domingo, 26 de febrero de 2012


EL "SOCIALISMO DEMOCRÁTICO" OTRAS VARIANTES

José Sotomayor Pérez

ÍNDICE
ü  EL “SOCIALISMO DEMOCRÁTICO” NO ES SOCIALISMO
ü  EL “SOCIALISMO DEMOCRÁTICO” CRIOLLO
ü  EL EUROCOMUNISMO
ü  LOS MODELOS DE SOCIALISMO

EL “SOCIALISMO DEMOCRÁTICO” NO ES SOCIALISMO

Con motivo del derrumbe del campo socialista, se ha puesto de moda el denominado “socialismo democrático”, con el pueril argumento de que “la dictadura del proletariado no ha tenido éxito”. Se hace necesario, por esta razón, ver con detenimiento de que socialismo se trata y quienes lo propugnan.

Recuérdese que Lenin señaló que el oportunismo y el revisionismo no aparecen por casualidad, ni son simples errores de personas o partidos. Existen causas profundas, con raíces en la propia estructura de la sociedad capitalista, que generan dudas, vacilaciones, inconsecuencias y deslealtades en el movimiento obrero. Estos son los gérmenes sociales del oportunismo y el revisionismo. No debe olvidarse que la clase obrera vive rodeada de nutridas capas medias a las cuales está unida por infinidad de hilos. Es de esta pequeña burguesía que recluta muchos de sus miembros. Por eso no debe extrañar que su ideología se filtre en las filas del proletariado y sus organizaciones políticas.

La historia enseña que las capas de la clase obrera y de la pequeña burguesía, que disfrutan de un  nivel de vida relativamente alto, son portadores de diversas formas de oportunismo. Aquí hay que subrayar el papel de la “aristocracia obrera” como sostén directo de la burguesía en el movimiento obrero.

Ha dicho, Lenin, que el revisionismo sacrifica los intereses cardinales del proletariado y castra el contenido revolucionario del marxismo, para acomodarse a las necesidades de la burguesía. Esta es precisamente la esencia del revisionismo contemporáneo, cuya expresión concentrada se encuentra en la teoría y práctica del “socialismo democrático”, también llamado “socialismo con rostro humano” por sus mentores.

Es necesario recordar que este “socialismo” ya fue formulado o “modelado” por Berstein y Kautsky, hace más de un siglo, como “alternativas” al socialismo científico. En efecto, estos capitostes del revisionismo propugnaban y defendían un socialismo con las siguientes características:

§   Rechazo de la revolución socialista y la dictadura del proletariado;
§  Renuncia y repudio al análisis de clase de los problemas político sociales;
§  Defensa de la posibilidad de que el capitalismo se transforme en socialismo pacíficamente, utilizando una mayoría parlamentaria.
§  Repudio de la experiencia soviética de Lenin y Stalin, tanto en lo que se refiere a la toma del Poder como la práctica de la construcción del socialismo.

A la luz de estas particularidades del “socialismo democrático”, salta a la vista que los actuales propugnadores de un “socialismo democrático”, no son otra cosa que simples repetidores de las tesis del renegado Kautsky, padre de la socialdemocracia, que, como se sabe, se puso al servicio de Hitler.

EL “SOCIALISMO DEMOCRÁTICO” CRIOLLO

En el Perú, los partidarios del “socialismo democrático”, tal como lo tenemos caracterizado, no son de ahora. Sus antecesores aparecieron durante los años de la Segunda Guerra Mundial, cuando el browderismo hizo estragos en el seno de los Partidos Comunistas de la América Latina, pero en forma especial en la dirección del Partido Comunista Peruano.

Según Browder, el fin de la Segunda Guerra Mundial y la derrota de las potencias del Eje, marcaría el comienzo de una nueva época histórica, en la cual los sistemas capitalista y socialista se integrarían en “un mundo único e idéntico”. Browder no solo preconizaba una coexistencia pacífica entre la Unión Soviética y los Estados capitalistas, sino también entre la clase obrera y la burguesía, en el interior de todos los países capitalistas. “Las diferencias de clase y los grupos políticos no tienen ya ninguna importancia”, decía E. Browder, en ese entonces secretario general del Partido Comunista de los Estados Unidos de Norteamérica.

Para este fiel sucesor de Kautsky, los comunistas debían luchar por una amplia “unidad nacional”, en un ambiente de paz de clases. Con tal fin, todos debían sacrificar sus propias convicciones, su ideología y sus propios intereses. Abogaba por una sociedad en que todas las clases sociales colaboraran pacíficamente, sin conflictos ni enfrentamientos. Los cambios debían realizarse a través de reformas, siguiendo un curso evolucionista.

El browderismo tuvo una influencia perniciosa en la dirección del Partido Comunista Peruano, preparando el terreno para recibir con aplausos primero el jruschovismo y después la Perestroika, que marcó el fin del Poder Soviético.

En los documentos de la Primera Conferencia Nacional del PCP se hace una defensa franca de la colaboración de clases, en tesis como la siguiente: “El incremento de la producción beneficiará tanto a la burguesía como al proletariado y depende del acuerdo y la colaboración entre ambas clases”. “La política de unidad nacional consiste en la unión de todas las fuerzas democráticas y progresistas sin exclusión alguna, desde comunistas hasta conservadores”.

Fue precisamente en ese momento de lastimosa degeneración ideológica que el XIV Congreso Departamental de Lima del PCP, realizado en junio de 1948, denunció que el browderismo había servido a “los hombres de la Dirección de justificación teórica de su oportunismo”.

No es casual que los actuales dirigentes del PCP, siguiendo la vieja trayectoria de sus antecesores, se hayan sumado al coro infame de todos los que denigran el pasado glorioso de la Unión Soviética de Lenin y Stalin, propugnando en su lugar un “socialismo democrático”.

El oportunismo, desde que nació, ha tenido un carácter reaccionario, antisocialista, disfrazado de “socialista democrático”. A partir de los años 50 y 60 del siglo pasado, los “socialistas democráticos” arrojaron por la borda su disfraz seudo marxista. Los Partidos socialistas y los partidos revisionistas ya no diferencian capitalismo de socialismo; consideran anticuada la socialización de los instrumentos y medios de producción y defienden abiertamente la propiedad privada de los mismos. Algunos de estos partidos han llegado a renegar hasta de su nombre y símbolos, apoyándose en los viejos cuentos del mal llamado “Socialismo Democrático”.

EL EUROCOMUNISMO

La reconstrucción relativamente breve de la economía europea occidental, después de la Segunda Guerra Mundial, proporcionó a la burguesía colosales superganancias. Tal bonanza económica le permitió suavizar los conflictos sociales, adoptando medidas de mejoras en salarios, educación, sanidad, seguro social, etc. Al mismo tiempo se elevó considerablemente el nivel de vida del pueblo con relación al periodo de anteguerra. Hay que agregar a esto la reestructuración de la industria y la agricultura, la revolución científica-técnica y la ocupación casi total de la mano de obra. Fue  esta situación la que abonó el terreno para la aparición de corrientes oportunistas en el seno del movimiento obrero y en los mismos partidos comunistas, confirmando la conocida enseñanza de Lenin de que: en los periodos de desarrollo pacífico del capitalismo se produce necesariamente la aparición del oportunismo y el revisionismo en las filas del proletariado políticamente organizado.
En el periodo histórico que siguió a la Segunda Guerra Mundial, los partidos de la clase obrera, con pocas excepciones, abandonaron sus programas revolucionarios y su ideología marxista leninistas, convirtiéndose gradualmente en partidos reformistas burgueses, ésta es una dolorosa verdad. Este en el caso de los Partidos Comunistas de los países de la Europa Occidental. Esa degeneración se agudizó y agravó con motivo de la aparición del revisionismo soviético encabezado por el tristemente célebre Nikita Jruschov, émulo de Trosky. Este nefasto revisionista comenzó su labor contrarrevolucionaria cubriendo de lodo la vida y obra de Stalin y renegando del bolchevismo. Tan siniestra conjura fue bautizada por la burguesía internacional con el nombre de “desestalinización”, que resultó una verdadera castración de comunistas. Todos los comunistas, que desde los tiempos del browderismo en el Perú habían degenerado, se frotaron las manos y saltaron de alegría. ¡Ellos ya estaban “desestalinizados”!

Los Partidos Comunistas de Italia, España y Francia no se contentaron con el revisionismo de Jruschov. Comenzaron a sistematizar y divulgar una serie de tesis antimarxistas que después recibieron el nombre de “eurocomunismo”. Este “comunismo” constituye un abandono franco y desvergonzado del marxismo leninismo. Se opone sin recato a la teoría de Marx, Engels, Lenin y Stalin, y no permite que los partidos de la clase obrera la adopten, como su ideología en la lucha por la instauración de la dictadura del proletariado y la construcción del socialismo.

Cuando se analiza detenidamente todos los objetivos de cambio económico, social y político que los “eurocomunistas” se proponen, se llega a la conclusión de que el socialismo de estos “revolucionarios con rostro humano”, no es otro que el mismo capitalismo, un poco maquillado. Como el “socialismo democrático”,  el “socialismo” del “eurocomunismo” es una sociedad en la que coexisten pacíficamente el capitalismo con el socialismo, tanto en la estructura económica como en la superestructura político-jurídica. Sus representantes y defensores afirman que en tal sociedad habrá cabida para la propiedad socialista y para la propiedad privada capitalista. En otras palabras habrá clases explotadoras y clases explotadas y continuará reinando la explotación del hombre por el hombre. Además, junto al Partido de la clase obrera, existirán partidos de la burguesía, y la ideología del proletariado convivirá con otras ideologías. El Estado no será una dictadura del proletariado sino un “Estado de Derecho”, es decir, un Estado igual al actual Estado burgués.

“Para realizar una sociedad socialista, -dicen los eurocomunistas italianos-, no es necesaria una estatización integral de los medios de producción. Junto a un sector público actuará la iniciativa privada”. En igual forma, los “eurocomunistas” franceses postulan un socialismo en el cual “un conjunto suficiente de nacionalizaciones democráticas se agregará a otras formas de propiedad social y un sector económico basado en la propiedad privada”.

Surge entonces la  interrogante: ¿Cuál es la diferencia entre este socialismo y el sistema capitalista actual? Si los medios de producción siguen siendo de propiedad privada, la explotación del hombre por el hombre continuará y en consecuencia no podrá evitarse que una minoría de individuos de la sociedad se enriquezca, a costa de los demás y que la gran mayoría del pueblo trabajador siga sumida en la pobreza y explotación.

El “eurocomunismo” ha inventado un “socialismo” que solo puede existir como proyecto de gabinete. En última instancia es el mismo capitalismo con retoques. Tratándose del “sector público”, por ejemplo, el intento de hacerlo pasar por socialista es una burla, porque en la actualidad este sector existe en todos los Estados burgueses. De otro lado, la situación de los obreros, tanto en las empresas públicas como en las privadas es la misma frente a los medios de producción, en la gestión de la empresa y los salarios. A esto hay que agregar, que los dirigentes de las empresas públicas son al mismo tiempo representantes del gran capital.

En lo que se refiere al Estado, los “eurocomunistas” llegan al extremo de negar su carácter de clase, de dictadura de una clase determinada, de órgano de represión al servicio de la clase dominante. Son partidarios de un Estado de “todo el pueblo”, olvidándose que tal Estado no ha existido nunca ni existirá jamás. Las  teorizaciones fatuas del “eurocomunismo” sobre el Estado, es fruto de su antimarxismo y no debe engañar a nadie.

LOS MODELOS DE SOCIALISMO

En la historia ninguna formación económica social se ha consolidado en igual forma. El capitalismo, por ejemplo, se ha formado siguiendo vías y medios diferentes en Inglaterra, Francia, Alemania, Estados Unidos, Rusia, etc. Marx indicó que el capitalismo desde su nacimiento “presenta una modalidad diversa en cada país, y en cada uno de ellos recorre las diferentes fases en distinta gradación y en  épocas históricas diversas” (EL Capital. La Habana 1965.- T. 1 Pág. 656.)

Con la sociedad socialista ocurre lo mismo, pese a que no nace espontáneamente, sino sobre la base de la acción consciente de una organización política que tiene conocimiento de las leyes objetivas del desarrollo social. Cada pueblo hace su revolución y pasa al socialismo desde realidades económicas, sociales, políticas y culturales diferentes, distintas.

Le correspondió a Lenin descubrir la ley del desarrollo desigual de los países capitalistas en la época del imperialismo, demostrando que el paso al socialismo no podía producirse simultáneamente ni en la misma forma en todos los estados.

“Todas las naciones –dice Lenin- llegarán al socialismo, esto es inevitable, pero todos llegarán de un modo diferente, cada una aportará cierta originalidad en tal o cual forma de la democracia, en tal o cual variedad de la dictadura del proletariado, en tal o cual ritmo de las transformaciones socialistas de los diversos aspectos de la vida social”. Hechas estas advertencias y observaciones, a Lenin jamás se le ocurrió hablar de la posibilidad del surgimiento de diferentes “modelos de socialismo”.

La variedad de formas de construcción del socialismo, en concordancia con realidades propias de cada país, no contradice ni niega la existencia de leyes generales del desarrollo de la sociedad socialista. Estas leyes generales que ninguna sociedad socialista puede eludir, son las siguientes:

§  El establecimiento del Poder Político de la Clase Obrera, la Dictadura del Proletariado, cualquiera que sea la forma que adopte esta dictadura.
§  La abolición de la propiedad privada capitalista de los instrumentos y medios de producción;
§  La transformación socialista de la agricultura;
§  El desarrollo planificado de la economía;
§  La revolución cultural socialista y la supresión de todo yugo nacional.

Si un Partido de la clase obrera se encuentra en el Poder y olvida o arroja al canasto estas leyes generales, debe ser considerado como un Partido obrero de la burguesía, aunque haga esfuerzos por justificar su traición con el cuento de que tiene bien diseñado su propio “modelo de socialismo”.

Poniéndose al margen de un análisis marxista-leninista de lo que, en esencia, es la construcción del socialismo, los revisionistas contemporáneos se han convertido en los ideólogos de la denominada “pluralidad de modelos de socialismo”. Según dicen, habría tantos modelos como el número de los países en que se instauró este sistema. Así, tendríamos un “modelo soviético”, “modelo chino”, “modelo yugoslavo”, “modelo coreano”, etc., etc. Y cuando se refieren a la gestión económica, los modelos son el “socialismo estatal”, “Socialismo de autogestión”, “Socialismo burocrático y autoritario”, “socialismo de mercado”. Del “socialismo democrático” ya nos hemos ocupado.

Las características fundamentales de una sociedad socialista están dadas por los principios o leyes generales que hemos señalado y de ningún modo por los rasgos particulares de cada país. Por eso, hacer de estos rasgos un «modelo», resulta un verdadero disparate.

Las leyes generales de una sociedad socialista tienen un carácter rector y determinante, tanto en la teoría como en la práctica de la edificación del socialismo. Todos los modeladores de socialismos han renegado del marxismo leninismo o nunca han sido marxistas. Esta es la verdad. Este es el caso de Roger Garaudy, filósofo del eurocomunismo, Palmiro Togliati y su «vía italiana» de «reformas estructurales», Broz Tito y su «autogestión yugoeslava», Marchais, Berlinger, Santiago Carrillo y tantas otros “destalinizados” convertidos en furibundos anticomunistas. Tenemos que concluir que al Marxismo Leninismo le son profundamente extrañas las concepciones de los que, subrayando las peculiaridades nacionales de cada país que marcha hacia el Socialismo, echan al olvido los principios generales esenciales y fundamentales de la revolución socialista.
Todas las teorías que han tratado de revisar y rectificar la gran doctrina de Marx, Engels, Lenin y Stalin han terminado en el basurero de la historia. Solo los que se atienen con firmeza a la verdad universal del marxismo leninismo, conscientes del gran daño causado por el revisionismo en todas sus formas, pueden guiar al proletariado en sus grandes batallas de clase. Estamos frente a una gran ofensiva ideológica del imperialismo y sus agentes revisionistas, socialdemócratas, etc.  y es tarea histórica de todo auténtico revolucionario proletario defender la pureza del marxismo leninismo rechazando las teorías putrefactas de “socialistas democráticos”, “eurocomunistas”, “marxistas chinizados”, y “otros demonios”, engendrados por la propia burguesía.

Los años transcurridos desde la gran Revolución de Octubre de 1917 no han hecho sino confirmar el carácter científico del marxismo leninismo. El socialismo en la Unión Soviética no fue ninguna “creación heroica”, sino el producto inevitable y obligado de la aplicación creadora de una doctrina rigurosamente científica.

La experiencia histórica enseña que el partido de la clase obrera no puede cumplir su rol de dirigente de su clase y de las grandes masas trabajadoras si no tiene la posesión y dominio del marxismo leninismo. Sin embargo, no se debe olvidar que esta teoría científica “no es un dogma sino una guía para la acción”, y como ciencia necesariamente debe desarrollarse aplicándose creadoramente de acuerdo a la realidad de cada país.

Hay que tener presente que es el viejo y tradicional revisionismo de Berstein y Jruschov el que ha engendrado el actual “socialismo democrático” y el “eurocomunismo”.

Se ha dicho con verdadera razón que todo este “aluvión de corrientes antimarxistas” constituyen una verdadera quinta columna metida en el seno de los movimientos revolucionarios anticapitalistas y antiimperialistas. De aquí la  necesidad de salirles al paso con firmeza.

Hoy en día la tarea de los marxistas leninistas, en el campo teórico, es difícil pero de enorme trascendencia histórica. El revisionismo ya no se cubre con el ropaje de la doctrina de Marx y Lenin. Tampoco se contenta con falsear esta doctrina científica, presentando como “marxismo creador” sus perniciosas teorizaciones, como en  tiempos del Jruschovismo. Ahora el revisionismo se ha pasado abiertamente a las filas de los enemigos de clase y se permite declarar que el marxismo leninismo ha caducado y pretende sustituirlo con especulaciones pueriles, para desarmar ideológicamente a la clase obrera y a su partido.

En la difusión de sus trivialidades teóricas, los esquiroles del movimiento obrero y los “comunistas” degenerados, cuentan con el entusiasta apoyo de la burguesía. Esta les asegura la más amplia cobertura a sus pretendidas poses “antidogmáticas”, llenando sus bolsillos de dinero de modo directo o a través de las llamadas ONG, actualmente en boga, para que influyan en la conciencia de las masas trabajadoras.

La debacle del campo socialista es aprovechada a fondo, para falsificar y denigrar el socialismo científico, identificándolo con el denominado “socialismo real” del revisionismo jruschoviano, funesto y criminal destructor de la Gran Unión Soviética de Lenin y Stalin.

Los Partidos Comunistas revisionistas jruscho-gorbachistas, se han convertido en renegados de marca mayor. Se oponen frenéticamente al marxismo leninismo, con el burdo pretexto de que son “antidogmáticos”. El vil comportamiento de sus cabecillas los ha convertido en verdaderos “caballos de troya” del gran capital nacional y extranjero, infiltrados en el seno del movimiento obrero y su Partido. Tarea de los comunistas honrados, en la presente etapa, es desenmascarar sin piedad y arrojar al tacho a todos estos enemigos de la clase obrera. Resulta a todas luces claro que sin poner al desnudo y rechazar con energía todas las corrientes oportunistas que se han puesto de moda, es imposible construir un auténtico partido revolucionario del proletariado, ni es posible unificar sólidamente el movimiento obrero.

Uno de los argumentos más perniciosos de los comunistas “desestalinizados”  es decir castrados, es negar que el análisis de Lenin sobre el imperialismo como última etapa del capitalismo, no ha sido confirmado por la vida, porque la “globalización” ha cambiado de naturaleza al actual capitalismo monopolista de Estado. Pero los hechos diarios desmienten categóricamente esta falacia. La ocupación militar de Afganistán por el imperialismo yanqui, demuestra una vez más, su verdadera naturaleza de gendarme internacional, enemigo mortal de los pueblos del mundo.


LOS FALSOS SOCIALISMOS

ÍNDICE
I
II
III
IV
V

Una de las consecuencias de la debacle de la Unión Soviética y la desaparición del campo socialista, es la proliferación de teorías  sobre los denominados  “modelos de socialismo”. Al socialismo “democrático” con “rostro humano” se agregan los socialismos “chino”, “coreano”, “vietnamita”, “cubano”, etc. Seria erróneo, sin embargo, pensar que esta teorización  sobre  la pluralidad  y multiplicidad del socialismo es reciente. En realidad, es tan antigua como las teorías que  afirman que  el marxismo y el socialismo pueden ser interpretados en diversas formas.
I

Después del triunfo de la Gran Revolución de Octubre, los líderes de la II Internacional afirmaron que el leninismo era una doctrina específicamente rusa, inaplicable a la realidad de los países de la Europa occidental, en los cuales al socialismo se debía llegar por vía parlamentaria, “democrática”. Fueron precisamente estos  ideólogos socialdemócratas los que inventaron la diferencia entre “socialismo democrático” y “socialismo no democrático”, dando nacimiento a la teoría de los “modelos de socialismo”,  que es una simple y absurda  negación del socialismo científico y del marxismo leninismo. La práctica ha demostrado que el “socialismo democrático” de la socialdemocracia y  del revisionismo en general, no son otra cosa que el mismo capitalismo, hoy  “neoliberalizado” en todo el mundo.

El “socialismo democrático”, en efecto, no es otra cosa que un conjunto de reformas de carácter pequeño burgués adornadas con frases sobre la “libertad”,  la “dignidad”, “los derechos humanos”, la “justicia”,  y otras  palabras tomadas del arsenal doctrinario de la burguesía, cuyo objetivo es oponerse a  la  liquidación de la propiedad  capitalista  de los instrumentos y medios de producción. Pero sin esta condición elemental y fundamental no puede haber socialismo en ninguna parte del mundo. De aquí  que todos  los “socialistas democráticos” no encausen sus luchas y objetivos contra  el sistema capitalista. A lo que más aspiran es  a una “economía mixta” en la cual convivan “armónicamente”, pequeñas, medianas  y grandes empresas, incluyendo a los monopolios. Este “socialismo democrático” está incluido en los programas de los Partidos socialdemócratas europeos y de otros países. No es por casualidad que el APRA se haya sumado a  la socialdemocracia internacional arrojando por la borda su  “espacio tiempo histórico”, invento de Haya de la Torre, con el cual  pretendió  “superar”  al marxismo.

El año de 1959 la Internacional Socialista publicó su  declaración titulada “Los fines y las tareas del socialismo democrático”, documento que ha servido de base a todos los partidos reformistas de derecha (socialdemócratas), para fundamentar  sus idearios y programas. Después de una etapa de “lucha” contra lo que denominaron el “capitalismo incontrolado”, hoy propugnan un régimen de “economía mixta” que permita convivir armónicamente a los grandes monopolios imperialistas,  con las empresas estatales y las empresas nacionales grandes, medianas y pequeñas. Esta convivencia  pacifica y armoniosa entre el tiburón y las sardinas, es una utopía reaccionaria  que solo puede existir en la sesera de  los falsos socialistas que se reclaman partidarios del “socialismo democrático”, un socialismo  que no es otra cosa que capitalismo  por sus cuatro costados.          

II

En lo que se refiere a los partidarios y teorizadores del denominado “socialismo plural” han creado una verdadera multitud de  “socialismos”, entre ellos los siguientes: “occidental” y “oriental”; “europeo”, “asiático” y  “latinoamericano”. También han inventado “socialismos “por países: “ruso”, “chino”, coreano”, “vietnamita”, “cubano”, etc. A esta larga lista de “socialismos”   han agregado otra división de acuerdo a las formas de gestión económica: “socialismo estático”, “de autogestión”, “burocrático”, “de mercado”, “humano”  e “inhumano”.  Este laberinto de socialismos es disparatado  y embustero hasta  la médula y, por lo mismo, está en abierta contradicción  con el marxismo leninismo. El reformismo, el revisionismo y los renegados de toda laya  son los  defensores de  tales “modelos” de socialismo. Son esos apostatas  manejados por el imperialismo los que destruyeron  la Unión  Soviética y el campo socialista.  Es conocido el emblema  que le sirvió a Gorvachov para restaura el capitalismo en la URSS: “mas socialismo y más democracia”.

A quienes propugnan un “socialismo democrático”, hay que  decirles  que un socialismo sin democracia no es socialismo, porque el socialismo surge como resultado de la acción revolucionaria de las inmensas mayorías populares dirigidas por la clase obrera. Además solo puede existir y desarrollar sobre la base la participación activa  y creadora de las grandes masas, como lo demuestra la construcción del socialismo en la Unión Soviética de Lenin y Stalin. Cuando la URSS cayó en manos del revisionismo contrarrevolucionario, el socialismo  fue condenado a muerte porque dejó de ser democrático, se divorció de las masas y puso en práctica todas las teorías  contrarrevolucionarias del pasado que se oponían a la construcción del socialismo en la URSS: trotskismo, bujarinismo, nacionalismo burgués y otras corrientes del mismo pelaje.  El imperialismo  y los reaccionarios  de todo el mundo, hablan hasta por los codos de los “crímenes de Stalin,” porque para ellos  reprimir la contrarrevolución es un crimen. Los que se levantaron en armas para derrocar al Poder Soviético  no debieron ser reprimidos. Los que aterrorizaron a campesinos y obreros  durante  todo el proceso de construcción del socialismo  en el país de los Soviets, tampoco debieron ser reprimidos porque esto es  un” crimen”, y en consecuencia el socialismo soviético  no fue “democrático”. Lo cierto e irrefutable es que,  si el socialismo soviético  no aplastaba con mano férrea la contrarrevolución, no se hubiera producido  ese desarrollo económico sin precedentes en la URSS ( l8% anual” de crecimiento); tampoco   su avance desplegado en los campos cultural, social, científico y político que  produjeron un entusiasmo heroico de toda la población soviética, antes y durante la criminal agresión nazifascista.

III

 Los defensores y seguidores del  “modelo  de autogestión” de socialismo, llamado también “socialismo de mercado”, olvidan o ignoran que fue diseñado hace mucho tiempo por el  anarquismo y el anarcosindicalismo, enemigos de la presencia del Estado en la dirección de la economía, y partidarios de  su manejo por los “productores directos”. Esto equivale a propugnar que la propiedad   pertenezca a grupos y no a toda la sociedad. Tal propiedad “socialista”  fue  instaurada en la Yugoslavia de Tito, con los resultados que son bien conocidos. El renegado Jruschov  la introdujo en la URSS con el nombre de “autoadministraaciòn” y ”autofinanciamiento”, dando inicio en esa forma a la restauración del capitalismo.

Es oportuno recordar que fue Lenin, precisamente, quien encabezó la lucha contra la corriente anarcosindicalista hasta aplastarla, corriente  que propugnaba separar al Estado socialista de la dirección de la economía para  colocarla bajo el control de un “”Congreso de Productores”. A la muerte  de Lenin, el PC(b) C de la URSS tuvo que sostener una lucha frontal contra todas las tendencias burocráticas e incorporar a millones de trabajadores a  la dirección de la economía  soviética, dando lugar  a lo que la prensa burguesa llamó “el milagro bolchevique”. Este “milagro” se produjo en condiciones excepcionalmente difíciles, bajo el cerco capitalista. La Segunda Guerra Mundial puso a prueba la solidez del socialismo construido  por los bolcheviques en la URSS; socialismo que la contrarrevolución  revisionista tardó nada menos que 35 años en destruir.

IV

 En plano de la doctrina y la teoría hay un solo socialismo, el SOCIALISMO CIENTÍFICO. La construcción victoriosa del socialismo en la Unión Soviética se debió a que los bolcheviques lo supieron aplicar creadoramente, teniendo en cuenta las particularidades de su inmenso país. De no haber actuado en esta forma la edificación socialista hubiera sido un rotundo fracaso. De esta experiencia histórica se desprenden dos cuestiones fundamentales:

a) Es imposible construir el socialismo  sin tener el marxismo leninismo como guía para la acción;
b) No es posible construir el socialismo si no se conoce  la realidad objetiva y concreta  del país en que se actúa.
De estas cuestiones fundamentales  se desprende el hecho bien conocido de la diversidad de formas  de la instauración del sistema socialista en países  de distinta realidad económico social y política. Pero de este hecho no puede  desprender  la existencia de diversos “modelos de socialismo”. Esto equivale a  confundir la esencia con el fenómeno y el contenido con la forma. Los ideólogos de la burguesía aplauden esta confusión y le han puesto el nombre de “socialismo diferenciado”, porque permite el  autoaislamiento de los países socialistas y de los mismos partidos de la clase obrera. Entre estos “socialismos diferenciados”  hoy existen  falsos socialismos que es necesario poner al desnudo. Nos referimos al socialismo de la socialdemocracia,  al socialismo  que se ha bautizado con el nombre de  “tercera vía” y al “socialismo con peculiaridades chinas”.
V

De la famosa “tercera vía” de Tony Blair  se ha dicho que  “es el camino directo hacia las guerras, las crisis y la profundización de las privatizaciones a expensas de los consumidores, el medio ambiente y los trabajadores”, además de ser un “activo colaborador subalterno de Washington” en sus agresiones militares. Esta “tercera vía”, es precisamente “el socialismo democrático inglés”, responsable de la desindustrializaciòn de Inglaterra.

Durante los últimos decenios, los partidarios del “socialismo democrático” o de “izquierda democrática”, como se reclama el APRA, han hecho total abandono de sus programas reformistas, sometiéndose a las presiones del neoliberalismo. Han aceptando de buen grado  la hegemonía  imperialista norteamericana, que ha hecho del Fondo Monetario Internacional un instrumento de explotación a su servicio. Los “socialistas democráticos” y los “izquierdistas democráticos”, son en la actualidad partidarios y defensores de la globalización neoliberal.

Hay otro  falso socialismo, es el denominado “socialismo de mercado”. Ha sido  establecido  en la República Popular China por el revisionismo chino siguiendo las directivas de Den Xiao ping, conocido por su lema: “no importa que el gato sea negro o blanco, lo que interesa es que mate  ratón”. En otras palabras, no importa que China  sea socialista o capitalista, lo que interesa es  que salga del atraso. A estos  elementos se les  puso el nombre de seguidores del camino capitalista en los tiempos de Mao Tse tung.

Hoy  la economía china ha subordinado lo que queda de economía estatal a la economía mercantilista. Ha  desaparecido todo vestigio de socialismo: el proletariado es vilmente explotado; tiene las jornadas más largas y los salarios más bajos del  continente asiático. Estrechamente  vinculado con capitalistas de ultramar, los capitalistas chinos explotan en forma inhumana al proletariado chino. El “socialismo de mercado”,  es un falso socialismo, un socialismo fetiche que ha restaurado un capitalismo salvaje en China con la aprobación de un Partido Comunista, totalmente ajeno al marxismo-leninismo. Hoy en China existe una gran burguesía profundamente infiltrada en el Partido y el Estado que vive en el boato y lujo más insolentes que pueda concebirse, mientras en el interior del país millones de campesinos pobres  se encuentran sumidos en la miseria.

Hay otro falso socialismo. Es el que se pone al margen de las clases y la lucha de clases, afirmando que  tiene como fundamento poner al hombre al centro de toda  su ideología y  su política A estos hay que recordarles  las sabias  y premonitoras palabras de Lenin:

“Doctrina socialista que no es de clase y política que no es de clase se acreditan como un absurdo”.

En conclusión podemos afirmas que todos los “modelos de socialismo”, no son otra cosa que un intento de sustituir  el socialismo científico de Marx, Engels, Lenin y Stalin, con un falso socialismo  destinado a gustar y alagar a la burguesía. Ya Marx  se refirió a los afanes y propósitos de  de una “pandilla de  estudiantes inexpertos y sabihondos doctores” que pretendían dar al socialismo un contenido “más elevado, reemplazando su fundamento   materialista por la mitología moderna con sus diosas: la justicia, la, igualdad y la fraternidad”.  Ahora esta  pandilla  agrega  a esa mitología las palabras ”modernidad”, “globalización”, “electrónica” “cibernéticas, etc. Todo esto para negar  el papel dirigente de la clase obrera y su arma ideológica: el marxismo leninismo, en la revolución socialista.

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