sábado, 17 de noviembre de 2012


El «Pensamiento Filosófico de Mao Tse Tung»
(Un Análisis Marxista Leninista)

José Sotomayor Pérez


ÍNDICE

El Idealismo Filosófico de Mao Tse Tung               
La Dialéctica Maoísta                                              
La Concepción Maoísta de Desarrollo                    
Que Entiende por Práctica el Maoísmo                  
Notas
Con el nombre de «Pensamiento Filosófico de Mao Tze Dong», Pekín divulga cuestiones elementales de filosofía marxista «chinizada», utilizando como textos de estudio y consulta las «4 tesis filosóficas de Mao»: «Sobre la Práctica », «En torno a la contradicción», «Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo» y «De donde provienen las ideas correctas». Las obras de Marx, Engels, Lenin y Stalin no son mencionadas de hecho están proscritas.
Los expositores del pensamiento filosófico de Mao, afirman que el marxismo entró en su tercera etapa de desarrollo a partir de 1935, año en que «el Presidente Mao asume la gran tarea histórica de impulsar el desarrollo de la teoría de Marx y Lenin hasta elevarla a su cúspide: el Pensamiento Mao Tze Dong». El finado y otrora «íntimo camarada de armas del Presidente Mao», Lin Piao, se encargó de definir este Pensamiento en la forma siguiente: «El Pensamiento de Mao Tze Dong es el marxismo leninismo de la época del hundimiento general del imperialismo y el triunfo del socialismo en todo el mundo». Dijo también, en su Informe al IX Congreso del PCCh: «... el Presidente Mao ha elaborado de manera completa la doctrina sobre las contradicciones, las clases y la lucha de clases en las condiciones de la dictadura del proletariado, la doctrina sobre los dos tipos de contradicciones, desiguales por su carácter, en la sociedad socialista: las contradicciones entre nosotros y nuestros enemigos y las contradicciones en el seno del pueblo. . .» (104). No todos los dirigentes del PCCh estuvieron de acuerdo con esta forma de valorar la obra teórica de Mao. Las publicaciones hechas por los «guardias rojos» en 1967 con el título de «Cien manifestaciones de Liu Shao-chi contra el pensamiento de Mao Tze Dong», son una prueba de que hubo quienes se opusieron a que se suplantara el marxismo leninismo con las «ideas de Mao Tze Dong». Liu Shao-chi se atrevió a escribir lo siguiente: «El marxismo es por su esencia la doctrina más rica de la historia mundial, con cuya ayuda se pueden resolver cualesquiera grandes problemas de principio». Escribió también: “Muchos problemas ya habían sido resueltos hacía tiempo por Lenin, pero como no habíamos leído «Dos Tácticas»... la victoria de la revolución china se retrasó en veinte años. Si en los años 20 todo el Partido hubiera estudiado «Dos Tácticas»…, hubiese sido posible evitar la derrota de la revolución en 1927" (105).
El de Liu Shao chi no es un caso aislado. En realidad todos los cuadros con formación marxista-leninista e internacionalista se opusieron a la maoización del PCCh; pero esta actitud les costó su depuración y eliminación. Pen Te juai, por ejemplo, calificó el «Pensamiento de Mao Tze Dong» de «primitivo y metafísico». En las décadas del 20 y 30, Tu Chiu po, Wang Ming, Bo Gu y otros advirtieron que Mao Tze Dong «no comprendía el marxismo leninismo» y que sus «ideas» pecaban de «estrecho empirismo».
En plena campaña de maoización, Yang Shang Kun, miembro suplente del Secretariado del C.C. del PCCh, se atrevió a decir lo siguiente: «Tal cosa es una victoria del Pensamiento de Mao Tze Dong y cual cosa es un triunfo del Pensamiento de Mao Tze Dong. Si se gana el tenis de mesa también es una victoria de su pensamiento.
¿Y qué haremos si se pierde?».
La «revolución cultural» se encargó de eliminar a todos los que no estaban de acuerdo con que el «Pensamiento de Mao Tze Dong» es la cúspide del marxismo leninismo. El PCCh fue reconstruido sólo con los que hicieron suya la promesa de los «guardias rojos»: «Nosotros jóvenes soldados rojos del presidente Mao... lograremos que el cielo sea el cielo de Mao Tze Dong, que la tierra sea la tierra de Mao Tze Dong, que el hombre sea el hombre pertrechado con el pensamiento de Mao Tze Dong. Nosotros izaremos sobre todo el orbe la gran bandera roja del pensamiento de Mao Tze Dong». En el país, los grupos maoístas han hecho declaraciones parecidas: «Si estamos pertrechados y hemos asimilado el marxismo leninismo, el PENSAMÍENTO de MAO TSE TUNG, indudablemente nos sacrificaremos en aras de la revolución, y echaremos por la borda la filosofía de la supervivencia».
Examinemos, pues, brevemente los aspectos fundamentales del «Pensamiento Mao Tze Dong» a la luz del marxismo leninismo.
EL IDEALISMO FILOSÓFICO DE MAO TSE TUNG
No se puede negar que en sus escritos de carácter filosófico, Mao, acepta formalmente que el mundo objetivo, el ser, precede a la conciencia, al pensamiento. Dice por ejemplo: «Innumerables fenómenos de la realidad objetiva se reflejan en los cerebros de los hombres por medio de los órganos de sus cinco sentidos...» (106). Sin embargo, esto no es lo fundamental. Se puede aceptar de palabra muchas tesis del marxismo leninismo y en la práctica actuar en forma opuesta, enfocar los problemas desde posiciones ajenas al materialismo filosófico marxista. Lo que interesa, entonces, es examinar los planteamientos políticos, las directivas elaboradas por la dirigencia china de acuerdo al «pensamiento de Mao Tze Dong».
En todas sus campañas, pero en forma más patética en la «revolución cultural», los maoístas chinos han tratado de modificar la realidad objetiva maoizando al pueblo, inculcando en las cabezas de las gentes las «ideas de Mao Tze Dong», resumidas en el «libro rojo» preparado por Lin Piao, quien llegó a afirmar que el indicado «breviario» había pertrechado a obreros, campesinos y soldados con una «bomba atómica espiritual».
Todos los males existentes en la RPCh son atribuidos a que el «pensamiento de Mao Tze Dong» no ha sido suficientemente estudiado y divulgado. No hay necesidad, por tanto, de estudiar y conocer los problemas reales y concretos de la edificación del socialismo, las relaciones de producción y el estado de desarrollo de las fuerzas productivas en China. Todo, absolutamente todo, depende de si se tiene o no en la conciencia, la «bomba atómica espiritual»: el «pensamiento de Mao Tze Dong».
Los doctrinarios maoístas han «descubierto» que la sociedad china no puede avanzar en su desarrollo si subsisten los 4 viejos: viejas ideas, viejas tradiciones, vieja cultura, viejas costumbres, Hay que eliminar, según ellos, estos 4 viejos para cambiar la sociedad china, hacerla socialista. En otras palabras, primero hay que cambiar la conciencia de las gentes para que pueda cambiar la sociedad. Nadie que conozca el a be ce del materialismo dialéctico y el materialismo histórico podrá negar que esta forma de plantear las cosas es propia del idealismo filosófico.
En los escritos de Mao Tze Dong se encuentran con frecuencia postulados que corresponden al modo de pensar del idealismo. Sus comentarios y anotaciones a los «Problemas económicos del socialismo en la URSS» de Stalin, y al Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias de la URSS, son claros al respecto. Considera unilateral y erróneo admitir la existencia de leyes económicas objetivas, independientes de la voluntad de los hombres. Cuando Stalin escribe: «algunos camaradas niegan el carácter objetivo de las leyes de la ciencia, principalmente de las leyes de la Economía Política en el socialismo. Niegan que las leyes de la
Economía Política reflejan el carácter regular de procesos que se operan independientemente de la voluntad de los hombres» (107), Mao exclama: «Stalin habla únicamente de economía, no aborda la política... No habla del papel del hombre ni de los trabajadores…» (108).
Es imposible que Mao no haya leído, en la citada obra de Stalin, un párrafo claro y contundente sobre el rol del hombre frente a las leyes económicas: «Los hombres pueden descubrir estas leyes, llegar a conocerlas, estudiarlas, tomarlas en consideración al actuar y aprovecharlas en interés de la sociedad; pero no pueden modificarlas ni abolirlas. Y aún menos pueden formar o crear nuevas leyes de la ciencia» (109).
Para Mao lo fundamental es la «política», «el movimiento comunista», pero a espaldas de las leyes económicas, sin partir de la economía. Por eso, gira en torno al rol del pueblo sin tener en cuenta la existencia objetiva de las leyes económicas y la necesidad de conocerlas y aprovecharlas. «Los soviéticos —dice Mao— no se interesan más que en las relaciones de producción. Ignoran la superestructura, la política y el papel del pueblo. ES IMPOSIBLE PASAR AL COMUNISMO SI NO HAY MOVIMIENTO COMUNISTA» (110).
En el fondo, Mao cree en la misteriosa «voluntad del pueblo», sostenida y defendida por todos los ideólogos del radicalismo pequeño burgués, que tratan lo posible como real y creen en la existencia de lo que desean. De acuerdo a la tesis de Mao de que lo principal es la política y el «movimiento comunista», Pekín impulsó — como se ha visto— una serie de campañas para llegar rápidamente a la sociedad sin clases, con la seguridad de que el comunismo se encontraba a la vuelta de la esquina. Todo dependía de organizar y educar a los hombres poniendo «al mando la política». Las leyes económicas había que dejarlas para el «metafísico Stalin» y los «revisionistas soviéticos». Ya nos hemos ocupado de las consecuencias desastrosas de todas estas campañas en la edificación del socialismo en China.
Hace mucho tiempo que el marxismo ha demostrado que no existe contradicción alguna entre el reconocimiento de la existencia de leyes objetivas en la sociedad, y la aceptación de la importancia de la acción del hombre en el proceso histórico. Los movimientos políticos sólo pueden ser fructíferos y fecundos a condición de que no contradigan las leyes histórico sociales. En otras palabras, a condición de que no se opongan al sentido en que marcha el desarrollo social.
Las críticas de Mao Tze Dong a Stalin, nos hacen recordar las conocidas críticas de los sociólogos burgueses al marxismo leninismo. Con aires de profunda sabiduría, afirman que existe una «insalvable contradicción» cuando se admite que el socialismo surge por la acción de leyes objetivas, y al mismo tiempo se organiza el Partido que debe hacer la revolución socialista. En realidad esta contradicción «insalvable» sólo existe en la cabeza de los críticos del marxismo-leninismo. No es difícil admitir que cuanto más comprenden las masas populares el carácter inevitable de la revolución, tanto más organizada y enérgicamente luchan por su triunfo. La historia la hacen los hombres, y cuando actúan con conocimiento de las leyes sociales, el transcurrir espontaneo de los acontecimientos o la «necesidad ciega» se convierte en «necesidad conocida», en libertad. «La libertad no, pues, en una soñada independencia de las leyes naturales, sino en la conciencia de estas leyes y en la posibilidad que lleva aparejada de proyectarlas racionalmente sobre determinados fines. Y esto rige no sólo con las leyes de la naturaleza exterior, sino también con las que presiden la existencia corporal y espiritual del hombre; dos clases de leyes que podremos separar a lo sumo en la idea, pero que son totalmente inseparables en la realidad» (111).
El maoísmo, en sus campañas sueña precisamente con una «independencia» de las leyes económicas, ubicándose de este modo en una posición filosófica idealista. Es posible que algunos pretendan que tergiversamos e interpretamos mal a Mao Tze Dong; pero esto no es cierto. El idealismo de Mao se presenta igualmente definido en otros importantes problemas. Según él, en el modo de producción socialista son las relaciones de producción y no las fuerzas productivas las que desempeñan el papel principal y determinante. Es bien conocida la condena frenética de la dirigencia china a la creación de la base material y técnica del comunismo en la
URSS. Según dicen, esto no es otra cosa que la aplicación de la teoría «revisionista del desarrollo de las fuerzas productivas».
El materialismo histórico, enseña que el estado de las fuerzas productivas pone de manifiesto el grado de dominio a que ha llegado el hombre sobre la naturaleza. Los cambios que se operan en la economía y en la sociedad, en última instancia tienen origen en los cambios y desarrollo de las fuerzas productivas, principalmente los que se refieren a los instrumentos de producción. Las relaciones de producción, las relaciones económicas entre los hombres dependen, pues, de los cambios y desarrollo que se producen en las fuerzas productivas. Esto no significa que las relaciones de producción no actúen a su vez, estimulando o deteniendo el desarrollo de las fuerzas productivas.
Para defender su errónea tesis que prioriza las relaciones de producción frente a las fuerzas productivas, el maoísmo falsifica a Stalin, atribuyéndole una supuesta oposición contra quienes propugnaban el desarrollo preferente de las fuerzas productivas en la sociedad soviética. Según dicen, «Stalin no polemizó al azar contra esa tesis» (112). La verdad, sin embargo, es otra. «Para preparar el paso real y no declarativo —dice Stalin— al comunismo, es necesario cumplir, por lo menos, tres condiciones fundamentales: 1) Es indispensable en primer término asegurar de verdad, no una mítica «organización racional» de las fuerzas productivas, sino el incremento constante de toda la producción social y preferentemente el de la producción de los medios de producción. El que se dé preferencia al incremento de la producción de medios de producción, no sólo es necesario porque esta producción debe asegurar las máquinas necesarias, tanto a sus propias empresas como a las empresas de todas las demás ramas de la economía nacional, sino porque sin ella no es posible, en absoluto, llevar a cabo la reproducción ampliada» (113). Lenin ya señaló que sin sobrepasar el nivel de producción alcanzado por el capitalismo no es posible llegar al comunismo. «De aquí se deriva lo demás, incluidos los reajustes en las relaciones de producción».
Siempre en posición filosófica idealista, Mao, refiriéndose al Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias de la URSS, anota lo siguiente: «Repetidas veces el Manual destaca el papel desempeñado por las máquinas en la transformación socialista. ¿Pero cómo pueden marchar bien las cosas si no se educa la conciencia política de los campesinos, si no se transforma la ideología de los hombres y si no se tienen otro apoyo que no sean las máquinas?» (114).
En primer lugar, separar al hombre de la máquina, enfrentarlo a ella como cosa ajena y opuesta a él, es un absurdo. Las máquinas son creación del hombre, y en la medida que ellas cambian y se perfeccionan, los conocimientos del hombre, su técnica, su práctica son más completos, más elevados; aumenta la experiencia del hombre y se incrementa su productividad. Pero además, y esto es lo fundamental, las máquinas, es decir los instrumentos de producción, que constituyen la parte más dinámica de las fuerzas productivas, forman junto con las relaciones de producción el modo de producción, el ser social. Entre ser social y conciencia social lo primero es el ser social, por ser la fuente de la que emanan las ideas sociales y las concepciones políticas. Esta cuestión que es esencial para distinguir a un materialista de un idealista en el campo de la filosofía, Mao la plantea como un idealista: primero es la educación, la conciencia política, la ideología, después está la economía, el ser social en general.
Si se tiene en cuenta los objetivos que han perseguido todos los «movimientos» maoístas, pero en forma especial la «revolución cultural», se descubre una posición idealista de Mao Tze Dong en todas sus concepciones sobre la edificación del socialismo. En este sentido podemos afirmar que es un idealista consecuente.
Los constantes fracasos del maoísmo en la edificación del socialismo, se explican porque niega la prioridad del ser social, de las condiciones materiales de existencia, y el carácter derivado de las concepciones sociales, de la política. En postura típicamente idealista, el maoísmo lleva adelante sus objetivos sobre la base de planes y proyectos desligados de la vida material de la sociedad. De aquí provienen sus fiascos, sus bandazos y su frustración permanente, causas de una interminable lucha interna en el PCCh.
Las teorías de Mao sobre la «política al mando»; las relaciones de producción antes que las fuerzas productivas ; el hombre antes que las cosas; los movimientos políticos antes que las leyes económicas, y otras, examinadas a la luz del marxismo leninismo son extrañas al materialismo filosófico. No en vano han dicho los glosadores de los escritos de Mao que éste ha hecho «una gran aportación a la teoría de la actividad subjetiva».
El año de 1965, el órgano de la Sección de Ciencias Filosóficas y Sociales de la Academia de Ciencias de la RPCh, publicó un artículo en el que decía lo siguiente: «Los instrumentos de trabajo en la producción, los objetos de trabajo, las armas en la guerra, etc., aunque tienen importancia, aunque son sin duda factores bastante importantes en la producción y en la guerra, en comparación con el hombre, sin embargo, ocupan un lugar secundario. No importa donde —en la lucha de producción o en la lucha de clases— el factor que juega el papel determinante es el hombre y no el objeto» (115). La causa está, según los autores, en que el hombre domina la actividad subjetiva, mientras que las cosas y los objetos son pasivos.
El maoísmo falsea la relación sujeto-objeto, y resucita las formas más burdas del idealismo. Nadie ignora que, siendo una fuerza activa en la relación sujeto-objeto, las facultades del hombre no pueden dejar de depender, en los hechos, del objeto, del mundo material, puesto que es de éste que parten los límites y las causas o motivos de su actividad. La acción del hombre está condicionada al conocimiento que tenga de las leyes que rigen el mundo de los objetos. Pensar que por haberse llegado al socialismo la relación sujeto-objeto cambia, es un craso error. Lo único que puede admitirse es que el rol activo del sujeto aumenta por su conocimiento y dominio de las leyes que rigen el desarrollo social.
Sobran razones para afirmar que Mao y los maoístas, de palabra reconocen la prioridad de la materia y el carácter derivado del espíritu. Toda su actividad práctica demuestra que ellos parten de las ideas, del espíritu, otorgándoles prioridad en la relación pensamiento-materia. Son, pues idealistas, y nada tienen que hacer con el materialismo dialéctico y el materialismo histórico.
El planteamiento maoísta de la relación entre el hombre y las cosas, no tiene en cuenta la práctica social, siendo imposible por tanto que pueda admitir la unidad de sujeto y objeto. Pero en la vida real esa unidad se produce a través de la producción material. Las máquinas, las herramientas, etc., son en buena cuenta acción subjetiva del hombre cristalizada; concentran la práctica social de muchas generaciones. Los teóricos maoístas las presentan en su realidad objetiva externa, sin vinculación con el hombre, extrañas a su conocimiento.
En cualquier objeto producido por el hombre se encarnan siglos de práctica y de conocimientos sociales. Las máquinas que los doctrinarios maoístas oponen al hombre, son expresión de un nivel elevado de la actividad productiva de éste. En el proceso de producción, la acción humana se transforma en objeto. Marx ha demostrado que el trabajo está cambiando constantemente, de forma de acción a forma de ser. Y esto significa que en el proceso productivo la acción subjetiva penetra en el objeto, entra en unidad con él en virtud del trabajo.
Los objetos materiales cambian de forma en la práctica social. Dejan de ser objetos externos de la naturaleza, independientes del quehacer humano; se convierten en objetos cosas, artículos sociales ligados íntimamente a todo el conjunto de la práctica social. El trabajo, la producción, hacen de un objeto material un objeto social, y la acción subjetiva de los hombres se torna objetiva. La unidad de sujeto y objeto queda realizada en la práctica social.
Es así como resuelve el materialismo dialéctico el problema de la relación sujeto objeto, pensamiento materia. El maoísmo diverge de esta solución; es incompatible con ella.
LA DIALÉCTICA MAOÍSTA
Según los propagandistas del maoísmo, el «magno aporte de Mao Tze Dong a la filosofía del marxismo leninismo es haber desarrollado la ley de la unidad y la lucha de los contrarios, haber demostrado que es la ley fundamental del universo». A Mao le atribuyen el gran mérito de haber revelado que la ley de la unidad y lucha de contrarios «es la ley esencial de la dialéctica».
Fue Lenin quien definió a la ley de la contradicción como el meollo, la esencia de la dialéctica: «El desdoblamiento de la unidad y el conocimiento de sus partes contradictorias... es la esencia (uno de los aspectos esenciales del ser, su fundamental, sino la característica fundamental) de la dialéctica» (116). Pero el reconocimiento de que la contradicción constituye la fuerza motriz del desarrollo, es un principio de la filosofía marxista desde los tiempos de sus fundadores, Marx y Engels.
En los trabajos filosóficos de Mao Tze Dong se encuentran planteamientos correctos y también tergiversaciones y deformaciones de la dialéctica materialista. Lo correcto está constituido por la repetición de tesis archiconocidas de la filosofía marxista que, por lo mismo, no pueden considerarse aportes de Mao. Es cierto que propone algunas cosas nuevas, pero son tergiversaciones, falsificaciones de la dialéctica materialista. Esto puede comprobarse examinando algunos pasajes de sus trabajos de carácter filosófico. Considerada en forma global, la dialéctica de Mao Tze Dong es una continuación de la dialéctica primitiva, ingenua, de los filósofos chinos de la Antigüedad, con algunos ingredientes, sobre todo en el aspecto de la terminología que ha tomado de la dialéctica materialista.
La simple comprensión de los fenómenos contradictorios en la naturaleza y en la sociedad, ya era cosa corriente y bien entendida por los pensadores de la Antigüedad. Más tarde, la concepción de la lucha de los principios contradictorios, se extendió a la esfera de las relaciones sociales, habiéndose llegado a la conclusión de que la lucha de clases es fuente y motor del desarrollo social. Con Hegel se da un enorme paso en la creación de una representación íntegra de las leyes del movimiento en el mundo. Pero es la dialéctica materialista la que constituye una doctrina fundamentalmente nueva, un sistema global de todas las leyes que rigen el mundo, la sociedad y el pensamiento.
Mao Tze Dong confunde la ley de la unidad y lucha de contrarios, con la simple comprensión de los fenómenos contradictorios en la naturaleza y en la sociedad; comprensión que era característica en los antiguos pensadores. Pero atenerse a los contrarios, sin hacer un análisis del desarrollo, ni tener en cuenta la ley de la negación de la negación, es vulgarizar la ley de la contradicción.
Mao ha heredado íntegramente la dialéctica esquemática de los filósofos chinos del pasado. Estos no reconocen la interconexión de los aspectos contradictorios existentes en el mundo; los contrarios se presentan incomunicados, aislados, actuando separadamente. El paso de un contrario al otro, no es algo vivo, expresión de un proceso dialéctico interno, sino un intercambio mecánico de lugar. En esta dialéctica no cabe el reconocimiento de que la lucha de contrarios lleva, en fin de cuentas, al surgimiento de una nueva contradicción; que la unidad de contrarios es sustituida por una nueva unidad de contrarios. No hay, pues, un simple cambio de lugar de los contrarios sino la aparición de algo nuevo, un cambio cualitativo. Según Mao Tze Dong «Lo vivo siempre aparece de lo muerto. El hijo se convierte en padre, y éste en hijo: la mujer se transforma en hombre y éste en mujer... Las transformaciones recíprocas de opresores y oprimidos componen las relaciones entre la burguesía y los terratenientes, de un lado, y los obreros y campesinos, de otro». Y agrega: «Esto significa que cada uno de los aspectos opuestos dentro de  una cosa tiende, de acuerdo a condiciones determinadas, a transformarse en el otro, a tornar la posición que ocupa el aspecto opuesto». Dice también: «Obsérvese cómo a través de la revolución, el proletariado de clase dominada se transforma en clase dominadora, en tanto que la burguesía, hasta entonces dominadora se transforma en dominada. OCUPANDO EL LUGAR DE SU OPUESTO» (117).
Esta concepción mecanicista sobre la conversión de un contrario en su opuesto, lleva a Mao a presentarnos un proletariado convertido en burguesía y ésta convertida en proletariado, como consecuencia de la revolución. De este modo queda descartado el desarrollo, el movimiento en espiral, la progresión. En la sociedad no se produce un cambio cualitativo, la muerte de un sistema y la aparición de uno nuevo.
No es verdad que el proletariado se convierta en burguesía y ésta en proletariado. La lucha de clases, expresión de la contradicción entre las dos clases, conduce a la sustitución del capitalismo por el socialismo. Y esto significa una ruptura de la relación de contrarios proletariado burguesía, y la aparición de un sistema social nuevo, con nuevos contrarios. No estamos por tanto frente a un simple cambio de lugar de contrarios, sino ante un auténtico cambio cualitativo que lleva a la desaparición de estas clases.
En la dialéctica de Mao, no hay lugar para la comprensión de que las contradicciones interiores de cada proceso son cualitativamente distintas a las que se dan en otros procesos. La contradicción básica del capitalismo, por ejemplo, no cambia con el triunfo de la revolución; sólo se invierten los papeles, los dominantes se convierten en dominados y viceversa. El propio Partido de la clase obrera se convierte en nido de «seguidores del camino capitalista»; la lucha de clases sigue desarrollándose igual en el socialismo que el capitalismo. El socialismo no es un nuevo proceso, cualitativamente distinto, con contradicciones básicas distintas, de las que se desprenden métodos distintos para resolverlas. Quien quiera resolver esas contradicciones mediante la industrialización, la colectivización de la agricultura y otras medidas semejantes, es sencillamente un «revisionista», renegado de la lucha de clases.
No tiene nada de casual la situación reinante en China. Su inestabilidad, la agudización de sus conflictos, son en gran medida producto de la aplicación, por la dirigencia pekinesa, de la dialéctica maoísta.
Pese a que Mao habla de la interpenetración de los contrarios, en realidad presenta la contradicción como una contraposición de opuestos, exteriores el uno al otro, en tal forma que es imposible explicar el automovimiento. «Sin arriba no habría abajo, sin abajo tampoco habría arriba. Sin desgracia no habría felicidad, sin felicidad tampoco habría desgracia. Sin facilidad no habría dificultad, sin dificultad tampoco habría facilidad. Sin terratenientes no habría campesinos arrendatarios, sin campesinos arrendatarios tampoco habría terratenientes». (118).
La dialéctica materialista descubre las contradicciones internas de las cosas y los fenómenos; muestra el proceso real de desarrollo y analiza el automovimiento. Pero contrarios exteriores el uno al otro, como arriba y abajo, felicidad y desgracia, etc., es imposible que nos puedan ilustrar sobre los complejos procesos de transformación en la naturaleza y la sociedad. De lo que se trata es de descubrir los contrarios concretos dentro de un mismo fenómeno o proceso.
A propósito de los ejemplos de contrarios anotados por Mao, cabe recordar que Engels advirtió que podemos encontrarnos con propiedades diferentes de las cosas y hasta contradictorias, pero que no albergan una verdadera contradicción, si es que vemos y enfocamos «las cosas dinámicamente, viéndolas moverse, transformarse, vivir, influirse mutuamente».
Contrarios que no se interpenetran vivamente y que en determinado momento solo cambian de lugar; no automovimiento y desarrollo en espiral sino desplazamiento en círculo cerrado: esto es lo que se desprende la dialéctica de Mao.
Según los propagandistas de las «ideas de Mao Tze Dong», el líder chino ha planteado por primera vez el problema de «la contradicción principal» y el «aspecto principal de la contradicción» en las cosas y los fenómenos. La verdad es otra, sin embargo. Desde los fundadores del marxismo leninismo se ha destacado que en cada fenómeno y cosa hay un conjunto de contradicciones y que una de ellas es la principal y las otras subalternas. Para comprender un proceso, para conocer la causa de su automovimiento es necesario descubrir, en el conjunto de esas contradicciones, la contradicción básica que determina el desarrollo del fenómeno.
Es la contradicción básica la que determina las demás contradicciones y el mismo desarrollo de un proceso. Los clásicos del marxismo leninismo consideraron siempre la suma de contradicciones contenidas en el desarrollo social, señalando la contradicción básica, fundamental: la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción que, según Engels «es también aquella contradicción básica que incluye todas aquellas contradicciones que rodean a la sociedad moderna y que son especialmente evidentes en la industria pesada».
En lo que se refiere a la distinción que debe establecerse entre los dos aspectos de la contradicción, es decir, entre los contrarios, es también necesario poner al desnudo las jactancias de los maoístas.
«Proletariado y riqueza —ha dicho Marx— son términos antagónicos. Forman en cuanto tales un todo. Ambos son modalidades del mundo de la propiedad privada. De lo que se trata es de la posición determinada que uno y otra ocupan en la antitesis. No BASTA CON DECIR QUE SE TRATA DE LOS DOS LADOS DE UN TODO... «DENTRO DE ESTA ANTITESIS EL PROPIETARIO PRIVADO ES, POR TANTO, LA PARTE CONSERVADORA Y EL PROLETARIADO LA PARTE DESTRUCTIVA. DE AQUEL PARTE LA ACCIÓN DEL MANTENIMIENTO DE LA ANTÍTESIS, DE ESTE LA ACCIÓN DE SU DESTRUCCIÓN» (119).
Como se ve, Marx, distingue los aspectos de la contradicción por el rol que juegan: el aspecto conservador se opone al cambio, defiende la antítesis; el aspecto revolucionario pugna por la transformación, el surgimiento de una nueva cualidad, la destrucción de la antítesis. Lo único que ha hecho Mao es meter confusión en este claro planteamiento marxista al denominar «principal» al lado conservador de la antítesis. Y así en la contradicción entre burguesía y proletariado, el aspecto principal lo constituye la burguesía por ser la «dominante».
LA CONCEPCIÓN MAOÍSTA DE DESARROLLO
En la concepción mecanicista del maoísmo sobre la contradicción está implícita su particular modo de concebir el movimiento y el desarrollo.
Para la dialéctica materialista cualquier fenómeno constituye siempre una unidad de contrarios la atracción en unión de la repulsión, el equilibrio en unión del desequilibrio,
etc. Mao Tze Dong, en cambio, concibe que el movimiento de todas las cosas pasa necesariamente por dos etapas distintas: «reposo relativo y mutación absoluta». En otras palabras, estos estados no se dan al mismo tiempo sino uno después del otro. Pero objetivamente los fenómenos y las cosas se encuentran al mismo tiempo en estado de equilibrio y desequilibrio. No hay un solo día en que el sistema capitalista (equilibrio) esté por encima de la lucha de clases (desequilibrio).
En su trabajo titulado «Sobre el tratamiento correcto de las contradicciones en el seno del pueblo», Mao ha redondeado su concepción mecanicista del desarrollo. «En nuestro país —dice— se elabora cada año un plan económico, se establecen adecuadas proporciones entre la acumulación y el consumo a fin de lograr un equilibrio entre la producción y las necesidades de la sociedad. Lo que llamamos equilibrio es la unidad temporal y relativa de contrarios. Un año y después este equilibrio tomado en su conjunto es roto por la lucha de los contrarios, esa unidad cambia, el equilibrio se transforma en desequilibrio, la unidad deja de ser unidad, y al año siguiente tenemos que lograr el nuevo equilibrio y unidad. En ello radica la superioridad de nuestra economía planificada. En realidad, ese equilibrio y esa unidad se alteran parcialmente, cada mes, cada trimestre, y esto hace necesario proceder a una regulación parcial. A veces debido a que la regulación subjetiva no corresponde a la realidad objetiva, surgen contradicciones y se rompe el equilibrio. Esto se llama cometer un error. Las contradicciones surgen y se resuelven de manera constante, pero eso es justamente la ley dialéctica del desarrollo de las cosas» (120).
De aquí se desprenden tres cuestiones radicalmente opuestas a la dialéctica materialista: a) el equilibrio se rompe a causa de la aparición de contradicciones; b) las contradicciones surgen por error, y c) el equilibrio sin contradicciones es lo normal, y el desequilibrio con sus contradicciones lo anormal e irregular. Todo esto equivale a negar el hecho real de que las cosas y los fenómenos se desarrollan, desde el principio hasta el fin, por medio de las contradicciones y la unidad de los contrarios.
Resulta evidente que para Mao Tze Dong, la contradicción no es inherente a un proceso desde el momento de su emergencia, sino en cierta fase de su desarrollo. Es aquí donde reside la semejanza de la dialéctica de Mao con la teoría mecanicista del equilibrio, que pasa por alto las contradicciones internas de los fenómenos y las cosas.
La teoría del equilibrio conduce, en la práctica, a dos extremos: a) a la reconciliación de los contrarios, base del oportunismo de derecha, y b) a la alteración del equilibrio desde afuera, mediante la acción exterior que, generalmente, toma forma explosiva y es base del oportunismo de «izquierda». Estos dos extremos pueden verificarse fácilmente en la experiencia china. La burguesía nacional, a la que se le considera parte del pueblo, es puesta junto al proletariado, en acto típico de reconciliación de contrarios que Mao llama «contradicciones en el seno del pueblo». De otro lado, el enfrentamiento del Partido a «las masas»; la utilización del Ejército y los «guardias rojos» para reconstituir el Partido son claro ejemplo de alteración del equilibrio mediante presión externa y en forma explosiva.
Los partidarios de la teoría mecanicista del equilibrio, sostienen que la dirección del movimiento de un fenómeno, está determinada pon el predominio cuantitativo de éste o aquél aspecto de la contradicción. Mao Tze Dong defiende igual punto de vista: «El desarrollo de los aspectos contradictorios —dice— en cualquier contradicción es siempre desigual. Algunas veces parece existir un equilibrio de fuerzas, pero eso es sólo temporal y relativo, mientras la desigualdad del desarrollo sigue siendo la forma fundamental... En un proceso determinado o en una etapa determinada del desarrollo de una contradicción el aspecto principal es A y el aspecto secundario es B, pero en otra etapa o en otro proceso, los papeles se invierten; este cambio está determinado por la extensión del crecimiento o disminución de la fuerza con que cada uno de los dos aspectos luchan contra el otro...» (121).
La teoría del equilibrio no tiene en cuenta el papel determinante de las contradicciones internas, las conexiones indisolubles de los aspectos contradictorios, sus mutuas transiciones y su unidad. Considera que el movimiento de las cosas depende del predominio cuantitativo de uno de los aspectos en conflicto. En uno de sus últimos manuales de filosofía, los teóricos maoístas han expresado lo siguiente: “La teoría del equilibrio pasivo también es, en esencia, una especie de manifestación de la invariabilidad del mundo. Considera absoluto el equilibrio y niega el desequilibrio como necesidad intrínseca del propio movimiento de las cosas, estimando que tolo desequilibrio es un fenómeno anormal, negando LA LEY DEL DESARROLLO: EQUILIBRIO-DESEQUILIBRIO-EQUILIBRIO” (122).
Las lucubraciones de Mao Tze Dong sobre la dialéctica, han servido para justificar una serie de errores y arbitrariedades de los dirigentes chinos. «En un caso — dice Mao— los contrarios existen en la sociedad desde sus albores, por ejemplo las «derechas» han existido siempre. El darles o no albedrío es una cuestión política.
Nosotros les damos libre albedrío, les permitimos que expresen ampliamente su opinión, les abrimos las puertas para que se presenten como una parte contraria, para que los trabajadores polemicen con ellos y se alcen a la lucha y a la resistencia contra ellos A FIN DE LIQUÍDARLOS».
Esto no puede significar otra cosa que crear artificialmente conflictos y profundizar los que ya existe. Mao dice: «Somos optimistas y no tememos la escisión porque es un fenómeno natural». Tan «natural», que Pekín lo estimula en todas partes, con las consecuencias funestas que son bien conocidas.
El escisionismo armoniza con la revisión maoísta de la dialéctica materialista. La suplantación de las contradicciones antagónicas y no antagónicas, por las denominadas «contradicciones entre nosotros y nuestros enemigos», y «contradicciones en el seno del pueblo», conduce directamente a la escisión. Quien diverge de las «instrucciones del Presidente Mao» es necesariamente un enemigo y debe ser eliminado.
Como Haya de la Torre, Mao Tze Dong pretende aplicar la dialéctica al propio marxismo leninismo. La doctrina de Marx y Lenin, dice, debe engendrar necesariamente su contrario: el revisionismo, doctrina anticientífica. Este es un ejemplo de la forma mecánica de relacionar contrarios externos, tan peculiar en Mao Tze Dong. El revisionismo no es una teoría del marxismo leninismo y no puede admitirse que el desdoblamiento de éste de origen al reformismo. Cosa muy distinta es que el marxismo leninismo se desarrolle en lucha permanente contra toda clase de desviaciones y tergiversaciones.
QUE ENTIENDE POR PRÁCTICA EL MAOÍSMO
Se dice que Mao Tze Dong ha hecho un aporte decisivo a la teoría del conocimiento en sus opúsculos «Sobre la práctica» y «De donde vienen las ideas correctas». «El camarada Mao Tze Dong —dicen los filósofos oficiales de Pekín— ha resaltado siempre el valor de la práctica considerándola como la particularidad más viva de la filosofía marxista y  tomándola como base, ha desarrollado en todos los terrenos una eficaz teoría revolucionaria de los reflejos, ha desarrollado el punto de vista marxista sobre la práctica, ha desarrollado la tesis acerca del papel de la práctica social en todo el proceso del conocimiento» (123).
Estas alabanzas, repetidas irresponsablemente en nuestro medio, especialmente en las esferas universitarias, nos plantean la tarea de examinar los «aportes» de Mao y señalar su verdadero carácter y alcances.
Antes de Marx el materialismo tenía un carácter contemplativo. Consideraba el problema del conocimiento sin conexión con la práctica histórico social. Le tocó a Marx explicar la experiencia sensorial y psíquica del hombre por la práctica social. Solo así se pudo entender el significativo de la experiencia humana y las acciones que de ella se derivan, por razones de época y diferencias de clase.
La práctica social emerge en forma definida en cada etapa del desarrollo histórico. La sociedad tribal, con su modo primitivo de producción, no pudo poseer la práctica social de la sociedad capitalista, por ejemplo. En la práctica social de este sistema se suman los anteriores desarrollos de la práctica histórico social. La cuestión del conocimiento y la experiencia, no pueden resolverse sino sobre la base de todas las prácticas sociales.
Cada clase social tiene su criterio de práctica, criterio que cambia de acuerdo a los cambios del rol histórico de la propia clase. En términos generales podemos afirmar que toda clase en ascenso, tiene en su práctica el criterio del conocimiento. Esto puede observarse en la etapa en que la burguesía lucha contra el feudalismo, época en que sus concepciones político-sociales son logros del conocimiento humano, pese a sus limitaciones de clase.
Hay, además, un aspecto sustancial en la teoría marxista leninista del conocimiento: la identidad de sujeto y objeto a la que ya nos hemos referido. Hemos dicho que en la práctica social, la acción subjetiva del hombre se hace objetiva y que, en esta forma se realiza la unidad de sujeto y objeto. Hemos visto que el maoísmo no plantea así la relación sujeto objeto. Afirma que por un lado están los hombres activos y por otro los objetos pasivos. Es claro que plantear así esta cuestión significa desechar la práctica social del proceso del conocimiento.
La doctrina marxista leninista sobre la práctica social no niega la enorme importancia de los análisis teóricos y de las conclusiones lógicas. Puesto que la mente se ocupa de interpretar y trabajar sobre el mundo que refleja, es plenamente posible un desarrollo lógico de las ideas. Esto, por supuesto, no quiere decir que estas no deban ser puestas a prueba a través de la práctica social, aunque su desarrollo se haya producido sobre la base de una práctica social precedente. Esta es una cuestión bien clara para los marxistas leninistas: es el aspecto del progreso del conocimiento, que se basa en conocimientos acumulados, en la suma de experiencias de las prácticas sociales precedentes.
Es también en este sentido que la concepción de práctica social de Mao Tze Dong, se opone a la concepción del marxismo leninismo. Para la práctica maoísta solo vale la experiencia inmediata, personal o de pequeños grupos. Todas las teorías deben pasar de nuevo por todos los grados del conocimiento, y quien quiera saber algo de la guerra por ejemplo, debe «hacer la guerra».
En la «revolución cultural» el maoísmo estimuló hasta el delirio la divinización de su Jefe, y al mismo tiempo alzó la consigna de la lucha contra «el culto a los libros» y la liquidación de los «cuatro viejos», es decir, de toda la herencia cultural del pasado. Esta es una prueba de que, en los hechos, la teoría del conocimiento de Mao Tze Dong arroja al canasto la experiencia acumulada por las generaciones anteriores. ¡Sin destrucción completa, no es posible la construcción de lo nuevo!, han dicho los dirigentes chinos, rechazando la necesidad de tener en cuenta la práctica social precedente.
Pero Mao Tze Dong no sólo prescinde del carácter históricamente condicionado de la práctica social y sus diferencias, a través de las etapas de desarrollo de la sociedad humana. Tampoco tiene en cuenta el carácter de clase de la práctica social. Es conocida la frase de Mao: «Los países con un alto nivel científico y tecnológico se comportan con mucho orgullo. NOSOTROS SOMOS UNA HOJA DE PAPEL EN BLANCO, BUENA PARA ESCRIBÍR EN ELLA». Esto es desconocer que el pueblo chino está ligado a toda la práctica social acumulada por las generaciones precedentes, las mismas que han vivido en una sociedad de clases.
De acuerdo al materialismo dialéctico «la percepción directa de la realidad en una etapa dada del desarrollo social, por un miembro de una clase dada, se halla afectada por toda la experiencia pasada de la sociedad y de esa clase, en otras palabras no es meramente percepción sino apercepción» (124).
No existen, pues, pueblos que sean «hojas en blanco». El pueblo chino tiene una rica tradición de lucha y ha acumulado una gran experiencia en la producción social. Un sector considerable del proletariado chino ha elevado su conciencia al nivel de la teoría científica del marxismo-leninismo.
Mao Tze Dong no se limita a restringir la práctica social a la experiencia individual, desligada de las clases sociales y de las experiencias acumuladas. Además, asume una posición nihilista frente a la práctica social del exterior.
El marxismo surgió como expresión teórica de toda la experiencia del movimiento obrero internacional, elaborada sobre la base de una profunda generalización de todas las corrientes del desarrollo histórico mundial y de las conquistas de la ciencia y la cultura humanas. Como conocimiento de la compleja realidad capitalista, incluye en sí el conocimiento del desarrollo de toda la historia anterior de la humanidad, haciendo generalizaciones tan amplias que traspasan las esferas de los grupos separados del proletariado y rebasan las fronteras de los países. Pero he aquí que Mao plantea que el marxismo leninismo, como toda «teoría extranjera », debe ser asimilado sólo en parte, debiendo lo demás seguir su curso normal, como cuando se ingiere alimentos. El «marxismo chinizado» fue elaborado en esta forma.
Siempre tergiversando la concepción marxista-leninista de práctica social y omitiendo su importancia en la teoría del conocimiento, el maoísmo pretende universalizar la experiencia china en la lucha revolucionaria, rechazando al mismo tiempo como «dogmatismo» el estudio y conocimiento de la experiencia soviética. Los dirigentes chinos no se han contentado con dar directivas a los grupos pekineses que actúan en Asia, África y la América Latina para que apliquen las «ideas de Mao Tze Dong» sobre la guerra popular, sino que han afirmado que estas ideas son también válidas para países como Francia, Alemania, etc. Y al enfocar globalmente las luchas de los pueblos del mundo, dicen que estas deben desarrollarse de modo que la aldea mundial cerque a la ciudad mundial.
Cabe preguntar, ¿a qué clase social pertenece la práctica de Mao Tze Dong? Un examen objetivo de su vida y obra lleva a la conclusión de que se trata de una práctica social perteneciente a la pequeña burguesía china. De aquí que no se encuentre, en todo lo que ha escrito, nada que pueda significar una generalización de la experiencia revolucionaria del movimiento obrero internacional ni del mismo proletariado chino. Mao, no reconoce el rol histórico universal de la clase obrera; sus referencias aisladas al papel dirigente de ésta son formales y tangenciales. Para él, son los campesinos los que constituyen la fuerza principal de la revolución, y solo en el campo y en contacto con los campesinos se puede adquirir conciencia revolucionaria.
Mao Tze Dong separa mecánicamente cada momento del conocimiento de la realidad, resultando cada uno de ellos una fase aislada. «Práctica —conocimiento— de nuevo práctica— de nuevo conocimiento; la repetición cíclica de esta forma —dice Mao— es infinita, con la particularidad de que el contenido de estos ciclos de práctica y conocimiento se eleva cada vez a un nivel más alto» (125). Dos cuestiones igualmente falsas se derivan de este planteamiento: a) confunde la práctica con la experiencia como fuente de conocimiento; y b) la práctica queda despojada de su carácter fundamental, que le permite unificar y condicionar mutuamente los momentos percibidos y lógicos del pensamiento.
La misma experiencia sensorial es concebida por Mao en forma ajena al materialismo dialéctico. Para Mao sólo después de que se han acumulado abundantes datos sensoriales se produce un «salto» al conocimiento racional. El asunto, sin embargo, no es tan simple. El problema de la transición de la experiencia sensorial al conocimiento racional, es algo muy importante en la teoría marxista leninista del conocimiento. Engels en su crítica a la teoría kantiana-agnóstica de los jeroglíficos, indicó que el pensamiento está unido a nuestros ojos. Esto quiere decir que los órganos responsables de los datos sensoriales, descubren algo más de lo que puede ser captado por ellos solos. Las generalizaciones y conclusiones no surgen y se desarrollan partiendo únicamente de la relación externa del sujeto con los datos percibidos, sino en la medida que él domina esos datos con la posesión de la experiencia que, sobre determinado objeto, ya tiene acumulada la humanidad.
La más pequeña generalización mental significa actividad del hombre. No comprender esta cuestión lleva directamente a distorsionar la teoría leninista del reflejo. «La práctica del hombre repitiéndose millones de veces, se fortifica en la conciencia por las figuras de la lógica», dice Lenin. Y es ese hombre real, armado de conciencia fortificada con las figuras de la lógica, el que se convierte en el centro de un proceso activo que une indisolublemente la sensación y el pensamiento. Cuando Mao Tze Dong separa rígidamente las etapas del conocimiento en práctica- conocimiento-práctica, se ubica en las posiciones del materialismo contemplativo, porque quita a la práctica su carácter de relación racional del hombre con el objeto; pone al hombre en una situación contemplativa, cuando en realidad confronta activamente el mundo objetivo.
Al confundir la práctica con la experiencia sensorial, Mao, no puede explicar la unicidad del pensamiento lógico en tanto que etapa superior del conocimiento que, dependiendo del conocimiento sensorial, lo contiene. De hecho el pensamiento lógico queda reducido al nivel de la experiencia sensible. Y así la conciencia humana es convertida en un espejo sin vida, donde se reflejan solo las cosas que se encuentran frente a ella, siempre del mismo modo.
Aquí cabe hacer referencia a la separación y enfrentamiento que el maoísmo hace de máquinas y hombres. Esta es una cuestión que demuestra su incomprensión del mismo conocimiento sensorial. Es un hecho irrefutable que la actividad sensorial humana aumenta y se desarrolla con el perfeccionamiento de los instrumentos de producción y de los implementos técnicos. El estudio de los procesos objetivos y la transformación de la naturaleza son posibles con ayuda de ellos. En los hechos son una prolongación de los brazos, ojos, oídos, etc., del ser humano; son parte del hombre.
Instrumentos como el telescopio, el microscopio, los instrumentos de medida, y otros, enriquecen enormemente la percepción del mundo que nos rodea, dotándonos de una base de generalizaciones cada vez más amplia y profunda. En este sentido el desarrollo de la técnica y de los instrumentos de producción tiene una enorme importancia para el conocimiento y dominio del mundo material. Pero para la dirigencia pekinesa aceptar tal cosa significa «seguir el camino capitalista », y «dar prioridad a las cosas y a la técnica y no al hombre».
La experiencia sensorial se desarrolla y perfecciona. Los sentidos del hombre se perfeccionan en relación con el desarrollo de la práctica histórico social. Es imposible concebir un «hombre nuevo, producto de la sociedad socialista, con un nivel cultural primitivo, «pobre» y «desnudo», en el sentido que Mao da a estas palabras. Marx ha señalado el carácter histórico de los sentidos del hombre, haciendo referencia a la abismal diferencia que existe entre los sentidos de un salvaje y los de un hombre contemporáneo.
Quienes no han asimilado la técnica moderna ni producen los instrumentos de trabajo más avanzados, porque no les dan importancia so capa de que primero es el hombre y no las máquinas, no han comprendido el concepto marxista leninista de práctica social; tampoco han comprendido la importancia de esa técnica y de esos instrumentos en la experiencia sensorial, como momento del conocimiento y su trascendencia en las generalizaciones cada vez más amplias y profundas.
Para el marxismo leninismo, la práctica social no sólo es base del conocimiento sino también criterio de verdad, porque sólo ella puede confirmar o refutar las percepciones y representaciones del hombre. Así es como la dialéctica materialista concibe práctica social como criterio de verdad.
La comprensión de determinadas hipótesis o teorías en la práctica, no significa consagrarlas definitivamente como verdades absolutas. La doctrina de la verdad en el marxismo leninismo es basta rica y profunda. La práctica social que es dinámica y se enriquece constantemente, permite un constante avance de la ciencia, mediante la sustitución de unas tesis científicas por otras. Se produce así el acercamiento de la verdad relativa a la verdad absoluta.
¿Cómo plantea esta cuestión, Mao Tze Dong? Refiriéndose a la aplicación de teorías, planes, resoluciones y orientaciones a la práctica dice: «Hablado en general, los que resulten bien son adecuados y los que resulten mal son erróneos...» (129). Para el pragmatismo es cierto lo que es «útil»; y para Mao Tze Dong lo que es «adecuado». En ambos casos la verdad no es la realidad reflejada en nuestro pensamiento, sino lo que satisface a una persona o grupo de personas. Tanto lo «útil» como lo «adecuado» es lo que conviene en un momento dado, lo que expresa la voluntad, los deseos e intereses de las gentes. Si lo «útil» y «adecuado» constituyen verdad, ésta es creación del propio hombre, no tiene relación con el desarrollo objetivo del mundo material.
El pragmatismo fue el fundamento filosófico del fascismo, porque le permitió proclamar como verdad todo lo que convenía a sus objetivos reaccionarios y a sus métodos terroristas. Mientras la gente cree una cosa, ésta es cierta, dice el pragmatismo: Resulta, pues, que no existe otra verdad que la que es aceptada, que la que se admite porque sirve a fines determinados.
Pero cuando la verdad es aquello que tiene valor para el que conoce (lo adecuado), la misma mentira debe considerarse verdad mientras pueda ser creída. Todas las teorías pekinesas («los tres mundos», «el socialimperialismo», etc.) son «adecuadas » para la dirigencia china, pero en esencia no son otra cosa que mentiras repetidas machaconamente para que sean creídas.
Las teorías maoístas responden satisfactoriamente a los planes de Pekín; en este sentido son operantes. Pero esto no quiere decir que ellas representen la verdad. Muchas teorías falsas pueden operar durante un tiempo prolongado y sin embargo no son verdaderas. Ellas persisten por la propaganda; pero llega el momento en que son desbaratadas por la propia vida.
El pragmatismo conduce directamente a la creación de mitos, en cada uno de los cuales se representa la realidad de distinta manera de cómo es. Los mitos tienen la particularidad de que mantienen a las masas hipnotizadas y subyugadas. La Alemania de Hitler nos da un ejemplo típico en este asunto. Se subyugó e hipnotizó al pueblo alemán con el mito de la superioridad racial de los arios, y se le hizo creer que estaba destinado a imponer su dominio sobre todas las demás razas. La ciencia ya había demostrado que no existen razas puras, y que no hay tal raza aria porque el concepto de lo ario es puramente lingüístico y no antropológico. Pero el nazismo necesitaba el mito de la superioridad racial, para justificar y fundamentar su política aventurera y criminal. Este mito era presentado como una verdad porque era «adecuado» a los planes de dominación mundial del nazifascismo.
De los planes «adecuados» del maoísmo han surgido también mitos peligrosos: el Pensamiento Mao Tze Dong como cúspide del marxismo leninismo; la China como centro de la revolución mundial: la experiencia china como la única con valor universal Los «tornillitos inoxidables» y los «búfalos mansos” del «Presidente Mao», con estos mitos en la cabeza se han propuesto imponer en el mundo entero la «autoridad absoluta» de las ideas del «Gran Timonel».
Los manipuladores de mitos, utilizan la demagogia más desvergonzada para captar a los descontentos, resentidos e insatisfechos; apelan a las capas más atrasadas del pueblo, a los elementos desorientados, «sin guía y sin brújula»; azuzan las pasiones primitivas de las masas y les ocultan las verdaderas causas de su miseria. Hitler culpó de todos los males a judíos y comunistas; la dirigencia pekinesa a los que llama «seguidores del camino capitalista», «revisionistas» que, como se sabe, son comunistas que se han opuesto a la maoización del PCCh.
En resumen, Mao Tze Dong, en el terreno de la filosofía, no enfoca desde posiciones materialistas el problema del ser y el pensamiento; reduce el rico y complejo desarrollo dialéctico de los fenómenos y las cosas a una tergiversada ley de la contradicción y un proceso en que el equilibrio y el desequilibrio se suceden mecánicamente; falsea la teoría marxista leninista del conocimiento admitiendo como cierto lo «adecuado». El «pensamiento filosófico de Mao Tze Dong», constituye el cimiento teórico de toda la práctica seudorrevolucionaria de los dirigentes chinos.
NOTAS
(104) Lin Piao, Informe ante el IX Congreso Nacional del PCCh, Ed. Lenguas Extranjeras, Pekín 1969, pág. 3.
(105) Citado de «Crítica a las concepciones filosóficas de Mao Tse tung, págs. 7, 8.
(106) Mao Tse tung, Cuatro Tesis Filosóficas, Ed. Lenguas Extranjeras, Pekín 1966, pág. 149.
(107) J. V. Stalin, Problemas Económicos del Socialismo en la URSS., Ed. Lenguas Extranjeras, Moscú 1952, pág. 3-4.
(108) Mao Tse tung, La Construcción del Socialismo, Tres Textos inéditos, pág. 9.
(109) J. V. Stalin, Obra citada, pág. 4.
(110) Mao Tse tung, La Construcción del Socialismo, pág. 16.
(111) Engels, Anti Düring, Ed. Pueblos Unidos, Montevideo 1948, pág. 138.
(112) Echague, El otro Imperialismo, Ediciones de Mayo, Bue nos Aires 1974, pág. 87.
(113) J. V. Stalin, Problemas Económicas del Socialismo en la URSS, pág. 76.
(114) Mao Tse tung, La Construcción del Socialismo - 3 tex tos inéditos, pág. 56.
(115) M. Altaiski y V. Gueorguiev, Crítica a las concepciones filosóficas de Mao Tse tung, págs. 71, 72.
(116) Lenin, Obras Completas, tomo 29, pág. 316.
(117) Mao Tse tung, Cuatro Tesis Filosóficas, pág. 68.
(118) Mao Tse tung, Obras Escogidas, tomo I, pág. 361.
(119) Marx y F. Engels, La Sagrada Familia Ediciones Grijalbo, México 1958, págs. 100-101.
(120) Mao Tse tung, Cuatro Tesis Filosóficas, pág. 105.
(121) Ibídem, pág. 60.
(122) Citado de A. Altaiski y V. Guerguiev, «Crítica a las concepciones filosóficas de Mao Tse tung», págs. 118 119.
(123) Ibídem, pág. 141.
(124) M. Shirokov, Tratado Sistemática de filosofía, Ed. Fuente Cultural, México 1948, pág. 97.
(125) Mao Tse tung, Cuatro tesis filosóficas, pág. 23.

viernes, 16 de noviembre de 2012


LA SOCIEDAD DE CLASES Y EL ESTADO

Vladimir Ilich Uliánov


ÍN D I C E

1.         El Estado, producto del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase
2.         Los destacamentos especiales de fuerzas armadas, las cárceles, etc.
3.         El Estado, arma de explotación de la clase oprimida
4.         La "extinción" del Estado y la revolución violenta






    Ocurre hoy con la doctrina de Marx lo que ha solido ocurrir en la historia repetidas veces con las doctrinas de los pensadores revolucionarios y de los jefes de las clases oprimidas en su lucha por la liberación. En vida de los grandes revolucionarios, las clases opresoras les someten a constantes persecuciones, acogen sus doctrinas con la rabia más salvaje, con el odio más furioso, con la campaña más desenfrenada de mentiras y calumnias. Después de su muerte, se intenta convertirlos en iconos inofensivos, canonizarlos, por decirlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para "consolar" y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando su filo revolucionario, envileciéndola. En semejante "arreglo" del marxismo se dan la mano actualmente la burguesía y los oportunistas dentro del movimiento obrero. Olvidan, re legan a un segundo plano, tergiversan el aspecto revolucionario de esta doctrina, su espíritu revolucionario. Hacen pasar a primer plano, ensalzan lo que eso parece ser aceptable para la burguesía. Todos los socialchovinistas son hoy -- ¡bromas aparte! -- "marxistas". Y cada vez con mayor frecuencia los sabios burgueses alemanes, que ayer todavía eran especialistas en pulverizar el marxismo, hablan hoy ¡de un Marx "nacional-alemán" que, según ellos, educó estas asociaciones obreras tan magníficamente organizadas para llevar a cabo la guerra de rapiña!

    Ante esta situación, ante la inaudita difusión de las tergiversaciones del marxismo, nuestra misión consiste, ante todo, en restaurar la verdadera doctrina de Marx sobre el Estado. Para esto es necesario citar toda una serie de pasajes largos de las obras mismas de Marx y Engels. Naturalmente, las citas largas hacen la exposición pesada y en nada contribuyen a darle un carácter popular. Pero es de todo punto imposible prescindir de ellas. No hay más remedio que citar del modo más completo posible todos los pasajes, o, por lo menos, todos los pasajes decisivos, de las obras de Marx y Engels sobre la cuestión del Estado, para que el lector pueda formarse por su cuenta una noción del conjunto de las ideas de los fundadores del socialismo científico y del desarrollo de estas ideas, así como también para probar documentalmente y patentizar con toda claridad la tergiversación de estas ideas por el "kautskismo" hoy imperante.

    Comencemos por la obra más conocida de F. Engels: "El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado", de la que ya en 1894 se publicó en Stuttgart la sexta edición. Conviene traducir las citas de los originales alemanes, pues las traducciones rusas, con ser tan numerosas, son en gran parte incompletas o están hechas de un modo muy defectuoso.

    "El Estado -- dice Engels, resumiendo su análisis histórico -- no es, en modo alguno, un Poder impuesto desde fuera a la sociedad; ni es tampoco 'la realidad de la idea moral', 'la imagen y la realidad de la razón', como afirma Hegel. El Estado es, más bien, un producto de la sociedad al llegar a una determinada fase de desarrollo; es la confesión de que esta sociedad se ha enredado con sigo misma en una contradicción insoluble, se ha dividido en antagonismos irreconciliables, que ella es impotente para conjurar. Y para que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna, no se devoren a sí mismas y no devoren a la sociedad en una lucha estéril, para eso hízose necesario un Poder situado, aparentemente, por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el conflicto, a mantenerlo dentro de los límites del 'orden'. Y este Poder, que brota de la sociedad, pero que se coloca por encima de ella y que se divorcia cada vez más de ella, es el Estado" (págs. 177 y 178 de la sexta edición alemana).

    Aquí aparece expresada con toda claridad la idea fundamental del marxismo en punto a la cuestión del papel histórico y de la significación del Estado. EI Estado es el producto y la manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase. El Estado surge en el sitio, en el momento y en el grado en que las contradicciones de clase no pueden, objetivamente, conciliarse. Y viceversa: la existencia del Estado demuestra que las contradicciones de clase son irreconciliables.

    En torno a este punto importantísimo y cardinal comienza precisamente la tergiversación del marxismo, tergiversación que sigue dos direcciones fundamentales. De una parte, los ideólogos burgueses y especialmente los pequeñoburgueses, obligados por la presión de hechos históricos indiscutibles a reconocer que el Estado sólo existe allí donde existen las contradicciones de clase y la lucha de clases, "corrigen" a Marx de manera que el Estado resulta ser el órgano de la conciliación de clases. Según Marx, el Estado no podría ni surgir ni mantenerse si fuese posible la conciliación de las clases. Para los profesores y publicistas mezquinos y filisteos -- ¡que invocan a cada paso en actitud benévola a Marx! -- resulta que el Estado es precisamente el que concilia las clases. Según Marx, el Estado es un órgano de dominación de clase, un órgano de opresión de una clase por otra, es la creación del "orden" que legaliza y afianza esta opresión, amortiguando los choques entre las clases. En opinión de los políticos pequeñoburgueses, el orden es precisamente la conciliación de las clases y no la opresión de una clase por otra. Amortiguar los choques significa para ellos conciliar y no privar a las clases oprimidas de ciertos medios y procedimientos de lucha para el derrocamiento de los opresores.

    Por ejemplo, en la revolución de 1917, cuando la cuestión de la significación y del papel del Estado se planteó precisamente en toda su magnitud, en el terreno práctico, como una cuestión de acción inmediata, y además de acción de masas, todos los socialrevolucionarios y todos los mencheviques cayeron, de pronto y por entero, en la teoría pequeñoburguesa de la "conciliación" de las clases "por el Estado". Hay innumerables resoluciones y artículos de los políticos de estos dos partidos saturados de esta teoría mezquina y filistea de la "conciliación". Que el Estado es el órgano de dominación de una determinada clase, la cual no puede conciliarse con su antípoda (con la clase contrapuesta a ella), es algo que esta democracia pequeñoburguesa no podrá jamás comprender, La actitud ante el Estado es uno de los síntomas más patentes de que nuestros socialrevolucionarios y mencheviques no son en manera alguna socialistas (lo que nosotros, los bolcheviques, siempre hemos demostrado), sino demócratas pequeñoburgueses con una fraseología casi socialista.

    De otra parte, la tergiversación "kautskiana" del marxismo es bastante más sutil. "Teóricamente", no se niega ni que el Estado sea el órgano de dominación de clase, ni que las contradicciones de clase sean irreconciliables. Pero se pasa por alto u oculta lo siguiente: si el Estado es un producto del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase, si es una fuerza que está por encima de la sociedad y que "se  divorcia  cada  vez  más  de la sociedad", es evidente que la liberación de la clase oprimida es imposible, no sólo sin una revolución violenta, si no  también  sin  la  destrucción  del aparato del Poder estatal que ha sido creado por la clase dominante y en el que toma cuerpo aquel "divorcio". Como veremos más abajo, Marx llegó a esta conclusión, teóricamente clara por si misma, con la precisión más completa, a base del análisis histórico concreto de las tareas de la revolución. Y esta conclusión es precisamente -- como expondremos con todo detalle en las páginas siguientes -- la que Kautsky . . . ha "olvidado" y falseado.

2. LOS DESTACAMENTOS ESPECIALES DE FUERZAS ARMADAS, LAS CÁRCELES, ETC.

    "En comparación con las antiguas organizaciones gentilicias (de tribu o de clan) -- prosigue Engels --, el Estado se caracteriza, en primer lugar, por la agrupación de sus súbditos según las divisiones territoriales". . . A nosotros, esta agrupación nos parece 'natural', pero ella exigió una larga lucha contra la antigua organización en 'gens' o en tribus. 

    "La segunda característica es la instauración de un Poder público, que ya no coincide directamente con la población organizada espontáneamente como fuerza arma da. Este Poder público especial hácese necesario porque desde la división de la sociedad en clases es ya imposible una organización armada espontánea de la población. . . Este Poder público existe en todo Estado; no está formado solamente por hombres armados, sino también por aditamentos materiales, las cárceles y las instituciones coercitivas de todo género, que la sociedad gentilicia no conocía..."


    Engels desarrolla la noción de esa "fuerza" a que se da el nombre de Estado, fuerza que brota de la sociedad, pero que se sitúa por encima de ella y que se divorcia cada vez más de ella. ¿En qué consiste, fundamentalmente, esta fuerza? En destacamentos especiales de hombres armados, que tienen a su disposición cárceles y otros elementos.

    Tenemos derecho a hablar de destacamentos especiales de hombres armados, pues el Poder público propio de todo Estado "no coincide directamente" con la población armada, con su "organización armada espontánea".

    Como todos los grandes pensadores revolucionarios, Engels se esfuerza en dirigir la atención de los obreros conscientes precisamente hacia aquello que el filisteísmo dominante considera como lo menos digno de atención, como lo más habitual, santificado por prejuicios no ya sólidos, sino podríamos decir que petrificados El ejército permanente y la policía son los instrumentos fundamentales de la fuerza del Poder del Estado. Pero ¿puede acaso ser de otro modo?

    Desde el punto de vista de la inmensa mayoría de los europeos de fines del siglo XIX, a quienes se dirigía Engels y que no habían vivido ni visto de cerca ninguna gran revolución, esto no podía ser de otro modo. Para ellos, era completamente incomprensible esto de una "organización armada espontanea de la población". A la pregunta de por qué ha surgido la necesidad de destacamentos especiales de hombres armados (policía y ejército permanente) situados por encima de la sociedad y divorciados de ella, el filisteo del Occidente de Europa y el filisteo ruso se inclinaban a contestar con un par de frases tomadas de prestado de Spencer o de Mijailovski, remitiéndose a la complejidad de la vida social, a la diferenciación de funciones, etc.

    Estas referencias parecen "científicas" y adormecen magníficamente al filisteo, velando lo principal y fundamental: la división de la sociedad en clases enemigas irreconciliables.

    Si no existiese esa división, la "organización armada espontánea de la población" se diferenciaría por su complejidad, por su elevada técnica, etc., de la organización primitiva de la manada de monos que manejan el palo, o de la del hombre prehistórico, o de la organización de los hombres agrupados en la sociedad del clan; pero semejante organización sería posible.

    Si es imposible, es porque la sociedad civilizada se halla dividida en clases enemigas, y además irreconciliablemente enemigas, cuyo armamento "espontáneo" conduciría a la lucha armada entre ellas. Se forma el Estado, se crea una fuerza especial, destacamentos especiales de hombres armados, y cada revolución, al destruir el aparato del Estado, nos indica bien visiblemente cómo la clase dominante se esfuerza por restaurar los destacamentos especiales de hombres armados a s u  servicio, cómo la clase oprimida se esfuerza en crear una nueva organización de este tipo, que sea capaz de servir no a los explotadores, sino a los explotados.

    En el pasaje citado, Engels plantea teóricamente la misma cuestión que cada gran revolución plantea ante nosotros prácticamente de un modo palpable y, además, sobre un plano de acción de masas, a saber: la cuestión de las relaciones mutuas entre los destacamentos "especiales" de hombres armados y la "organización armada espontánea de la población". Hemos de ver cómo ilustra de un modo concreto esta cuestión la experiencia de las revoluciones europeas y rusas.

    Pero volvamos a la exposición de Engels.

    Engels señala que, a veces, por ejemplo, en algunos sitios de Norteamérica, este Poder público es débil (se trata aquí de excepciones raras dentro de la sociedad capitalista y de aquellos sitios de Norteamérica en que imperaba, en el período preimperialista, el colono libre), pero que, en términos generales, se fortalece:

    ". . . Este Poder público se fortalece a medida que los antagonismos de clase se agudizan dentro del Estado y a medida que se hacen más grandes y más poblados los Estados colindantes; basta fijarse en nuestra Europa actual, donde la lucha de clases y el pugilato de conquistas han encumbrado al Poder público a una altura en que amenaza con devorar a toda la sociedad y hasta al mismo Estado".

    Esto fue escrito no más tarde que a comienzos de la década del 90 del siglo pasado. El último prólogo de Engels lleva la fecha del 16 de junio de 1891. Por aquel entonces, comenzaba apenas en Francia, y más tenuemente todavía en Norteamérica y en Alemania, el viraje hacia el imperialismo, tanto en el sentido de la dominación completa de los trusts, como en el sentido de la omnipotencia de los grandes bancos, en el sentido de una grandiosa política colonial, etc. Desde entonces, el "pugilato de conquistas" ha experimentado un avance gigantesco, tanto más cuanto que a comienzos de la segunda década del siglo XX el planeta ha resultado estar definitivamente repartido entre estos "conquistadores en pugilato", es decir, entre las grandes potencias rapaces. Desde entonces, los armamentos terrestres y marítimos han crecido en proporciones increíbles, y la guerra de pillaje de 1914 a 1917 por la dominación de Inglaterra o Alemania sobre el mundo, por el reparto del botín, ha llevado al borde de una catástrofe completa la "absorción" de todas las fuerzas de la sociedad por un Poder estatal rapaz.

    Ya en 1891, Engels supo señalar el "pugilato de conquistas" como uno de los más importantes rasgos distintivos de la política exterior de las grandes potencias. ¡Y los canallas socialchovinistas de los años 1914-1917, en que precisamente este pugilato, agudizándose más y más, ha engendrado la guerra imperialista, encubren la defensa de los intereses rapaces de "su" burguesía con frases sobre la "defensa de la patria", sobre la "defensa de la república y de la revolución" y con otras frases por el estilo!

3. EL ESTADO, ARMA DE EXPLOTACION DE LA CLASE OPRIMlDA

    Para mantener un Poder público aparte, situado por encima de la sociedad, son necesarios los impuestos y las deudas del Estado.

    "Los funcionarios, pertrechados con el Poder público y con el derecho a cobrar impuestos, están situados -- dice Engels --, como órganos de la sociedad, por encima de la sociedad. A ellos ya no les basta, aun suponiendo que pudieran tenerlo, con el respeto libre y voluntario que se les tributa a los órganos del régimen gentilicio. . ." Se dictan leyes de excepción sobre la santidad y la inviolabilidad de los funcionarios. "El más despreciable polizonte" tiene más "autoridad" que los representantes del clan; pero incluso el jefe del poder militar de un Estado civilizado podría envidiar a un jefe de clan por "el respeto espontáneo" que le profesaba la sociedad.

    Aquí se plantea la cuestión de la situación privilegiada de los funcionarios como órganos del Poder del Estado. Lo fundamental es saber: ¿qué los coloca por encima de la sociedad? Veamos cómo esta cuestión teórica fue resuelta prácticamente por la Comuna de París en 1871 y cómo la esfumó reaccionariamente Kautsky en 1912:

    "Como el Estado nació de la necesidad de tener a raya los antagonismos de clase, y como, al mismo tiempo, nació en medio del conflicto de estas clases, el Estado lo es, por regla general, de la clase más poderosa, de la clase económicamente dominante, que con ayuda de él se convierte también en la clase políticamente dominante, adquiriendo así nuevos medios para la represión y explotación de la clase oprimida. . ." No fueron sólo el Estado antiguo y el Estado feudal órganos de explotación de los esclavos y de los campesinos siervos y vasallos: también "el moderno Estado representativo es instrumento de explotación del trabajo asalariado por el capital. Sin embargo, excepcionalmente, hay períodos en que las clases en pugna se equilibran hasta tal punto, que el Poder del Estado adquiere momentáneamente, como aparente mediador, una cierta independencia respecto a ambas"... Tal aconteció con la monarquía absoluta de los siglos XVII y XVIII, con el bonapartismo del primero y del segundo Imperio en Francia, y con Bismarck en Alemania.

    Y tal ha acontecido también -- agregamos nosotros -- con el gobierno de Kerenski, en la Rusia republicana, después del paso a las persecuciones del proletariado revolucionario, en un momento en que los Soviets, como consecuencia de hallar se dirigidos por demócratas pequeñoburgueses, son ya impotentes, y la burguesía no es todavía lo bastante fuerte para disolverlos pura y simplemente.

    En la república democrática -- prosigue Engels -- "la riqueza ejerce su poder indirectamente, pero de un modo tanto más seguro", y lo ejerce, en primer lugar, mediante la "corrupción directa de los funcionarios" (Norteamérica), y, en segundo lugar, mediante la "alianza del gobierno con la Bolsa" (Francia y Norteamérica).

    En la actualidad, el imperialismo y la dominación de los Bancos han "desarrollado", hasta convertirlos en un arte extraordinario, estos dos métodos adecuados para defender y llevar a la práctica la omnipotencia de la riqueza en las repúblicas democráticas, sean cuales fueren. Si, por ejemplo, en los primeros meses de la república democrática rusa, en los meses que podemos llamar de la luna de miel de los "socialistas" -- socialrevolucionarios y mencheviques -- con la burguesía, en el gobierno de coalición, el señor Palchinski saboteó todas las medidas de restricción contra los capitalistas y sus latrocinios, contra sus actos de saqueo en detrimento del fisco mediante los suministros de guerra, y si, al salir del ministerio, el señor Palchinski (sustituido, naturalmente, por otro Palchinski exactamente igual) fue "recompensado" por los capitalistas con un puestecito de 120.000 rublos de sueldo al año, ¿qué significa esto? ¿Es un soborno directo o indirecto? ¿Es una alianza del gobierno con los consorcios o son "solamente" lazos de amistad? ¿Qué papel desempeñan los Chernov y los Tsereteli, los Avkséntiev y los Skóbelev? ¿El de aliados "directos" o solamente indirectos de los millonarios malversadores de los fondos públicos?

    La omnipotencia de la "riqueza" es más segura en las repúblicas democráticas, porque no depende de la mala envoltura política del capitalismo. La república democrática es la mejor envoltura política de que puede revestirse el capitalismo, y por lo tanto el capital, al dominar (a través de los Pakhinski, los Chernov, los Tsereteli y Cía.) esta envoltura, que es la mejor de tocdas, cimenta su Poder de un modo tan seguro, tan firme, que ningún cambio de personas, ni de instituciones, ni de partidos, dentro de la república democrática burguesa, hace vacilar este Poder.

    Hay que advertir, además, que Engels, con la mayor precisión, llama al sufragio universal arma de dominación de la burguesía. El sufragio universal, dice Engels, sacando evidentemente las enseñanzas de la larga experiencia de la socialdemocracia alemana, es "el índice que sirve para medir la madurez de la clase obrera. No puede ser más ni será nunca más, en el Estado actual".

    Los demócratas pequeñoburgueses, por el estilo de nuestros socialrevolucionarios y mencheviques, y sus hermanos carnales, todos los socialchovinistas y oportunistas de la Europa occidental, esperan, en efecto, "más" del sufragio universal. Comparten ellos mismos e inculcan al pueblo la falsa idea de que el sufragio universal es, "en el Estado actual ", un medio capaz de expresar realmente la voluntad de la mayoría de los trabajadores y de garantizar su efectividad práctica.

    Aquí no podemos hacer más que señalar esta idea mentirosa, poner de manifiesto que esta afirmación de Engels completamente clara, precisa y concreta, se falsea a cada paso en la propaganda y en la agitación de los partidos socialistas "oficiales" (es decir, oportunistas). Una explicación minuciosa de toda la falsedad de esta idea, rechazada aquí por Engels, la encontraremos más adelante, en nuestra exposición de los puntos de vista de Marx y Engels sobre el Estado "actual”.

    En la más popular de sus obras, Engels traza el resumen general de sus puntos de vista en los siguientes términos:

    "Por tanto, el Estado no ha existido eternamente. Ha habido sociedades que se las arreglaron sin él, que no tuvieron la menor noción del Estado ni del Poder estatal. Al llegar a una determinada fase del desarrollo económico, que estaba ligada necesariamente a la división de la sociedad en clases, esta división hizo que el Estado se convirtiese en una necesidad. Ahora nos acercamos con paso veloz a una fase de desarrollo de la producción en que la existencia de estas clases no sólo deja de ser una necesidad, sino que se convierte en un obstáculo directo para la producción. Las clases desaparecerán de un modo tan inevitable como surgieron en su día. Con la desaparición de las clases, desaparecerá inevitablemente el Estado. La sociedad, reorganizando de un modo nuevo la producción sobre la base de una asociación libre e igual de productores, enviará toda la máquina del poder: al museo de antiguedades, junto a la rueca y al hacha de bronce".

    No se encuentra con frecuencia esta cita en las obras de propaganda y agitación de la socialdemocracia contemporánea. Pero incluso cuando nos encontramos con ella es, casi siempre, como si se hiciesen reverencias ante un icono; es decir, para rendir un homenaje oficial a Engels, sin el menor intento de analizar qué amplitud y profundidad revolucionarias supone esto de "enviar toda la máquina del Estado al museo de antiguedades". No se ve, en la mayoría de los casos, ni siquiera la comprensión de lo que Engels llama la máquina del Estado.

4. LA "EXTINCIÓN" DEL ESTADO Y LA REVOLUCIÓN VIOLENTA


    Las palabras de Engels sobre la "extinción" del Estado gozan de tanta celebridad y se citan con tanta frecuencia, muestran con tanto relieve dónde está el quid de la adulteración corriente del marxismo por la cual éste es adaptado al oportunismo, que se hace necesario detenerse a examinarlas detalladamente. Citaremos todo el pasaje donde figuran estas palabras:

    "El proletariado toma en sus manos el Poder del Estado y comienza por convertir los medios de producción en propiedad del Estado. Pero con este mismo acto se destruye a sí mismo como proletariado y destruye toda diferencia y todo antagonismo de clases, y, con ello mismo, el Estado como tal. La sociedad hasta el presente, movida entre los antagonismos de clase, ha necesitado del Estado, o sea de una organización de la correspondiente clase explotadora para mantener las condiciones exteriores de producción, y por tanto, particularmente para mantener por la fuerza a la clase explotada en las condiciones de opresión (la esclavitud, la servidumbre o el vasallaje y el trabajo asalariado), determinadas por el modo de producción existente. El Estado era el representante oficial de toda la sociedad, su síntesis en un cuerpo social visible; pero lo era sólo como Estado de la clase que en su época representaba a toda la sociedad: en la antigüedad era el Estado de los ciudadanos esclavistas; en la Edad Media el de la nobleza feudal; en nuestros tiempos es el de la burguesía. Cuando el Estado se convierta finalmente en representante efectivo de toda la sociedad, será por sí mismo superfluo. Cuando ya no exista ninguna clase social a la que haya que mantener en la opresión; cuando desaparezcan, junto con la dominación de clase, junto con la lucha por la existencia individual, engendrada por la actual anarquía de la producción, los choques y los excesos resultantes de esta lucha, no habrá ya nada que reprimir ni hará falta, por tanto, esa fuerza especial de represión, el Estado. El primer acto en que el Estado se manifiesta efectivamente como representante de toda la sociedad: la toma de posesión de los medios de producción en nombre de la sociedad, es a la par su último acto independiente como Estado. La intervención de la autoridad del Estado en las relaciones sociales se hará superflua en un campo tras otro de la vida social y se adormecerá por sí misma. El gobierno sobre las personas es sustituido por la administración de las cosas y por la dirección de los procesos de producción. El Estado no será 'abolido'; se extingue. Partiendo de esto es como hay que juzgar el valor de esa frase sobre el 'Estado popular libre' en lo que toca a su justificación provisional como consigna de agitación y en lo que se refiere a su falta absoluta de fundamento científico. Partiendo de esto es también como debe ser considerada la exigencia de los llamados anarquistas de que el Estado sea abolido de la noche a la mañana" ("Anti-Dühring " o "La subversión de la ciencia por el señor Eugenio Dühring", págs. 301-303 de la tercera edición alemana).

    Sin temor a equivocarnos, podemos decir que de estos pensamientos sobremanera ricos, expuestos aquí por Engels, lo único que ha pasado a ser verdadero patrimonio del pensamiento socialista, en los partidos socialistas actuales, es la tesis de que el Estado, según Marx, "se extingue", a diferencia de la doctrina anarquista de la "abolición" del Estado. Truncar así el marxismo equivale a reducirlo al oportunismo, pues con esta "interpretación" no queda en pie más que una noción confusa de un cambio lento, paulatino, gradual, sin saltos ni tormentas, sin revoluciones. Hablar de "extinción" del Estado, en un sentido corriente, generalizado, de masas, si cabe decirlo así, equivale indudablemente a esfumar, si no a negar, la revolución.

    Además, semejante "interpretación" es la más tosca tergiversación del marxismo, tergiversación que sólo favorece a la burguesía y que descansa teóricamente en la omisión de circunstancias y consideraciones importantísimas que se indican, por ejemplo, en el "resumen" contenido en el pasaje de Engels, citado aquí por nosotros en su integridad.

    En primer lugar, Engels dice en el comienzo mismo de este pasaje que, al tomar el Poder del Estado, el proletariado "destruye, con ello mismo, el Estado como tal". "No es uso" pararse a pensar qué significa esto. Lo corriente es ignorarlo en absoluto o considerarlo algo así como una "debilidad hegeliana" de Engels. En realidad, en estas palabras se expresa concisamente la experiencia de una de las más grandes revoluciones proletarias, la experiencia de la Comuna de París de 1871, de la cual hablaremos detalladamente en su lugar. En realidad, Engels habla aquí de la "destrucción" del Estado de la burguesía por la revolución proletaria, mientras que las palabras relativas a la extinción del Estado se refieren a los restos del Estado proletario después de la revolución socialista. El Estado burgués no se "extingue", según Engels, sino que "es  destruido " por el proletariado en la revolución. El que se extingue, después de esta revolución, es el Estado o semi-Estado proletario.

    En segundo lugar, el Estado es una "fuerza especial de represión". Esta magnífica y profundísima definición de Engels es dada aquí por éste con la más completa claridad. Y de ella se deduce que la "fuerza especial de represión" del proletariado por la burguesía, de millones de trabajadores por un puñado de ricachos, debe sustituirse por una "fuerza especial de represión" de la burguesía por el proletariado (dictadura del proletariado). En esto consiste precisamente la "destrucción del Estado como tal". En esto consiste precisamente el "acto" de la toma de posesión de los medios de producción en nombre de la sociedad. Y es de suyo evidente que semejante sustitución de una "fuerza especial" (la burguesa) por otra (la proletaria) ya no puede operarse, en modo alguno, bajo la forma de "extinción".

    En tercer lugar, Engels, al hablar de la "extinción" y -- con frase todavía más plástica y colorida -- del "adormecimiento" del Estado, se refiere con absoluta claridad y precisión a la época posterior a  la "toma de posesión de los medios de producción por el Estado en nombre de toda la sociedad", es decir, posterior a  a la revolución socialista. Todos nosotros sabemos que la forma política del "Estado", en esta época, es la democracia más completa. Pero a ninguno de los oportunistas que tergiversan desvergonzadamente el marxismo se le viene a las mientes la idea de que, por consiguiente, Engels hable aquí del "adormecimiento" y de la "extinción" de la democracia.  Esto parece, a primera vista, muy extraño. Pero esto sólo es "incomprensible" para quien no haya comprendido que la democracia también  es un Estado y que, consiguientemente, la democracia también desaparecerá cuando desaparezca el Estado. El Estado burgués sólo puede ser "destruido" por la revolución. El Estado en general, es decir, la más completa democracia, sólo puede "extinguirse".

    En cuarto lugar, al establecer su notable tesis de la "extinción del Estado", Engels declara a renglón seguido, de un modo concreto, que esta tesis se dirige tanto contra los oportunistas, como contra los anarquistas. Además, Engels coloca en primer plano la conclusión que, derivada de su tesis sobre la "extinción del Estado", se dirige contra los oportunistas.

    Podría apostarse que de diez mil hombres que hayan leído u oído hablar acerca de la "extinción" del Estado, nueve mil novecientos noventa no saben u olvidan en absoluto que Engels no dirigió solamente contra los anarquistas sus conclusiones derivadas de esta tesis. Y de las diez personas restantes, lo más probable es que nueve no sepan qué es el "Estado popular libre" y por qué el atacar esta consigna significa atacar a los oportunistas. ¡Así se escribe la Historia! Así se adapta de un modo imperceptible la gran doctrina revolucionaria al filisteísmo dominante. La conclusión contra los anarquistas se ha repetido miles de veces, se ha vulgarizado, se ha inculcado en las cabezas del modo más simplificado, ha adquirido la solidez de un prejuicio. ¡Pero la conclusión contra los oportunistas la han esfumado y "olvidado"!

    El "Estado popular libre" era una reivindicación programática y una consigna corriente de los socialdemócratas alemanes en la década del 70. En esta consigna no hay el menor contenido político, fuera de una filistea y enfática descripción de la noción de democracia. Engels estaba dispuesto a "justificar", "por el momento", esta consigna desde el punto de vista de la agitación, por cuanto con ella se insinuaba legalmente la república democrática. Pero esta consigna era oportunista, porque expresaba no sólo el embellecimiento de la democracia burguesa, sino también la incomprensión de la crítica socialista de todo Estado en general. Nosotros somos partidarios de la república democrática, como la mejor forma de Estado para el proletariado bajo el capitalismo, pero no tenemos ningún derecho a olvidar que la esclavitud asalariada es el destino reservado al pueblo, incluso bajo la república burguesa más democrática. Más aún. Todo Estado es una "fuerza especial para la represión" de la clase oprimida. Por eso, todo Estado ni es libre ni es popular. Marx y Engels explicaron esto reiteradamente a sus camaradas de partido en la década del 70.

    En quinto lugar, en esta misma obra de Engels, de la que todos citan el pasaje sobre la extinción del Estado, se contiene un pasaje sobre la importancia de la revolución violenta. El análisis histórico de su papel lo convierte Engels en un verdadero panegírko de la revolución violenta. Esto "nadie lo recuerda". Sobre la importancia de este pensamiento, no es uso hablar ni siquiera pensar en los partidos socialistas contemporáneos estos pensamientos no desempeñan ningún papel en la propaganda ni en la agitación cotidianas entre las masas. Y, sin embargo, se hallan indisolublemente unidos a la "extinción" del Estado y forman con ella un todo armónico.

    He aquí el pasaje de Engels:

    "... De que la violencia desempeña en la historia otro papel [además del de agente del mal], un papel revolucionario; de que, según la expresión de Marx, es la partera de toda vieja sociedad que lleva en sus entrañas otra nueva; de que la violencia es el instrumento con la ayuda del cual el movimiento social se abre camino y rompe las formas políticas muertas y fosilizadas, de todo eso no dice una palabra el señor Dühring. Sólo entre suspiros y gemidos admite la posibilidad de que para derrumbar el sistema de explotación sea necesaria acaso la violencia, desgraciadamente, afirma, pues el empleo de la misma, según él, desmoraliza a quien hace uso de ella. ¡Y esto se dice, a pesar del gran avance moral e intelectual, resultante de toda revolución victoriosa! Y esto se dice en Alemania, donde la colisión violenta que puede ser impuesta al pueblo tendría, cuando menos, la ventaja de destruir el espíritu de servilismo que ha penetrado en la conciencia nacional como consecuencia de la humillación de la Guerra de los Treinta años. ¿Y estos razonamientos turbios, anodinos, impotentes, propios de un párroco rural, se pretende imponer al partido más revolucionario de la historia?" (Lugar citado, pág. 193, tercera edición alemana, final del IV capítulo, II parte).

    ¿Cómo es posible conciliar en una sola doctrina este panegírico de la revolución violenta, presentado con insistencia por Engels a los socialdemócratas alemanes desde 1878 hasta 1894, es decir, hasta los últimos días de su vida, con la teoría de la "extinción" del Estado?

    Generalmente se concilian ambos pasajes con ayuda del eclecticismo, desgajando a capricho (o para complacer a los detentadores del Poder), sin atenerse a los principios o de un modo sofístico, ora uno ora otro argumento y haciendo pasar a primer plano, en el noventa y nueve por ciento de los casos, si no en más, precisamente la tesis de la "extinción". Se suplanta la dialéctica por el eclecticismo: es la actitud más usual y más generalizada ante el marxismo en la literatura socialdemócrata oficial de nuestros días. Estas suplantaciones no tienen, ciertamente, nada de nuevo; pueden observarse incluso en la historia de la filosofía clásica griega. Con la suplantación del marxismo por el oportunismo, el eclecticismo presentado como dialéctica engaña más fácilmente a las masas, les da una aparente satisfacción, parece tener en cuenta todos los aspectos del proceso, todas las tendencias del desarrollo, todas las influencias contradictorias, etc., cuando en realidad no da ninguna noción completa y revolucionaria del proceso del desarrollo social.

    Ya hemos dicho más arriba, y demostraremos con mayor detalle en nuestra ulterior exposición, que la doctrina de Marx y Engels sobre el carácter inevitable de la revolución violenta se refiere al Estado burgués. Este no puede sustituirse por el Estado proletario (por la dictadura del proletariado) mediante la "extinción", sino sólo, por regla general, mediante la revolución violenta. El panegírico que dedica Engels a ésta, y que coincide plenamente con reiteradas manifestaciones de Marx (recordaremos el final de "Miseria de la Filosofía" y del "Manifiesto Comunista" con la declaración orgullosa y franca sobre el carácter inevitable de la revolución violenta; recordaremos la crítica del Programa de Gotha, en 1875, cuando ya habían pasado casi treinta años, y en la que Marx fustiga implacablemente el oportunismo de este programa, este panegírico no tiene nada de "apasionamiento", nada de declamatorio, nada de arranque polémico. La necesidad de educar sistemáticamente a las masas en esta, precisamente en esta idea sobre la revolución violenta, es algo básico en toda la doctrina de Marx y Engels. La traición cometida contra su doctrina por las corrientes socialchovinista y kautskiana hoy imperantes se manifiesta con singular relieve en el olvido por unos y otros de esta propaganda, de esta agitación.

    La sustitución del Estado burgués por el Estado proletario es imposible sin una revolución violenta. La supresión del Estado proletario, es decir, la supresión de todo Estado, sólo es posible por medio de un proceso de "extinción".

    Marx y Engels desarrollaron estas ideas de un modo minucioso y concreto, estudiando cada situación revolucionaria por separado, analizando las enseñanzas sacadas de la experiencia de cada revolución. Y esta parte de su doctrina, que es, incuestionablemente, la más importante, es la que pasamos a analizar.