sábado, 23 de marzo de 2013


LECCIONES HISTÓRICAS DE LA CONSTRUCCIÓN SOCIALISTA



Kim Jong Il

Defender con firmeza la causa del socialismo y llevarla adelante victoriosamente, se presenta hoy como un problema de suma importancia relacionado con el destino de la humanidad.

En los últimos años, en algunos países fracasó el socialismo y se restauró el capitalismo y recientemente se desintegró y desapareció la Unión Soviética. Ante esta situación, los imperialistas y otros reaccionarios hablan con mucho ruido como si el capitalismo hubiera “triunfado” y el socialismo hubiera llegado a su “fin”. Esto causa confusión ideológica a personas que no tienen clara conciencia de la realidad, y acarrea graves consecuencias para el desarrollo de la revolución mundial. Sacar lecciones del actual estado, reconstituir el movimiento socialista sobre nuevos fundamentos e imprimir auge a la causa del socialismo, viene a ser hoy una tarea histórica imperiosa.

Esta es una misión justa llamada a realizar la independencia de las masas populares, y que la humanidad avance por el camino del socialismo deviene una ley irrevocable del desarrollo de la historia. Puede haber altibajos en el proceso de avance del socialismo, pero jamás se variará la dirección de la marcha de la historia. Afirmar que el ideal socialista fuera equivocado, y la revolución socialista, errónea, en vista del fracaso de este sistema en algunos países, como si hubiera cambiado el curso de la historia, es un sofisma reaccionario de los imperialistas y de los renegados.

Durante largo tiempo, las masas populares aspiraban a vivir en una nueva sociedad independiente, libre de explotación y opresión, y han venido desplegando una penosa lucha para verla realizada. En este transcurso se creó el marxismo, doctrina del socialismo y el comunismo, y tomándola por guía, se condujo al triunfo la Revolución Socialista de Octubre. Posteriormente, el socialismo se extendió a escala mundial y los países socialistas alcanzaron, en un corto espacio de tiempo, trascendentales progresos socio-económicos, que ni en cientos de años habrían podido obtenerse bajo el capitalismo. Este proceso de desarrollo de la historia mostró que es justo el ideal del socialismo y que éste posee una superioridad incomparable con respecto al capitalismo.

Entonces, ¿cómo deberíamos apreciar la frustración del socialismo y la restauración del capitalismo en algunas naciones?

El camino hacia el socialismo es nuevo, por nadie transitado, un arduo sendero de la revolución que ha de ser allanado en medio de un agudo enfrentamiento y lucha contra el imperialismo. Razón por la cual es inevitable tropezar con dificultades y pruebas, así como pueden producirse acontecimientos imprevistos. Desde el punto de vista del curso principal del avance de la historia, el hecho de que en algunos países fracasara el socialismo y resucitara el capitalismo, no pasa de ser un fenómeno parcial y temporal.
No obstante, nosotros no podemos considerarlo casual en modo alguno, ni creer, simplemente, que es consecuencia de un factor exterior.

Como siempre ha enseñado el gran Líder 1 Kim Il Sung (1912-1994). cuando se malogra un trabajo, hay que buscar su causa, no en el factor objetivo, sino en el subjetivo. Proceder así constituye la actitud del revolucionario y una vía correcta de rectificación del error. Sólo cuando, desde este punto de vista y actitud, analizamos la razón del fracaso del socialismo y sacamos sus lecciones, podremos defender y llevar adelante la gran obra del socialismo.

La causa fundamental del desmoronamiento del socialismo en algunos países que lo estaban construyendo, radica, en pocas palabras, en el hecho de que en este proceso no se dedicaron los esfuerzos primordiales al fortalecimiento de su sujeto y a la elevación de su papel, por no comprender la esencia de esta sociedad, preferentemente en atención a las masas populares, artífices de la historia.

La socialista es una sociedad, cuyas dueñas son las masas populares, y que progresa en virtud de las fuerzas creadoras de éstas, cohesionadas y unidas como un solo hombre. Su esencia, que la distingue de todas las explotadoras, y la fuerza motriz que la impulsa adelante, radican precisamente en el hecho de que las masas populares, unidas por lazos camaraderiles se esfuerzan con alta conciencia y capacidad en calidad de protagonistas. Por eso, la vía principal para impulsar con éxito la construcción del socialismo, consiste en fortalecer el sujeto de la revolución, educando al pueblo de manera comunista y aglutinándolo en torno al partido, mediante la transformación prioritaria de los seres humanos, y elevar su papel poniendo en pleno juego su fervor revolucionario y su capacidad creadora. No puede haber otro remedio capaz de impulsar la edificación del socialismo. Sin embargo, personas de ciertas naciones no entendieron correctamente esta verdad.

El problema de qué principios y métodos escoger para promover este proceso, después de implantado el régimen socialista, se planteó como una nueva tarea histórica ante los partidos que lo dirigían. Fue un asunto importante relacionado también con cómo superar las limitaciones históricas de la imperante teoría del comunismo.

El marxismo, doctrina revolucionaria, que se creó cuando la clase obrera, una vez aparecida en el escenario de la historia, emprendió la lucha contra el capital, realizó aportes imperecederos en la misión de dar al traste con las clases y regímenes explotadores y alcanzar la liberación clasista de las masas populares. Sin embargo, a medida que la época cambiaba y la historia adelantaba, no pudo menos que revelar sus limitaciones. En una palabra, se puede afirmar que es una doctrina que esclareció las condiciones para la emancipación clasista del obrerismo, partiendo de una concepción materialista sobre la historia. El marxismo, considerando el desarrollo social como un proceso de evolución de la historia natural, presentó la teoría de que el incremento de las fuerzas productivas promueve el auge de sus relaciones, y el conjunto de éstas, es decir, el régimen económico, constituye la base de la sociedad respectiva, sobre la cual se coloca la superestructura. Bajo estas premisas, estableció que el modo de producción de bienes materiales deviene factor decisivo que determina el carácter y el nivel de progreso de la sociedad y que éste es el proceso de resolver, mediante la lucha clasista, las contradicciones entre las fuerzas de producción y sus relaciones y de reemplazar el viejo modo de producción por otro nuevo. Partiendo de este principio, considera que, una vez establecido el modo de producción socialista, ya termina la revolución social correspondiente a la transición del capitalismo al socialismo y que, como la diferencia de las etapas superior e inferior del comunismo, no es sino la del nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, si éstas se incrementan mediante la edificación económica, después de implantado el régimen socialista, es posible erigir esa sociedad, ideal de la humanidad. A fin de cuentas, el marxismo no pudo dar una correcta respuesta al problema de cómo continuar la revolución después de establecido el régimen socialista, para levantar la sociedad comunista. Históricamente, esta doctrina, síntesis de ideas y teorías que han reflejado las demandas de la etapa precedente a la causa socialista, no se había propuesto como tarea inmediata aclarar vías concretas para la construcción del socialismo y del comunismo, y en aquel entonces aún no estaban creadas las condiciones sociales ni acumuladas las experiencias prácticas para ello.

A fin de edificar con éxito el socialismo y el comunismo, después de implantado el régimen socialista, los partidos que lo orientaban debieron, como era natural, desarrollar la teoría comunista de acuerdo con las exigencias de la nueva etapa del progresos socialista y, sobre esta base, trazar líneas y políticas correctas. Sin embargo, en el pasado, los de algunos países que acometían el socialismo no llevaron a buen término esta tarea histórica. Como consecuencia, aplicaron de manera dogmática las hipótesis existentes, sin tomar en consideración sus limitaciones históricas, alegando que lo edificaban con el marxismo como guía directriz, y por otra parte, se orientaron a ejercer políticas revisionistas, negando la esencia revolucionaria de esta doctrina.

Aquellas personas, quienes no desistían de interpretaciones dogmáticas de las teorías existentes, no consideraron que la esencia y la superioridad de la sociedad socialista se determinan por las masas populares con ideas correspondientes, sino por el poder y las relaciones de posesión socialistas, así como también buscaron la fuerza motriz para su construcción en el factor económico que era la adaptación de las fuerzas productivas a las relaciones de producción. Desde luego, si se establecen el poder socialista y los correspondientes vínculos de posesión de los medios productivos, se crean las condiciones socio-políticas y económicas para asegurar a las masas populares la posición y el papel de dueñas y promover con rapidez las fuerzas productivas. Esta es una gran ventaja del socialismo sobre el capitalismo. Sin embargo, estas condiciones políticas y económicas no pueden ser un factor definitivo que estimula el desarrollo de las fuerzas productivas, por ejemplo, quienes tienen el rol principal y activo en este proceso son las masas populares trabajadoras, encargadas directas de la producción y, a menos que se eleven su entusiasmo consciente y capacidad creadora, no es posible aumentarlas continua y aceleradamente, aunque estén implantadas las relaciones de producción socialistas.

El hombre dotado con ideas socialistas, y el poder y el régimen económico del mismo carácter se encuentran estrechamente relacionados, pero el elemento principal es el primero. También a la luz del proceso histórico del establecimiento del régimen socialista, se constata que primero se concibe la ideología socialista en medio de la lucha contra la explotación y la opresión, y las personas armadas con ésta crean partidos revolucionarios que establecen el poder socialista mediante la concientización y organización de las masas populares, y posteriormente, basándose en ese poder, implantan el régimen económico correspondiente. Al margen del poder socialista, este sistema económico no puede mantenerse, ni gestionarse a tenor de su naturaleza, mientras que ese poder, aislado de personas con ideología socialista, no puede conservarse, ni ejercer su función, de acuerdo con su propio carácter. En este sentido, es obvio que el elemento decisivo que determina el desarrollo y el destino de la sociedad socialista son, en todos los casos, las masas populares dotadas de la idea socialista. No obstante esto, en algunos países, considerando que podían construirla sólo si impulsaban la edificación económica, valiéndose del poder estatal y de los medios de producción, no prestaron primordial atención a la transformación de las personas, encaminada a elevar con rapidez su nivel de conciencia y de cultura, y prepararlas plenamente como sujeto de la revolución y su construcción. El resultado fue que éstas, dueñas de la sociedad socialista no pudieron desempeñar de lleno su papel como tales y, por consecuencia, no marchó bien la construcción económica y todas las esferas sociales cayeron en un estado de estancamiento. Además, como no dirigieron la debida atención a establecer formas de política popular, idóneas al requisito intrínseco de la sociedad socialista, debilitaron la unidad y la cohesión del pueblo y no lograron poner en pleno despliegue su facultad creadora. Si las masas populares participan o no como auténticas dueñas de la política en la administración del Estado y de la sociedad, constituye la cuestión más importante que decide la consolidación y el desarrollo del régimen socialista y el éxito de su construcción. Pese a ello, en ciertos países, aunque se estableció el poder socialista, se mantuvieron en realidad tal como estaban, fórmulas de política propia de la vieja sociedad, razón por la cual el manejo del Estado y de la sociedad se separó de sus dueñas, las masas populares, y se convirtió en una tarea de unas personas privilegiadas.

Esto dio lugar al burocratismo, que frenaba la creatividad de la gente e hizo decaer la confianza de las masas populares en el partido y el Estado, trayendo la grave consecuencia de la destrucción de la unidad y la cohesión de éstas.

Como resultado, en esas naciones el socialismo perdió la fuerza motriz que había impulsado con vigor su desarrollo, y no contaba con una sólida base socio-política. Un socialismo, desprovisto de un fuerte sujeto, no puede manifestar sus ventajas y poderío, ni vencer desafíos y pruebas que le salen al paso. Los hechos históricos demuestran que si un país no fortalece el sujeto, ni eleva su papel en la construcción del socialismo, puede desmoronarse ante la ofensiva de los imperialistas y de otros reaccionarios, por muy extenso que sea su territorio y enorme su capacidad militar y económica. Se debería considerar que por esta misma causa se llegó inevitablemente al resultado de que los referidos países no pudieron resistir esa ofensiva ni impedir el hundimiento del socialismo.

Otra causa radicó en que no vieron las diferencias cualitativas entre el socialismo y el capitalismo, ni mantuvieron con invariabilidad su principio fundamental.

A fin de llevar al triunfo la causa del socialismo, es indispensable mantener de modo constante, en la revolución y su construcción, este principio de defender y materializar con solidez los intereses y las exigencias de las masas populares por la independencia. En la sociedad socialista se pone coto a la explotación y a la represión del hombre por el hombre, y se plasma la demanda intrínseca de las masas populares de vivir juntas con soberanía y el proceso de la edificación del socialismo y el comunismo implica la completa realización de ésta. Por tanto, el partido de la clase obrera, al orientar este proceso, tiene que defender con firmeza los intereses y las exigencias de las masas populares por la independencia, y resolver todos los problemas que se presentan en la revolución y su construcción, conforme a sus intereses fundamentales.

Para hacerlo así, es preciso fortalecer el partido de la clase obrera en el terreno organizativo e ideológico, asegurar de modo constante su dirección sobre la revolución y su construcción, elevar sin cesar la función y el papel del poder socialista, defender y desarrollar la propiedad del mismo carácter y luchar resueltamente contra el imperialismo. Esto representa un principio revolucionario en el que no se puede ceder ni un paso. En el proceso de la construcción del socialismo es probable que se cometan errores temporales, mas el partido de la clase obrera encargado del destino de las masas populares no debe abandonar nunca dicho principio en cualesquier circunstancias. Dado que en ese proceso cambian el ambiente y las condiciones de la lucha revolucionaria, es indispensable trazar de manera creadora la política y la línea conforme a ello, pero en ningún caso se permite desviar de tal principio revolucionario, de la línea de la clase obrera. Pueden alterarse dichas circunstancias y condiciones, pero nunca el ideal básico y la exigencia del socialismo. En la batalla entre los partidarios de éste y del capitalismo, el abandono de ese principio significa precisamente la capitulación y la traición.

Personas de algunos países, que en el pasado edificaban el socialismo, por no tener firme convicción en éste, ni consecuente posición de clase obrera, vacilaban ante las dificultades temporales que iban surgiendo y se rindieron ante la presión de los imperialistas, cejando y abandonando, poco a poco, el lineamiento revolucionario. Descuidaron el fortalecimiento del partido de la clase obrera, debilitaron su papel rector y la función de dirección unitaria del Estado socialista; introdujeron relaciones de propiedad y métodos de administración económica capitalistas y se encaminaron a conciliarse, sin principios, con el imperialismo, en lugar de combatirlo. Como resultado de esa política revisionista, la sociedad fue degenerando, poco a poco, y con la introducción del “pluralismo”, bajo el pretexto de “transformar” y “reorganizar” el socialismo se aceleró su proceso de descomposición.

En la sociedad socialista no se puede tolerar el llamado “pluralismo”. La  “liberalización”, el “pluripartidismo” y la “diversificación” que éste preconiza en los terrenos ideológico, político y en el de la propiedad, respectivamente, son modos de la política de la sociedad capitalista, donde rige la competencia por la existencia, basada en el individualismo y el liberalismo. El socialismo tiene por base el colectivismo, y por vida la unidad de las masas populares, razón por la cual es incompatible con el “pluralismo”, que al introducirse fomenta el individualismo y el liberalismo, en perjuicio de los intereses comunes de la sociedad, destruye la unidad y la cohesión de las masas populares y crea desorden y caos sociales. La admisión de la liberalización ideológica y el pluripartidismo en la sociedad socialista significa, a fin de cuentas, destruir sus cimientos y abrir camino a las maniobras contrarrevolucionarias enderezadas a derrocar el poder popular. La lucha ideológica es el preludio de la lid política, y está destinada a pasar al combate para el poder. La experiencia histórica muestra claramente que si a efecto de la liberalización ideológica se difunden corrientes ideológicas antisocialistas, y con la introducción de la “democracia pluripartidista” se aseguran las actividades de partidos hostiles, levantan la cabeza los enemigos de clase y los reaccionarios para perpetrar maquinaciones antisocialistas, y a la larga, expulsan del poder al partido de la clase obrera. Los revisionistas contemporáneos, forjándose ilusiones hacia el capitalismo, introdujeron de plano su modalidad política y su sistema económico, tras abandonar por completo el principio socialista, con el resultado de que sucumbía el socialismo dando lugar al resurgimiento del capitalismo. Por haber hecho concesiones y retrocedido un paso en el fundamento socialista, se vieron obligados a hacerlo en diez o cien ocasiones, hasta que al fin, trajeron la grave consecuencia de llevar a la bancarrota el partido de la clase obrera.

El hundimiento del socialismo en algunos países se debió también a que sus partidos no fortalecieron la solidaridad internacional, sobre la base de la autonomía en sus relaciones, con los de otros del mismo régimen social.

Unirse y cooperar sobre la base de la soberanía y mantenerla, fortaleciendo la solidaridad internacional, viene a ser un principio básico que los partidos de las naciones socialistas deben observar en sus vínculos. La independencia es la vida del país, de la nación. El socialismo y el comunismo se construyen por éste con unidad, y su pueblo y partido son encargados de su revolución. El partido de cada país tiene el sagrado derecho de confeccionar su política y su línea a tenor de su realidad y llevarlas a la práctica de manera independiente. Nadie debe violarlo. Defender su autonomía no contraviene, bajo ningún concepto, al fortalecimiento de la solidaridad internacional con otros partidos. La causa socialista de un pueblo es nacional y, a la vez, internacional. El partido comunista o el obrero de cada nación tiene el derecho de defender su independencia, y al mismo tiempo, la obligación de respetar la de los partidos de otros Estados, y de unirse y colaborar de modo camaraderil en aras de la victoria socialista.

En el seno del movimiento comunista internacional, unos partidos actúan en territorios grandes, y otros en pequeños, con antigüedad larga o corta. No negamos que los primeros tienen mayor capacidad que los segundos y por ende pueden hacer más aportes al cumplimiento de la causa común. Deben, pues, estar conscientes de que tienen mayor responsabilidad en la defensa y en el desarrollo del movimiento comunista internacional, y ayudar de modo desinteresado, como es natural, a los partidos hermanos y desempeñar un rol más preponderante en el cumplimiento de las misiones comunes. Pero esto no debe ser pretexto para practicar el chauvinismo. Entre los partidos no pueden existir superiores e inferiores, ni dirigentes y dirigidos. Hace tiempo que existía un centro en el movimiento comunista internacional, y el partido de cada país actuaba como su sucursal. Lo natural habría sido que los partidos de los países socialistas cooperaran de manera camaraderil sobre la base de completa igualdad e independencia, mas, algunos, por no haberse desprendido de las costumbres contraídas en medio de sus viejas relaciones, en el tiempo de la Internacional Comunista, causaron grandes daños al avance del movimiento comunista internacional. Uno, autodenominándose como “centro” de éste, había perpetrado sin reparos actos de impartir tal o cual directiva a otros y presionar e intervenir en los asuntos internos de los que no seguían su errónea línea. Por consecuencia, se debilitaron en sumo grado la unidad ideológica y las relaciones de colaboración camaraderil entre los países socialistas, y éstos no pudieron hacer frente al imperialismo con sus fuerzas mancomunadas. Hubo partidos que, dejándose doblegar ante la presión chovinista, actuaron bajo batuta ajena, sin mantener su propia posición, con el agravante de que cuando cierto territorio practicaba el revisionismo, también ellos lo cogieron, y mientras otros se metían en la “transformación” y “reorganización”, les siguieron también fielmente. Por consecuencia, se creó la grave situación en que en la Unión Soviética y en otros países de Europa se arruinó sucesivamente el socialismo. Tempranamente, el gran Líder sentenció que si una persona se aferra al servilismo a las grandes potencias, se convierte en un don nadie, y si la nación se embarga por él, se arruina, mientras si un partido lo practica, se malogran la revolución y su construcción. La realidad de esos que por profesar ese ismo, terminaron por malograr el socialismo, es una patente prueba de lo justas que son estas palabras del Presidente Kim Il Sung.

La experiencia histórica muestra que, cuando, dotados con firme convicción en el socialismo y guiados por una correcta ideología rectora, refuerzan sin descanso al sujeto de la revolución, defienden el principio socialista en cualquier situación y fortalecen la unidad y la cooperación camaraderil sobre la base de la independencia, la causa del socialismo avanza por el camino de la victoria, pero, en el caso contrario, no pueden evitarse reveses y fracasos. Esto es una seria lección que la humanidad ha sacado en el camino del socialismo.

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