Priorizar la
Labor ideológica
es Requisito Indispensable
para el Cumplimiento de la Causa Socialista
Kim Jong Il
El movimiento socialista mundial, aunque sigue sufriendo
vicisitudes a cause de la frustración del socialismo en varios países, está
entrando paulatinamente en el camino de resurgimiento a la luz de las lecciones
que ha sacado de la dolorosa historia de ayer. Partiendo de la horrible
realidad de esos países son cada vez más amplias las masas populares del mundo
que adquieren conciencia de que sólo en socialismo pueden forjar sus destinos,
y aspiran y simpatizan con él. Esto es una prueba de que sigue viviendo en el
corazón de los pueblos y que éstos van tomando conciencia ideológica.
La más seria lección que ha dado ese
derrumbe es que la alteración del socialismo empieza por la degradación
ideológica, y si se desintegra el rente ideológico, ocurre lo mismo con los
otros frentes, y finalmente todo se arruina.
Para defender el
socialismo y llevarlo al triunfo, es ineludible intensificar la labor
ideológica. Sólo cuando se pertrecha de modo firme a las masas populares con
las ideas socialistas y se consolida la posición ideológica, es posible
afianzarlo, desarrollarlo y protegerlo inconmoviblemente ante cualquier
tempestad. Lo muestra a las claras la experiencia práctica de nuestra
revolución.
Es verdad, ya comprobada por la historia, que el socialismo
triunfa si se presta atención primordial al factor ideológico, y se arruina en
el caso contrario.
Despertar a las masas populares in ese plano e incorporarlas
a la lucha por el socialismo es hoy un imperioso requerimiento para el
desarrollo del movimiento socialista. Si ellas, que batallan por la
independencia, se arman con la ideología socialista y poseen fe inconmovible en
el socialismo, éste se encauzará infaliblemente por un nuevo camino,
victorioso.
I
Priorizar
esta labor es requisito indispensable para el cumplimiento de la causa
socialista.
Para culminarla con éxito es ineludible prestar atención
principal a este factor, anteponer la labor ideológica a las demás actividades.
Para
el partido de la clase obrera que lucha por la cause de la independencia
de las masa populares no hay otra tarea
más importante que ésta. Por naturaleza, él es una organización política
rectora que, tomando su ideología como arma, concientiza a las masas populares
y las moviliza para la revolución y la construcción. La ideología es su única y
más poderosa arma. Sólo prestando atención primordial al factor ideológico y
anteponiendo la labor ideológica a todas las demás actividades, puede cumplir
con su misión y cometido como organización política rectora destinada a
conducir la causa de las masas populares por la independencia.
Al
margen de la labor ideológica no puede surgir ni existir, ni tampoco
desarrollarse el régimen socialista. El régimen socialista. El régimen
capitalista explotador, que cambió la subyugación jerárquica por la del
capital, creció en la placenta de la sociedad feudal; pero el socialista, un
nuevo sistema radicalmente diferente a todos los regímenes explotadores, no
puede crecer dentro de la sociedad capitalista. Lo hizo nacer la lucha de las
masas populares concientizadas por las ideas socialistas que han surgido
reflejando las exigencias clasistas de estas masas trabajadoras explotadas que
batallaban contra la dominación del capital. Su consolidación y desarrollo se
alcanzan también bajo la acción orientadora de estas ideas.
La
sociedad socialista se orienta por su ideología y progresa teniéndola como su
principal fuerza motriz. Su característica esencial consiste en que, a
diferencia de la capitalista, donde el dinero es omnipotente, se desarrolla a
la fuerza ideológica, en función de las actividades conscientes de las personas
pertrechadas con la ideología socialista. La consolidación y desarrollo del
socialismo y su destino dependen de cómo se realiza la labor ideológica y de
cómo se prepara ideológicamente a las personas. En la sociedad socialista, sólo
cuando se prioriza y profundiza de modo ininterrumpido la labor ideológica, es
posible asegurar su unidad político ideológica, fortalecer y desarrollar las
relaciones sociales de carácter socialista, basadas principalmente en la
solidaridad y colaboración camaraderil, y realizar con éxito la construcción
económica. Si tiene sólida posición ideológica, el socialismo puede poseer un poderío invencible
en todas las política, económica, cultural y militar. Menospreciar esta tarea
en la construcción socialista significa descuidar lo esencial del socialismo,
lo que inevitablemente conduce a su alteración y bancarrota.
La
labor ideológica de partido de la clase obrera que lucha por el socialismo es
una actividad ideológico-teórica orientada a profundizar y desarrollar la
ideología socialista de acuerdo con las exigencias de la época y la revolución
en progreso, y una obra educativa encaminada a armar con ella a las masas
populares.
La
ideología y teoría socialistas se conciben en el proceso del desarrollo de la
lucha revolucionaria de la clase obrera sobre la base de las exigencias de la
época y la generalización de las experiencias de la práctica revolucionaria, y
sirven de armas y guía para las masas populares que combaten por el socialismo.
No son invariables las circunstancias y condiciones en que se libra la lucha
revolucionaria, y la historia avanza y la realidad cambia y evoluciona
incesantemente. Los cambios de la época y la realidad en desarrollo plantean
muchos problemas que no se pueden resolver con las consabidas teorías sobre el
socialismo. El partido de la clase obrera tiene que prestar profunda atención a
la labor ideológico-teórica orientada a desarrollar la ideología socialista a
tenor de los cambios de la época y de los procesos revolucionario y
constructivo. Si no realiza correctamente esta tarea y, en consecuencia, causa
la degeneración revisionista de la ideología socialista o su estancamiento
dogmático, el socialismo deja de tener la correcta guía rectora, e
inevitablemente, sufre vicisitudes y fracasos.
En
algunos países donde en el pasado se construía el socialismo, a causa de la
tergiversación y degeneración de la ideología socialista por los renegados de
la revolución que ocupaban puestos directivos en el partido y el Estado, el
socialismo se desorientó, y descarrilándose de su vía, entró en el camino de la
restauración del capitalismo. Los reveses en la revolución y construcción
socialista y el derrumbe del socialismo en algunos países son, al fin y al
cabo, el resultado de la pobreza y degeneración de la ideología y teoría
científica y revolucionaria.
A la
vez que concebir correctas ideas y teorías directrices para la realización de
la causa socialista el partido de la clase obrera debe realizar con tino la
educación de las masas populares en ellas.
Pertrecharlas
sólidamente con la ideología socialista constituye la garantía decisiva para
impulsar con energía el proceso revolucionario y el constructivo mediante el
robustecimiento del sujeto de la sociedad socialista y la elevación de su
papel. Sólo realizando exitosamente la labor de formación en esta ideología es
posible despertar a las masas populares en el plano ideológico y aglutinarlas
de modo sólido en lo organizativo, así como orientarlas a cumplir con su
responsabilidad y papel como sujeto del socialismo y dueñas del Estado y la
sociedad. Si luchan con alta conciencia ideológica y unidas sólidamente, pueden
manifestar inagotable fuerza y sabiduría y alcanzar grandes logros en la
transformación de la naturaleza y la sociedad. La incomparable superioridad y
el invencible poderío del socialismo radican en que éste pone de pleno
manifiesto la inagotable fuerza y sabiduría de las masas populares que son
artífices de la historia, y esto es precisamente la superioridad y poderío de
la ideología socialista, que a su vez se aseguran por la labor ideológica.
Los
partidos de algunos países que construían el socialismo, interpretando de
manera dogmática la consabida teoría, no dirigieron merecida atención a la
educación ideológica le las masas populares y se ocuparon exclusivamente de la
edificación económica, lo que llevó ésta al estancamiento, y finalmente
derrumbó el restauró el capitalismo. Los oportunistas y los renegados del
socialismo abandonaron la labor ideológica e introdujeron en la sociedad
socialista el método capitalista de mover a las personas a fuerza del dinero,
con lo que fomentaron entre éstas el individualismo y el egoísmo, difundieron
la idea burguesa sobre la omnipotencia del oro, y haciendo coro con la
propaganda reaccionaria burguesa acerca de la “rentabilidad” y “ventaja” de la
economía capitalista de mercado y preconizando la “diversificación de la
propiedad” destruyeron por completo el sistema económico basado en la propiedad
socialista. Es indiscutible que sus maniobras son anti socialistas y
contrarrevolucionarias, porque, halagando al gusto de los imperialistas,
tergiversan el socialismo, paralizan su superioridad, acarrean su derrumbe y
abren el camino a la restauración del capitalismo. El proceso de desplome del
socialismo en varios países ha dado la seria lección de que si en la sociedad
socialista dejan de atenerse al factor ideológico y abandonan la labor
ideológica, la gente se enferma en lo ideológico, se altera y destruye todo lo
que hay de socialista, y si se desmorona la posición ideológica del socialismo,
no se puede defenderlo por muy grande que sea su poderío económico y militar.
Además, esto demuestra cuán grande es el papel de las ideas y cuán importante
es la labor ideológica en el cumplimiento de la causa socialista.
El
requerimiento de que en la realización de la causa socialista se preste
atención primordial al factor ideológico y se priorice la labor ideológica, se
basa en la concepción jucheana del papel que tiene la conciencia ideológica en
las actividades del hombre.
Por primera vez en la historia, la idea Juche ha
dilucidado que el hombre es un ser social independiente y creador que con su
fuerza transforma el mundo y forja su propio destino, y que la conciencia
ideológica de independencia tiene un rol determinante en la forja del destino
del hombre.
En las
actividades del hombre intervienen diversos factores, y la cuestión de a cuál
de ellos conceder la importancia decisiva cobra un enorme significado para la
forja de su destino y el desarrollo de la sociedad.
En el
pasado, se buscaba ese factor, principalmente, fuera del hombre. El criterio
religioso o el idealista sostenían como si un misterioso ente sobrenatural
determinara las actividades y el destino del hombre. Lo absurdo de este
criterio ya fue demostrado por la ciencia. El criterio materialista lo buscó en
las condiciones materiales objetivas. Como el hombre es producto de la
evolución del mundo material y vive y actúa dentro de él, no puede menos que
recibir en sus actividades la influencia de las condiciones materiales
objetivas. Pero éstas no lo mueven directamente a actuar. Ejercen influencia a
sus actividades sólo por medio de conciencia. El hombre, como ente social que,
dotado de la conciencia, despliega actividades independientes y creadoras, no
se limita a recibir la influencia de las condiciones objetiva, sino que
incluso, las cambia por propia iniciativa y las aprovecha activamente.
Lo que
desempeña el papel decisivo en las actividades del hombre es la conciencia
ideológica. Esta, por reflejar sus exigencias e intereses, determina todas sus
actividades y sirve de fuerza motriz que lo alienta a esforzarse por
transformar el mundo. Por supuesto, en las actividades del hombre tienen un rol
importante los conocimientos que reflejan la legitimidad del mundo objetivo.
Sólo poseyendo conocimientos científicos el hombre puede transformar con éxito
el mundo con el uso racional de su propia fuerza y de las condiciones
objetivas, conforme a las leyes objetivas. Los conocimientos científicos y
técnicos desempeñan cada vez mayor papel en el desarrollo de las fuerzas
productivas de la sociedad. Sin embargo, es la conciencia ideológica lo que
define el fin y la orientación de las actividades del hombre y las coordina y
controla. De ella depende cómo el hombre utiliza los conocimientos y manifiesta
en alto grado su capacidad creadora. Sólo quien posee una conciencia ideológica
que lo alienta a servir a las masas populares puede consagrar su saber,
técnica, inteligencia y talento a las obras para ellas.
La
conciencia ideológica que refleja las exigencias congénitas del hombre como
dueño y transformador del mundo, es de carácter independiente. Esta es la
conciencia de su dueño de su propio destino y la voluntad de forjarlo por sí
solo. Sólo teniendo la conciencia ideológica de independencia el hombre puede transformar
activamente el mundo y forjar magníficamente su destino.
La
ideología socialista encumbre la etapa superior del desarrollo de la conciencia
ideológica de independencia. Siendo reflejo de las exigencias de independencia
y colectivismo del ser humano, deviene la más poderosa arma para la
transformación de la naturaliza y la sociedad y la sociedad y para la forja del
destino del hombre, así como sirve de base para la firme unidad y cohesión de
la sociedad en un solo haz. La labor ideológica destinada a dotar con ella a
las masas populares viene a ser el eslabón principal para exhibir las ventajas
del socialismo, fortalecer su poderío y acelerar la revolución y la
construcción.
La
base material y económica de la ideología socialista la constituyen las
relaciones económicas socialistas, que, establecidas principalmente sobre la
base de la propiedad socialista, proporcionan a las masas populares las
condiciones materiales para asimilar y afianzar sus ideas. Por eso su
consolidación y desarrollo desempeña un importante role en esta tarea. Con el
establecimiento del régimen socialista desaparece la base social-económica que
engendra ideas retrogradas, mas, por un determinado tiempo histórico quedan en
pie el atraso ideológico, técnico y cultural, y los diversos vestigios
relacionados con él que dejara la vieja sociedad, los cuales constituyen el
caldo de cultivo que facilita que se implanten y crezcan los elementos
ideológicos ajenos a lo socialista. Con miras a pertrechar sólidamente a todos
los miembros de esa sociedad con la ideología socialista es preciso defender la
propiedad socialista, afianzar y desarrollar sin descanso las relaciones
económicas socialistas, y eliminar de modo paulatino las huellas de la vieja
sociedad que perviven en éstas y en distintas esferas de la convivencia.
Si en la sociedad socialista se fomentan los remanentes
de la vieja sociedad, o se aplican métodos capitalistas en la administración
económica, o, peor aún, se perjudica la propiedad socialista y se resucita la
capitalista, ello dará pie a la creación de condiciones para la destrucción de
la base material y económica de la ideología socialista y la proliferación del
individualismo, egoísmo y las demás ideas burguesas. Es inevitable que el
sistema de tenencia privada engendre individualismo, y la propiedad capitalista
y su economía de mercado sirvan de base para la aparición divulgación de las
ideas burguesas. La propiedad privada y la economía capitalista de mercado son
incompatibles con el socialismo.
Aunque
se haya establecido el régimen socialista con sólido cimiento
material-económico, las personas no adquieren por sí solas las ideas
socialistas.
Educarlas
en estas ideas es una batalla entre lo nuevo y lo viejo, una labor de
transformación ideológica para eliminar de su mente las ideas caducas y
dotarlas con las socialistas.
Las
ideas burguesas y las demás ideas viejas y reaccionarias se han originado, sin
excepción, del individualismo. Este es el cimiento de todas las sociedades
explotadoras y por él han estado permeados sus habitantes por miles y miles de
años. Es una idea sumamente persistente y conservadora, arraigada profundamente
en su conciencia, costumbre y vida. Aun en la sociedad socialista ésta y otras
ideas retrógradas no desaparecen fácilmente, y en cuanto se crean oportunidades
y condiciones, por mínimas que sean, pueden revivir y proliferar.
La
ideología socialista es nueva, radicalmente distinta de dichas ideas. La tarea
de pertrechar con ella a las personas, eliminando de su mente esas otras,
implica una revolución llamada a producir un cambio esencial en su vida
ideológica, y sólo puede llevarse a cabo mediante una educación y una lucha
ideológicas consecuente y dinámica.
En la
sociedad socialista, al margen de la lucha contra las ideas caducas que
perviven en su seno y las burguesas y otras reaccionarias que penetran desde
afuera, es imposible erradicar las que subsisten en la mente de las personas, y
sin realizar con pujanza la educación en las ideas socialistas, no se puede
lograr la transformación ideológica. Los renegados del socialismo habían
desistido de esa tarea y, bajo las consignas de “publicidad” y “pluralismo”
crearon confusión ideológica y abrieron las puertas de par en par a la cultura
y las ideas burguesas y reaccionarias. Pronunciarse por la “publicidad” y el
“pluralismo” en la sociedad socialista es, en fin de cuentas, una patraña
contrarrevolucionaria encaminada a descomponerla desde adentro al suprimir las
ideas socialistas e introducir las burguesas reaccionarias.
En tiempos pasados muchos partidos, al interpretar
mecánicamente la tesis del concepto materialista de la historia de que las
condiciones materiales y económicas de la sociedad determinan la conciencia
social y si ellas cambian ésta se transforma, consideraron que la conciencia
ideológica se cambiaría con la elevación de la vida material y cultural al
acelerarse la construcción del socialismo después de haberse establecido este
régimen, y por consecuencia no prestaron gran atención a la labor ideológica.
Considerar que, al transformarse por vía socialista las condiciones materiales
y económicas de la sociedad, seguidamente se haría socialista por sí sola
también la conciencia ideológica, es una opinión errónea en desavenencia con la
ideología socialista y la esencia y peculiaridad del proceso de la
transformación ideológica socialista. Si bien la conciencia del hombre refleja
la realidad objetiva, de él mismo, de su nivel de preparación, depende el cómo
aceptarla. El hombre ve, oye, siente y asimila en la medida de sus
conocimientos. La conciencia ideológica que tiene y su cambio y desarrollo se
determinan por su nivel de preparación, sus actividades y la influencia
ideológica que recibe. Una persona, aunque procede de la clase propietaria, si
se desierta ideológicamente y recibe mucha influencia revolucionaria, puede ser
revolucionario y en contraste no todos los procedentes de la clase obrera
llegan a poseer ideas revolucionarias. Dado que en la sociedad socialista
subsisten ideas caducas y no se interrumpen la penetración y la influencia de
las reaccionarias desde afuera, es patente que la educación y transformación de
todos los miembros de la sociedad con las nuevas ideas socialistas no pueden
efectuarse espontánea y fácilmente pese a que se ha establecido el régimen
socialista y creado las condiciones materiales y económicas. Aunque se le
aseguren al pueblo todas las condiciones, y se le ofrezcan beneficios para que
disfrute de una vida independiente y creadora, si no se realiza con tacto la
labor ideológica, es probable que las gentes lo consideren natural y no sientan
lo valioso y bienhechor que es el sistema socialista. Además, a medida que desaparecen preocupaciones,
y al prolongarse la vida estable, puede decaer poco a poco el entusiasmo
revolucionario y aflorar la tendencia de vivir en condiciones cómodas. Entonces
no lucharán con abnegación por el socialismo y, a la larga, engañados por la
dolosa propaganda de los imperialistas y demás reaccionarios, se harán
ilusiones hacia el capitalismo y terminarán por renegar del socialismo. Lo ha
demostrado el proceso del derrumbe del socialismo en los países que desistieron
de la labor ideológica y abrieron las puertas a la penetración ideológica y
cultural del imperialismo.
La
educación y la batalla ideológicas son el medio más eficiente para transformar
a las personas con ideas socialistas. Nuestra experiencia demuestra que en la
sociedad socialista, si se lleva a cabo con pujanza la labor ideológica para
formar a las personas en esas ideas es posible educar y transformar por vía
socialista a los distintos sectores del pueblo.
La
causa socialista es causa histórica, que se cumple a través de varias generaciones,
y causa de las masas populares por la independencia que se realiza en el fragor
de enconada lucha contra el imperialismo y los demás reaccionarios. A medida
que avanza hay que profundizar y desarrollar sin interrupción la labor
ideológica, y cuanto más intensas se tornen las conjuras de los enemigos, tanto
más fuertemente se debe impulsarla.
Priorizar
la labor ideológica concediendo la atención primordial al factor ideológico es
la clave para hacer avanzar la causa socialista hasta llevarla al triunfo.
II
En la
sociedad socialista la tarea principal de la labor ideológica es homogeneizarla
enteramente con las ideas socialistas.
El
proceso del desarrollo y perfeccionamiento de la sociedad socialista es el de
transformación de todas las esferas de la vida social a tenor de las exigencias
de la ideología socialista, y lo más importante en él es dotar con ésta a todos
sus miembros, logrando de esta manera la homogeneización ideológica de la
sociedad. La labor ideológica debe servir a esta tarea.
En
cualquier sociedad la clase gobernante trata de lograr la preponderancia de su
ideología. En la capitalista que está dividida en clases y donde los intereses
de sus integrantes están en conflicto, no puede predominar una sola ideología y
es inevitable su diversidad. Los imperialistas y sus portavoces califican este
fenómeno de “libertad” ideológica y lo pregonan como un orgullo del “mudo
libre”. Sin embargo, en la sociedad capitalista donde los monopolistas y los
gobernantes reaccionarios se apoderan de las publicaciones, de la prensa oral y
escrita y otros medios de difusión y los de educación, es imposible el
desarrollo libre de las ideas progresistas. Para cubrir la sociedad capitalista
con la careta democrática, los gobernantes burgueses reaccionarios las toleran
en cierta medida, mas, cuando les parece que ellas, por poco que sea, pueden
amenazar su sistema de gobernación, las reprimen sin miramientos. En
apariencia, se admiten diversas corrientes ideológicas, pero en su totalidad
son variantes y expresiones de la ideología burguesa. La “libertad” ideológica
a la que dan tanta publicidad los imperialistas es una engañosa consigna
destinada a adornar con esa etiqueta sus conjuras que por todos los métodos y
medios posibles realizan para reprimir las ideas progresistas y difundir las
burguesas reaccionarias, y a justificar su penetración ideológica y cultural en
otros países.
Únicamente en la sociedad socialista donde no existen la
explotación ni la opresión y se ha puesto fin al conflicto entre las clases,
todos sus miembros pueden armarse e identificarse con una sola ideología por la
comunidad de sus objetivos, aspiraciones e intereses. La ideología socialista
es científica, que refleja la naturaleza independiente del hombre e ilumina el
camino para realizar la independencia de las masas populares, y es natural que
éstas la acepten como suya. Cuando están plenamente pertrechadas con ella,
pueden forjar sus destinos de manera independiente y creadora y dar cima a la
causa del socialismo.
Los
imperialistas y los renegados del socialismo calumnian la labor de educación
ideológica en la sociedad socialista llamándola “uniformación” o “inyección de
ideas”. Es una absurda tergiversación para difamar al socialismo, un sofisma
para justificar el carácter falaz y reaccionario de la propaganda burguesa.
La
ideología socialista forma a las masas populares como ente independiente dotado
con la conciencia ideológica de independencia y la facultad creadora, mientras
las ideas burguesas reaccionarias las convierten en esclavas dóciles al dominio
del capital., en desvalidas ideo-espirituales. En la sociedad capitalista,
donde reinan la gobernación reaccionaria de los burgueses, la explotación y
opresión del capital, es reprimida la conciencia de independencia de las masas
populares, pisoteadas sin piedad sus aspiraciones y exigencias, refrenados y
deformados su talento e inteligencia creadores, Los imperialistas y demás
reaccionarios paralizan la sana mentalidad de las masas populares con todo tipo
de mentiras y fraudes y difunden entre ellas ideas reaccionarias y corruptas
costumbres burguesas. Esto es precisamente la represión ideológica que impide
el desarrollo de la conciencia de independencia, y la criminal conjura
encaminada a inyectar ideas reaccionarias a los pueblos.
En el
régimen socialista, sólo si se pertrechan sólidamente con la ideología
socialista, las masas populares pueden liberarse definitivamente de la
influencia y las restricciones de todo tipo de ideas viejas y realizar su
exigencia de independencia, así como desarrollar plenamente la personalidad, la
aspiración, la inteligencia y el talento de cada hombre. La ideología socialista,
como la más revolucionaria destinada a defender y realizar la independencia de
las masas populares, es un arma para la auténtica liberación ideológica,
liberación del hombre, pues le indica el camino para su ilimitado desarrollo
ideológico y espiritual. Es la síntesis del desarrollo ideológico de la
humanidad, ya que ha tomado sobre sí y abarca todas las ideas progresistas que
se avienen a la exigencia de las masas populares por la independencia; y siendo
su cúspide, es la más avanzada, la de mayor magnitud. La labor de educación
llamada a dotar a las masas populares con las ideas socialistas es para hacer
realidad su aspiración y exigencia de independencia, de llevar una sana y
abundante vida ideológica y cultural, liberadas de las trabas de todo tipo de
ideas viejas. El partido de la clase obrera educa al pueblo en las ideas
socialistas en bien de éste mismo, y esto es una manifestación de su gran
afecto y solicitad hacia él.
Las
actividades ideológicas y culturales de nuestro pueblo bajo el régimen
socialista centrado en él y sus nobles rasgos ideológicos y espirituales
atestiguan con nitidez la superioridad y el poderío de este régimen de la
ideología socialista y de la educación ideológica de nuestro Partido. En
nuestro país, aun en medio de difíciles y complejas circunstancias, todo el
pueblo está unido monolíticamente en torno al Partido y a su Líder, toda la
sociedad se ha integrado en una gran familia armoniosa, y las personas, llenas
de convicción y optimismo, viven y trabajan ayudándose y guiándose unas a otras
como seres consanguíneos. Todos, según sus deseos y vocaciones, estudian a sus
anchas, disfrutan de ricas actividades culturales y espirituales y exhiben su
inteligencia y talento. Este es el auténtico aspecto de muestra sociedad que va
homogeneizándose con una sola idea, la socialista, gracias a la intensificación
de la labor ideológica, bajo la dirección del Partido.
Nos
compete combatir de modo consecuente la ofensiva ideológica reaccionaria de los
imperialistas y los imperialistas y los renegados del socialismo y reforzar la
educación en las ideas socialistas, de modo que el pueblo se convenza
firmemente de lo científico, verídico e invencible que es el socialismo.
La idea revolucionaria, la socialista, que debe poseer
nuestro pueblo es la doctrina Juche y la educación con ella constituye lo
fundamental en la labor ideológica de nuestro Partido.
Con la
reacción de la idea Juche, el gran Líder, camarada Kim Il Sung, dilucidó los
principios socio-históricos centrados en el hombre y colocó sobre un nuevo
cimiento científico la ideología socialista. Al superar las limitaciones
históricas de las anteriores doctrinas socialistas y todas las tergiversaciones
oportunistas del socialismo y reflejar fielmente las exigencias de la nueva época
histórica, la de la independencia, en la que las masas populares se han
presentado como dueñas de sus destinos, la idea Juche imprimió un nuevo
desarrollo a la ideología y a las teorías socialistas y las perfeccionó. Sólo
tomándola como guía directriz y aplicándola al pie de la letra, es posible
impulsar con éxito y culminar la causa de las masas populares por la
independencia, la causa socialista. Si nuestro Partido y pueblo han edificado
con éxito el socialismo centrado en las masas populares aun en condiciones tan
difíciles, y ahora lo defienden y lo hacen avanzar triunfalmente pese al brusco
cambio de la situación internacional y a las severas circunstancias, es que han
tomado como guía rectora la idea Juche y la han materializado de manera consecuente.
La vida prueba que es la más científica ideología socialista que corresponde a
la exigencia de la época actual.
También
en el futuro debemos marchar con la bandera de la idea Juche en alto y
aplicarla cabalmente en todas las esferas de la revolución y la construcción.
Intensificando la educación de los militantes del Partido y otros trabajadores
en esta doctrina haremos que tengan una firme cosmovisión revolucionaria basada
en ella y vivan y trabajen de acuerdo con sus exigencias.
El
colectivismo constituye el fundamento de la sociedad socialista y la ideología
socialista es, en esencia, la colectivista.
La
exigencia del hombre, un ser social, por la independencia, puede realizarse con
éxito sólo mediante el colectivismo y éste está encarnado en la sociedad
socialista. La lucha de tú a tú entre el socialismo y el capitalismo es
precisamente entre el colectivismo y el individualismo, y la superioridad del
socialismo sobre el capitalismo es del colectivismo sobre el individualismo. Se
podría decir que el triunfo o el fracaso del socialismo depende de cómo se
plasma el colectivismo. Armar firmemente con él a todos los miembros de la
sociedad y aplicar de manera consecuente sus principios en todas las esferas de
las relaciones, administración y vida sociales, constituye la garantía
fundamental para desarrollar y perfeccionar el socialismo. El hombre debe
poseer la concepción de vida colectivista que exige apreciar más los intereses
colectivos que los personales, abnegarse para la colectividad y buscar la
felicidad y dignidad de la existencia en su confianza y amor, que así puede
cultivar las nobles cualidades ideológicas y espirituales correspondientes a su
naturaleza como ser social y a los requerimientos de la sociedad socialista, y
forjarse como genuino luchador por el socialismo. Aflojar la educación en el
colectivismo y menoscabar sus principios en la sociedad socialista significa,
precisamente, abandonar el socialismo y resucitar el capitalismo cimentado en
el individualismo.
Nuestro
Partido ha educado sin descanso a sus militantes y otros trabajadores en el
colectivismo, y aplicado estrictamente sus principios en todos los campos de la
construcción socialista. Hoy, entre nuestro pueblo se pone de pleno manifiesto
el noble espíritu colectivista de consagrar todo lo suyo al la lucha por el
Partido y el Líder, por la Patria y la nación, y por la sociedad y el
colectivo. Intensificando de continuo la formación en el colectivismo, debemos
lograr que en toda la sociedad se establezca de lleno el ambiente de vivir y
trabajar uno para todos y todos para uno.
La
fidelidad al Partido es la suprema expresión del colectivismo y la principal
cualidad que deben poseer los revolucionarios comunistas.
El
partido de la clase obrera es el protector de la vida política de las masas
populares y el orientador político de las masas populares y el orientador
político que lleva a la victoria su causa por la independencia. Sólo bajo su
dirección ellas pueden tener una inapreciable vida política y disfrutar de una
auténtica existencia y felicidad como ente social. Les toca guardar como su
credo y deber moral revolucionarios ser fieles al partido que les ha dado la
vida política y atiende sus destinos.
El amor y la atención del partido engendran en el pueblo
la fidelidad hacia él. Pero, no todas las personas de por sí sienten con
profundidad este amor y solicitud y llegan a tener alta conciencia para
corresponderles con lealtad. Si no se efectúa de manera sustancial la educación
en la fidelidad, es probable que surjan ingratos también entre los que han
crecido bajo la atención del partido. El partido de la clase obrera, a la vez
que ejerce una correcta política en favor del pueblo, debe educarlo bien para
que le sea fiel.
Nuestro
Partido, fundado por el gran Líder, camarada Kim Il Sung, es un probado y
experto partido que lleva adelante con brillantez la causa revolucionaria del
Juche, y su auténtico partido madre que protege la vida política de todos los
miembros de la sociedad y los atiende cordialmente. Tenemos que educar de modo
constante a los militantes y otros trabajadores para que tengan profunda
confianza en nuestro Partido, lo apoyen y defiendan con firmeza, depositen en
él su destino y sigan con lealtad su dirección.
La
manera de aceptar y ejecutar la línea y la política del partido constituye el
cartabón principal que mide la fidelidad hacia éste. Le es fiel verdaderamente
quien las acepta como las más justas y con ilimitada abnegación las ejecuta
hasta sus últimas consecuencias.
Los
lineamientos y la política de nuestro Partido son estrategias y tácticas
correctas de nuestra revolución, que encarnan la idea Juche y reflejan las
exigencias e intereses de las masas populares y les sirven de guía en la lucha
y vida. Nuestro Partido siempre se ha compenetrado con ellas para trazar la
política en reflejo de sus demandas e intereses y la ha materializado con la
movilización de su fuerza e inteligencia. Toda política de nuestro Partido
recibe apoyo absoluto de las masas y éstas se esfuerzan con tesón para llevarla
a la práctica porque ella refleja de manera correcta su voluntad. Que los
militantes de nuestro Partido y otros trabajadores la conozcan a fondo y la
ejecuten puntualmente, viene a ser el camino para defender y hacer brillar
nuestro socialismo y ofrecer una vida digna y feliz a todo el pueblo.
Intensificando la educación en la política del Partido los orientaremos a todos
a conocer a las claras su esencia y justeza, a que hagan de ella su credo
invariable y la ejecuten de manera consecuente, sobre la base del principio de
considerarlo definitivo e incondicional.
Para
dar cima a la causa del socialismo es indispensable pertrechar sólidamente a
todos los miembros de la sociedad con las tradiciones revolucionarias y
llevarlas adelante y desarrollarlas con pureza.
Las
tradiciones revolucionarias constituyen la raíz histórica del socialismo y el
recurso ideológico y espiritual que asegura la continuidad de la revolución. El
proceso de defender, llevar adelante y desarrollar la idea del líder que inicia
el camino hacia el socialismo y las proezas que bajo su dirección las
generaciones antecesoras de la revolución acumularon en la lucha sangrienta,
es, precisamente, el proceso de culminar la causa socialista.
La
actitud y posición hacia las tradiciones revolucionarias devienen la piedra de
toque que distingue la fidelidad de la traición a la causa de las masas
populares por la independencia, la socialista, y la revolución de la
contrarrevolución. Los genuinos revolucionarios y comunistas las defienden,
llevan adelante y desarrollan, mientras que los oportunistas y los renegados de
la revolución maniobran de modo avieso para suprimirlas. Los revisionistas
contemporáneos y los traidores al socialismo, al desacreditar la posición y
autoridad rectoras del líder y dar sepultura a las hazañas de las generaciones
antecesoras de la revolución hicieron degenerar y derrumbaron el socialismo y
mancharon gravemente su imagen. Cortar la raíz principal del socialismo,
difamar a su líder y precursores que allanaron el camino de la revolución y
suprimir los méritos históricos del socialismo, son los más viles e infames
actos de traición e intrigas contrarrevolucionarias. La experiencia histórica
testimonia que si se niegan y suprimen las tradiciones de la revolución, se
interrumpe su continuidad y se pierden las conquistas del socialismo alcanzadas
a costa de sangre.
Las
tradiciones revolucionarias que nuestro Partido y pueblo deben heredar son las
del Juche que el gran Líder, camarada Kim Il Sung, estableció mientras iniciaba
y conducía a la victoria la revolución coreana sin precedentes en arduidad.
Estas gloriosas tradiciones de nuestro Partido, cuyo contenido principal es el
sistema de ideología del Juche y el espíritu revolucionario comunista, los
inapreciables méritos revolucionarios, y las profundas y ricas experiencias de
lucha, el método revolucionario y el estilo popular de trabajo, constituyen la
eterna piedra angular de nuestra revolución. Nuestro Partido ha prestado
siempre atención profunda a defenderlas de modo resuelto, mantener su pureza y
educar en ellas a todos sus militantes y demás trabajadores. Hoy en día, en
nuestro país dichas tradiciones se materializan brillantemente en todas las
esferas de la edificación socialista y la vida social. Nos incumbe intensificar
la educación en ellas de manera que todos los militantes del Partido y otros
trabajadores las conozcan perfectamente, las lleven adelante y desarrollen para
así dar cima a la causa socialista del Juche.
La conciencia de la clase obrera constituye el núcleo de
la ideología socialista y refleja la exigencia de las masas populares por la
independencia y sus intereses fundamentales. Es, pues, una conciencia
ideológica de independencia.
La
clase obrera tienen más fuerte espíritu revolucionario y de independencia y más
propensión a la unidad que otras clases de la sociedad. Justamente es ella la
que representa la demanda y aspiración de las masas populares a vivir y
progresar de modo independiente, y se pone al frente de la lucha para hacerlas
realidad. La sociedad socialista es la encarnación de la exigencia de la clase
obrera. En la lucha por el socialismo siempre deben mantenerse con firmeza su
punto de vista y posición. La desviación de éstos trae enseguida la alteración
del socialismo, que implica la degeneración clasista. Los renegados del
socialismo, bajo consignas engañosas como “nueva mentalidad”, “valor para el género
humano”, etc., paralizaron la conciencia clasista, hicieron degenerar el
socialismo en el plano clasista. La “nueva mentalidad” y el “valor para el
género humano”, alejados del punto de vista y actitud de la clase obrera, son
precisamente el modo de pensar y concepción de valor burgueses.
Defender
el punto de vista y la posición de la clase obrera y pertrechar a la gente con
su conciencia se presenta como una importante tarea en todo el curso del
cumplimiento de la causa socialista. Desde luego, con el avance de la
revolución y la construcción, el contenido concreto de la educación clasista
puede variar en cierta medida, pero no se debe descuidar en ningún momento. Hay
que intensificarla sin interrupción aun después de implantado el régimen
socialista, para no hablar ya del período de la lucha por establecerlo. Si se
descuida en las condiciones en que siguen las conjuras de los imperialistas y
sus cómplices, los elementos hostiles, para destruir el socialismo, se puede
quedar desarmado en lo ideológico ante los enemigos. Por eso, incluso después
de implantado el régimen socialista, no debe debilitarse en lo más mínimo la
educación de la gente en la conciencia de la clase obrera.
Ya
hace mucho tiempo nuestro Partido aclaró que esta tarea constituye lo principal
en la educación comunista y ha venido realizando incansables esfuerzos para la
educación clasista. Intensificándola en consonancia con las condiciones reales
de hoy, debemos lograr que los militantes del Partido y demás trabajadores se
imbuyan plenamente de la conciencia de la clase obrera, mantengan siempre su
punto de vista y posición, odien y combatan de modo resuelto al régimen
explotador y al imperialismo. Sobre todo, hay que prestar profunda atención a
cultivar dicha conciencia en los integrantes de la nueva generación que no
experimentaron la explotación y opresión, ni las duras pruebas de la
revolución.
La
ideología socialista es un arma para la emancipación clasista y, al mismo
tiempo, lo es para la liberación nacional; es una auténtica idea patriótica.
El
país, la nación, es la comunidad de personas que comparten un mismo destino, y
formada a lo largo de la historia, y la causa del socialismo se realiza por
país y nación. Los imperialistas pisotean la independencia de otros y azuzan a
las naciones a enemistarse y enfrentarse. El camino del capitalismo conduce a
la explotación y la opresión, a la desigualdad y subyugación nacionales. De
ello son pruebas elocuentes la historia de las naciones oprimidas, que privadas
de la independencia por los imperialistas, se vieron obligadas a sufrir la
esclavitud colonial, y la realidad de los países donde los relegados
derrumbaron el socialismo y restablecieron el capitalismo. El socialismo se
opone a toda clase de conjuras de agresión r intervención de los imperialistas
y asegura la auténtica soberanía, independencia y prosperidad a los países y
naciones.
Llevar
a buen término la revolución en cada país es el deber nacional que el partido
de su clase obrera y su pueblo asumen ante la revolución mundial. Si uno quiere
hacerla bien, debe amar a su patria, a su nación, y defender su independencia.
A menos que se asegure ésta, no puede realizar la de las masas populares. Sólo
de poseer el espíritu de amar a la patria, la nación, puede asumir la actitud
de dueño ante su revolución y luchar con abnegación por la causa socialista.
Quien ama a su patria, su nación, y es fiel a su revolución, respeta la
soberanía de otros y lucha resueltamente contra su violación. Los deberes
nacional e internacional de la revolución están unidos en uno; y los comunistas
fieles sin límites a la causa de independencia de las masas populares son
genuinos patriotas y, a la vez, auténticos internacionalistas.
A fin
de lograr que el pueblo sea leal a la causa socialista, es indispensable
intensificar su educación en el patriotismo socialista. Hasta ahora, nuestro
Partido la ha presentado como una importante tarea de la formación ideológica,
e impulsado con dinamismo entre sus militantes y demás trabajadores. Hoy,
nuestro pueblo está lleno de alto orgullo y dignidad por vivir y hacer la
revolución en el régimen socialista humanocéntrico bajo la dirección del
Partido, ama ardientemente a la Patria socialista del Juche y defiende a pie
firme las conquistas del socialismo, dando al traste con las conjuras
antisocialistas y contra nuestra República que perpetran los imperialistas y
otros reaccionarios. Con la intensificación de la educación en el patriotismo
socialista debemos lograr que el pueblo, bien consciente de su misión como un
pueblo revolucionario que defiende el baluarte del socialismo, combata con
abnegación por el fortalecimiento y desarrollo de nuestra Patria socialista.
Hacer
que todos los integrantes de la sociedad tengan nobles rasgos morales
constituye un requisito importante para la consolidación y desarrollo del
socialismo.
La
moral es un reglamento de acción social que se observa voluntariamente por la
conciencia.
En la
sociedad de clases reviste un carácter clasista. En ella, la explotadora,
predomina la moral de la clase de explotadores y sirve para defender sus
intereses y oprimir y explotar a las masas populares trabajadoras. La
corrupción moral es un mal incurable de esta sociedad y llega a su punto álgido
en la sociedad capitalista donde el dinero lo domina todo.
La
sociedad socialista, en que el fundamento de las relaciones sociales lo
constituyen la unidad y cooperación camaraderiles entre las personas, requiere
establecer plenamente una nueva moral correspondiente a su naturaleza y, a
medida que se acelera la edificación socialista, se incrementa más su función y
papel social. No obstante, en el pasado algunos países que construían el
socialismo no le prestaron atención merecida a este asunto, e incluso, se
manifestó la desviación de considerar que si se subraya la moral se debilita el
espíritu revolucionario. La moral no contradice el espíritu revolucionario,
sino, más bien, lo consolida. Cuando el socialismo implanta una moral
conveniente a su naturaleza y se levanta sobre su firme base, se fortalecen la
unidad y cohesión político-ideológica de las masas populares, se establece un
ambiente de vida sana y revolucionaria en toda la sociedad y se impulsa con
energía su construcción.
La
moral socialista es colectivista y se basa en la noble camaradería y la
obligación moral revolucionaria. Es de nivel superior puesto que ha heredado
los mejores y bellos rasgos que vinieron acerándose entre las masas del pueblo
trabajador a lo largo de la historia y los ha desarrollado en nueva forma
conforme a la exigencia intrínseca de la sociedad socialista. El parámetro del
carácter progresista de la moral lo constituyen la exigencia de independencia
de las masas populares y sus intereses. Estos, además de ser el cartabón
político que distingue el progreso de la reacción, sirven de criterio moral que
diferencia el bien del mal. Un acto, si se adapta a la demanda de independencia
de las masas populares y a sus intereses, es moralmente noble, y si no, es
inmoral. La concepción de la moral colectivista socialista es, precisamente,
considerar incomparablemente más digno y feliz vivir en bien de la sociedad y
la colectividad, ayudándose y guiándose sobre la base de la camaradería y la
obligación moral revolucionarias, que perseguir sólo comodidades personales sin
importar lo que pase a otros.
Hoy día en nuestro país la moral socialista se
ha asentado en el corazón de las personas y se ha hecho parte de su vida, y por
dondequiera se manifiestan a plenitud los nobles y bellos rasgos comunistas.
Nuestro pueblo considera como su sublime deber moral apreciar como vida,
defender y hacer prosperar el socialismo de nuestro país, centrado en las masas
populares, que resalta la dignidad y la existencia del hombre, y toma por su
obligación moral revolucionaria corresponder con fidelidad a la confianza y la
atención del partido y el Líder que le han dado la preciosa vida política y le
profesan el afecto paternal. Las hermosas conductas que se manifiestan en amar
sin límites a los camaradas y no vacilar en consagrar todo lo suyo en bien de
éstos se han hecho hoy fenómeno corriente en nuestra sociedad. Nuestra unidad
con una sola voluntad es la más sólida, por ser la aglutinación monolítica del
Líder, el partido y las masas tanto desde el punto de vista de lo ideo-volitivo
como desde el de la moral y del sentido de obligación ética, y nuestro
socialismo es invencible porque se fundamenta en una sola ideología y
convicción y en las relaciones de amor y confianza. La experiencia muestra que
sólo cuando el socialismo arraiga profundamente en el corazón y la vida de las personas,
implantando el ambiente de respetar la moral socialista en toda la sociedad es
posible defender con firmeza su causa y llevarla a la victoria cualesquiera que
sean las pruebas. Intensificando de continuo la educación en la moral
socialista, debemos lograr que todos los miembros de la sociedad consideren
como su sublime deber moral salvaguardar y hacer brillar el socialismo y lo
hagan parte de su vida y su concepto de la existencia humana.
La educación de las personas en las ideas socialistas se acompaña
de la lucha contra toda clase de factores ideológicos ajenos a lo socialista. El
proceso de imbuirles las ideas socialistas y erradicar de su mente las caducas
deviene una seria lucha ideológica para acabar definitivamente con el
capitalismo en su mentalidad y conciencia. Su objetivo no es el hombre mismo,
sino los vestigios de las viejas ideas que perduran en su mente y las
ideologías reaccionarias que se infiltran desde afuera.
Debemos
dar rienda suelta a la educación y la lucha ideológica entre los militantes del
partido y otros trabajadores, para erradicarles de cuajo el individualismo, el
egoísmo y otros trabajadores, para erradicarles de cuajo el individualismo, el
egoísmo y otros remanentes de ideas trasnochadas.
Sobre
todo, debemos arreciar entre los cuadros la lucha contra el abuso de autoridad,
el burocratismo y los actos injustos y depravados, que son productos de la
sociedad explotadora y que brotan del individualismo y el egoísmo. Estos son
intolerables en la sociedad socialista. Aquí los cuadros no son burócratas que
se enseñorean por encima del pueblo sino sus servidores. Si se fomentan entre
ellos tales actos, se agrietan la unidad y cohesión entre el partido y las
masas populares y el socialismo no puede mostrar su vitalidad. El desmoronamiento
del socialismo en varios países también está relacionado con el fomento de esos
fenómenos. Con miras a defender el socialismo y hacerlo avanzar, hay que librar
una lucha intransigente contra las mínimas expresiones de abuso de autoridad, burocratismo
y actos injustos y corruptos, hasta arrancarlos por completo.
Las
ideas y el modo de vida burgueses son veneno que convierte a las personas en
desvalidas espirituales. Con la penetración ideológico-cultural en otras
naciones, los imperialistas maniobran sin interrupción para contagiarlas con
males de índole ideológica y someterlas a su dominación y control mediante su
descomposición desde adentro. Ese es un medio de agresión e intervención que
perpetran bajo el rótulo de “colaboración” e “intercambio”, y un avieso método
de desintegración encaminado a paralizar la sana conciencia ideológica de las
personas y corromperlas y depravarlas con el veneno de la ideología burguesa
reaccionaria. Con vistas a defender y salvaguardar el socialismo y asegurar el
desarrollo independiente de la nación es indispensable combatir la penetración
ideológico-cultural imperialista. Hoy, los imperialistas y los demás
reaccionarios actúan con obstinación para insuflar en nuestro seno el viento de
liberalización burguesa. Nos corresponde impedir la penetración desde afuera de
las ideas burguesas y todas otras reaccionarias y el modo de vida burgués.
El
revisionismo es una corriente ideológica del oportunismo contrarrevolucionario
que esteriliza los principios revolucionarios del socialismo. Su mayor cualidad
nociva consiste en negar la posición y el papel del partido y el líder en la
revolución y la construcción, debilitar la función del poder socialista, crear
la ilusión hacia el capitalismo y desarmar a los pueblos en el plano
ideológico. A fin de cuentas, conduce a renunciar al socialismo y pasar al
capitalismo. Hay que conocer a ciencia cierta su esencia reaccionaria y
peligrosidad y oponerse y rechazar de manera tajante a todo género de sus
corrientes ideológicas.
Una
garantía importante para dar al traste con las conjuras antisocialistas de los
enemigos de clase y culminar la causa socialista reside en pertrechar
firmemente a las personas con las ideas socialistas. En el futro, al igual que
hasta ahora, impulsaremos con energía la educación de los miembros del Partido
y otros trabajadores en estas ideas.
III
En la sociedad socialista la labor ideológica debe
realizarse con arreglo a los principios y métodos idóneos al requerimiento
intrínseco del socialismo.
Una vez definidos de manera correcta el deber y contenido de
la labor ideológica, su éxito depende de qué principios y métodos se aplican.
Sólo de efectuarla según principios y métodos apropiados a la exigencia
intrínseca del socialismo es posible llevar a buen término la educación y la
transformación de todos los miembros de la sociedad conforme a la ideología
socialista.
En la sociedad socialista hay que impulsarla con pujanza
bajo la guía del partido de la clase obrera como una obra de todo él, y de todo
el Estado y toda la sociedad.
Nuestra labor ideológica es destinada a dotar de modo firme
a las masas populares con las ideas socialistas para consolidar la posición
ideológica del socialismo en todas las esferas de la revolución y la
construcción y poner en plena acción el celo revolucionario y la actividad
creadora de las masas. Por eso, los organismos del Partido y del Estado, las
organizaciones de trabajadores y demás órganos y agrupaciones, acorde a sus
misiones y deberes tienen que efectuar el trabajo para imbuir a las masas
populares las ideas socialistas mientras que los funcionarios de todos los
sectores y unidades tienen que dinamizar la labor ideológica, labor política,
entre las masas.
Asegurar con firmeza
la dirección del partido de la clase obrera constituye el principio más
importante en la labor ideológica.
El partido de la clase obrera es la suprema organización
política que conduce la revolución y la construcción, y, al margen de su guía,
es imposible que esa tarea se efectúe de modo unificado, a tenor del requisito
del cumplimiento de la causa socialista. Sólo asegurando de pleno la dirección
del partido es posible preservar el carácter revolucionario y socialista del
trabajo ideológico, y hacer que en toda la sociedad predomine una sola ideología,
la socialista, impidiendo la penetración de ninguna idea espuria en esta
esfera. El partido de la clase obrera debe tomar firmemente las riendas de la
labor ideológica y no retroceder ni un paso en su dirección. La conciliación y
la concesión en el campo ideológico significan la degradación y el fracaso.
Debilitar o negar la dirección del partido de la clase obrera sobre la labor
ideológica constituye una estratagema enderezada a destruir la posición
ideológica del socialismo e introducir y difundir las ideas reaccionarias
burguesas.
El partido de la clase obrera debe oponerse y rechazar de
modo categórico todas las maniobras encaminadas a rehusar su dirección sobre la
labor ideológica y controlarla y orientarla en forma unitaria. A la par que
programarla y realizarla directamente, por conducto de sus organizaciones a todos los niveles, debe controlar y dirigir la
prensa, el arte y la literatura y demás sectores ideológicos y culturales, así
como los órganos estatales, las agrupaciones de trabajadores y las
instituciones docentes de suerte que realicen con eficiencia la educación de
las masas de acuerdo con sus misiones y deberes.
La prensa, el arte y la literatura son poderosas armas
ideológicas para educar, organizar y movilizar a las masas.
En la sociedad socialista éstos y los demás medios
ideológicos y culturales deben servir estrictamente para defender y llevar
adelante la causa socialista bajo la dirección del partido y de conformidad con
la demanda de las masas populares por la independencia. Si quedan fuera de la
dirección y control del partido de la clase obrera, pueden utilizarse como
instrumentos de la contrarrevolución. Prueba elocuente de ello es el hecho de
que en algunos países que edificaban el socialismo los renegados y otros
reaccionarios los tomaron en sus manos y los utilizaron para atacar su régimen
social. El partido de la clase obrera tiene que controlarlos estrictamente y
elevar sin interrupción su papel, de manera que todos cumplan de modo
irreprochable su misión y deber en el frente ideológico del socialismo.
El Estado socialista dirige y administra en forma unificada
todas las esferas de la vida social como la política, la económica y la
cultural. La facultad de educador ideológico y cultural constituye una de sus
principales atribuciones.
Observando el principio socialista y poniendo en pleno
manifiesto la superioridad del socialismo en su administración y dirección de
sus órganos, de la economía y de otras esferas de la vida social, debe asegurar
una satisfactoria vida material al pueblo de acuerdo con la demanda socialista
y, al mismo tiempo, crearle suficientes condiciones para que pueda disfrutar de
actividades ideológicas y culturales, sanas y ricas. A los órganos del Estado
les compete confeccionar bien las normas legales y los reglamentos socialistas
y establecer un ajustado orden de administración socialista en todas las
esferas, así como dirigir y controlar a la población para que los observe a
conciencia. Conducir y administrar todos los campos de la vida social según los
principios y requerimientos socialistas, desempeña un gran rol para hacer
similar a la población las ideas socialistas a través de la práctica y
habituarla a la vida socialista, y, al mismo tiempo, constituye una garantía
importante para impedir el resurgimiento de las viejas ideas dentro de la
sociedad socialista y su infiltración.
Al propio tiempo que desarrolla activamente el intercambio y
la cooperación económicos y culturales con otros países sobre la base de los
principios de la igualdad y beneficio mutuo, el Estado socialista debe prestar
debida atención a impedir que en este proceso penetren ideas reaccionarias y la
cultura y el modo de vida burgueses degenerados. Si los órganos estatales
organizan sin ton ni son los intercambios y cooperación económicos y culturales
con el exterior, echando al olvido los principios socialistas, se abrirá paso a
la penetración ideológico-cultural imperialista y se dará la grave consecuencia
de poner en peligro el socialismo. El Estado socialista tiene que tomar medidas
administrativas y legales para proteger al régimen socialista y al pueblo de la
infiltración ideológica y cultural de los imperialistas.
En la sociedad socialista, las organizaciones de
trabajadores son agrupaciones políticas que abarcan a los miembros de la
sociedad por clases y capas, y su misión principal es la educación ideológica
de sus integrantes, así que son organizaciones de educación ideológica. En la
sociedad capitalista, donde reinan la explotación y la opresión y se enfrentan
los intereses de diversas clases y capas, las organizaciones de masas tienen
como su deber principal luchar en defensa de los intereses de sus respectivas
clases y capas, si embargo, en la sociedad socialista, en que se han liquidado
las relaciones antagónicas de clases, son radicalmente distintos las misiones y
deberes de estas agrupaciones. Como el pueblo es el dueño del Estado y la
sociedad y los intereses de todos sus sectores están identificados, éstos están
incluidos en los del Estado y de todo el pueblo, y en la prosperidad común de
la sociedad está la felicidad de cada miembro suyo. Por esta razón, las
organizaciones de trabajadores tienen como misión principal educar y guiar a
sus miembros a cumplir con su responsabilidad y papel como protagonistas del
Estado y la sociedad. Si ellas abogan sólo por los “intereses” de las clases y
capas que abarcan como ocurre en las de la sociedad capitalista, esto
significaría oponer esos “intereses” a los del partido, el Estado y el pueblo,
y tales agrupaciones terminan por convertirse en antiestatales y
antisocialistas. Si en algunos países que edificaban el socialismo los partidos
perdieron en el enfrentamiento a la contrarrevolución por no haber logrado
aglutinar en su tormo a amplias masas, una de sus causas principales está en
que no ejercieron una eficaz dirección sobre las organizaciones de
trabajadores. El partido de la clase obrera debe orientarlas correctamente para
que con una eficiente educación de sus miembros conforme a su misión y
características los agrupen con solidez en torno al partido y los movilicen
activamente en la edificación del socialismo.
Sobre todo, tiene que dirigir profunda atención a que las
organizaciones juveniles cumplan satisfactoriamente su papel. La perspectiva de
la revolución y el provenir del socialismo dependen de cómo se preparan los
integrantes de la joven generación. En la sociedad socialista estas
organizaciones son reservas políticas del partido de la clase obrera y asumen
el honroso deber de forjar a los integrantes de la nueva generación como
confiables continuadores de la causa socialista. Si ellas, en lugar de
canalizar los esfuerzos en su tarea principal, se inclinan a tales y más cuales
actividades administrativo-prácticas, no pueden educarlos y formarlos en las ideas
socialistas. Y si aflojan la labor ideológica, es posible que los integrantes
de la nueva generación no trabajen con abnegación en aras del partido y la
revolución, la patria y el pueblo, sino persigan sólo comodidades personales y
se dejen contagiar por el viento de liberalización capitalista, que sopla desde
afuera. El partido de la clase obrera, intensificando la dirección sobre las
organizaciones juveniles, debe procurar que éstas vigoricen la labor ideológica
en conformidad con su deber básico y las características de los jóvenes y los
formen como excelentes relevos de la revolución.
En la sociedad socialista las instituciones de enseñanza
deben dirigir grandes esfuerzos a la educación ideológica de la gente, sobre
todo de los miembros de a nueva generación. Como todos éstos están incorporados
a determinados sistemas de enseñanza, las instituciones docentes asumen u deber
de mucho peso en su formación e instrucción. La enseñanza socialista no es una
labor profesional encaminada a enseñar meramente la técnica y otros
conocimientos, sino una importante empresa para formar cuadros revolucionarios.
Las instituciones educacionales, a la par que enseñan a los integrantes de la
nueva generación los últimos logros de las ciencias y técnica y otros conocimientos,
conforme a los principios de la pedagogía socialista, deben intensificar la
educación ideológica para prepararlos como competentes cuadros revolucionarios
fieles a la causa del socialismo.
En la sociedad socialista, los funcionarios de todos los sectores
y unidades deben efectuar la labor ideológica, la labor política.
El trabajo político es el primer proceso de todas las
actividades. Sólo si se efectúa con tacto este trabajo llamado a educar y poner
en acción a las personas, es posible movilizar su entusiasmo revolucionario y
actividad creadora y cumplir así con éxito las tareas revolucionarias.
La labor política no sólo incumbe a los funcionarios del
partido y del sector del trabajo ideológico. En la sociedad socialista, deben
realizarla todos los funcionarios, independientemente de los sectores y
unidades a que pertenezcan, y de las tareas que tengan. Los funcionarios de
todos los sectores, entre otros el político, el económico, el cultural y el
militar, deben efectuar con vigor, sin excepción, la labor política, la labor
con la gente, considerándola como su importante deber revolucionario, como primer
proceso de la ejecución de las tareas revolucionarias.
Hoy, en nuestro país todas las organizaciones del Partido,
organismos estatales, instituciones ideológico-culturales y educacionales, y
agrupaciones de trabajadores realizan a tenor de sus misiones y deberes, la
tarea de educar y transformar con las ideas socialistas a los militantes del
Partido y otros trabajadores, y a los jóvenes y niños, así como los
funcionarios de todos los sectores y las unidades cumplen con éxito las tareas
revolucionarias anteponiéndoles la labor política. También en el futuro, bajo
la dirección del Partido la desplegaremos con dinamismo convirtiéndola en una
actividad de todo el Partido, todo el Estado y toda la sociedad, y así daremos
mayor solidez a la posición ideológica del socialismo.
En la sociedad socialista se debe convertir la educación y
transformación de las personas en una tarea de las mismas masas.
La transformación ideológica es para y
de las masas populares. Como éstas son dueñas de su destino, lógicamente deben
ser artífices en su propia transformación ideológica y participar como tales en
esta tarea. Cuando se convierte en obra de las masas y las incorpora de manera
activa, puede llevarse a buen término.
Para convertirla en una obra de las mismas masas populares
es de suma importancia desplegar con vigor diversas formas de movimientos
masivos correspondientes. En estos movimientos se educan recíprocamente las
amplias masas.
En cada etapa de la revolución nuestro Partido los inició e
impulsó con fuerza conforme a sus exigencias y al nivel de preparación política
e ideológica de las masas. Después de la liberación, organizó la campaña de
movilización ideológica general para la construcción del Estado, mediante la
cual liquidó los residuos ideológicos del imperialismo japonés y del feudalismo
y pertrechó a las personas con el espíritu de edificar el Estado; y en el
período posbélico, cuando la construcción socialista, desplegó con dinamismo el
Movimiento do Chollima y obtuvo así éxitos relevantes en la educación y
transformación de las personas por vía socialista. Hoy, cuando se presenta en
primer plano la obra de transformar toda la sociedad según la idea Juche,
desarrolla el Movimiento por la Obtención de la Bandera Roja de las Tres
Revoluciones, para impulsar fuertemente las revoluciones ideológica, técnica y
cultural, y de esta manera forma a todos los miembros de la sociedad como
revolucionarios, comunistas de tipo jucheano.
En nuestro país las amplias masas toman parte activa en el
movimiento de transformación ideológica y todas las personas educan y son
educadas. Las conductas comunistas de los obreros y campesinos comunes influyen
tanto a las masas como a los cuadros, y los actos heroicos de los soldados de
fila a sus comandantes. En lo adelante seguiremos impulsando con energía el
movimiento de transformación ideológica de las masas, a tenor de su nivel de
preparación y las exigencias de la revolución.
En este movimiento es importante promover y desarrollar de
manera activa los ejemplos positivos y generalizarlos ampliamente entre las
masas. Los ejemplos positivos son crítica muda a lo negativo y provocan una
gran simpatía entre las personas. En la sociedad socialista donde prevalece lo
positivo, hay que tomar como lo principal el método de influenciar con ejemplos
positivos a las masas para su educación y transformación. En el proceso de la
ardua pero gloriosa lucha en medio de la cual avanzó nuestra revolución,
surgieron gran número de auténticos revolucionarios, comunistas, y heroicos
soldados que consagraron todo lo suyo a la lucha por el Partido y el Líder, por
la Patria y el pueblo. Los precursores revolucionarios antijaponeses, los
héroes de la Guerra de Liberación de la Patria, los hombres de méritos en la
construcción socialista y los héroes anónimos constituyen brillantes modelos de
revolucionarios comunistas. Nuestro Partido ha impulsado con dinamismo entre
sus militantes y otros trabajadores la labor de inducirlos a aprender de los
nobles rasgos ideológicos y espirituales que mostraron aquéllos.
La impresionante realidad de que entre nuestro pueblo se
manifiestan a plenitud los bellos rasgos comunistas, demuestra fehacientemente
la vitalidad de la educación con ejemplos positivos y del movimiento de
transformación ideológica de las masas. Impulsando con fuerza este movimiento,
debemos transformar sin tregua las ideas de las personas y hacer que en la
sociedad se manifieste más el hermoso estilo de vivir y trabajar de manera
comunista.
La educación ideológica debe realizarse mediante el estudio,
la vida orgánica y vinculándose estrechamente con la práctica revolucionaria.
El estudio, la vida orgánica y la práctica revolucionaria constituyen
importantes eslabones y eficientes métodos de la educación ideológica.
Con el estudio, las personas se superan en el plano
ideológico y adquieren alimento ideológico y espiritual para la revolución.
Sólo haciéndolo con aplicación, es posible adquirir una firme cosmovisión
revolucionaria y seguir llevando a buen término la lucha revolucionaria y la
labor de construcción. En la sociedad socialista, se debe procurar que todos
hagan del estudio parte de su vida y lo efectúen con ahínco y cotidianamente.
Hoy, en nuestro país está establecido y funciona normalmente
un ordenado sistema que permite estudiar a todo el Partido, todo el pueblo,
todo el ejército, y todos los miembros de la sociedad aprenden a conciencia,
asistiendo a los estudios regulares, las conferencias y otras sesiones
colectivas. Esta actividad se ha convertido en una parte de la vida cotidiana, en
un hábito social. Nos corresponde establecer más estrictamente el ambiente
revolucionario de estudio y hacer que todos estudien con afán.
La vida orgánica revolucionaria constituye el crisol de la
forja ideológica y escuela de la formación revolucionaria. Mediante ella, las
personas reciben una educación político-ideológica y se forjan como
revolucionarios. Las actividades de los militantes del Partido y de otros
trabajadores en las organizaciones respectivas, son político-ideológicas
tendentes a realizar sus exigencias de la vida política, y el que todos los
miembros de la sociedad desplieguen actividades dentro de determinadas
agrupaciones políticas constituye un modo de vivir político-ideológico,
apropiado a la naturaleza de la sociedad socialista. En nuestro país todos los
trabajadores y los jóvenes y niños escolares son miembros de las organizaciones
del Partido y de sus respectivas agrupaciones, y actuando en ellas, reciben la
educación político ideológica y hacen brillar su vida política. Si aquí se realizan
bien la educación y la transformación de las personas con las ideas
socialistas, esto se debe en gran medida a que todos los miembros de la
sociedad se educan a través de las actividades organizativo-políticas. Debemos
lograr que todos los militantes del Partido y otros trabajadores, los jóvenes y
niños escolares posean un correcto punto de vista y actitud en cuanto a sus
organizaciones y participen a con ciencia y con honestidad en sus actividades.
La ideología del hombre se forja y consolida en el proceso
revolucionario y se prueba en la práctica. También los residuos de las viejas
ideas se revelan en la práctica. Hay que realizar la educación ideológica en
estrecha vinculación con la práctica revolucionaria, pues así es posible
superarlos y dotar bien a las personas con las ideas socialistas. Al convertir
el cumplimiento de las tareas revolucionarias en proceso de superación y forja
ideológicas, nuestro Partido ejecuta de modo irreprochable la tarea de educar y
transformar a las personas en la práctica. Nos compete hacer que los miembros
del Partido y otros trabajadores asimilen y consoliden las ideas socialistas y
se fogueen ideológicamente en medio de la lucha práctica por el fortalecimiento
y desarrollo de la Patria y la digna existencia socialista.
Hay que poner coto definitivamente al método administrativo
y al formalismo en la labor ideológica y realizarla de modo original y
sustancial.
Uno y otro son muy dañinos, que no tienen que ver nada con
el método de trabajo del partido de la clase obrera, y son intolerables en la
labor ideológica. Si el partido de la clase obrera, por tomar el poder, impone
su ideología valiéndose de su autoridad o recurre sólo a las formalidades y
esquemas en la labor ideológica, sin prestar atención al contenido, es
imposible educar y transformar a las personas. Aplicar métodos administrativos
y formalistas en esta labor es una actitud errónea para efectuarla con
facilidad, sin hacer esfuerzos. Si se toleran, no es posible transformar la
ideología del hombre, y, a la larga, traerá la grave consecuencia de derribar
la posición ideológica del socialismo.
En la sociedad socialista la educación ideológica debe
llevarse a cabo, en todos los casos, con métodos explicativos y socialismo y
las características de la labor de transformación ideológica. Por naturaleza,
la idea no puede imponerse, ni obligarse a la gente a asimilarla por vía
administrativa. El partido de la clase obrera, valiéndose de dichos métodos,
debe educar con paciencia y constantemente a las personas para que acepten como
suyas las ideas socialistas, y hagan de ellas su firme credo.
En la educación ideológica es
importante aplicar diversas formas y métodos conforme a las características y
el nivel de preparación de las personas a quienes se dirige. Con una sola recta no pueden alcanzarse
éxitos, ya que son distintos el nivel de conciencia ideológica y conocimientos
de las personas, sus caracteres y vocaciones, y sus antecedentes de vida y
condiciones de trabajo. Hay que eliminar el viejo molde del formalismo en la
labor ideológica y realizarla efectivamente con nuevas formas y métodos
correspondientes a las características y el nivel de preparación de las
personas. Cuando se elabore un material de propaganda o de agitación, hay que
hacerlo con esmero para asegurarle la veracidad, la cientificidad y amabilidad,
y cuando se organicen cursillos, conferencias o charlas explicativas se
prepararán con mucho empeño.
A fin de desplegar sustancialmente la labor ideológica, es
necesario establecer entre los funcionarios el ambiente de compenetrarse
siempre con las masas para educarlas, trabajando junto a ellas y respirando el
mismo aire que ellas. Tempranamente, nuestro Partido lanzó la consigna de
entrar todo él en las masas y orientó a los funcionarios a realizar entre éstas
la labor ideológica al estilo de la Guerrilla Antijaponesa. Todos nuestros
funcionarios, en acato a las exigencias del método de trabajo tradicional del
Partido, deben considerar como su cometido y deber principal ir a las masas y
estar siempre entre ellas para realizar con éxito la labor de educarlas y
transformarlas con las ideas socialistas.
Prestar atención primordial al factor ideológico y priorizar
con seguridad la labor ideológica constituye un principio invariable de nuestro
Partido en su dirección sobre la revolución y la construcción. También en el
futuro, aplicando con rigor el principio de intensificar la labor ideológica y
anteponerla a otros trabajos, nuestro Partido defenderá y llevará a buen
término la causa socialista del Juche.
El socialismo es el futuro de la humanidad y su
movimiento es un gran movimiento de las masas populares para crear un mundo
nuevo, independiente. Por la lucha consciente de ellas este movimiento avanza y
triunfa. El movimiento socialista mundial saldrá victorioso sin falta por la
lucha de las masas populares concientizadas y unidas sobre la base de las ideas
socialistas
