El socialismo es ciencia. En diferentes
países se frustró, pero sigue en pie como ciencia en el corazón de los pueblos.
En vista de la situación por la que atraviesan algunos países que lo
construían, los imperialistas y otros reaccionarios hablan ruidosamente del
“fin del socialismo”. Los renegados arguyen que la misma idea socialista es una
equivocación para justificar su abominable acto traidor. Pero es imposible
tapar la verdad y eliminarla. El derrumbe del socialismo en varios países no
significa su fracaso como ciencia sino el descrédito del oportunismo que lo
degeneró. Aunque sufre temporalmente un doloroso revés a causa del oportunismo,
con seguridad resurgirá y triunfará al fin por su cientificidad y veracidad.
El socialismo es el ideal y la bandera revolucionaria de las masas populares
que luchan por la independencia, la cual se alcanza con el socialismo y el
comunismo En la sociedad de clases antagónicas, la independencia de las masas
populares sigue siendo objeto de brutal violación. Es ley que donde hay
opresión existe resistencia y donde hay resistencia surge una revolución. A lo
largo de un prolongado proceso histórico las masas populares han venido
sosteniendo vigorosas luchas por la independencia, y en este trayecto se han
intensificado esas luchas a la par que se sucedían las sociedades de clases.
Pero este cambio sólo propició la sustitución de una forma por otra de la
supresión de la independencia de las masas populares, sin que éstas se libraran
del sometimiento socio-político.
Si en las sociedades de clases antagónicas es imposible alcanzar la
independencia de las masas, es porque todas se basan en el individualismo,
producto del régimen de propiedad privada. La sociedad basada en la propiedad
privada y el individualismo que se deriva de ésta, se divide inevitablemente en
clases antagónicas, crea conflictos clasistas y desigualdades sociales y
conlleva a la explotación y opresión de las masas populares por una minoría
clasista gobernante. La historia demuestra que en esa sociedad es imposible que
las masas populares realicen su independencia. La síntesis de la historia del
desarrollo de la sociedad comprueba que para alcanzar este objetivo es preciso
pasar de la sociedad cimentada en el individualismo a la socialista y
comunista, sustentada en el colectivismo.
El capitalismo convirtió el individualismo en ilimitada codicia de un puñado de
capitalistas y llevó al extremo las contradicciones antagónicas en esa
sociedad. Mientras tanto, la lucha de las masas populares por la soberanía
entró en una nueva etapa de desarrollo. La presente es la época de la
independencia, en la que las masas populares surgen como dueñas de su propio
destino y que dominan el mundo. Esto testimonia que el paso de la sociedad
apoyada en el individualismo a la sustentada en el colectivismo constituye una
irrenunciable demanda del desarrollo de la historia.
El colectivismo implica la exigencia connatural del hombre. Sólo integrando una
colectividad y actuando dentro de ella éste puede existir y progresar. Únicamente,
mediante la cooperación colectiva de los miembros de la sociedad, y no de
manera individual, es posible transformar la naturaleza y la sociedad y hacer
realidad la demanda de independencia. Para integrar una colectividad y vivir en
ella el hombre debe hacer realidad tanto su demanda individual como la de ésta
en cuanto a la soberanía. La demanda de independencia de la colectividad es
común a todos sus miembros y sirve para mantener su existencia y desarrollarse.
La individual es de un miembro de la colectividad, y lógicamente puede ser
garantizada por ésta por lo que él le aporta. La demanda de independencia del
individuo es totalmente diferente a la codicia individualista que ignora la
colectividad y lo subordina todo a intereses particulares. La independencia colectiva
e individual pueden concretarse de modo inmejorable sólo a través del
colectivismo. Las demandas del individuo desvinculadas del colectivismo se
convierten en codicia individualista y en este caso llegan a lesionar a las de
otros miembros de la colectividad y a obstruir su unidad y cooperación. Únicamente
el colectivismo permite fortalecer la unidad y cooperación de la colectividad,
aumentar el entusiasmo creador de todos sus integrantes y hace posible
entrelazar con acierto la demanda de ésta y la de los individuos en cuanto a la
independencia, y cumplirlas en conjunto y a plenitud. Integrar la colectividad
y actuar dentro de ella es el modo de vida del hombre y su demanda de
independencia puede hacerse realidad a plenitud sólo por medio del colectivismo.
Por esta razón, la sociedad socialista y comunista, basada en él, es la
sociedad más progresista, la que se aviene a la naturaleza independiente del
hombre. Por supuesto, el establecimiento del régimen socialista no significa la
implantación inmediata y plena de los principios colectivistas en todas las
esferas de la vida social. Es así porque en esta sociedad perduran por cierto
tiempo los vestigios de la anterior. Pero este fenómeno es transitorio, y a
medida que avanza el socialismo se va superando de modo gradual, y en todas las
esferas de la vida social se aplican de lleno los principios del colectivismo.
Aunque el socialismo constituye una etapa inevitable del desarrollo de la
historia y es la sociedad más progresista, y que corresponde a la naturaleza
independiente del hombre, no se implanta por sí solo. Para realizar el
socialismo es imprescindible preparar las fuerzas revolucionarias capaces de
asumir y cumplir esta empresa, y adoptar correctos métodos de lucha. De lo
contrario, la demanda independiente de las masas populares que aspiran al
socialismo quedará como un mero anhelo. La idea de acabar con la explotación,
la opresión las desigualdades sociales y la propiedad privada que las alimenta,
y de levantar una sociedad equitativa, sustentada en la propiedad social, fue
planteada hace mucho tiempo por los socialistas utópicos. Sin embargo, si bien
compadecían a las masas trabajadoras por su lamentable situación de explotadas,
no veían en ellas las fuerzas revolucionarias capaces de enterrar la sociedad
explotadora y construir otra. Consideraban posible reparar los aspectos
irracionales de la sociedad capitalista mediante la ilustración de las personas
y la apelación a la “buena voluntad” de las clases explotadoras. Esperar de la
“buena voluntad” de estas clases, cuya naturaleza es la codicia, constituye una
ilusión, carente de fundamentos científicos. Esa esperanza se debía a sus
limitaciones históricas.
Los explotadores y sus acólitos, preconizando la “colaboración entre las
clases”, maniobraron para impedir la lucha de las masas trabajadoras contra la
explotación y la opresión. En el seno del movimiento comunista los reformistas
y revisionistas abogaron por esa “colaboración”, causando grandes daños al
desarrollo del movimiento revolucionario. En la actualidad, los renegados del
socialismo, ilusionados con el capitalismo y depositando esperanzas en la
“ayuda” Y “cooperación” de los imperialistas, levantan una tumultuosa campaña
de retorno a él. La historia demuestra que esperar de la “buena voluntad” de
los explotadores o de la “colaboración entre las clases”, es hacer que la
revolución fracase.
El marxismo vinculó la demanda de las masas populares trabajadoras por el
socialismo con las fuerzas revolucionarias y sus métodos de lucha. Dilucidó que
en la sociedad capitalista existen contradicciones entre las fuerzas
productivas y las relaciones de producción, las cuales se resuelven por medio
de la lucha de las masas trabajadoras contra las clases explotadoras, y los
obreros son los destinados para encargarse de esta batalla y conducirla. Como
resultado de que en virtud del marxismo se esclareció la inevitabilidad de la
derrota del capitalismo y de la victoria del socialismo, y el deseo de las
masas trabajadoras explotadas que aspiraban al socialismo se conectó con las
fuerzas prácticas revolucionarias y sus métodos de lucha susceptibles de
hacerlo realidad, el socialismo se transformó de utopía en ciencia, y se
registró un viraje revolucionario en la historia de la lucha por la liberación
de la humanidad.
No obstante, la doctrina socialista precedente, fundamentada en la concepción
materialista de la historia, no pudo evitar limitaciones de índole histórica.
No consideraba el movimiento socio-histórico como movimiento de su sujeto, las
masas populares, que con su acción y rol iniciativos lo mueven e impulsan, sino
como un proceso histórico natural que cambia y avanza principalmente por
factores materiales y económicos. Según el principio que emana de esa
concepción materialista de la historia, en la sociedad capitalista, a medida
que se desarrollan las fuerzas productivas, se profundizan las irremediables
contradicciones entre éstas y las relaciones de producción y las antagónicas
entre las clases explotadoras y las explotadas, se incrementan y fortalecen las
fuerzas revolucionarias, incluida la clase obrera, y consecuentemente, va
madurando más y más la revolución. La anterior teoría sobre el socialismo
consideró como lo principal el factor material y económico en la lucha
revolucionaria, y no planteó como vía fundamental de la revolución el
fortalecimiento de su sujeto y la elevación del papel de éste. En lo tocante a la influencia que ejerce el desarrollo de las fuerzas
productivas en la sociedad capitalista, no hay que considerar sólo un aspecto.
Además de profundizar la polarización en “ricos y pobres” y las contradicciones
entre las clases, incrementa la posibilidad de que los capitalistas
monopolistas empleen una parte de sus altas ganancias monopólicas para paliar
estas contradicciones. Del mismo modo, diferenciando a los campesinos y demás
integrantes de la clase pequeñoburguesa, en grosa las files de los obreros
industriales, al tiempo que aumenta en el sector de la producción la proporción
de trabajadores que realizan labores intelectuales y técnicas, y la de los
destinados al sector no productivo.
Por supuesto, en la lucha revolucionaria las condiciones objetivas ejercen
influencias importantes. Pero, el factor que decide el triunfo o el fracaso de
una revolución no reside en ellas, sino en cómo se fortalece su sujeto y eleva
su papel. Si se cumple con éxito esta tara, es posible alcanzar la victoria del
socialismo en cualquier país, no importa que el capitalismo esté o no
desarrollado en él. La historia muestra que el socialismo triunfó en países
relativamente atrasados antes que en los capitalistas desarrollados. Las
experiencias de nuestra revolución, que ha avanzado bajo la bandera de la idea
Juche, proporcionan pruebas fehacientes de que si se fortalece el sujeto de la
revolución y eleva su papel, no sólo es posible aprovechar con acierto las
condiciones objetivas dadas, sino también, convertirlas de desfavorables en
favorables, las coyunturas negativas en positivas, el mal en bien, y así
asegurar la victoria de la revolución. Las limitaciones de la teoría precedente basada en el concepto materialista de
la historia se pusieron de relieve en la construcción del socialismo, después
de establecido este régimen.
En general, con el desarrollo de la sociedad se eleva el papel de las masas
populares, sujeto de sus movimientos, porque, al mismo tiempo, se incrementan
la conciencia independiente de las masas populares y su capacidad creadora. En
la sociedad socialista su rol como sujeto de los movimientos sociales
experimenta un incremento sin precedentes. Esta sociedad se desarrolla por la
capacidad creadora de las masas populares dotadas de elevada conciencia
ideológica y unidas en un solo cuerpo. En ella la transformación del hombre, la
de su ideología, se presenta como la tarea perentoria, más importante que la
preparación de las condiciones materiales y económicas, y sólo concediéndole la
prioridad es posible reforzar el sujeto de la revolución e incrementar su papel
para edificar con éxito el socialismo. Si se descuida esta tarea, mientras se
da la importancia decisiva a las condiciones materiales y económicas objetivas,
y se aferra a la construcción económica, relegando al segundo plano la
transformación ideológica de las masas populares, es imposible construir con
éxito el socialismo en todos sus aspectos y evitar el estancamiento en la misma
edificación económica. Muchos fenómenos de esa índole se produjeron en algunos
países que construían el socialismo, y los renegados, sacándoles partido,
pusieron en marcha la “reorganización” y perpetraron el acto
contrarrevolucionario de destruir el régimen económico socialista.
Si los creadores del marxismo desarrollaron la doctrina socialista
fundamentándola en las condiciones materiales y económicas, fue porque se
enfrentaban a la importante tarea histórica de combatir la teoría burguesa
reaccionaria, la cual, preconizando el misticismo y fatalismo, santificaba el
capitalismo y predicaba su “perpetuidad”. Hoy los traidores al socialismo,
haciéndose ilusión con el capitalismo, se pronuncian por la preponderancia de
lo material y lo económico, para resucitarlo.
Asentar el socialismo sobre un nuevo cimiento científico es una tarea de primer
orden no sólo para superar las limitaciones históricas de la doctrina
socialista precedente, sino también para defender el socialismo de la
tergiversación de los oportunistas de toda laya y del ataque de los
imperialistas.
Las experiencias prácticas de nuestra revolución comprueban lo científica y
veraz que es esta teoría. Nuestro pueblo inició la batalla por el socialismo en
la peliaguda situación de atraso de la sociedad colonial y semifeudal y se vio
obligado a llevar a cabo la revolución y la construcción en condiciones más
difíciles que otros. No obstante, nuestro Partido, al tomar firmemente como el
eslabón principal la tarea de fortalecer el sujeto de la revolución y elevar su
papel, aglutinando con solidez, en lo organizativo e ideológico, a las masas
populares en torno suyo y del Líder según los postulados de la idea Juche, ha
podido allanar de manera relevante el camino socialista. En la edificación del
socialismo, al mismo tiempo que fortalecía por todos los medios el poderío
político e ideológico de nuestra revolución anteponiendo seguramente la
transformación de las personas, la de su ideología, a las demás tareas, consolidó
la economía nacional independiente y la capacidad militar autodefensiva,
gracias a lo cual, pese a tan complicada situación de hoy, se mantiene
imperturbable e impulsa con energía la revolución y construcción. La
experiencia muestra palpablemente que el socialismo de nuestro país
fundamentado en la idea Juche, es el más científico y vital.
Nuestro socialismo está fundamentado en el criterio y la actitud jucheanos
sobre el ser humano.
El criterio y la actitud respecto al hombre constituye el fundamento en la
concepción y actitud con que se trata y comprende el desarrollo de la sociedad
y la revolución. Del mismo modo viene a ser la pauta para valorar la
cientificidad y justeza de las ideas y teorías, las políticas y los
lineamientos. El carácter científico y la veracidad de nuestro socialismo
radican precisamente, en que está fundamentado en el punto de vista y actitud
más correctos y originales sobre el ser humano.
La cuestión de cómo verla no es un simple asunto teórico, sino un problema
socio-político que refleja los intereses de clases. Históricamente, entre el
progreso y la reacción se desplegaron serios debates filosóficos al
respecto.
Las clases gobernantes reaccionarias y sus portavoces tergiversaron la esencia
del ser humano conforme a los intereses de los explotadores y la utilizaron
para justificar su régimen. En otros tiempos, en los debates filosóficos
prevalecían dos criterios: uno, que consideraba al hombre como ente espiritual
y, otro, que lo veía como materia. Para la concepción religiosa e idealista,
que lo consideraba como un mero espíritu, el hombre es producto de un ser
misterioso y sobrenatural y su destino lo decide éste. La utilizaron las clases
gobernantes reaccionarias y sus portavoces para predicar que la desgraciada
situación de las masas trabajadoras, explotadas y oprimidas, es inevitable, y
por consiguiente, deben seguir el predestinado destino. La concepción que
valora al hombre como un simple ser natural, biológico, no deja apreciar la
diferencia cualitativa entre el hombre que, medido y controlado por la
conciencia, actúa con fines bien definidos, y los seres biológicos que actúan
por instinto. Las clases gobernantes reaccionarias y sus portavoces la
emplearon para defender la sociedad capitalista donde reina la ley de la selva.
Los traidores al socialismo restauran el capitalismo introduciendo la libertad
burguesa y la economía de mercado capitalista, porque parten de ese criterio y
posición reaccionarios sobre el hombre.
El hombre no es un ser puramente espiritual, ni un simple ente biológico. Es un
ser social que vive y actúa en el marco de las relaciones sociales. Esta es la
importante característica que lo distingue.
El marxismo definió la esencia del hombre como el conjunto de las relaciones
sociales, lo cual hizo un aporte histórico a combatir el criterio no científico
y reaccionario que lo consideraba como un ser puramente espiritual o
simplemente biológico. Sin embargo, esa definición no es una evaluación
integral de sus características esenciales, y por ende, tampoco puede explicar
correctamente los vínculos entre él y el mundo, ni el papel y lugar que ocupa
en éste.
La idea Juche ha sido la primera en aclarar de modo científico las
características esenciales del hombre, y sobre esta base ha explicado de un
nuevo modo el papel y lugar que ocupa en el mundo.
En otros tiempos, hubo también muchas tentativas de explicar la esencia del
hombre partiendo principalmente de sus características. Podemos citar como
ejemplo la determinación del hombre como ente de palabra, trabajo y
pensamiento. Pero esto es sólo la observación de un determinado aspecto de sus
actividades, las cuales son la manifestación de sus atributos esenciales.
El hombre es un ser social con espíritu independiente, espíritu creador y
conciencia. He aquí sus características esenciales.
El espíritu independiente es un atributo del ser social, el cual, siendo dueño
del mundo y de su propio destino, quiere vivir y progresar de manera
independiente, sin verse sometido ni restringido. El espíritu creador es otro
de sus atributos, éste le permite, con fines bien definidos, transformar el
mundo y forjar su destino conforme a las demandas suyas. Y la conciencia es el
atributo que le posibilita determinar todas sus actividades encaminadas a
conocer y transformar al mundo y a sí mismo. Garantiza el espíritu de
independencia y el creador. Por actuar de manera independiente y creadora
guiado por la conciencia, el hombre se distingue cualitativamente de los
animales, que se mueven según los instintos. Su acción es un proceso en el que
exterioriza su espíritu independiente, espíritu creador y conciencia, mientras
sus actividades independientes, creadoras y conscientes son su modo de ser.
Al margen de su organismo desarrollado, en especial, de su cerebro altamente
desarrollado, es inconcebible que se valore como ente social con espíritu
independiente, espíritu creador y conciencia. Este organismo, biológicamente es
la base que le permite poseer espíritu independiente, espíritu creador y
conciencia. Mas, no tiene en sí la capacidad para engendrarlos espontáneamente.
Estos son atributos sociales que se forman y desarrollan en el proceso de sus
actividades socio-históricas dentro del marco de las relaciones sociales.
Por poseer independencia, espíritu creador y conciencia el hombre puede forjar
su destino con sus propias fuerzas. Para un ente biológico, su destino depende
de cómo se adapta al medio ambiente; puede afirmarse que es parte de la
naturaleza. Al contrario, el hombre es el dueño y artífice del mundo; forja su
destino por su cuenta y transforma el mundo conforme a sus necesidades. A
medida que se desarrollan la independencia, el espíritu creador y la
conciencia, se fortalecen su posición y papel de dueño y artífice del mundo, lo
cual se manifiesta en su esfuerzo por transformar la naturaleza y la sociedad.
A la par que se desarrollan la conciencia ideológica independiente y las
facultades creadoras del hombre y se eleva su papel, se incrementan las
riquezas de la sociedad y mejoran las relaciones que rigen en ella. En el proceso
de desarrollo histórico todas las generaciones toman esas riquezas y las
relaciones creadas por las antecesoras, o sea, aprovechan las condiciones
objetivas dadas. Aunque éstas desempeñan un rol importante en el desarrollo de
la sociedad, no son sino un producto histórico de las actividades
independientes, creadoras y conscientes del hombre, y éste es quien las
aprovecha y desarrolla. Aunque ellas sean favorables, la sociedad no puede
avanzar con rapidez si no son elevadas ni se despliegan a plenitud el espíritu
independiente, la creatividad y la conciencia del hombre que las aprovecha y
desarrolla; pero en contraste, aunque sean desfavorables, si son elevadas y
despliegan plenamente, su desarrollo puede ser rápido. Esto significa que el
proceso histórico del desarrollo social lo determina el grado del progreso y el
despliegue de esos atributos del hombre. Las masas trabajadoras explotadas
desearon desde temprano una nueva sociedad, de igualdad, libre de explotación y
opresión; pero si no pudieron lograrla en otras épocas es porque su conciencia
ideológica independiente y su facultad creadora no estaban desarrolladas y su
papel fue limitado. El hombre transforma la naturaleza y la sociedad, y lleva
hacia adelante la historia, y cuanto más rápidamente se desarrollan su
conciencia ideológica independiente y capacidad creadora y se eleva su papel,
tanto más se acelera el progreso de la sociedad y la historia, y con más éxito
se impulsa el proceso revolucionario y constructivo. Puede decirse que la
historia del desarrollo social es, en definitiva, la de la evolución del
espíritu independiente, espíritu creador y la conciencia del hombre.
El hombre, por su independencia, creatividad y conciencia, deviene el ser más
valioso y potente. Es el único dueño y transformador del mundo. En éste no hay
otro más valioso y poderoso que él.
Sin embargo, los reaccionarios burgueses no lo consideran desde este punto de
vista sino como medio de producción de bienes materiales, un ente
insignificante que se compra y vende como una mercancía con capacidad de
trabajo. Tampoco lo estiman como un ente poderoso que forja por su cuenta su
propio destino sino como un incapaz que se gobierna por el oro. Si los
traidores al socialismo han restaurado el capitalismo y abolido todas las
disposiciones populares, considerando el desempleo y la pobreza como un medio
de presión para incentivar el interés por la competencia e incrementar la
intensidad del trabajo, y si, desconfiando de la fuerza de sus pueblos,
depositan esperanzas en la “ayuda” y la “cooperación” de países capitalistas
del Occidente, y adulan y obedecen a los imperialistas, esto también tiene que
ver con su criterio burgués reaccionario acerca del hombre.
El socialismo, centrado en el hombre, se basa en el principio socio- histórico,
sustentado en la idea Juche, que aclara original y científicamente las leyes
del desarrollo de la sociedad y la historia, circunscribiéndose al ser humano.
Se trata de un socialismo muy científico que, partiendo de la concepción y la
actitud jucheanas acerca del hombre, permite ponerlo todo a su servicio y
solucionar todos los problemas con la elevación de su papel creador. Nuestro
socialismo defiende y asegura de manera consecuente la independencia del
hombre, incrementa con rapidez y pone de pleno manifiesto su conciencia
ideológica y capacidad creadora, de modo que se eleva extraordinariamente su
posición y papel come dueño y transformador del mundo, y se impulsan con vigor
la revolución y la labor de construcción.
Además, la idea Juche ha esclarecido de manera original la esencia de la vida
del hombre y el valor de su existencia.
Considerando al hombre como un organismo biológico, su vida significa,
precisamente, la física. Pero él no tiene sólo vida física. La idea Juche ha
sido la primera en la historia en definir que el hombre, además, tiene la vida
socio-política. Si la física le es consustancial por ser un organismo
biológico, la socio-política la adquiere como ente social. Como ente social le
es propia la vida socio-política.
Para el hombre la vida física es valiosa. Sólo si la posee, también puede tener
la socio-política. En este sentido puede decirse que la vida material, que
cubre las demandas de la vida física, satisface la primera necesidad del
hombre. Como éste es un ser social, a diferencia de un simple ente biológico,
su demanda por la vida material crece sin cesar, ejerciendo influencia sobre la
socio-política a medida que se eleva su grado de independencia, facultad
creadora y conciencia, y se desarrolla la sociedad. La vida material, estable y
sana, no sólo cubre satisfactoriamente las demandas vitales, sino que también
sirve de garantía material para mantener y hacer brillar la socio-política.
Para el hombre, desde luego, es valiosa la vida física, pero lo es más la
socio-política. Valorar más ésta que aquélla es una demanda intrínseca del
hombre, ente social. Si, haciendo caso omiso de las demandas de la vida
socio-política, se atienden sólo las de la física, no puede ser una vida de
gran valor aunque se asegure una rica vida material, sino resultará deformada y
vacua como la de un animal, por contravenir la naturaleza del ser humano.
La independencia es la vida para el hombre. Este, ente social independiente,
quiere vivir de manera soberana, sin verse sometido, ni restringido por nada.
Vivir independiente significa defender su posición, y ejercer sus derechos como
dueño del mundo y de su propio destino. Sólo cuando el hombre, ente social,
materializa sus exigencias de independencia, y goza del derecho a ella puede
decir que vive con dignidad, disfrutando de la vida socio-política. Si uno
pierde la independencia y se somete a otros, aunque esté vivo, no se diferencia
de un muerto en el plano social y político. La demanda del hombre de vivir en
independencia se realiza, ante todo, mediante la actividad política
independiente. Esta actividad es inconcebible si el hombre está avasallado
política o socialmente.
Como la vida socio-política es la más valiosa para el hombre, poseerla y
hacerla brillar proporciona un alto valor para vivir. El hombre la recibe del
colectivo social. Este es, pues, la matriz de esa vida. Por tanto, la
existencia del hombre se valora según cómo se une con el colectivo social.
Resulta valiosa si disfruta del afecto y la confianza de la colectividad
social; de lo contrario no tiene valor. El individuo puede gozar de ese afecto
y confianza cuando pone los intereses de la colectividad por encima de los
personales y le sirve con lealtad. En resumidas cuentas, el hombre disfruta de
la más valiosa y digna vida cuando une su destino al del colectivo y le sirve
con abnegación, y cuando en medio de su afecto y confianza despliega
actividades independientes y creadoras. He aquí, precisamente, el camino que
conduce a hacer brillar su vida socio-política y vivir con dignidad como ser
social.
En la actualidad, los reaccionarios burgueses y los traidores al socialismo
consideran como un fenómeno normal la explotación y dominación del hombre por
el hombre y consideran a éste como un ente vil que persigue sólo su propia
ambición material; 10 que es una evidente expresión del carácter reaccionario
de su punto de vista y actitud burgueses en cuanto a la esencia de la vida del
hombre y el valor de su existencia.
La auténtica vida con que todas las personas pueden hacer brillar la valiosa
socio-política, y satisfacer plenamente las exigencias de la física, puede
darse sólo, por excelencia en la sociedad socialista basada en el colectivismo.
Esta sociedad les posibilita desenvolverse de manera independiente y creadora
en las actividades socio-políticas y demás planos sociales, libres de toda
clase de explotación y opresión, de dominación y sojuzgamiento. Para que en
ella las personas gocen de una existencia independiente y creadora, con alta
conciencia y capacidad como dueñas de la sociedad, es preciso programar con
acierto sus actividades orgánico- ideológicas y culturales. Sólo cuando ellas
posean una firme conciencia ideológica independiente y capacidad creadora
desarrollada integralmente adquiridas a través de las actividades
organizativo-ideológicas revolucionarias y las culturales sanas y fecundas,
pueden hacer activos aportes a la sociedad y al colectivo, y disfrutar de una
vida de gran valor como dignos miembros de la sociedad.
El nuestro es un socialismo auténtico, centrado en el hombre: valora al hombre
en todas sus magnitudes, encarna a plenitud sus exigencias consustanciales, y
así permite a todos poseer y hacer valer constantemente la vida socio-política,
y satisface a plenitud las demandas de su vida física. El socialismo humano
céntrico propicia que todos los miembros de la sociedad, con elevada conciencia
ideológica y facultad creadora, se entreguen a la sociedad y el colectivo y
lleven por igual y a sus anchas, en medio de su afecto y confianza, una
existencia armoniosa, digna y valiosa.
Nuestro socialismo está cimentado en el criterio y la posición jucheanos en
cuanto a las masas populares.
La verosimilitud y superioridad del socialismo se manifiestan en el apoyo y la
confianza que depositan en él las masas populares. Nuestro socialismo es el más
potente y ventajoso porque al estar sustentado en el criterio y la posición
jucheanos acerca de las masas populares, disfruta de su absoluto apoyo y
confianza.
Las masas populares son el sujeto de la historia. Forman una colectividad
social integrada principalmente por los trabajadores sobre la base de la
comunidad de sus exigencias por la independencia y de sus actividades
creadoras.
En la sociedad de clases el término masas populares reviste un carácter
clasista. En ella, según posean o no los medios de producción y el poder
estatal, se dividen en clases explotadoras y explotadas, en dominantes y
dominadas. Las clases explotadas y sometidas son las principales integrantes de
las masas populares. La composición clasista de éstas no es inmutable, sino
cambia en el proceso del desarrollo social y la historia. En la sociedad
capitalista las componen no sólo los obreros y los campesinos sino también los
trabajadores intelectuales y otras clases y sectores que luchan por defender su
independencia. En la socialista las integran todos los sectores y las capas,
transformados en trabajadores socialistas. Por supuesto, también en esta
sociedad continúa actuando una ínfima minoría de elementos hostiles y en las
filas revolucionarias pueden surgir traidores. Por eso, es necesario distinguir
acertadamente las masas populares de los elementos negativos.
El término masas populares refleja las relaciones socio-clasistas, pero no es
una simple concepción clasista. Originalmente, a éstas las conforman diversas
clases y sectores. Para distinguir a sus integrantes de los que no lo son se
debe tener en cuenta su situación socio-clasista, pero no hay que
absolutizarla. La ideología y acción del hombre no sólo son susceptibles de la
influencia de esta situación. Si recibe influencias revolucionarias y asimila
ideas avanzadas, puede servir a las masas populares, independientemente de su
situación socio-clasista. La principal pauta para distinguir a los miembros de
las masas populares no es su origen socio-clasista, sino su ideología. La
ideología socialista y comunista no es la única que sirve de fundamento
ideológico para aglutinar a las personas de todos los sectores y clases en
masas populares. Cualquiera que ame al país y el pueblo puede servir a éste y,
por consiguiente, ser integrante de las masas populares.
Partiendo de esta posición, el gran Líder, camarada Kim Il Sung, impulsó con
éxito el proceso revolucionario y constructivo agrupando en sus distintas
etapas a todas las personas que tenían la idea de servir a la Patria, al pueblo
y a la nación, en una sólida fuerza revolucionaria. Nuestro Partido confía en
los integrantes de todas las clases y sectores que tienen interés en la
revolución, considerándolos acompañantes no temporales sino eternos de la
revolución, y los guía por el camino del socialismo y el comunismo.
Por su naturaleza clasista, los imperialistas y otros reaccionarios se oponen a
las masas populares y, en consecuencia, temen a la misma palabra pueblo. Suelen
utilizar la palabra “conciudadanos” para encubrir los enfrentamientos y
contradicciones clasistas de su sociedad. También los traidores al socialismo
tratan de enmascarar sus actos antipopulares con el término “ciudadanos”,
prometiendo la construcción de una “sociedad cívica” o cosas por el estilo. Por
supuesto, a menudo se les oye decir hipócritamente, a unos y otros, “pueblo”.
Pero con esto no pueden encubrir la naturaleza antipopular de esos elementos
hostiles al pueblo y de los que lo traicionaron. Pueblo es una palabra sagrada
que sólo pueden utilizar con dignidad los que le son fieles, los comunistas que
luchan con toda abnegación en aras de las masas populares.
Desde hace mucho tiempo el gran Líder, camarada Kim Il Sung, enalteciendo al
pueblo como el cielo, hizo incluir esta palabra en la denominación del Estado,
del ejército, de las obras monumentales y de muchas cosas valiosas y hermosas
del país. Por valorar tan altamente al pueblo, nuestro socialismo resulta un
socialismo centrado en las masas populares, el socialismo más ventajoso, en el
que están materializadas de modo consecuente sus demandas de independencia.
Las masas populares son dueñas de todo lo que hay en la sociedad. Esto es
porque son sus creadoras.
Ellas poseen la capacidad creativa más poderosa, que le permite transformar la
naturaleza y la sociedad. La fuerza y la inteligencia del individuo tienen
límites, pero las de las masas populares son inagotables. Si en este mundo
existe un ser omnipotente, éste es exactamente el pueblo. Gracias a sus fuerzas
y talento inagotables se crean todas las cosas de la sociedad, avanza la
historia y se promueve la revolución.
Las masas populares transforman la naturaleza, desarrollan las fuerzas
productivas y crean las riquezas materiales. Es obvio que también la clase
capitalista se interesa por el desarrollo de esas fuerzas para obtener más
ganancias, pero no crean los bienes materiales con sus propias manos. Las masas
populares producen las riquezas ideológicas y culturales y, además, de ellas
salen ideólogos avanzados, científicos competentes y literatos y artistas
talentosos. También las clases explotadoras presentan portavoces de su
ideología y cultura, mas sus creaciones contaminan la vida sana y el progreso
de la sociedad. Las masas populares transforman la sociedad. Pero, las clases
explotadoras reaccionarias no tienen interés por ello, sino, únicamente, por el
mantenimiento y la consolidación de su viejo régimen. La farsa de la “reforma”
que escenifican los gobernantes burgueses, es, en todos los casos, para evitar
la crisis capitalista. La transformación progresista de la sociedad sólo la
llevan a cabo las masas populares concientizadas y unidas. Como éstas son
creadoras de todas las cosas de la sociedad, es natural que sean sus dueñas.
Pueden serlo en el verdadero sentido de la palabra sólo en la sociedad
socialista donde les pertenecen el Poder estatal y los medios de producción. Por esta razón, en calidad de dueñas, tienen que ocupar su posición, ejercer
sus derechos, cumplir con su responsabilidad y papel y disfrutar de una vida
valiosa y feliz. Como dueñas de todas las cosas de la sociedad han de ocupar su lugar y ejercer
sus derechos.
Esta es su demanda independiente. La independencia es su vida, y la posición y
derechos independientes constituyen una condición esencial que decide su destino.
Siendo, como son, dueñas del Estado y la sociedad, tienen que ocupar el lugar
merecido y ejercer los derechos correspondientes en todas las esferas de la
vida social, como la política, la económica y la cultural.
Con miras a defender con firmeza la independencia de las masas populares y
concretarla, hay que trazar todos los lineamientos y las políticas, reflejando
sus demandas, y llevarlos a la práctica apoyándose en sus fuerzas.
Esas demandas son la pauta que mide la exactitud de la política y los lineamientos.
La única vía que permite evitar el subjetivismo y los reveses en la revolución
y la construcción reside en compenetrarse con las masas populares y prestar
oídos a sus opiniones y exigencias. Estas son maestras en todos los asuntos. La
sintetización de esas opiniones y demandas independientes da origen a ideas,
lineamientos y política, el partido de la clase obrera siempre debe entrar en
las masas populares y oír sus opiniones y demandas. Este ha de ser el primer
proceso también en el trabajo de los funcionarios. Si nuestro Partido ha podido
implantar el régimen socialista más avanzado y hacerlo brillar sin cesar aun en
complicadas y difíciles circunstancias, ha sido porque se compenetró con las
masas populares y trazó los lineamientos y la política reflejando sus
exigencias independientes y las hizo realidad de modo consecuente apoyándose en
sus fuerzas. Esta es, justamente, la llave que ha permitido a nuestro
socialismo avanzar victoriosamente por el camino más científico, sin conocer
ninguna desviación ni altibajos.
A fin de defender y concretar la independencia de las masas populares hay que
salvaguardar con firmeza la del país y la nación.
Practicar la independencia en la política, la autosuficiencia en la economía y
la autodefensa en la salvaguardia nacional constituye el principio
revolucionario que nuestro Partido mantiene invariablemente. Al sostener de
modo estricto este principio revolucionario aun bajo la presión de los
imperialistas y dominacionistas, teniendo en alto aprecio la independencia del
país y la nación nuestro Partido y pueblo han defendido con firmeza su
soberanía y dignidad, y hoy dignidad, y hoy también siguen avanzando según su
convicción, enarbolando la bandera del socialismo.
En la actualidad, los imperialistas se inmiscuyen de manera arbitraria en los
asuntos internos de otras naciones y violan la soberanía de sus pueblos, pero
tratan de justificarlo con el pretexto de la “defensa de los derechos humanos”.
Los derechos humanos son inconcebibles fuera de la soberanía del país y la
nación. Nunca se les pueden asegurar a los pueblos dominados por las fuerzas
extranjeras. Son derechos independientes que los pueblos deben ejercer en todas
las esferas de la vida social, sobre todo en la política, la económica, la
ideológica y la cultural. Los “derechos humanos” que pregonan los imperialistas
son los privilegios de los ricos porque su dinero les permite cometer cualquier
vileza. Ellos no consideran un derecho humano el de los desempleados al trabajo
y el de los desamparados y huérfanos a subsistir. Ellos, que privan a los
trabajadores del más elemental derecho a la existencia y aplican la política
antipopular, la de discriminación racial y nacional, y la colonialista, no
tienen cara para hablar de los derechos humanos. El primer enemigo de los
derechos humanos son los imperialistas que violan la soberanía de los pueblos e
intervienen en los asuntos internos de otros países bajo el rótulo de “defensa
de los derechos humanos”. No toleraremos en absoluto la injerencia y
arbitrariedad de ellos que tratan de violar a su antojo la soberanía de nuestro
país y nación, y la defenderemos resueltamente.
Las masas populares, como dueñas de todo lo que hay en la sociedad, deben
cumplir con la responsabilidad y el papel que les corresponden como tales. Sólo entonces pueden defender su lugar y derechos. La revolución y la
construcción son obras para y de las masas populares. Estas tienen que resolver
bajo su responsabilidad y con sus propias fuerzas todos los problemas que
surgen en estos procesos. Para que cumplan a plenitud con dicha responsabilidad y papel, deben elevar su
conciencia de dueñas, y para lograrlo, anteponer la transformación ideológica,
la labor política, a otras tareas. Hacerlo así constituye una demanda
consustancial de la sociedad socialista. En ésta, donde las masas populares son
dueñas del Estado y la sociedad, la principal fuerza motriz de su desarrollo es
el elevado entusiasmo revolucionario y la actividad creadora que ellas
manifiestan, dotadas con conciencia ideológica independiente y unida
monolíticamente en torno al partido y al líder. Sólo cuando priorizando la
transformación ideológica y el trabajo político, se transforman todos los
miembros de la sociedad por vía comunista y se eleva su entusiasmo
revolucionario y actividad creadora, es posible impulsar vigorosamente la
revolución y la construcción, y manifestar plenamente la superioridad del
socialismo. Por eso, en la construcción socialista hay que prestar atención
principal a la educación de las masas populares y la elevación de su entusiasmo
revolucionario y actividad creadora sin dejar de conceder prioridad a la
transformación ideológica, a la labor política. Para impulsar la construcción
socialista, no hay mejor manera que la de elevar así el papel de las masas
populares. Tratar de mover a los hombres con dinero contraviene la naturaleza
de la sociedad socialista y con tal práctica no se puede poner de manifiesto
las ventajas del socialismo. Si se aferra a ese método capitalista, no es
posible elevar el entusiasmo revolucionario y la actividad creadora de las
personas y, además, da como resultado que se pone en peligro el mismo sistema
socialista, al degenerarlo. Con la segura priorización de la transformación
ideológica y la labor política, nuestro Partido ha venido impulsando
enérgicamente la revolución y la labor de construcción, y ha puesto en pleno
manifiesto la superioridad del socialismo, apoyándose en el entusiasmo
revolucionario y la actividad creadora de las masas populares. El elevado celo
revolucionario y espíritu creador de éstas, agrupadas sólidamente en torno al
Partido y al Líder, constituyeron la fuente de la fuerza que le permite a
nuestro socialismo centrado en las masas populares y científico en todas sus
magnitudes, mostrar su superioridad e invencibilidad.
Para que las masas populares cumplan con su responsabilidad y papel como dueñas
de toda la sociedad, es preciso desarrollarles la capacidad creadora. Esta es
una cuestión importante a la que se debe restar atención primordial y constante
en la revolución y en la labor de construcción. Como las masas populares son
creadoras de todo lo que existe en la sociedad, los éxitos de estos procesos
dependen del grado de su preparación como ente poderoso. Formarlas como un ser
poderoso significa elevar su capacidad creadora junto con su conciencia de
independencia. En la sociedad capitalista no puede cumplirse adecuadamente su
demanda de desarrollarse de modo constante como ente independiente y creador.
Los imperialistas y capitalistas no necesitan hombres concientizados con
espíritu independiente y creador, y multilateralmente desarrollados, sino
dóciles servidores que les proporcionen plusvalía. Así es como, recurren a
cualquier medio y método, para convertir a los trabajadores en esclavos del
capital, los corrompen ideológicamente y deforman su capacidad creadora. La
exigencia de las masas populares por progresar como ente independiente y
creador puede ser realidad de modo satisfactorio sólo en la sociedad
socialista. Nuestro Partido, al implantar el más avanzado sistema de enseñanza
socialista y el de estudio de todo el pueblo, y ponerlos en funcionamiento a
expenses del Estado y la sociedad, está cumpliendo con éxito la formación de
todos los miembros de la sociedad como constructores del socialismo y el comunismo,
integralmente desarrollados. Es por eso que nuestro pueblo impulsa con denuedo
la construcción socialista, aun bajo condiciones extremadamente difíciles,
resolviendo todos los problemas con sus propias fuerzas y sabiduría bajo la
bandera del apoyo en los propios esfuerzos.
Las masas populares, siendo dueñas de todas las cosas de la sociedad, merecen
disfrutar de una vida digna y feliz. Para ello la vida material ocupa un lugar
importante. Constituye la esfera bajo el socialismo las masas populares son dueñas
del Estado y la sociedad, es natural que disfruten de una existencia material
abundante y culta. Al acelerar con vigor la edificación económica nuestro
Partido consolidó y desarrolló el sistema económico socialista y construyó una
poderosa economía nacional auto sostenida, y así logró preparar una sólida
garantía para asegurar con las fuerzas propias la vida material del pueblo. Es
muy grande el potencial de la economía nacional independiente que hemos
construido con tenaces esfuerzos, y apoyándonos en nuestras propias fuerzas;
viene a ser un valioso fundamento que asegura a todo el pueblo una vida
material, sana y estable. Seguiremos dedicando grandes fuerzas a la
construcción económica socialista para aumentar el poderío del país y elevar
sin cesar el nivel de vida material del pueblo conforme a la demanda del
socialismo.
El contenido esencial de la vida digna y feliz de las masas populares, es hacer
brillar la vida socio-política y gozar de una existencia digna en medio del
afecto y confianza de la colectividad social.
Por su naturaleza, el pueblo exige vivir así, pero no es factible en la
sociedad explotadora. La explotación y opresión del hombre por el hombre es
incompatible con el afecto y confianza en el pueblo, y entre los explotadores y
explotados no pueden existir verdaderos sentimientos de afecto y confianza. En
la sociedad capitalista donde la dignidad del hombre se convierte en valor de
cambio, se evalúa por el dinero y las riquezas, no se puede hablar del afecto y
la confianza en las masas populares. Que los reaccionarios burgueses parloteen
acerca del amor por encima de las clases, es una taimada treta encaminada a
encubrir la esencia del régimen explotador capitalista y opacan las
contradicciones clasistas. La teoría precedente de la clase obrera reveló el
carácter reaccionario del amor por encima de las clases que preconizaban
hipócritamente los reaccionarios burgueses y asentó que en la sociedad clasista
también el amor tiene carácter clasista. Esto no significa que el amor y la
confianza pueden compartirse sólo entre los hombres de la misma situación
socio-clasista. Estas relaciones pueden establecerse también entre quienes se
esfuerzan juntos por defender la independencia de las masas populares y
realizan en conjunto actividades creadoras, pese a sus diferentes situaciones
socio- clasistas.
Una vez asentado el régimen socialista, se elimina el antagonismo de clase, y
las relaciones antagónicas y de desconfianza entre los hombres se convierten en
las de afecto y confianza. En la sociedad socialista el afecto y la confianza
se fomentan entre los colectivos sociales y sus integrantes y entre los
miembros individuales, y tienen su manifestación suprema entre el líder y sus
soldados. La más valiosa y bella vida es la que une a los soldados con su
líder, al pueblo con el partido mediante los lazos de afecto y confianza, y que
con la conversión de toda la sociedad en un ente socio- político permite a
todos sus integrantes hacer brillar constantemente su vida socio-política, y la
sociedad que logra hacer realidad esta existencia es la más sólida y vital.
El socialismo centrado en las masas populares materializa de modo inmejorable
las relaciones de solidaridad y cooperación camaraderiles y de afecto y
confianza en todas las esferas de la vida social, y también basa la política en
estos sentimientos. El afecto y la confianza constituyen la esencia de la
política en la sociedad socialista donde las masas populares, otrora objeto de
la política, se convierten en sus protagonistas. Nosotros llamamos política de
virtud a la que se basa en el afecto y la confianza. Los imperialistas
embellecen la política burguesa con cosas como el “pluripartidismo” y la
“democracia parlamentaria” y denigran la socialista, pero no pueden convertir
lo blanco en negro. La política burguesa, aliada con el poder monetario, es
opresora y saqueadora, cruel y astuta.
Para aplicar una genuina política de virtud en la sociedad socialista es
indispensable contar con un dirigente político que ame al pueblo
ilimitadamente. El tiene que poseer capacidad, pero, más que todo, la alta
virtud de amar infinitamente al pueblo. Esto es así porque la política
socialista es en su esencia la de virtud. Si el dirigente político en el
socialismo no posee suficiente capacidad, es posible que como consecuencia
dilate el desarrollo de la sociedad, pero si carece de las cualidades humanas,
puede traicionar al pueblo y llevar el socialismo a la ruina.
Para aplicar la política de afecto y confianza en la sociedad socialista es
indispensable que el partido en el poder se convierta en un partido madre.
El partido de la clase obrera es la organización política rectora de la
sociedad, razón por la cual de cómo se estructure éste depende cómo sirven al
pueblo los organismos estatales y demás instituciones de la sociedad
socialista. Su conversión en un partido madre es la primera condición para
hacer de unos y otras servidores del pueblo. Construir tal partido significa
estructurarlo como un auténtico orientador y protector del pueblo que atiende
con tino, y bajo su responsabilidad, el destino de las masas como una madre ama
y cuida sinceramente a sus hijos. En otros tiempos, el partido se consideró
principalmente como un arma en la lucha de clases. Desde luego, el partido de
la clase obrera tiene que desplegarla, pero toda su actividad debe partir, en
todos los casos, del infinito afecto y confianza en el pueblo. Tiene que poner
en el primer plano la tarea de defender los intereses de las masas populares y
luchar contra aquellos que los lesionen. Si muchos partidos perdieron el apoyo
y la confianza de ellas y como consecuencia dejaron de existir, fue porque en
vez de atender bajo su responsabilidad y sinceramente, con el sentimiento de
una madre, el destino del pueblo, degeneraron en organizaciones burócratas
ostentosas y abusadoras de autoridad.
Con miras a construir como partido madre al que está en el poder socialista,
hay que educar a todos los cuadros y militantes en el espíritu de amar sin
pueblo y servirle con lealtad.
Para ser un fiel servidor del pueblo, tiene que saber pensar primero en él que
en sí mismo y considerar sus alegrías y penas como las suyas. Servirle con
lealtad constituye un sublime deber del comunista y en esto está el auténtico
valor de su existencia. Los revolucionarios ingresan en el partido de la clase
obrera no persiguiendo intereses personales, notoriedad y autoridad, sino para
servir mejor al pueblo. El verdadero comunista y miembro del partido de la
clase obrera es quien primero se ofrece para vencer reveses y deja atrás las
satisfacciones personales, se encarga voluntariamente del trabajo difícil y
cede el éxito a otros. Para preparar así a los militantes, es necesario
intensificar entre ellos la educación ideológica para orientarlos a servir con
abnegación al pueblo.
En la construcción del partido en el poder socialista como un partido madre lo
importante es concientizar estrictamente de manera revolucionaria a los cuadros
y desplegar entre ellos una lucha enérgica contra el abuso de autoridad, el
burocratismo y las prácticas ilícitas y decadentes. Estos fenómenos surgidos
entre los cuadros son los elementos principales que obstaculizan la aplicación
de la política virtuosa en la sociedad socialista. El socialismo se opone a los
privilegios de toda índole. Con la implantación del régimen socialista
desaparece la clase privilegiada. Mientras el poder estatal y los medios de
producción estén en manos del pueblo, no puede reaparecer esa clase. Sin
embargo, si en esta sociedad no se desarrolla la lucha contra el abuso de
autoridad, el burocratismo y los actos ilícitos y depravados, es posible que
algunos cuadros mal preparados se deterioren en el plano ideológico y,
separándose del pueblo, se conviertan en una capa especial oda política del
partido y el Estado se ejecuta por medio de los cuadros, razón por la cual, por
muy buena que sea, no puede plasmarse exactamente si aquéllos abusan de la
autoridad y practican el burocratismo. Si ellos proceden así y perpetran actos
ilícitos y decadentes resultará que el partido en el poder socialista pierde el
apoyo y la confianza de las masas y como consecuencia deje de existir. La
lección histórica muestra que si el partido en el poder socialista permite a
los cuadros cometer esos actos es como cavar su propia tumba. Hace ya mucho tiempo que nuestro Partido, percatándose de la peligrosidad del
abuso de autoridad, el burocratismo y los actos ilícitos y depravados que
pueden surgir en el partido en el poder viene desplegando infatigablemente la
lucha contra ellos. Hoy, nuestros, en fiel acato a la consigna del Partido: “!
Servimos al pueblo!”, trabajan con lealtad para éste, convirtiéndose en sus
servidores. Pero, no debemos descuidar en ningún momento esta lucha porque esos
fenómenos tienen sus raíces en los remanentes de las ideas caducas y no cesan
las maniobras de infiltración ideológico-cultural de los imperialistas,
encaminadas a fomentar en nuestro seno ideas trasnochadas. Nos compete seguir
impulsando con vigor la educación y la lucha ideológica para erradicarlos entre
los cuadros.
La política de afecto y confianza, la de virtud, de nuestro Partido constituye
el principal factor que determina la superioridad e invencibilidad de nuestro
socialismo. Gracias a esta política, implantada por el Partido y el Líder, nuestro pueblo
disfruta de una existencia de alto valor y digna bajo el régimen socialista a
nuestro estilo, centrado en las manas populares, haciendo brillar su valiosa
vida socio-política. Toda la sociedad forma una grande y armoniosa familia,
cuyos miembros, felices y conscientes del valor de vivir, mutuamente confían,
se aman y se ayudan. He aquí el verdadero rasgo de nuestra sociedad.
En nuestro país, todo el pueblo enaltece y respeta al Líder como su propio
padre, sigue al Partido viendo en él el regazo maternal, y el Líder, el Partido
y las masas, integrados en un ente socio-político, comparten un mismo destino.
En todo su ámbito se manifiestan bellos rasgos comunistas: hay quienes
sacrifican sin vacilar su vida para salvar la de los compañeros
revolucionarios; jóvenes de uno y otro sexo contraen matrimonio con quienes
quedaron honrosamente inválidos en el ejército, y existen también los que
atienden con el verdadero sentimiento de familia a los huérfanos y los ancianos
desamparados. Todo esto es un relevante fruto de la política benévola de nuestro
Partido.
La vitalidad de esta política se verifica no sólo en los nobles rasgos
espiritual-morales del pueblo, sino también en su vida material y cultura, sana
y equitativa, que continúa mejorando. Todos están libres de las preocupaciones
por problemas del alimento, vestido y vivienda, y beneficiados por los sistemas
gratuitos de enseñanza obligatoria y de asistencia médica, estudian toda la
vida, sin interrupción y disfrutan de salud. El Estado asegura puestos de
trabajo estables a todos los aptos, garantiza con responsabilidad las
condiciones vitales a los habitantes e, incluso, atiende con solicitud a los
impedidos para el trabajo temporal o definitivamente y a los ancianos
desamparados. Los veteranos de la revolución y de la guerra, los militares heridos
de honor y los beneméritos llevan una vida digna bajo la protección estatal y
disfrutando del alto respeto y amor del pueblo.
Los beneficios de la política benévola de nuestro Partido llegan con mayor
calor a las nuevas generaciones. Sus integrantes son continuadores de la
revolución y representan el porvenir de la nación. La perspectiva de la
revolución y la prosperidad de la nación dependen de cómo ellos se forman. Por
esta razón, esta tarea no puede ser sólo de la incumbencia de sus padres. En la
sociedad capitalista donde el destino de los integrantes de la joven generación
lo decide el dinero de sus padres, es inevitable que ellos caigan víctima de la
desigualdad y los males sociales. Hoy, muchos niños y demás miembros de la
joven generación del orbe pierden la vida o se convierten en inválidos, o vagan
por las calles, o toman el camino de la delincuencia y de la degeneración, a
causa de la guerra, de los conflictos sociales, de las enfermedades y el
hambre, consecuencias de la agresión e injerencia de los imperialistas y del
saqueo de las clases explotadoras. En contraste, en nuestra sociedad socialista
donde se aplica la política de virtud, todos los integrantes de la nueva
generación crecen a expensas del Estado. Nuestro Partido y Estado los atienden
con máxima solicitud y cariño. El Estado les ofrece los uniformes, los
artículos de uso escolar y otras cosas, y les asegura el más avanzado sistema
de enseñanza obligatoria integral de 11 años para que estudien a sus anchas. En virtud del profundo cariño y
atención del Partido y el Líder, del Estado y la sociedad, los integrantes de
nuestra joven generación crecen felices sin tener nada que envidiar.
Todas las medidas políticas populares que hoy se aplican en nuestro país
comprueban la superioridad del régimen socialista a nuestro estilo, centrado en
las masas populares, y se han originado del sublime amor del Partido y el Líder
hacia ellas. La política de virtud es la forma tradicional de la política cuya
raíz histórica preparó el gran Líder, camarada Kim Il Sung, en los años de la
Revolución Anti-japonesa, y que profundizó y desarrolló con el avance de la
revolución y la construcción.
El estimado Líder, camarada Kim Il Sung, fue el afectuoso padre de nuestro
pueblo que encarnó en el nivel superior el amor a éste. Desde temprano,
considerando como su máxima “apreciar al pueblo como el cielo”, estuvo siempre
entre el pueblo y compartió con él las penas y alegrías, consagrándole todo su
ser. Por tener su Líder en el respetado camarada Kim Il Sung, quien con sus
nobles virtudes lo amaba ilimitadamente, pudo escribirse en nuestro país una
brillante y auténtica historia de la política popular, política benévola.
Nuestro Partido lleva adelante y desarrolla sin cesar la brillante tradición de
esa política elaborada por el gran Líder, camarada Kim Il Sung. Se trata de una
política que les dispensa profundo afecto y confianza a todos los sectores del
pueblo sin distinción. En ese sentido la llamamos también política de altos
vuelos. Repito que esta es la política de invariable afecto y confianza con que
nuestro Partido orienta responsablemente la vida socio- política de cada
persona. Aunque se trate de un hombre que ha cometido un error, no lo abandona
sino lo educa, transforma y conduce por el camino correcto, para que haga
brillar hasta el fin su vida socio-política.
El sublime afecto y confianza del Partido y el Líder hacia nuestro pueblo
infunde a éste infinitos sentimientos de fidelidad a aquéllos. Desde antaño,
nuestro pueblo es ampliamente conocido como un pueblo laborioso, valiente,
cortés, y de fuerte sentido de justicia y obligación moral. Estas excelentes
cualidades se perfeccionan y desarrollan a plenitud en nuestra época, sobre una
nueva base espiritual y moral. Nuestro pueblo agradece profundamente la benigna
política del Partido y el Líder, y lucha en cuerpo y alma corresponderle con
fidelidad. Su lealtad al padre Líder, camarada Kim Il Sung, se manifiesta en un
nivel más alto hoy, cuando lo perdimos inesperadamente. Es la voluntad
inmutable de nuestro pueblo enaltecerlo para siempre, de una generación a otra,
y de todo corazón, como Líder de nuestro Partido y la revolución. En fiel acato
a su legado y bajo la dirección del Partido, se esfuerza con mayor tenacidad
para alcanzar nuevas victorias. No hay un pueblo como el nuestro, que con sus
nobles rasgos espirituales y morales, sea fiel sin límites al Partido y al
Líder y se entregue en aras de la Patria, la sociedad y la colectividad.
Sentimos un gran orgullo por tener tan magnífico pueblo. El haberlo formado así
es un gran mérito de nuestro Partido y un sobresaliente triunfo de su política
de virtud.
La política virtuosa de nuestro Partido sirve de fuente a la monolítica unidad
volitiva del Líder, el Partido y las masas. Esta unidad es más sólida por
basarse en el amor y la fidelidad, y nuestro socialismo es invencible por tener
esta unidad como su fundamento.
El mundo admira nuestro socialismo elogiándolo como ideal. Esto es porque es un
auténtico socialismo, centrado en las masas populares, que encarna de manera
estricta el principio de envolverlas en amor y confianza.
El que las masas populares ocupan la posición y ejerzan los derechos que les
corresponden como dueñas del Estado y la sociedad, y como tales cumplan con su
responsabilidad y papel y disfruten de una existencia valiosa, es prueba de que
nuestro socialismo es un socialismo invencible que ellas apoyan y en el que
confían de modo absoluto.
Nuestro Partido seguirá ejerciendo de modo consecuente la política genuinamente
popular, la de virtud, que siempre presenta como un ente supremo a las masas
populares, dueñas de todas las cosas de la sociedad y les dispensa amor y
confianza ilimitados. Hoy, nuestro Partido y pueblo tienen por delante la
honrosa y pesada tara de llevar adelante y completar, generación, la causa
socialista del Juche, iniciada y dirigida por el gran Líder, camarada Kim Il
Sung. En el futuro, nuestro Partido la culminará confiando en el pueblo y
apoyándose en su fuerza, tal como lo hizo hasta ahora para salir siempre
victorioso.
El socialismo centrado en el hombre, en las masas populares, es más científico,
más ventajoso y más poderoso. Triunfará infaliblemente por su cientificidad y
veracidad.

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