EL "SOCIALISMO DEMOCRÁTICO" Y OTRAS VARIANTES
José Sotomayor Pérez
ÍNDICE
ü EL “SOCIALISMO DEMOCRÁTICO” NO ES SOCIALISMO
ü EL “SOCIALISMO DEMOCRÁTICO” CRIOLLO
ü EL EUROCOMUNISMO
ü
LOS MODELOS DE SOCIALISMO
EL
“SOCIALISMO DEMOCRÁTICO” NO ES SOCIALISMO
Con motivo del derrumbe del
campo socialista, se ha puesto de moda el denominado “socialismo
democrático”, con el pueril argumento de que “la dictadura del proletariado
no ha tenido éxito”. Se hace necesario, por esta razón, ver con detenimiento de
que socialismo se trata y quienes lo propugnan.
Recuérdese que Lenin señaló
que el oportunismo y el revisionismo no aparecen por casualidad, ni son simples
errores de personas o partidos. Existen causas profundas, con raíces en la
propia estructura de la sociedad capitalista, que generan dudas, vacilaciones,
inconsecuencias y deslealtades en el movimiento obrero. Estos son los gérmenes
sociales del oportunismo y el revisionismo. No debe olvidarse que la clase
obrera vive rodeada de nutridas capas medias a las cuales está unida por
infinidad de hilos. Es de esta pequeña burguesía que recluta muchos de sus
miembros. Por eso no debe extrañar que su ideología se filtre en las filas del
proletariado y sus organizaciones políticas.
La historia enseña que las
capas de la clase obrera y de la pequeña burguesía, que disfrutan de un
nivel de vida relativamente alto, son portadores de diversas formas de
oportunismo. Aquí hay que subrayar el papel de la “aristocracia obrera”
como sostén directo de la burguesía en el movimiento obrero.
Ha dicho, Lenin, que el
revisionismo sacrifica los intereses cardinales del proletariado y castra el
contenido revolucionario del marxismo, para acomodarse a las necesidades de la
burguesía. Esta es precisamente la esencia del revisionismo contemporáneo, cuya
expresión concentrada se encuentra en la teoría y práctica del “socialismo
democrático”, también llamado “socialismo con rostro humano” por sus
mentores.
Es necesario recordar que
este “socialismo” ya fue formulado o “modelado” por Berstein y Kautsky, hace
más de un siglo, como “alternativas” al socialismo científico. En efecto, estos
capitostes del revisionismo propugnaban y defendían un socialismo con las
siguientes características:
§
Rechazo
de la revolución socialista y la dictadura del proletariado;
§
Renuncia
y repudio al análisis de clase de los problemas político sociales;
§
Defensa
de la posibilidad de que el capitalismo se transforme en socialismo
pacíficamente, utilizando una mayoría parlamentaria.
§
Repudio
de la experiencia soviética de Lenin y Stalin, tanto en lo que se refiere a la
toma del Poder como la práctica de la construcción del socialismo.
A la luz de estas
particularidades del “socialismo democrático”, salta a la vista que los
actuales propugnadores de un “socialismo democrático”, no son otra cosa que
simples repetidores de las tesis del renegado Kautsky, padre de la
socialdemocracia, que, como se sabe, se puso al servicio de Hitler.
EL
“SOCIALISMO DEMOCRÁTICO” CRIOLLO
En el Perú, los partidarios
del “socialismo democrático”, tal como lo tenemos caracterizado, no son
de ahora. Sus antecesores aparecieron durante los años de la Segunda Guerra
Mundial, cuando el browderismo hizo estragos en el seno de los Partidos
Comunistas de la América Latina, pero en forma especial en la dirección del
Partido Comunista Peruano.
Según Browder, el fin de la
Segunda Guerra Mundial y la derrota de las potencias del Eje, marcaría el
comienzo de una nueva época histórica, en la cual los sistemas capitalista y
socialista se integrarían en “un mundo único e idéntico”. Browder no
solo preconizaba una coexistencia pacífica entre la Unión Soviética y los
Estados capitalistas, sino también entre la clase obrera y la burguesía, en el
interior de todos los países capitalistas. “Las diferencias de clase y los
grupos políticos no tienen ya ninguna importancia”, decía E. Browder, en
ese entonces secretario general del Partido Comunista de los Estados Unidos de Norteamérica.
Para este fiel sucesor de
Kautsky, los comunistas debían luchar por una amplia “unidad nacional”,
en un ambiente de paz de clases. Con tal fin, todos debían sacrificar sus propias
convicciones, su ideología y sus propios intereses. Abogaba por una sociedad en
que todas las clases sociales colaboraran pacíficamente, sin conflictos ni
enfrentamientos. Los cambios debían realizarse a través de reformas, siguiendo
un curso evolucionista.
El browderismo tuvo una
influencia perniciosa en la dirección del Partido Comunista Peruano, preparando
el terreno para recibir con aplausos primero el jruschovismo y después la
Perestroika, que marcó el fin del Poder Soviético.
En los documentos de la
Primera Conferencia Nacional del PCP se hace una defensa franca de la
colaboración de clases, en tesis como la siguiente: “El incremento de la
producción beneficiará tanto a la burguesía como al proletariado y depende del
acuerdo y la colaboración entre ambas clases”. “La política de unidad
nacional consiste en la unión de todas las fuerzas democráticas y progresistas
sin exclusión alguna, desde comunistas hasta conservadores”.
Fue precisamente en ese
momento de lastimosa degeneración ideológica que el XIV Congreso Departamental
de Lima del PCP, realizado en junio de 1948, denunció que el browderismo había
servido a “los hombres de la Dirección de justificación teórica de su
oportunismo”.
No es casual que los
actuales dirigentes del PCP, siguiendo la vieja trayectoria de sus antecesores,
se hayan sumado al coro infame de todos los que denigran el pasado glorioso de
la Unión Soviética de Lenin y Stalin, propugnando en su lugar un “socialismo
democrático”.
El oportunismo, desde que
nació, ha tenido un carácter reaccionario, antisocialista, disfrazado de
“socialista democrático”. A partir de los años 50 y 60 del siglo pasado, los
“socialistas democráticos” arrojaron por la borda su disfraz seudo marxista.
Los Partidos socialistas y los partidos revisionistas ya no diferencian
capitalismo de socialismo; consideran anticuada la socialización de los
instrumentos y medios de producción y defienden abiertamente la propiedad
privada de los mismos. Algunos de estos partidos han llegado a renegar hasta de
su nombre y símbolos, apoyándose en los viejos cuentos del mal llamado
“Socialismo Democrático”.
EL EUROCOMUNISMO
La reconstrucción
relativamente breve de la economía europea occidental, después de la Segunda
Guerra Mundial, proporcionó a la burguesía colosales superganancias. Tal
bonanza económica le permitió suavizar los conflictos sociales, adoptando
medidas de mejoras en salarios, educación, sanidad, seguro social, etc. Al
mismo tiempo se elevó considerablemente el nivel de vida del pueblo con
relación al periodo de anteguerra. Hay que agregar a esto la reestructuración
de la industria y la agricultura, la revolución científica-técnica y la
ocupación casi total de la mano de obra. Fue esta situación la que abonó
el terreno para la aparición de corrientes oportunistas en el seno del
movimiento obrero y en los mismos partidos comunistas, confirmando la conocida
enseñanza de Lenin de que: en los periodos de desarrollo pacífico del
capitalismo se produce necesariamente la aparición del oportunismo y el
revisionismo en las filas del proletariado políticamente organizado.
En el periodo histórico que
siguió a la Segunda Guerra Mundial, los partidos de la clase obrera, con pocas
excepciones, abandonaron sus programas revolucionarios y su ideología marxista
leninistas, convirtiéndose gradualmente en partidos reformistas burgueses, ésta
es una dolorosa verdad. Este en el caso de los Partidos Comunistas de los
países de la Europa Occidental. Esa degeneración se agudizó y agravó con motivo
de la aparición del revisionismo soviético encabezado por el tristemente
célebre Nikita Jruschov, émulo de Trosky. Este nefasto revisionista comenzó su
labor contrarrevolucionaria cubriendo de lodo la vida y obra de Stalin y renegando
del bolchevismo. Tan siniestra conjura fue bautizada por la burguesía
internacional con el nombre de “desestalinización”, que resultó una
verdadera castración de comunistas. Todos los comunistas, que desde los tiempos
del browderismo en el Perú habían degenerado, se frotaron las manos y saltaron
de alegría. ¡Ellos ya estaban “desestalinizados”!
Los Partidos Comunistas de
Italia, España y Francia no se contentaron con el revisionismo de Jruschov.
Comenzaron a sistematizar y divulgar una serie de tesis antimarxistas que
después recibieron el nombre de “eurocomunismo”. Este “comunismo”
constituye un abandono franco y desvergonzado del marxismo leninismo. Se opone
sin recato a la teoría de Marx, Engels, Lenin y Stalin, y no permite que los
partidos de la clase obrera la adopten, como su ideología en la lucha por la
instauración de la dictadura del proletariado y la construcción del socialismo.
Cuando se analiza
detenidamente todos los objetivos de cambio económico, social y político que
los “eurocomunistas” se proponen, se llega a la conclusión de que el socialismo
de estos “revolucionarios con rostro humano”, no es otro que el mismo
capitalismo, un poco maquillado. Como el “socialismo democrático”,
el “socialismo” del “eurocomunismo” es una sociedad en la que coexisten
pacíficamente el capitalismo con el socialismo, tanto en la estructura
económica como en la superestructura político-jurídica. Sus representantes y
defensores afirman que en tal sociedad habrá cabida para la propiedad
socialista y para la propiedad privada capitalista. En otras palabras habrá
clases explotadoras y clases explotadas y continuará reinando la explotación
del hombre por el hombre. Además, junto al Partido de la clase obrera,
existirán partidos de la burguesía, y la ideología del proletariado convivirá
con otras ideologías. El Estado no será una dictadura del proletariado sino un
“Estado de Derecho”, es decir, un Estado igual al actual Estado burgués.
“Para realizar una sociedad
socialista, -dicen los eurocomunistas italianos-, no es necesaria una
estatización integral de los medios de producción. Junto a un sector público
actuará la iniciativa privada”. En igual forma, los “eurocomunistas”
franceses postulan un socialismo en el cual “un conjunto suficiente de
nacionalizaciones democráticas se agregará a otras formas de propiedad social y
un sector económico basado en la propiedad privada”.
Surge entonces la
interrogante: ¿Cuál es la diferencia entre este socialismo y el sistema
capitalista actual? Si los medios de producción siguen siendo de propiedad
privada, la explotación del hombre por el hombre continuará y en consecuencia
no podrá evitarse que una minoría de individuos de la sociedad se enriquezca, a
costa de los demás y que la gran mayoría del pueblo trabajador siga sumida en
la pobreza y explotación.
El “eurocomunismo” ha
inventado un “socialismo” que solo puede existir como proyecto de gabinete. En
última instancia es el mismo capitalismo con retoques. Tratándose del “sector
público”, por ejemplo, el intento de hacerlo pasar por socialista es una burla,
porque en la actualidad este sector existe en todos los Estados burgueses. De
otro lado, la situación de los obreros, tanto en las empresas públicas como en
las privadas es la misma frente a los medios de producción, en la gestión de la
empresa y los salarios. A esto hay que agregar, que los dirigentes de las
empresas públicas son al mismo tiempo representantes del gran capital.
En lo que se refiere al
Estado, los “eurocomunistas” llegan al extremo de negar su carácter de clase,
de dictadura de una clase determinada, de órgano de represión al servicio de la
clase dominante. Son partidarios de un Estado de “todo el pueblo”,
olvidándose que tal Estado no ha existido nunca ni existirá jamás. Las
teorizaciones fatuas del “eurocomunismo” sobre el Estado, es fruto de su
antimarxismo y no debe engañar a nadie.
LOS MODELOS DE SOCIALISMO
En la historia ninguna
formación económica social se ha consolidado en igual forma. El capitalismo,
por ejemplo, se ha formado siguiendo vías y medios diferentes en Inglaterra,
Francia, Alemania, Estados Unidos, Rusia, etc. Marx indicó que el capitalismo desde
su nacimiento “presenta una modalidad diversa en cada país, y en cada uno de
ellos recorre las diferentes fases en distinta gradación y en épocas
históricas diversas” (EL Capital. La Habana 1965.- T. 1 Pág. 656.)
Con la sociedad socialista
ocurre lo mismo, pese a que no nace espontáneamente, sino sobre la base de la
acción consciente de una organización política que tiene conocimiento de las
leyes objetivas del desarrollo social. Cada pueblo hace su revolución y pasa al
socialismo desde realidades económicas, sociales, políticas y culturales
diferentes, distintas.
Le correspondió a Lenin
descubrir la ley del desarrollo desigual de los países capitalistas en la
época del imperialismo, demostrando que el paso al socialismo no podía
producirse simultáneamente ni en la misma forma en todos los estados.
“Todas las naciones –dice Lenin- llegarán al
socialismo, esto es inevitable, pero todos llegarán de un modo diferente, cada
una aportará cierta originalidad en tal o cual forma de la democracia, en tal o
cual variedad de la dictadura del proletariado, en tal o cual ritmo de las
transformaciones socialistas de los diversos aspectos de la vida social”.
Hechas estas advertencias y observaciones, a Lenin jamás se le ocurrió hablar
de la posibilidad del surgimiento de diferentes “modelos de socialismo”.
La variedad de formas de construcción del socialismo, en concordancia
con realidades propias de cada país, no contradice ni niega la existencia de
leyes generales del desarrollo de la sociedad socialista. Estas leyes generales
que ninguna sociedad socialista puede eludir, son las siguientes:
§
El
establecimiento del Poder Político de la Clase Obrera, la Dictadura del
Proletariado, cualquiera que sea la forma que adopte esta dictadura.
§
La
abolición de la propiedad privada capitalista de los instrumentos y medios de
producción;
§
La
transformación socialista de la agricultura;
§
El
desarrollo planificado de la economía;
§
La
revolución cultural socialista y la supresión de todo yugo nacional.
Si un Partido de la clase obrera se encuentra en el Poder y olvida o
arroja al canasto estas leyes generales, debe ser considerado como un Partido
obrero de la burguesía, aunque haga esfuerzos por justificar su traición con el
cuento de que tiene bien diseñado su propio “modelo de socialismo”.
Poniéndose al margen de un análisis marxista-leninista de lo que, en
esencia, es la construcción del socialismo, los revisionistas contemporáneos se
han convertido en los ideólogos de la denominada “pluralidad de modelos de
socialismo”. Según dicen, habría tantos modelos como el número de los países en
que se instauró este sistema. Así, tendríamos un “modelo soviético”, “modelo
chino”, “modelo yugoslavo”, “modelo coreano”, etc., etc. Y cuando se refieren a
la gestión económica, los modelos son el “socialismo estatal”, “Socialismo de
autogestión”, “Socialismo burocrático y autoritario”, “socialismo de mercado”.
Del “socialismo democrático” ya nos hemos ocupado.
Las características fundamentales de una sociedad socialista están dadas
por los principios o leyes generales que hemos señalado y de ningún modo por
los rasgos particulares de cada país. Por eso, hacer de estos rasgos un «modelo»,
resulta un verdadero disparate.
Las leyes generales de una sociedad socialista tienen un carácter rector
y determinante, tanto en la teoría como en la práctica de la edificación del
socialismo. Todos los modeladores de socialismos han renegado del marxismo
leninismo o nunca han sido marxistas. Esta es la verdad. Este es el caso de
Roger Garaudy, filósofo del eurocomunismo, Palmiro Togliati y su «vía italiana»
de «reformas estructurales», Broz Tito y su «autogestión yugoeslava», Marchais,
Berlinger, Santiago Carrillo y tantas otros “destalinizados” convertidos en
furibundos anticomunistas. Tenemos que concluir que al Marxismo Leninismo le
son profundamente extrañas las concepciones de los que, subrayando las
peculiaridades nacionales de cada país que marcha hacia el Socialismo, echan al
olvido los principios generales esenciales y fundamentales de la revolución socialista.
Todas las teorías que han
tratado de revisar y rectificar la gran doctrina de Marx, Engels, Lenin y
Stalin han terminado en el basurero de la historia. Solo los que se atienen con
firmeza a la verdad universal del marxismo leninismo, conscientes del gran daño
causado por el revisionismo en todas sus formas, pueden guiar al proletariado
en sus grandes batallas de clase. Estamos frente a una gran ofensiva ideológica
del imperialismo y sus agentes revisionistas, socialdemócratas, etc. y es
tarea histórica de todo auténtico revolucionario proletario defender la pureza
del marxismo leninismo rechazando las teorías putrefactas de “socialistas
democráticos”, “eurocomunistas”, “marxistas chinizados”, y “otros demonios”,
engendrados por la propia burguesía.
Los años transcurridos
desde la gran Revolución de Octubre de 1917 no han hecho sino confirmar el
carácter científico del marxismo leninismo. El socialismo en la Unión Soviética
no fue ninguna “creación heroica”, sino el producto inevitable y obligado de la
aplicación creadora de una doctrina rigurosamente científica.
La experiencia histórica
enseña que el partido de la clase obrera no puede cumplir su rol de dirigente
de su clase y de las grandes masas trabajadoras si no tiene la posesión y
dominio del marxismo leninismo. Sin embargo, no se debe olvidar que esta teoría
científica “no es un dogma sino una guía para la acción”, y como ciencia
necesariamente debe desarrollarse aplicándose creadoramente de acuerdo a la
realidad de cada país.
Hay que tener presente que
es el viejo y tradicional revisionismo de Berstein y Jruschov el que ha
engendrado el actual “socialismo democrático” y el “eurocomunismo”.
Se ha dicho con verdadera
razón que todo este “aluvión de corrientes antimarxistas” constituyen una verdadera
quinta columna metida en el seno de los movimientos revolucionarios
anticapitalistas y antiimperialistas. De aquí la necesidad de salirles al
paso con firmeza.
Hoy en día la tarea de los
marxistas leninistas, en el campo teórico, es difícil pero de enorme
trascendencia histórica. El revisionismo ya no se cubre con el ropaje de la
doctrina de Marx y Lenin. Tampoco se contenta con falsear esta doctrina
científica, presentando como “marxismo creador” sus perniciosas teorizaciones,
como en tiempos del Jruschovismo. Ahora el revisionismo se ha pasado
abiertamente a las filas de los enemigos de clase y se permite declarar que el
marxismo leninismo ha caducado y pretende sustituirlo con especulaciones
pueriles, para desarmar ideológicamente a la clase obrera y a su partido.
En la difusión de sus
trivialidades teóricas, los esquiroles del movimiento obrero y los “comunistas”
degenerados, cuentan con el entusiasta apoyo de la burguesía. Esta les asegura
la más amplia cobertura a sus pretendidas poses “antidogmáticas”, llenando sus
bolsillos de dinero de modo directo o a través de las llamadas ONG, actualmente
en boga, para que influyan en la conciencia de las masas trabajadoras.
La debacle del campo
socialista es aprovechada a fondo, para falsificar y denigrar el socialismo
científico, identificándolo con el denominado “socialismo real” del
revisionismo jruschoviano, funesto y criminal destructor de la Gran Unión
Soviética de Lenin y Stalin.
Los Partidos Comunistas
revisionistas jruscho-gorbachistas, se han convertido en renegados de marca
mayor. Se oponen frenéticamente al marxismo leninismo, con el burdo pretexto de
que son “antidogmáticos”. El vil comportamiento de sus cabecillas los ha
convertido en verdaderos “caballos de troya” del gran capital nacional y
extranjero, infiltrados en el seno del movimiento obrero y su Partido. Tarea de
los comunistas honrados, en la presente etapa, es desenmascarar sin piedad y
arrojar al tacho a todos estos enemigos de la clase obrera. Resulta a todas
luces claro que sin poner al desnudo y rechazar con energía todas las
corrientes oportunistas que se han puesto de moda, es imposible construir un
auténtico partido revolucionario del proletariado, ni es posible unificar
sólidamente el movimiento obrero.
Uno de los argumentos más perniciosos de los comunistas
“desestalinizados” es decir castrados, es negar que el análisis de Lenin
sobre el imperialismo como última etapa del capitalismo, no ha sido confirmado
por la vida, porque la “globalización” ha cambiado de naturaleza al actual
capitalismo monopolista de Estado. Pero los hechos diarios desmienten
categóricamente esta falacia. La ocupación militar de Afganistán por el
imperialismo yanqui, demuestra una vez más, su verdadera naturaleza de gendarme
internacional, enemigo mortal de los pueblos del mundo.
LOS FALSOS SOCIALISMOS
ÍNDICE
I
II
III
IV
V
Una de las consecuencias de la debacle de la Unión Soviética y la
desaparición del campo socialista, es la proliferación de teorías sobre
los denominados “modelos de socialismo”. Al socialismo “democrático” con
“rostro humano” se agregan los socialismos “chino”, “coreano”, “vietnamita”,
“cubano”, etc. Seria erróneo, sin embargo, pensar que esta teorización
sobre la pluralidad y multiplicidad del socialismo es reciente. En
realidad, es tan antigua como las teorías que afirman que el
marxismo y el socialismo pueden ser interpretados en diversas formas.
I
Después del triunfo de la Gran Revolución de Octubre, los líderes de la
II Internacional afirmaron que el leninismo era una doctrina específicamente
rusa, inaplicable a la realidad de los países de la Europa occidental, en los
cuales al socialismo se debía llegar por vía parlamentaria, “democrática”.
Fueron precisamente estos ideólogos socialdemócratas los que inventaron
la diferencia entre “socialismo democrático” y “socialismo no democrático”,
dando nacimiento a la teoría de los “modelos de socialismo”, que es una
simple y absurda negación del socialismo científico y del marxismo
leninismo. La práctica ha demostrado que el “socialismo democrático” de la
socialdemocracia y del revisionismo en general, no son otra cosa que el
mismo capitalismo, hoy “neoliberalizado” en todo el mundo.
El “socialismo democrático”, en efecto, no es otra cosa que un conjunto
de reformas de carácter pequeño burgués adornadas con frases sobre la
“libertad”, la “dignidad”, “los derechos humanos”, la “justicia”, y
otras palabras tomadas del arsenal doctrinario de la burguesía, cuyo
objetivo es oponerse a la liquidación de la propiedad
capitalista de los instrumentos y medios de producción. Pero sin esta
condición elemental y fundamental no puede haber socialismo en ninguna parte
del mundo. De aquí que todos los “socialistas democráticos” no
encausen sus luchas y objetivos contra el sistema capitalista. A lo que
más aspiran es a una “economía mixta” en la cual convivan
“armónicamente”, pequeñas, medianas y grandes empresas, incluyendo a los
monopolios. Este “socialismo democrático” está incluido en los programas de los
Partidos socialdemócratas europeos y de otros países. No es por casualidad que
el APRA se haya sumado a la socialdemocracia internacional arrojando por la
borda su “espacio tiempo histórico”, invento de Haya de la Torre, con el
cual pretendió “superar” al marxismo.
El año de 1959 la Internacional Socialista publicó su declaración
titulada “Los fines y las tareas del socialismo democrático”, documento que ha
servido de base a todos los partidos reformistas de derecha (socialdemócratas),
para fundamentar sus idearios y programas. Después de una etapa de
“lucha” contra lo que denominaron el “capitalismo incontrolado”, hoy propugnan
un régimen de “economía mixta” que permita convivir armónicamente a los grandes
monopolios imperialistas, con las empresas estatales y las empresas
nacionales grandes, medianas y pequeñas. Esta convivencia pacifica y
armoniosa entre el tiburón y las sardinas, es una utopía reaccionaria que
solo puede existir en la sesera de los falsos socialistas que se reclaman
partidarios del “socialismo democrático”, un socialismo que no es otra
cosa que capitalismo por sus cuatro costados.
II
En lo que se refiere a los partidarios y teorizadores del denominado
“socialismo plural” han creado una verdadera multitud de “socialismos”,
entre ellos los siguientes: “occidental” y “oriental”; “europeo”, “asiático”
y “latinoamericano”. También han inventado “socialismos “por países:
“ruso”, “chino”, coreano”, “vietnamita”, “cubano”, etc. A esta larga lista de
“socialismos” han agregado otra división de acuerdo a las formas de
gestión económica: “socialismo estático”, “de autogestión”, “burocrático”, “de
mercado”, “humano” e “inhumano”. Este laberinto de socialismos es
disparatado y embustero hasta la médula y, por lo mismo, está en
abierta contradicción con el marxismo leninismo. El reformismo, el
revisionismo y los renegados de toda laya son los defensores
de tales “modelos” de socialismo. Son esos apostatas manejados por
el imperialismo los que destruyeron la Unión Soviética y el campo
socialista. Es conocido el emblema que le sirvió a Gorvachov para
restaura el capitalismo en la URSS: “mas socialismo y más democracia”.
A quienes propugnan un “socialismo democrático”, hay que
decirles que un socialismo sin democracia no es socialismo, porque el
socialismo surge como resultado de la acción revolucionaria de las inmensas
mayorías populares dirigidas por la clase obrera. Además solo puede existir y
desarrollar sobre la base la participación activa y creadora de las
grandes masas, como lo demuestra la construcción del socialismo en la Unión
Soviética de Lenin y Stalin. Cuando la URSS cayó en manos del revisionismo contrarrevolucionario,
el socialismo fue condenado a muerte porque dejó de ser democrático, se
divorció de las masas y puso en práctica todas las teorías
contrarrevolucionarias del pasado que se oponían a la construcción del
socialismo en la URSS: trotskismo, bujarinismo, nacionalismo burgués y otras
corrientes del mismo pelaje. El imperialismo y los
reaccionarios de todo el mundo, hablan hasta por los codos de los
“crímenes de Stalin,” porque para ellos reprimir la contrarrevolución es
un crimen. Los que se levantaron en armas para derrocar al Poder
Soviético no debieron ser reprimidos. Los que aterrorizaron a campesinos
y obreros durante todo el proceso de construcción del
socialismo en el país de los Soviets, tampoco debieron ser reprimidos
porque esto es un” crimen”, y en consecuencia el socialismo
soviético no fue “democrático”. Lo cierto e irrefutable es que, si
el socialismo soviético no aplastaba con mano férrea la
contrarrevolución, no se hubiera producido ese desarrollo económico sin
precedentes en la URSS ( l8% anual” de crecimiento); tampoco su
avance desplegado en los campos cultural, social, científico y político
que produjeron un entusiasmo heroico de toda la población soviética,
antes y durante la criminal agresión nazifascista.
III
Los defensores y seguidores del “modelo de
autogestión” de socialismo, llamado también “socialismo de mercado”, olvidan o
ignoran que fue diseñado hace mucho tiempo por el anarquismo y el
anarcosindicalismo, enemigos de la presencia del Estado en la dirección de la
economía, y partidarios de su manejo por los “productores directos”. Esto
equivale a propugnar que la propiedad pertenezca a grupos y no a
toda la sociedad. Tal propiedad “socialista” fue instaurada en la Yugoslavia
de Tito, con los resultados que son bien conocidos. El renegado Jruschov
la introdujo en la URSS con el nombre de “autoadministraaciòn” y
”autofinanciamiento”, dando inicio en esa forma a la restauración del
capitalismo.
Es oportuno recordar que fue Lenin, precisamente, quien encabezó la
lucha contra la corriente anarcosindicalista hasta aplastarla, corriente
que propugnaba separar al Estado socialista de la dirección de la economía
para colocarla bajo el control de un “”Congreso de Productores”. A la
muerte de Lenin, el PC(b) C de la URSS tuvo que sostener una lucha
frontal contra todas las tendencias burocráticas e incorporar a millones de
trabajadores a la dirección de la economía soviética, dando
lugar a lo que la prensa burguesa llamó “el milagro bolchevique”. Este
“milagro” se produjo en condiciones excepcionalmente difíciles, bajo el cerco
capitalista. La Segunda Guerra Mundial puso a prueba la solidez del socialismo
construido por los bolcheviques en la URSS; socialismo que la
contrarrevolución revisionista tardó nada menos que 35 años en destruir.
IV
En plano de la doctrina y la teoría hay un solo socialismo, el
SOCIALISMO CIENTÍFICO. La construcción victoriosa del socialismo en la Unión
Soviética se debió a que los bolcheviques lo supieron aplicar creadoramente,
teniendo en cuenta las particularidades de su inmenso país. De no haber actuado
en esta forma la edificación socialista hubiera sido un rotundo fracaso. De
esta experiencia histórica se desprenden dos cuestiones fundamentales:
a) Es imposible construir el socialismo sin tener el marxismo
leninismo como guía para la acción;
b) No es posible construir el socialismo si no se conoce la
realidad objetiva y concreta del país en que se actúa.
De estas cuestiones fundamentales se desprende el hecho bien
conocido de la diversidad de formas de la instauración del sistema
socialista en países de distinta realidad económico social y política.
Pero de este hecho no puede desprender la existencia de diversos
“modelos de socialismo”. Esto equivale a confundir la esencia con el
fenómeno y el contenido con la forma. Los ideólogos de la burguesía aplauden
esta confusión y le han puesto el nombre de “socialismo diferenciado”, porque
permite el autoaislamiento de los países socialistas y de los mismos partidos
de la clase obrera. Entre estos “socialismos diferenciados” hoy
existen falsos socialismos que es necesario poner al desnudo. Nos
referimos al socialismo de la socialdemocracia, al socialismo que
se ha bautizado con el nombre de “tercera vía” y al “socialismo con
peculiaridades chinas”.
V
De la famosa “tercera vía” de Tony Blair se ha dicho que “es
el camino directo hacia las guerras, las crisis y la profundización de las
privatizaciones a expensas de los consumidores, el medio ambiente y los trabajadores”,
además de ser un “activo colaborador subalterno de Washington” en sus
agresiones militares. Esta “tercera vía”, es precisamente “el socialismo
democrático inglés”, responsable de la desindustrializaciòn de Inglaterra.
Durante los últimos decenios, los partidarios del “socialismo
democrático” o de “izquierda democrática”, como se reclama el APRA, han hecho
total abandono de sus programas reformistas, sometiéndose a las presiones del
neoliberalismo. Han aceptando de buen grado la hegemonía imperialista
norteamericana, que ha hecho del Fondo Monetario Internacional un instrumento
de explotación a su servicio. Los “socialistas democráticos” y los
“izquierdistas democráticos”, son en la actualidad partidarios y defensores de
la globalización neoliberal.
Hay otro falso socialismo, es el denominado “socialismo de
mercado”. Ha sido establecido en la República Popular China por el
revisionismo chino siguiendo las directivas de Den Xiao ping, conocido por su
lema: “no importa que el gato sea negro o blanco, lo que interesa es que
mate ratón”. En otras palabras, no importa que China sea socialista
o capitalista, lo que interesa es que salga del atraso. A estos
elementos se les puso el nombre de seguidores del camino capitalista en
los tiempos de Mao Tse tung.
Hoy la economía china ha subordinado lo que queda de economía
estatal a la economía mercantilista. Ha desaparecido todo vestigio de
socialismo: el proletariado es vilmente explotado; tiene las jornadas más
largas y los salarios más bajos del continente asiático.
Estrechamente vinculado con capitalistas de ultramar, los capitalistas
chinos explotan en forma inhumana al proletariado chino. El “socialismo de
mercado”, es un falso socialismo, un socialismo fetiche que ha restaurado
un capitalismo salvaje en China con la aprobación de un Partido Comunista,
totalmente ajeno al marxismo-leninismo. Hoy en China existe una gran burguesía
profundamente infiltrada en el Partido y el Estado que vive en el boato y lujo
más insolentes que pueda concebirse, mientras en el interior del país millones
de campesinos pobres se encuentran sumidos en la miseria.
Hay otro falso socialismo. Es el que se pone al margen de las clases y
la lucha de clases, afirmando que tiene como fundamento poner al hombre
al centro de toda su ideología y su política A estos hay que
recordarles las sabias y premonitoras palabras de Lenin:
“Doctrina socialista que no es de clase y política que no es de clase se
acreditan como un absurdo”.
En conclusión podemos afirmas que todos los “modelos de socialismo”, no
son otra cosa que un intento de sustituir el socialismo científico de
Marx, Engels, Lenin y Stalin, con un falso socialismo destinado a gustar
y alagar a la burguesía. Ya Marx se refirió a los afanes y propósitos
de de una “pandilla de estudiantes inexpertos y sabihondos
doctores” que pretendían dar al socialismo un contenido “más elevado,
reemplazando su fundamento materialista por la mitología moderna
con sus diosas: la justicia, la, igualdad y la fraternidad”. Ahora
esta pandilla agrega a esa mitología las palabras ”modernidad”,
“globalización”, “electrónica” “cibernéticas, etc. Todo esto para negar
el papel dirigente de la clase obrera y su arma ideológica: el marxismo
leninismo, en la revolución socialista.

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