LA SOCIEDAD DE CLASES Y EL
ESTADO
Vladimir Ilich
Uliánov
ÍN D I C
E
1.
El Estado, producto del carácter
irreconciliable de las contradicciones de clase
2.
Los destacamentos especiales de
fuerzas armadas, las cárceles, etc.
3.
El Estado, arma de explotación
de la clase oprimida
4.
La "extinción" del
Estado y la revolución violenta
|
Ocurre hoy con la
doctrina de Marx lo que ha solido ocurrir en la historia repetidas veces con
las doctrinas de los pensadores revolucionarios y de los jefes de las clases
oprimidas en su lucha por la liberación. En vida de los grandes
revolucionarios, las clases opresoras les someten a constantes persecuciones,
acogen sus doctrinas con la rabia más salvaje, con el odio más furioso, con la
campaña más desenfrenada de mentiras y calumnias. Después de su muerte, se
intenta convertirlos en iconos inofensivos, canonizarlos, por decirlo así,
rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para
"consolar" y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido
de su doctrina revolucionaria, mellando su filo revolucionario, envileciéndola.
En semejante "arreglo" del marxismo se dan la mano actualmente la
burguesía y los oportunistas dentro del movimiento obrero. Olvidan, re legan a
un segundo plano, tergiversan el aspecto revolucionario de esta doctrina, su espíritu
revolucionario. Hacen pasar a primer plano, ensalzan lo que eso parece ser
aceptable para la burguesía. Todos los socialchovinistas son hoy -- ¡bromas
aparte! -- "marxistas". Y cada vez con mayor frecuencia los sabios
burgueses alemanes, que ayer todavía eran especialistas en pulverizar el
marxismo, hablan hoy ¡de un Marx "nacional-alemán" que, según ellos,
educó estas asociaciones obreras tan magníficamente organizadas para llevar a
cabo la guerra de rapiña!
Ante esta
situación, ante la inaudita difusión de las tergiversaciones del marxismo,
nuestra misión consiste, ante todo, en restaurar la verdadera doctrina
de Marx sobre el Estado. Para esto es necesario citar toda una serie de pasajes
largos de las obras mismas de Marx y Engels. Naturalmente, las citas largas
hacen la exposición pesada y en nada contribuyen a darle un carácter popular.
Pero es de todo punto imposible prescindir de ellas. No hay más remedio que
citar del modo más completo posible todos los pasajes, o, por lo menos, todos
los pasajes decisivos, de las obras de Marx y Engels sobre la cuestión del
Estado, para que el lector pueda formarse por su cuenta una noción del conjunto
de las ideas de los fundadores del socialismo científico y del desarrollo de
estas ideas, así como también para probar documentalmente y patentizar con toda
claridad la tergiversación de estas ideas por el "kautskismo" hoy
imperante.
Comencemos por la
obra más conocida de F. Engels: "El origen de la familia, de la propiedad
privada y del Estado", de la que ya en 1894 se publicó en Stuttgart la
sexta edición. Conviene traducir las citas de los originales alemanes, pues las
traducciones rusas, con ser tan numerosas, son en gran parte incompletas o
están hechas de un modo muy defectuoso.
"El Estado --
dice Engels, resumiendo su análisis histórico -- no es, en modo alguno, un
Poder impuesto desde fuera a la sociedad; ni es tampoco 'la realidad de la idea
moral', 'la imagen y la realidad de la razón', como afirma Hegel. El Estado es,
más bien, un producto de la sociedad al llegar a una determinada fase de
desarrollo; es la confesión de que esta sociedad se ha enredado con sigo misma
en una contradicción insoluble, se ha dividido en antagonismos
irreconciliables, que ella es impotente para conjurar. Y para que estos
antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna, no se devoren a
sí mismas y no devoren a la sociedad en una lucha estéril, para eso hízose
necesario un Poder situado, aparentemente, por encima de la sociedad y llamado
a amortiguar el conflicto, a mantenerlo dentro de los límites del 'orden'. Y
este Poder, que brota de la sociedad, pero que se coloca por encima de ella y
que se divorcia cada vez más de ella, es el Estado" (págs. 177 y 178 de la
sexta edición alemana).
Aquí aparece
expresada con toda claridad la idea fundamental del marxismo en punto a la
cuestión del papel histórico y de la significación del Estado. EI Estado es el
producto y la manifestación del carácter irreconciliable de las
contradicciones de clase. El Estado surge en el sitio, en el momento y en el
grado en que las contradicciones de clase no pueden, objetivamente,
conciliarse. Y viceversa: la existencia del Estado demuestra que las
contradicciones de clase son irreconciliables.
En torno a este
punto importantísimo y cardinal comienza precisamente la tergiversación del
marxismo, tergiversación que sigue dos direcciones fundamentales. De una parte,
los ideólogos burgueses y especialmente los pequeñoburgueses, obligados por la
presión de hechos históricos indiscutibles a reconocer que el Estado sólo
existe allí donde existen las contradicciones de clase y la lucha de clases,
"corrigen" a Marx de manera que el Estado resulta ser el órgano de la
conciliación de clases. Según Marx, el Estado no podría ni surgir ni
mantenerse si fuese posible la conciliación de las clases. Para los profesores
y publicistas mezquinos y filisteos -- ¡que invocan a cada paso en actitud
benévola a Marx! -- resulta que el Estado es precisamente el que concilia las
clases. Según Marx, el Estado es un órgano de dominación de clase, un
órgano de opresión de una clase por otra, es la creación del
"orden" que legaliza y afianza esta opresión, amortiguando los
choques entre las clases. En opinión de los políticos pequeñoburgueses, el
orden es precisamente la conciliación de las clases y no la opresión de una
clase por otra. Amortiguar los choques significa para ellos conciliar y no
privar a las clases oprimidas de ciertos medios y procedimientos de lucha para
el derrocamiento de los opresores.
Por ejemplo, en la
revolución de 1917, cuando la cuestión de la significación y del papel del
Estado se planteó precisamente en toda su magnitud, en el terreno práctico,
como una cuestión de acción inmediata, y además de acción de masas, todos los
socialrevolucionarios y todos los mencheviques cayeron, de pronto y por entero,
en la teoría pequeñoburguesa de la "conciliación" de las clases
"por el Estado". Hay innumerables resoluciones y artículos de los
políticos de estos dos partidos saturados de esta teoría mezquina y filistea de
la "conciliación". Que el Estado es el órgano de dominación de una
determinada clase, la cual no puede conciliarse con su antípoda (con la
clase contrapuesta a ella), es algo que esta democracia pequeñoburguesa no
podrá jamás comprender, La actitud ante el Estado es uno de los síntomas más
patentes de que nuestros socialrevolucionarios y mencheviques no son en manera
alguna socialistas (lo que nosotros, los bolcheviques, siempre hemos
demostrado), sino demócratas pequeñoburgueses con una fraseología casi
socialista.
De otra parte, la
tergiversación "kautskiana" del marxismo es bastante más sutil.
"Teóricamente", no se niega ni que el Estado sea el órgano de
dominación de clase, ni que las contradicciones de clase sean irreconciliables.
Pero se pasa por alto u oculta lo siguiente: si el Estado es un producto del
carácter irreconciliable de las contradicciones de clase, si es una fuerza que
está por encima de la sociedad y que "se divorcia cada vez más de la sociedad", es
evidente que la liberación de la clase oprimida es imposible, no sólo sin una
revolución violenta, si no también sin la
destrucción del aparato del Poder estatal que ha sido
creado por la clase dominante y en el que toma cuerpo aquel
"divorcio". Como veremos más abajo, Marx llegó a esta conclusión,
teóricamente clara por si misma, con la precisión más completa, a base del
análisis histórico concreto de las tareas de la revolución. Y esta conclusión
es precisamente -- como expondremos con todo detalle en las páginas siguientes
-- la que Kautsky . . . ha "olvidado" y falseado.
2. LOS DESTACAMENTOS
ESPECIALES DE FUERZAS ARMADAS, LAS CÁRCELES, ETC.
"En
comparación con las antiguas organizaciones gentilicias (de tribu o de clan) --
prosigue Engels --, el Estado se caracteriza, en primer lugar, por la
agrupación de sus súbditos según las divisiones territoriales". . . A
nosotros, esta agrupación nos parece 'natural', pero ella exigió una larga
lucha contra la antigua organización en 'gens' o en tribus.
"La segunda característica es la instauración de un Poder
público, que ya no coincide directamente con la población organizada
espontáneamente como fuerza arma da. Este Poder público especial hácese
necesario porque desde la división de la sociedad en clases es ya imposible una
organización armada espontánea de la población. . . Este Poder público existe
en todo Estado; no está formado solamente por hombres armados, sino también por
aditamentos materiales, las cárceles y las instituciones coercitivas de todo
género, que la sociedad gentilicia no conocía..."
Engels desarrolla
la noción de esa "fuerza" a que se da el nombre de Estado, fuerza que
brota de la sociedad, pero que se sitúa por encima de ella y que se divorcia
cada vez más de ella. ¿En qué consiste, fundamentalmente, esta fuerza? En
destacamentos especiales de hombres armados, que tienen a su disposición
cárceles y otros elementos.
Tenemos derecho a
hablar de destacamentos especiales de hombres armados, pues el Poder público
propio de todo Estado "no coincide directamente" con la población
armada, con su "organización armada espontánea".
Como todos los
grandes pensadores revolucionarios, Engels se esfuerza en dirigir la atención
de los obreros conscientes precisamente hacia aquello que el filisteísmo
dominante considera como lo menos digno de atención, como lo más habitual,
santificado por prejuicios no ya sólidos, sino podríamos decir que petrificados
El ejército permanente y la policía son los instrumentos fundamentales de la
fuerza del Poder del Estado. Pero ¿puede acaso ser de otro modo?
Desde el punto de
vista de la inmensa mayoría de los europeos de fines del siglo XIX, a quienes
se dirigía Engels y que no habían vivido ni visto de cerca ninguna gran
revolución, esto no podía ser de otro modo. Para ellos, era completamente
incomprensible esto de una "organización armada espontanea de la
población". A la pregunta de por qué ha surgido la necesidad de
destacamentos especiales de hombres armados (policía y ejército permanente)
situados por encima de la sociedad y divorciados de ella, el filisteo del
Occidente de Europa y el filisteo ruso se inclinaban a contestar con un par de
frases tomadas de prestado de Spencer o de Mijailovski, remitiéndose a la
complejidad de la vida social, a la diferenciación de funciones, etc.
Estas referencias
parecen "científicas" y adormecen magníficamente al filisteo, velando
lo principal y fundamental: la división de la sociedad en clases enemigas
irreconciliables.
Si no existiese esa
división, la "organización armada espontánea de la población" se
diferenciaría por su complejidad, por su elevada técnica, etc., de la
organización primitiva de la manada de monos que manejan el palo, o de la del
hombre prehistórico, o de la organización de los hombres agrupados en la
sociedad del clan; pero semejante organización sería posible.
Si es imposible, es
porque la sociedad civilizada se halla dividida en clases enemigas, y además
irreconciliablemente enemigas, cuyo armamento "espontáneo" conduciría
a la lucha armada entre ellas. Se forma el Estado, se crea una fuerza especial,
destacamentos especiales de hombres armados, y cada revolución, al destruir el
aparato del Estado, nos indica bien visiblemente cómo la clase dominante se
esfuerza por restaurar los destacamentos especiales de hombres armados a s
u servicio, cómo la clase oprimida se esfuerza en crear una nueva
organización de este tipo, que sea capaz de servir no a los explotadores, sino
a los explotados.
En el pasaje
citado, Engels plantea teóricamente la misma cuestión que cada gran revolución
plantea ante nosotros prácticamente de un modo palpable y, además, sobre un
plano de acción de masas, a saber: la cuestión de las relaciones mutuas entre
los destacamentos "especiales" de hombres armados y la
"organización armada espontánea de la población". Hemos de ver cómo
ilustra de un modo concreto esta cuestión la experiencia de las revoluciones
europeas y rusas.
Pero volvamos a la
exposición de Engels.
Engels señala que,
a veces, por ejemplo, en algunos sitios de Norteamérica, este Poder público es
débil (se trata aquí de excepciones raras dentro de la sociedad capitalista y
de aquellos sitios de Norteamérica en que imperaba, en el período
preimperialista, el colono libre), pero que, en términos generales, se
fortalece:
". . . Este
Poder público se fortalece a medida que los antagonismos de clase se agudizan
dentro del Estado y a medida que se hacen más grandes y más poblados los
Estados colindantes; basta fijarse en nuestra Europa actual, donde la lucha de
clases y el pugilato de conquistas han encumbrado al Poder público a una altura
en que amenaza con devorar a toda la sociedad y hasta al mismo Estado".
Esto fue escrito no
más tarde que a comienzos de la década del 90 del siglo pasado. El último
prólogo de Engels lleva la fecha del 16 de junio de 1891. Por aquel entonces,
comenzaba apenas en Francia, y más tenuemente todavía en Norteamérica y en
Alemania, el viraje hacia el imperialismo, tanto en el sentido de la dominación
completa de los trusts, como en el sentido de la omnipotencia de los grandes
bancos, en el sentido de una grandiosa política colonial, etc. Desde entonces,
el "pugilato de conquistas" ha experimentado un avance gigantesco,
tanto más cuanto que a comienzos de la segunda década del siglo XX el planeta
ha resultado estar definitivamente repartido entre estos "conquistadores
en pugilato", es decir, entre las grandes potencias rapaces. Desde
entonces, los armamentos terrestres y marítimos han crecido en proporciones
increíbles, y la guerra de pillaje de 1914 a 1917 por la dominación de
Inglaterra o Alemania sobre el mundo, por el reparto del botín, ha llevado al
borde de una catástrofe completa la "absorción" de todas las fuerzas
de la sociedad por un Poder estatal rapaz.
Ya en 1891, Engels
supo señalar el "pugilato de conquistas" como uno de los más
importantes rasgos distintivos de la política exterior de las grandes
potencias. ¡Y los canallas socialchovinistas de los años 1914-1917, en que
precisamente este pugilato, agudizándose más y más, ha engendrado la guerra
imperialista, encubren la defensa de los intereses rapaces de "su"
burguesía con frases sobre la "defensa de la patria", sobre la
"defensa de la república y de la revolución" y con otras frases por
el estilo!
3. EL ESTADO, ARMA DE EXPLOTACION
DE LA CLASE OPRIMlDA
Para mantener un
Poder público aparte, situado por encima de la sociedad, son necesarios los
impuestos y las deudas del Estado.
"Los
funcionarios, pertrechados con el Poder público y con el derecho a cobrar
impuestos, están situados -- dice Engels --, como órganos de la sociedad, por
encima de la sociedad. A ellos ya no les basta, aun suponiendo que pudieran
tenerlo, con el respeto libre y voluntario que se les tributa a los órganos del
régimen gentilicio. . ." Se dictan leyes de excepción sobre la santidad y
la inviolabilidad de los funcionarios. "El más despreciable
polizonte" tiene más "autoridad" que los representantes del
clan; pero incluso el jefe del poder militar de un Estado civilizado podría
envidiar a un jefe de clan por "el respeto espontáneo" que le
profesaba la sociedad.
Aquí se plantea la
cuestión de la situación privilegiada de los funcionarios como órganos del
Poder del Estado. Lo fundamental es saber: ¿qué los coloca por encima de
la sociedad? Veamos cómo esta cuestión teórica fue resuelta prácticamente por
la Comuna de París en 1871 y cómo la esfumó reaccionariamente Kautsky en 1912:
"Como el
Estado nació de la necesidad de tener a raya los antagonismos de clase, y como,
al mismo tiempo, nació en medio del conflicto de estas clases, el Estado lo es,
por regla general, de la clase más poderosa, de la clase económicamente
dominante, que con ayuda de él se convierte también en la clase políticamente
dominante, adquiriendo así nuevos medios para la represión y explotación de la
clase oprimida. . ." No fueron sólo el Estado antiguo y el Estado feudal
órganos de explotación de los esclavos y de los campesinos siervos y vasallos:
también "el moderno Estado representativo es instrumento de explotación
del trabajo asalariado por el capital. Sin embargo, excepcionalmente, hay
períodos en que las clases en pugna se equilibran hasta tal punto, que el Poder
del Estado adquiere momentáneamente, como aparente mediador, una cierta
independencia respecto a ambas"... Tal aconteció con la monarquía
absoluta de los siglos XVII y XVIII, con el bonapartismo del primero y del
segundo Imperio en Francia, y con Bismarck en Alemania.
Y tal ha acontecido
también -- agregamos nosotros -- con el gobierno de Kerenski, en la Rusia
republicana, después del paso a las persecuciones del proletariado
revolucionario, en un momento en que los Soviets, como consecuencia de hallar
se dirigidos por demócratas pequeñoburgueses, son ya impotentes, y la
burguesía no es todavía lo bastante fuerte para disolverlos pura y
simplemente.
En la república
democrática -- prosigue Engels -- "la riqueza ejerce su poder
indirectamente, pero de un modo tanto más seguro", y lo ejerce, en primer
lugar, mediante la "corrupción directa de los funcionarios"
(Norteamérica), y, en segundo lugar, mediante la "alianza del gobierno con
la Bolsa" (Francia y Norteamérica).
En la actualidad,
el imperialismo y la dominación de los Bancos han "desarrollado",
hasta convertirlos en un arte extraordinario, estos dos métodos adecuados para
defender y llevar a la práctica la omnipotencia de la riqueza en las repúblicas
democráticas, sean cuales fueren. Si, por ejemplo, en los primeros meses de la
república democrática rusa, en los meses que podemos llamar de la luna de miel
de los "socialistas" -- socialrevolucionarios y mencheviques -- con
la burguesía, en el gobierno de coalición, el señor Palchinski saboteó todas
las medidas de restricción contra los capitalistas y sus latrocinios, contra
sus actos de saqueo en detrimento del fisco mediante los suministros de guerra,
y si, al salir del ministerio, el señor Palchinski (sustituido, naturalmente,
por otro Palchinski exactamente igual) fue "recompensado" por los
capitalistas con un puestecito de 120.000 rublos de sueldo al año, ¿qué
significa esto? ¿Es un soborno directo o indirecto? ¿Es una alianza del gobierno
con los consorcios o son "solamente" lazos de amistad? ¿Qué papel
desempeñan los Chernov y los Tsereteli, los Avkséntiev y los Skóbelev? ¿El de
aliados "directos" o solamente indirectos de los millonarios
malversadores de los fondos públicos?
La omnipotencia de
la "riqueza" es más segura en las repúblicas democráticas,
porque no depende de la mala envoltura política del capitalismo. La república
democrática es la mejor envoltura política de que puede revestirse el
capitalismo, y por lo tanto el capital, al dominar (a través de los Pakhinski,
los Chernov, los Tsereteli y Cía.) esta envoltura, que es la mejor de tocdas,
cimenta su Poder de un modo tan seguro, tan firme, que ningún cambio de
personas, ni de instituciones, ni de partidos, dentro de la república
democrática burguesa, hace vacilar este Poder.
Hay que advertir,
además, que Engels, con la mayor precisión, llama al sufragio universal arma de
dominación de la burguesía. El sufragio universal, dice Engels, sacando
evidentemente las enseñanzas de la larga experiencia de la socialdemocracia
alemana, es "el índice que
sirve para medir la madurez de la clase obrera. No puede ser más ni será nunca
más, en el Estado actual".
Los demócratas
pequeñoburgueses, por el estilo de nuestros socialrevolucionarios y
mencheviques, y sus hermanos carnales, todos los socialchovinistas y
oportunistas de la Europa occidental, esperan, en efecto, "más" del
sufragio universal. Comparten ellos mismos e inculcan al pueblo la falsa idea
de que el sufragio universal es, "en el Estado actual ", un
medio capaz de expresar realmente la voluntad de la mayoría de los trabajadores
y de garantizar su efectividad práctica.
Aquí no podemos
hacer más que señalar esta idea mentirosa, poner de manifiesto que esta afirmación
de Engels completamente clara, precisa y concreta, se falsea a cada paso en la
propaganda y en la agitación de los partidos socialistas "oficiales"
(es decir, oportunistas). Una explicación minuciosa de toda la falsedad de esta
idea, rechazada aquí por Engels, la encontraremos más adelante, en nuestra
exposición de los puntos de vista de Marx y Engels sobre el Estado "actual”.
En la más popular
de sus obras, Engels traza el resumen general de sus puntos de vista en los
siguientes términos:
"Por tanto, el
Estado no ha existido eternamente. Ha habido sociedades que se las arreglaron
sin él, que no tuvieron la menor noción del Estado ni del Poder estatal. Al
llegar a una determinada fase del desarrollo económico, que estaba ligada
necesariamente a la división de la sociedad en clases, esta división hizo que
el Estado se convirtiese en una necesidad. Ahora nos acercamos con paso veloz a
una fase de desarrollo de la producción en que la existencia de estas clases no
sólo deja de ser una necesidad, sino que se convierte en un obstáculo directo
para la producción. Las clases desaparecerán de un modo tan inevitable como
surgieron en su día. Con la desaparición de las clases, desaparecerá
inevitablemente el Estado. La sociedad, reorganizando de un modo nuevo la
producción sobre la base de una asociación libre e igual de productores,
enviará toda la máquina del poder: al museo de antiguedades, junto a la rueca y
al hacha de bronce".
No se encuentra con
frecuencia esta cita en las obras de propaganda y agitación de la
socialdemocracia contemporánea. Pero incluso cuando nos encontramos con ella
es, casi siempre, como si se hiciesen reverencias ante un icono; es decir, para
rendir un homenaje oficial a Engels, sin el menor intento de analizar qué amplitud
y profundidad revolucionarias supone esto de "enviar toda la máquina del
Estado al museo de antiguedades". No se ve, en la mayoría de los casos, ni
siquiera la comprensión de lo que Engels llama la máquina del Estado.
4. LA "EXTINCIÓN" DEL ESTADO Y LA REVOLUCIÓN VIOLENTA
Las palabras de
Engels sobre la "extinción" del Estado gozan de tanta celebridad y se
citan con tanta frecuencia, muestran con tanto relieve dónde está el quid de la
adulteración corriente del marxismo por la cual éste es adaptado al
oportunismo, que se hace necesario detenerse a examinarlas detalladamente.
Citaremos todo el pasaje donde figuran estas palabras:
"El
proletariado toma en sus manos el Poder del Estado y comienza por convertir los
medios de producción en propiedad del Estado. Pero con este mismo acto se
destruye a sí mismo como proletariado y destruye toda diferencia y todo
antagonismo de clases, y, con ello mismo, el Estado como tal. La sociedad hasta
el presente, movida entre los antagonismos de clase, ha necesitado del Estado,
o sea de una organización de la correspondiente clase explotadora para mantener
las condiciones exteriores de producción, y por tanto, particularmente para mantener
por la fuerza a la clase explotada en las condiciones de opresión (la
esclavitud, la servidumbre o el vasallaje y el trabajo asalariado),
determinadas por el modo de producción existente. El Estado era el
representante oficial de toda la sociedad, su síntesis en un cuerpo social
visible; pero lo era sólo como Estado de la clase que en su época representaba
a toda la sociedad: en la antigüedad era el Estado de los ciudadanos
esclavistas; en la Edad Media el de la nobleza feudal; en nuestros tiempos es
el de la burguesía. Cuando el Estado se convierta finalmente en representante
efectivo de toda la sociedad, será por sí mismo superfluo. Cuando ya no exista
ninguna clase social a la que haya que mantener en la opresión; cuando
desaparezcan, junto con la dominación de clase, junto con la lucha por la
existencia individual, engendrada por la actual anarquía de la producción, los
choques y los excesos resultantes de esta lucha, no habrá ya nada que reprimir
ni hará falta, por tanto, esa fuerza especial de represión, el Estado. El
primer acto en que el Estado se manifiesta efectivamente como representante de
toda la sociedad: la toma de posesión de los medios de producción en nombre de
la sociedad, es a la par su último acto independiente como Estado. La intervención
de la autoridad del Estado en las relaciones sociales se hará superflua en un
campo tras otro de la vida social y se adormecerá por sí misma. El gobierno
sobre las personas es sustituido por la administración de las cosas y por la
dirección de los procesos de producción. El Estado no será 'abolido'; se
extingue. Partiendo de esto es como hay que juzgar el valor de esa frase
sobre el 'Estado popular libre' en lo que toca a su justificación provisional
como consigna de agitación y en lo que se refiere a su falta absoluta de
fundamento científico. Partiendo de esto es también como debe ser considerada
la exigencia de los llamados anarquistas de que el Estado sea abolido de la
noche a la mañana" ("Anti-Dühring " o "La subversión
de la ciencia por el señor Eugenio Dühring", págs. 301-303 de la tercera
edición alemana).
Sin temor a
equivocarnos, podemos decir que de estos pensamientos sobremanera ricos,
expuestos aquí por Engels, lo único que ha pasado a ser verdadero patrimonio
del pensamiento socialista, en los partidos socialistas actuales, es la tesis
de que el Estado, según Marx, "se extingue", a diferencia de la
doctrina anarquista de la "abolición" del Estado. Truncar así el
marxismo equivale a reducirlo al oportunismo, pues con esta "interpretación"
no queda en pie más que una noción confusa de un cambio lento, paulatino,
gradual, sin saltos ni tormentas, sin revoluciones. Hablar de
"extinción" del Estado, en un sentido corriente, generalizado, de
masas, si cabe decirlo así, equivale indudablemente a esfumar, si no a negar,
la revolución.
Además, semejante
"interpretación" es la más tosca tergiversación del marxismo,
tergiversación que sólo favorece a la burguesía y que descansa teóricamente en
la omisión de circunstancias y consideraciones importantísimas que se indican,
por ejemplo, en el "resumen" contenido en el pasaje de Engels, citado
aquí por nosotros en su integridad.
En primer lugar,
Engels dice en el comienzo mismo de este pasaje que, al tomar el Poder del
Estado, el proletariado "destruye, con ello mismo, el Estado como
tal". "No es uso" pararse a pensar qué significa esto. Lo
corriente es ignorarlo en absoluto o considerarlo algo así como una
"debilidad hegeliana" de Engels. En realidad, en estas palabras se
expresa concisamente la experiencia de una de las más grandes revoluciones
proletarias, la experiencia de la Comuna de París de 1871, de la cual
hablaremos detalladamente en su lugar. En realidad, Engels habla aquí de la
"destrucción" del Estado de la burguesía por la revolución
proletaria, mientras que las palabras relativas a la extinción del Estado se
refieren a los restos del Estado proletario después de la revolución
socialista. El Estado burgués no se "extingue", según Engels, sino
que "es destruido " por el proletariado en la
revolución. El que se extingue, después de esta revolución, es el Estado o
semi-Estado proletario.
En segundo lugar,
el Estado es una "fuerza especial de represión". Esta magnífica y
profundísima definición de Engels es dada aquí por éste con la más completa
claridad. Y de ella se deduce que la "fuerza especial de represión"
del proletariado por la burguesía, de millones de trabajadores por un puñado de
ricachos, debe sustituirse por una "fuerza especial de represión" de
la burguesía por el proletariado (dictadura del proletariado). En esto consiste
precisamente la "destrucción del Estado como tal". En esto consiste
precisamente el "acto" de la toma de posesión de los medios de
producción en nombre de la sociedad. Y es de suyo evidente que semejante
sustitución de una "fuerza especial" (la burguesa) por otra (la
proletaria) ya no puede operarse, en modo alguno, bajo la forma de
"extinción".
En tercer lugar,
Engels, al hablar de la "extinción" y -- con frase todavía más
plástica y colorida -- del "adormecimiento" del Estado, se refiere
con absoluta claridad y precisión a la época posterior a
la "toma de posesión de los medios de producción por el Estado en nombre
de toda la sociedad", es decir, posterior a a la revolución
socialista. Todos nosotros sabemos que la forma política del
"Estado", en esta época, es la democracia más completa. Pero a
ninguno de los oportunistas que tergiversan desvergonzadamente el marxismo se
le viene a las mientes la idea de que, por consiguiente, Engels hable aquí del
"adormecimiento" y de la "extinción" de la democracia. Esto parece, a primera vista, muy extraño. Pero esto sólo es
"incomprensible" para quien no haya comprendido que la democracia también es un Estado y que, consiguientemente, la democracia
también desaparecerá cuando desaparezca el Estado. El Estado burgués sólo puede
ser "destruido" por la revolución. El Estado en general, es decir, la
más completa democracia, sólo puede "extinguirse".
En cuarto lugar, al
establecer su notable tesis de la "extinción del Estado", Engels
declara a renglón seguido, de un modo concreto, que esta tesis se dirige tanto
contra los oportunistas, como contra los anarquistas. Además, Engels coloca en
primer plano la conclusión que, derivada de su tesis sobre la "extinción
del Estado", se dirige contra los oportunistas.
Podría apostarse
que de diez mil hombres que hayan leído u oído hablar acerca de la
"extinción" del Estado, nueve mil novecientos noventa no saben u
olvidan en absoluto que Engels no dirigió solamente contra los
anarquistas sus conclusiones derivadas de esta tesis. Y de las diez personas
restantes, lo más probable es que nueve no sepan qué es el "Estado popular
libre" y por qué el atacar esta consigna significa atacar a los
oportunistas. ¡Así se escribe la Historia! Así se adapta de un modo
imperceptible la gran doctrina revolucionaria al filisteísmo dominante. La
conclusión contra los anarquistas se ha repetido miles de veces, se ha vulgarizado,
se ha inculcado en las cabezas del modo más simplificado, ha adquirido la
solidez de un prejuicio. ¡Pero la conclusión contra los oportunistas la han
esfumado y "olvidado"!
El "Estado
popular libre" era una reivindicación programática y una consigna
corriente de los socialdemócratas alemanes en la década del 70. En esta
consigna no hay el menor contenido político, fuera de una filistea y enfática
descripción de la noción de democracia. Engels estaba dispuesto a
"justificar", "por el momento", esta consigna desde el
punto de vista de la agitación, por cuanto con ella se insinuaba legalmente la
república democrática. Pero esta consigna era oportunista, porque expresaba no
sólo el embellecimiento de la democracia burguesa, sino también la incomprensión
de la crítica socialista de todo Estado en general. Nosotros somos partidarios
de la república democrática, como la mejor forma de Estado para el proletariado
bajo el capitalismo, pero no tenemos ningún derecho a olvidar que la esclavitud
asalariada es el destino reservado al pueblo, incluso bajo la república
burguesa más democrática. Más aún. Todo Estado es una "fuerza especial
para la represión" de la clase oprimida. Por eso, todo Estado ni
es libre ni es popular. Marx y Engels explicaron esto reiteradamente a
sus camaradas de partido en la década del 70.
En quinto lugar, en
esta misma obra de Engels, de la que todos citan el pasaje sobre la extinción
del Estado, se contiene un pasaje sobre la importancia de la revolución
violenta. El análisis histórico de su papel lo convierte Engels en un verdadero
panegírko de la revolución violenta. Esto "nadie lo recuerda". Sobre
la importancia de este pensamiento, no es uso hablar ni siquiera pensar en los
partidos socialistas contemporáneos estos pensamientos no desempeñan ningún
papel en la propaganda ni en la agitación cotidianas entre las masas. Y, sin
embargo, se hallan indisolublemente unidos a la "extinción" del
Estado y forman con ella un todo armónico.
He aquí el pasaje
de Engels:
"... De que
la violencia desempeña en la historia otro papel [además del de agente del
mal], un papel revolucionario; de que, según la expresión de Marx, es la
partera de toda vieja sociedad que lleva en sus entrañas otra nueva; de que la
violencia es el instrumento con la ayuda del cual el movimiento social se abre
camino y rompe las formas políticas muertas y fosilizadas, de todo eso no dice
una palabra el señor Dühring. Sólo entre suspiros y gemidos admite la
posibilidad de que para derrumbar el sistema de explotación sea necesaria acaso
la violencia, desgraciadamente, afirma, pues el empleo de la misma, según él,
desmoraliza a quien hace uso de ella. ¡Y esto se dice, a pesar del gran avance
moral e intelectual, resultante de toda revolución victoriosa! Y esto se dice
en Alemania, donde la colisión violenta que puede ser impuesta al pueblo
tendría, cuando menos, la ventaja de destruir el espíritu de servilismo que ha
penetrado en la conciencia nacional como consecuencia de la humillación de la
Guerra de los Treinta años. ¿Y estos razonamientos turbios, anodinos,
impotentes, propios de un párroco rural, se pretende imponer al partido más
revolucionario de la historia?" (Lugar citado, pág. 193, tercera edición
alemana, final del IV capítulo, II parte).
¿Cómo es posible
conciliar en una sola doctrina este panegírico de la revolución violenta,
presentado con insistencia por Engels a los socialdemócratas alemanes desde
1878 hasta 1894, es decir, hasta los últimos días de su vida, con la teoría de
la "extinción" del Estado?
Generalmente se
concilian ambos pasajes con ayuda del eclecticismo, desgajando a capricho (o
para complacer a los detentadores del Poder), sin atenerse a los principios o
de un modo sofístico, ora uno ora otro argumento y haciendo pasar a primer
plano, en el noventa y nueve por ciento de los casos, si no en más,
precisamente la tesis de la "extinción". Se suplanta la dialéctica
por el eclecticismo: es la actitud más usual y más generalizada ante el
marxismo en la literatura socialdemócrata oficial de nuestros días. Estas
suplantaciones no tienen, ciertamente, nada de nuevo; pueden observarse incluso
en la historia de la filosofía clásica griega. Con la suplantación del marxismo
por el oportunismo, el eclecticismo presentado como dialéctica engaña más
fácilmente a las masas, les da una aparente satisfacción, parece tener en
cuenta todos los aspectos del proceso, todas las tendencias del desarrollo,
todas las influencias contradictorias, etc., cuando en realidad no da ninguna
noción completa y revolucionaria del proceso del desarrollo social.
Ya hemos dicho más
arriba, y demostraremos con mayor detalle en nuestra ulterior exposición, que
la doctrina de Marx y Engels sobre el carácter inevitable de la revolución
violenta se refiere al Estado burgués. Este no puede sustituirse por el
Estado proletario (por la dictadura del proletariado) mediante la
"extinción", sino sólo, por regla general, mediante la revolución
violenta. El panegírico que dedica Engels a ésta, y que coincide plenamente con
reiteradas manifestaciones de Marx (recordaremos el final de "Miseria de
la Filosofía" y del "Manifiesto Comunista" con la
declaración orgullosa y franca sobre el carácter inevitable de la revolución
violenta; recordaremos la crítica del Programa de Gotha, en 1875,
cuando ya habían pasado casi treinta años, y en la que Marx fustiga
implacablemente el oportunismo de este programa, este panegírico no tiene nada de
"apasionamiento", nada de declamatorio, nada de arranque polémico. La
necesidad de educar sistemáticamente a las masas en esta, precisamente en esta
idea sobre la revolución violenta, es algo básico en toda la doctrina de
Marx y Engels. La traición cometida contra su doctrina por las corrientes
socialchovinista y kautskiana hoy imperantes se manifiesta con singular relieve
en el olvido por unos y otros de esta propaganda, de esta agitación.
La sustitución del Estado burgués por el Estado proletario
es imposible sin una revolución violenta. La supresión del Estado proletario,
es decir, la supresión de todo Estado, sólo es posible por medio de un proceso
de "extinción".
Marx y Engels desarrollaron estas
ideas de un modo minucioso y concreto, estudiando cada situación revolucionaria
por separado, analizando las enseñanzas sacadas de la experiencia de cada
revolución. Y esta parte de su doctrina, que es, incuestionablemente, la más
importante, es la que pasamos a analizar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario