xenófobas y hasta religiosas,
budistas, que cualquier día se opondrían abiertamente al marxismo-leninismo.
El grupo
revisionista de Jua Kuo-feng y Teng Siao-ping, que hoy ejerce su dominio en
China, tiene como base teórica y plataforma ideológica de su política y su
actividad reaccionarias el «pensamiento Mao Tse-tung».
El grupo
de Jua Kuo-feng y Ye Chien-ying que llegó al poder, para reforzar sus
posiciones tambaleantes, enarboló la bandera de Mao Tse-tung. Bajo esta bandera
condenó la manifestación de Tien An Men17
y suprimió a Teng Siao-ping, al que colocó la merecida etiqueta de
revisionista. Bajo esta bandera, dicho grupo tomó el poder mediante un putsch y
desbarató a los «cuatro». Pero el caos que siempre ha caracterizado a China
continuó agravándose. Esta situación turbia hizo aparecer en escena e impuso la
llegada al poder de Teng Siao-ping, el cual, valiéndose de métodos fascistas,
reanudó la marcha por su camino de extrema derecha.
El
objetivo de Teng era reforzar las posiciones de su propio grupo, proseguir sin
tapujos el curso de la alianza con el imperialismo norteamericano y la
burguesía reaccionaria mundial. Teng Siao-ping elaboró el programa de las
«cuatro modernizaciones», puso punto final a la Revolución Cultural, liquidó a
la inmensa masa de cuadros que fueron llevados al poder, al partido y al
ejército por dicha revolución y los reemplazó por elementos de la más negra
reacción, desenmascarados y condenados anteriormente.
Ahora
asistimos a un período que se caracteriza por los dazibaos contra Mao Tse-tung,
con los cuales los partidarios de Teng Siao-ping empapelan los muros de Pekín.
Se trata del periodo de la «revancha» que persigue dos objetivos: primero,
liquidar el «prestigio» de Mao y eliminar el obstáculo Jua Kuo-feng y, segundo,
convertir a Teng Siao-ping en dictador fascista omnipotente y rehabilitar a Liu
Shao-chi.
En China,
y también en el exterior, existen personas que al observar estas maniobras
reaccionarias, comparan la lucha de Teng Siao-ping contra Mao, que jamás fue un
marxista-leninista, con el crimen perpetrado por Jruschov que echó barro sobre
Stalin, el cual fue y sigue siendo un gran marxistaleninista. Nadie que tenga
dos dedos de frente puede admitir tal analogía.
La
comparación más justa que puede hacerse es la siguiente: Brezhnev y su grupo
revisionista derrocó a Jruschov y ahora el Brezhnev chino, Teng Siao-ping, está
derribando del pedestal al Jruschov chino, Mao Tse-tung.
Todo esto
es un juego revisionista, es una lucha por el poder personal. En China siempre
ha sido así. En todo esto no hay nada de marxista. Esta situación será
arreglada sólo por la clase obrera china y un partido verdaderamente
marxista-leninista depurado del «pensamiento Mao Tse-tung», del «pensamiento
Teng Siao-ping» y otros pensamientos similares antimarxistas, revisionistas,
burgueses. Las ideas de Marx, Engels, Lenin y Stalin son las que pueden salvar
a China de esta situación por medio de una verdadera revolución proletaria.
Confiamos
en que un día en China triunfarán el marxismo-leninismo y la revolución proletaria
y en que los enemigos del proletariado y del pueblo chinos perderán.
Naturalmente esto no podrá lograrse sin lucha y sin sangre debido a que en
China será preciso realizar muchos esfuerzos para crear el partido
revolucionario marxista-leninista, el dirigente indispensable para conquistar
la victoria sobre los traidores, para lograr la victoria del socialismo.
Estamos
convencidos de que el hermano pueblo chino, los auténticos revolucionarios
chinos se liberarán de las ilusiones y los mitos. Comprenderán política e
ideológicamente que en la dirección del Partido Comunista de China no existen
revolucionarios marxista-leninistas, sino gente de la burguesía, del
capitalismo, que siguen un camino que no tiene conexión alguna con el
socialismo y el comunismo. Pero, para que las masas y los revolucionarios
comprendan esto, es preciso que se percaten de que el «pensamiento Mao
Tse-tung» no es el marxismo-leninismo y que Mao Tse-tung no ha sido un
marxista-leninista.
La
crítica que nosotros, los marxista-leninistas, hacemos del «pensamiento Mao
Tse-tung» no tiene nada en común con los ataques emprendidos contra Mao
Tse-tung por el grupo de Teng Siao-ping, en la pugna de éste por el poder.
Hablando
abierta y sinceramente de estos asuntos, los comunistas albaneses cumplimos con
nuestro deber en defensa del marxismo-leninismo y, al mismo tiempo, en tanto
que internacionalistas, ayudamos al pueblo y a los revolucionarios chinos para
que encuentren el camino justo en estas difíciles situaciones por las que están
pasando.
NOTAS
[46] Para mayores explicaciones al respecto véase: Enver Hoxha. Con
Stalin (Memorias), Casa Editora «8 Nëntori», Tirana, 1984, págs. 171-210,
ed. en francés.
[63] Véase: Enver Hoxha. Los Jruschovistas (Memorias),
Casa Editora «8 Nëntori», Tirana, 1982, págs. 254-266, segunda edición en
español.
[65] Extracto de la conversación de Keng Piao con camaradas de
nuestro Partido en Pekín, 16 de abril de 1973. (ACP).
[66] Del discurso de Tito
en el activo de la RS de Eslovenia, 8 de septiembre de 1978.

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