LECCIONES
HISTÓRICAS DE LA CONSTRUCCIÓN SOCIALISTA
Kim Jong Il
Defender
con firmeza la causa del socialismo y llevarla adelante victoriosamente, se
presenta hoy como un problema de suma importancia relacionado con el destino de
la humanidad.
En
los últimos años, en algunos países fracasó el socialismo y se restauró el
capitalismo y recientemente se desintegró y desapareció la Unión Soviética.
Ante esta situación, los imperialistas y otros reaccionarios hablan con mucho
ruido como si el capitalismo hubiera “triunfado” y el socialismo hubiera
llegado a su “fin”. Esto causa confusión ideológica a personas que no tienen
clara conciencia de la realidad, y acarrea graves consecuencias para el
desarrollo de la revolución mundial. Sacar lecciones del actual estado,
reconstituir el movimiento socialista sobre nuevos fundamentos e imprimir auge
a la causa del socialismo, viene a ser hoy una tarea histórica imperiosa.
Esta
es una misión justa llamada a realizar la independencia de las masas populares,
y que la humanidad avance por el camino del socialismo deviene una ley
irrevocable del desarrollo de la historia. Puede haber altibajos en el proceso
de avance del socialismo, pero jamás se variará la dirección de la marcha de la
historia. Afirmar que el ideal socialista fuera equivocado, y la revolución
socialista, errónea, en vista del fracaso de este sistema en algunos países,
como si hubiera cambiado el curso de la historia, es un sofisma reaccionario de
los imperialistas y de los renegados.
Durante
largo tiempo, las masas populares aspiraban a vivir en una nueva sociedad
independiente, libre de explotación y opresión, y han venido desplegando una
penosa lucha para verla realizada. En este transcurso se creó el marxismo,
doctrina del socialismo y el comunismo, y tomándola por guía, se condujo al
triunfo la Revolución Socialista de Octubre. Posteriormente, el socialismo se
extendió a escala mundial y los países socialistas alcanzaron, en un corto
espacio de tiempo, trascendentales progresos socio-económicos, que ni en
cientos de años habrían podido obtenerse bajo el capitalismo. Este proceso de
desarrollo de la historia mostró que es justo el ideal del socialismo y que
éste posee una superioridad incomparable con respecto al capitalismo.
Entonces,
¿cómo deberíamos apreciar la frustración del socialismo y la restauración del
capitalismo en algunas naciones?
El
camino hacia el socialismo es nuevo, por nadie transitado, un arduo sendero de
la revolución que ha de ser allanado en medio de un agudo enfrentamiento y
lucha contra el imperialismo. Razón por la cual es inevitable tropezar con
dificultades y pruebas, así como pueden producirse acontecimientos imprevistos.
Desde el punto de vista del curso principal del avance de la historia, el hecho
de que en algunos países fracasara el socialismo y resucitara el capitalismo,
no pasa de ser un fenómeno parcial y temporal.
No
obstante, nosotros no podemos considerarlo casual en modo alguno, ni creer,
simplemente, que es consecuencia de un factor exterior.
Como
siempre ha enseñado el gran Líder 1 Kim
Il Sung (1912-1994). cuando se malogra un trabajo, hay que buscar su causa,
no en el factor objetivo, sino en el subjetivo. Proceder así constituye la
actitud del revolucionario y una vía correcta de rectificación del error. Sólo
cuando, desde este punto de vista y actitud, analizamos la razón del fracaso
del socialismo y sacamos sus lecciones, podremos defender y llevar adelante la
gran obra del socialismo.
La
causa fundamental del desmoronamiento del socialismo en algunos países que lo
estaban construyendo, radica, en pocas palabras, en el hecho de que en este
proceso no se dedicaron los esfuerzos primordiales al fortalecimiento de su
sujeto y a la elevación de su papel, por no comprender la esencia de esta
sociedad, preferentemente en atención a las masas populares, artífices de la
historia.
La
socialista es una sociedad, cuyas dueñas son las masas populares, y que
progresa en virtud de las fuerzas creadoras de éstas, cohesionadas y unidas
como un solo hombre. Su esencia, que la distingue de todas las explotadoras, y
la fuerza motriz que la impulsa adelante, radican precisamente en el hecho de
que las masas populares, unidas por lazos camaraderiles se esfuerzan con alta
conciencia y capacidad en calidad de protagonistas. Por eso, la vía principal
para impulsar con éxito la construcción del socialismo, consiste en fortalecer
el sujeto de la revolución, educando al pueblo de manera comunista y
aglutinándolo en torno al partido, mediante la transformación prioritaria de
los seres humanos, y elevar su papel poniendo en pleno juego su fervor
revolucionario y su capacidad creadora. No puede haber otro remedio capaz de
impulsar la edificación del socialismo. Sin embargo, personas de ciertas
naciones no entendieron correctamente esta verdad.
El
problema de qué principios y métodos escoger para promover este proceso,
después de implantado el régimen socialista, se planteó como una nueva tarea
histórica ante los partidos que lo dirigían. Fue un asunto importante
relacionado también con cómo superar las limitaciones históricas de la
imperante teoría del comunismo.
El
marxismo, doctrina revolucionaria, que se creó cuando la clase obrera, una vez
aparecida en el escenario de la historia, emprendió la lucha contra el capital,
realizó aportes imperecederos en la misión de dar al traste con las clases y
regímenes explotadores y alcanzar la liberación clasista de las masas
populares. Sin embargo, a medida que la época cambiaba y la historia
adelantaba, no pudo menos que revelar sus limitaciones. En una palabra, se
puede afirmar que es una doctrina que esclareció las condiciones para la
emancipación clasista del obrerismo, partiendo de una concepción materialista
sobre la historia. El marxismo, considerando el desarrollo social como un
proceso de evolución de la historia natural, presentó la teoría de que el
incremento de las fuerzas productivas promueve el auge de sus relaciones, y el
conjunto de éstas, es decir, el régimen económico, constituye la base de la
sociedad respectiva, sobre la cual se coloca la superestructura. Bajo estas
premisas, estableció que el modo de producción de bienes materiales deviene
factor decisivo que determina el carácter y el nivel de progreso de la sociedad
y que éste es el proceso de resolver, mediante la lucha clasista, las
contradicciones entre las fuerzas de producción y sus relaciones y de
reemplazar el viejo modo de producción por otro nuevo. Partiendo de este
principio, considera que, una vez establecido el modo de producción socialista,
ya termina la revolución social correspondiente a la transición del capitalismo
al socialismo y que, como la diferencia de las etapas superior e inferior del
comunismo, no es sino la del nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, si
éstas se incrementan mediante la edificación económica, después de implantado
el régimen socialista, es posible erigir esa sociedad, ideal de la humanidad. A
fin de cuentas, el marxismo no pudo dar una correcta respuesta al problema de
cómo continuar la revolución después de establecido el régimen socialista, para
levantar la sociedad comunista. Históricamente, esta doctrina, síntesis de
ideas y teorías que han reflejado las demandas de la etapa precedente a la
causa socialista, no se había propuesto como tarea inmediata aclarar vías
concretas para la construcción del socialismo y del comunismo, y en aquel
entonces aún no estaban creadas las condiciones sociales ni acumuladas las
experiencias prácticas para ello.
A
fin de edificar con éxito el socialismo y el comunismo, después de implantado
el régimen socialista, los partidos que lo orientaban debieron, como era
natural, desarrollar la teoría comunista de acuerdo con las exigencias de la
nueva etapa del progresos socialista y, sobre esta base, trazar líneas y
políticas correctas. Sin embargo, en el pasado, los de algunos países que
acometían el socialismo no llevaron a buen término esta tarea histórica. Como
consecuencia, aplicaron de manera dogmática las hipótesis existentes, sin tomar
en consideración sus limitaciones históricas, alegando que lo edificaban con el
marxismo como guía directriz, y por otra parte, se orientaron a ejercer
políticas revisionistas, negando la esencia revolucionaria de esta doctrina.
Aquellas
personas, quienes no desistían de interpretaciones dogmáticas de las teorías
existentes, no consideraron que la esencia y la superioridad de la sociedad
socialista se determinan por las masas populares con ideas correspondientes,
sino por el poder y las relaciones de posesión socialistas, así como también
buscaron la fuerza motriz para su construcción en el factor económico que era
la adaptación de las fuerzas productivas a las relaciones de producción. Desde
luego, si se establecen el poder socialista y los correspondientes vínculos de
posesión de los medios productivos, se crean las condiciones socio-políticas y
económicas para asegurar a las masas populares la posición y el papel de dueñas
y promover con rapidez las fuerzas productivas. Esta es una gran ventaja del
socialismo sobre el capitalismo. Sin embargo, estas condiciones políticas y
económicas no pueden ser un factor definitivo que estimula el desarrollo de las
fuerzas productivas, por ejemplo, quienes tienen el rol principal y activo en
este proceso son las masas populares trabajadoras, encargadas directas de la
producción y, a menos que se eleven su entusiasmo consciente y capacidad
creadora, no es posible aumentarlas continua y aceleradamente, aunque estén
implantadas las relaciones de producción socialistas.
El
hombre dotado con ideas socialistas, y el poder y el régimen económico del
mismo carácter se encuentran estrechamente relacionados, pero el elemento
principal es el primero. También a la luz del proceso histórico del
establecimiento del régimen socialista, se constata que primero se concibe la
ideología socialista en medio de la lucha contra la explotación y la opresión,
y las personas armadas con ésta crean partidos revolucionarios que establecen
el poder socialista mediante la concientización y organización de las masas
populares, y posteriormente, basándose en ese poder, implantan el régimen
económico correspondiente. Al margen del poder socialista, este sistema
económico no puede mantenerse, ni gestionarse a tenor de su naturaleza,
mientras que ese poder, aislado de personas con ideología socialista, no puede
conservarse, ni ejercer su función, de acuerdo con su propio carácter. En este
sentido, es obvio que el elemento decisivo que determina el desarrollo y el
destino de la sociedad socialista son, en todos los casos, las masas populares
dotadas de la idea socialista. No obstante esto, en algunos países,
considerando que podían construirla sólo si impulsaban la edificación
económica, valiéndose del poder estatal y de los medios de producción, no
prestaron primordial atención a la transformación de las personas, encaminada a
elevar con rapidez su nivel de conciencia y de cultura, y prepararlas
plenamente como sujeto de la revolución y su construcción. El resultado fue que
éstas, dueñas de la sociedad socialista no pudieron desempeñar de lleno su
papel como tales y, por consecuencia, no marchó bien la construcción económica
y todas las esferas sociales cayeron en un estado de estancamiento. Además,
como no dirigieron la debida atención a establecer formas de política popular,
idóneas al requisito intrínseco de la sociedad socialista, debilitaron la
unidad y la cohesión del pueblo y no lograron poner en pleno despliegue su
facultad creadora. Si las masas populares participan o no como auténticas
dueñas de la política en la administración del Estado y de la sociedad,
constituye la cuestión más importante que decide la consolidación y el
desarrollo del régimen socialista y el éxito de su construcción. Pese a ello,
en ciertos países, aunque se estableció el poder socialista, se mantuvieron en
realidad tal como estaban, fórmulas de política propia de la vieja sociedad,
razón por la cual el manejo del Estado y de la sociedad se separó de sus
dueñas, las masas populares, y se convirtió en una tarea de unas personas
privilegiadas.
Esto
dio lugar al burocratismo, que frenaba la creatividad de la gente e hizo decaer
la confianza de las masas populares en el partido y el Estado, trayendo la
grave consecuencia de la destrucción de la unidad y la cohesión de éstas.
Como
resultado, en esas naciones el socialismo perdió la fuerza motriz que había
impulsado con vigor su desarrollo, y no contaba con una sólida base
socio-política. Un socialismo, desprovisto de un fuerte sujeto, no puede
manifestar sus ventajas y poderío, ni vencer desafíos y pruebas que le salen al
paso. Los hechos históricos demuestran que si un país no fortalece el sujeto,
ni eleva su papel en la construcción del socialismo, puede desmoronarse ante la
ofensiva de los imperialistas y de otros reaccionarios, por muy extenso que sea
su territorio y enorme su capacidad militar y económica. Se debería considerar
que por esta misma causa se llegó inevitablemente al resultado de que los
referidos países no pudieron resistir esa ofensiva ni impedir el hundimiento
del socialismo.
Otra
causa radicó en que no vieron las diferencias cualitativas entre el socialismo
y el capitalismo, ni mantuvieron con invariabilidad su principio fundamental.
A
fin de llevar al triunfo la causa del socialismo, es indispensable mantener de
modo constante, en la revolución y su construcción, este principio de defender
y materializar con solidez los intereses y las exigencias de las masas
populares por la independencia. En la sociedad socialista se pone coto a la
explotación y a la represión del hombre por el hombre, y se plasma la demanda
intrínseca de las masas populares de vivir juntas con soberanía y el proceso de
la edificación del socialismo y el comunismo implica la completa realización de
ésta. Por tanto, el partido de la clase obrera, al orientar este proceso, tiene
que defender con firmeza los intereses y las exigencias de las masas populares
por la independencia, y resolver todos los problemas que se presentan en la
revolución y su construcción, conforme a sus intereses fundamentales.
Para
hacerlo así, es preciso fortalecer el partido de la clase obrera en el terreno
organizativo e ideológico, asegurar de modo constante su dirección sobre la
revolución y su construcción, elevar sin cesar la función y el papel del poder
socialista, defender y desarrollar la propiedad del mismo carácter y luchar resueltamente
contra el imperialismo. Esto representa un principio revolucionario en el que
no se puede ceder ni un paso. En el proceso de la construcción del socialismo
es probable que se cometan errores temporales, mas el partido de la clase
obrera encargado del destino de las masas populares no debe abandonar nunca
dicho principio en cualesquier circunstancias. Dado que en ese proceso cambian
el ambiente y las condiciones de la lucha revolucionaria, es indispensable
trazar de manera creadora la política y la línea conforme a ello, pero en
ningún caso se permite desviar de tal principio revolucionario, de la línea de
la clase obrera. Pueden alterarse dichas circunstancias y condiciones, pero
nunca el ideal básico y la exigencia del socialismo. En la batalla entre los
partidarios de éste y del capitalismo, el abandono de ese principio significa
precisamente la capitulación y la traición.
Personas
de algunos países, que en el pasado edificaban el socialismo, por no tener
firme convicción en éste, ni consecuente posición de clase obrera, vacilaban
ante las dificultades temporales que iban surgiendo y se rindieron ante la
presión de los imperialistas, cejando y abandonando, poco a poco, el
lineamiento revolucionario. Descuidaron el fortalecimiento del partido de la
clase obrera, debilitaron su papel rector y la función de dirección unitaria
del Estado socialista; introdujeron relaciones de propiedad y métodos de
administración económica capitalistas y se encaminaron a conciliarse, sin
principios, con el imperialismo, en lugar de combatirlo. Como resultado de esa
política revisionista, la sociedad fue degenerando, poco a poco, y con la
introducción del “pluralismo”, bajo el pretexto de “transformar” y
“reorganizar” el socialismo se aceleró su proceso de descomposición.
En
la sociedad socialista no se puede tolerar el llamado “pluralismo”. La “liberalización”, el “pluripartidismo” y la
“diversificación” que éste preconiza en los terrenos ideológico, político y en
el de la propiedad, respectivamente, son modos de la política de la sociedad
capitalista, donde rige la competencia por la existencia, basada en el
individualismo y el liberalismo. El socialismo tiene por base el colectivismo,
y por vida la unidad de las masas populares, razón por la cual es incompatible
con el “pluralismo”, que al introducirse fomenta el individualismo y el
liberalismo, en perjuicio de los intereses comunes de la sociedad, destruye la
unidad y la cohesión de las masas populares y crea desorden y caos sociales. La
admisión de la liberalización ideológica y el pluripartidismo en la sociedad
socialista significa, a fin de cuentas, destruir sus cimientos y abrir camino a
las maniobras contrarrevolucionarias enderezadas a derrocar el poder popular.
La lucha ideológica es el preludio de la lid política, y está destinada a pasar
al combate para el poder. La experiencia histórica muestra claramente que si a
efecto de la liberalización ideológica se difunden corrientes ideológicas
antisocialistas, y con la introducción de la “democracia pluripartidista” se
aseguran las actividades de partidos hostiles, levantan la cabeza los enemigos
de clase y los reaccionarios para perpetrar maquinaciones antisocialistas, y a
la larga, expulsan del poder al partido de la clase obrera. Los revisionistas
contemporáneos, forjándose ilusiones hacia el capitalismo, introdujeron de
plano su modalidad política y su sistema económico, tras abandonar por completo
el principio socialista, con el resultado de que sucumbía el socialismo dando
lugar al resurgimiento del capitalismo. Por haber hecho concesiones y
retrocedido un paso en el fundamento socialista, se vieron obligados a hacerlo
en diez o cien ocasiones, hasta que al fin, trajeron la grave consecuencia de
llevar a la bancarrota el partido de la clase obrera.
El
hundimiento del socialismo en algunos países se debió también a que sus
partidos no fortalecieron la solidaridad internacional, sobre la base de la
autonomía en sus relaciones, con los de otros del mismo régimen social.
Unirse
y cooperar sobre la base de la soberanía y mantenerla, fortaleciendo la
solidaridad internacional, viene a ser un principio básico que los partidos de
las naciones socialistas deben observar en sus vínculos. La independencia es la
vida del país, de la nación. El socialismo y el comunismo se construyen por
éste con unidad, y su pueblo y partido son encargados de su revolución. El
partido de cada país tiene el sagrado derecho de confeccionar su política y su
línea a tenor de su realidad y llevarlas a la práctica de manera independiente.
Nadie debe violarlo. Defender su autonomía no contraviene, bajo ningún
concepto, al fortalecimiento de la solidaridad internacional con otros
partidos. La causa socialista de un pueblo es nacional y, a la vez,
internacional. El partido comunista o el obrero de cada nación tiene el derecho
de defender su independencia, y al mismo tiempo, la obligación de respetar la
de los partidos de otros Estados, y de unirse y colaborar de modo camaraderil
en aras de la victoria socialista.
En
el seno del movimiento comunista internacional, unos partidos actúan en
territorios grandes, y otros en pequeños, con antigüedad larga o corta. No
negamos que los primeros tienen mayor capacidad que los segundos y por ende
pueden hacer más aportes al cumplimiento de la causa común. Deben, pues, estar
conscientes de que tienen mayor responsabilidad en la defensa y en el
desarrollo del movimiento comunista internacional, y ayudar de modo
desinteresado, como es natural, a los partidos hermanos y desempeñar un rol más
preponderante en el cumplimiento de las misiones comunes. Pero esto no debe ser
pretexto para practicar el chauvinismo. Entre los partidos no pueden existir
superiores e inferiores, ni dirigentes y dirigidos. Hace tiempo que existía un
centro en el movimiento comunista internacional, y el partido de cada país
actuaba como su sucursal. Lo natural habría sido que los partidos de los países
socialistas cooperaran de manera camaraderil sobre la base de completa igualdad
e independencia, mas, algunos, por no haberse desprendido de las costumbres
contraídas en medio de sus viejas relaciones, en el tiempo de la Internacional
Comunista, causaron grandes daños al avance del movimiento comunista
internacional. Uno, autodenominándose como “centro” de éste, había perpetrado
sin reparos actos de impartir tal o cual directiva a otros y presionar e
intervenir en los asuntos internos de los que no seguían su errónea línea. Por
consecuencia, se debilitaron en sumo grado la unidad ideológica y las
relaciones de colaboración camaraderil entre los países socialistas, y éstos no
pudieron hacer frente al imperialismo con sus fuerzas mancomunadas. Hubo
partidos que, dejándose doblegar ante la presión chovinista, actuaron bajo
batuta ajena, sin mantener su propia posición, con el agravante de que cuando
cierto territorio practicaba el revisionismo, también ellos lo cogieron, y
mientras otros se metían en la “transformación” y “reorganización”, les
siguieron también fielmente. Por consecuencia, se creó la grave situación en que
en la Unión Soviética y en otros países de Europa se arruinó sucesivamente el
socialismo. Tempranamente, el gran Líder sentenció que si una persona se aferra
al servilismo a las grandes potencias, se convierte en un don nadie, y si la
nación se embarga por él, se arruina, mientras si un partido lo practica, se
malogran la revolución y su construcción. La realidad de esos que por profesar
ese ismo, terminaron por malograr el socialismo, es una patente prueba de lo
justas que son estas palabras del Presidente Kim Il Sung.
La experiencia
histórica muestra que, cuando, dotados con firme convicción en el socialismo y
guiados por una correcta ideología rectora, refuerzan sin descanso al sujeto de
la revolución, defienden el principio socialista en cualquier situación y
fortalecen la unidad y la cooperación camaraderil sobre la base de la
independencia, la causa del socialismo avanza por el camino de la victoria,
pero, en el caso contrario, no pueden evitarse reveses y fracasos. Esto es una
seria lección que la humanidad ha sacado en el camino del socialismo.

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